“El corredor descalzo”
Abebe Bikila. Etiopía (1932-1973)
Nadie podía imaginar lo que estaba a punto de suceder. La molestia y el dolor en sus pies no sería un problema.
¿Quién era aquel hombre que se atrevía a desafiar el empedrado de las calles en Roma, corriendo con sus pies descalzos?
La ciudad mostraba su grandeza, enseñaba al mundo su imponente historia. Sus calles estaban abarrotadas de visitantes, todo estaba listo.
Más de cinco mil atletas en Roma competirían en diferentes deportes.
Serían los primeros juegos en ser transmitidos en forma directa por la televisión internacional.
Caía la tarde, el calor era intenso, las calles se veían iluminadas por antorchas italianas, resaltando entre ellas la calle Vía Apia que aguardaba el pasaje del pelotón.
La más grande de las pruebas de Atletismo estaba a punto de comenzar, la Maratón.
Entre los corredores, aguardaba concentrado y con sus pies descalzos un desconocido llamado Abebe Bikila.
Fue en Hato, un pequeño pueblo de Etiopía donde Bikila disfrutó de su infancia ayudando a su padre en el arte del pastoreo.
Allí pasaba horas, se divertía corriendo y persiguiendo animosamente aves y ovejas por la llanura y las colinas cercanas a su aldea.
A los diecisiete años decide mudarse a la capital en busca de un futuro mejor. Se alista en la Guardia Imperial de Selassie donde comienza la práctica del Atletismo.
Mejora y pule su técnica en distancias largas bajo las instrucciones de un entrenador sueco contratado para perfeccionar el deporte en ese país.
Bikila se ilusiona, sueña con ser parte del equipo que representaría a Etiopía en los juegos de Roma.
Es así que surge su oportunidad y es seleccionado como reemplazo del maratonista estrella cuando este se lesiona jugando al fútbol con sus amigos.
Una vez en Roma y siendo Adidas la marca patrocinadora oficial de los juegos, Bikila se prueba diferentes modelos de calzado deportivo que la marca exhibe. Todos le resultan incómodos y le molestan, por lo que, junto a su entrenador, deciden que corra la prueba de 42.195 km descalzo.
Las calles de Roma se encontraban en diferentes condiciones, algunas estaban pavimentadas, otras con adoquines o con desniveles.
Aun así, se lanza a correr sin calzado, con sus pies firmes y seguros, sin echar la vista atrás.
Revive entonces aquella emoción de niño en su aldea, pero esta vez persiguiendo un sueño.
Logra ponerse a la cabeza de la carrera y convertirse en el primer campeón africano en obtener la medalla de oro en los Juegos Olímpicos.
Su gloria no termina allí, ya que establece un nuevo récord mundial de 2 horas y 15 minutos.
Con esta victoria, pasa a formar parte del grupo de héroes nacionales, reconocidos y admirados, llevando con su oro, el nombre de África a lo más alto por primera vez.
Cuatro años después, tuvo el honor de sostener la bandera de su país en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Allí repite su hazaña, ganando su segunda medalla de oro y consiguiendo mejorar su marca, solo que esta vez lo consigue corriendo con calzado deportivo.