Continuamos con este mes de feel-good movies en el CCULE con uno de los pináculos del cine de animación, una de las primeras películas de una casa de ideas que nos ha dado muchas de las mejores películas animadas de toda la historia, con nombres como El viaje de Chihiro (que ya vimos en nuestro club), El Castillo Ambulante o La princesa Mononoke, todas obras maestras sacadas de los Estudios Ghibli. En este caso pudimos disfrutar de Mi vecino Totoro (1988) de Hayao Miyazaki.
Satsuki y Mei son dos niñas que deben mudarse con su padre a una casa en el campo para poder estar cerca de su madre recién ingresada en el hospital. En este proceso de adaptación a la nueva casa, las pequeñas se encontrarán con todo tipo de aventuras dentro de sus vidas cotidianas que involucrarán a unos seres fantásticos que no dudarán en visitarlas a menudo.
Como en todas sus películas, Miyazaki nos ofrece una visión de la naturaleza a través de los jóvenes e inocentes ojos de sus protagonistas, quienes deben emplear su imaginación para superar la traumática situación de su madre. Por esto, nos encontramos con una cinta donde suavemente se combina lo cotidiano con lo fantástico, lo mundano con lo sobrenatural, lo natural con lo humano, haciendo que cada escena se convierta en un verdadero deleite para los ojos y los oídos, con esa banda sonora que fluye como las gotas de lluvia y se une al soplar de la suave brisa que inunda toda la película.
Y esto es un aspecto que siempre debemos destacar en las películas de Ghibli, su capacidad de hacer tan vivo el sonido del silencio, de las hojas moverse al son del viento, de la naturaleza hablándonos a través de sus ruidos, sin necesidad de palabras que inunden la pantalla. Y es que la naturaleza se convierte en el pináculo de toda la historia, siendo un mundo de evasión de la realidad, un lugar de calma dentro de la tormenta de emociones, un espacio donde sus seres fantásticos nos acogen con los brazos abiertos (como esa grande y peluda barriga de Totoro donde caen y ríen las niñas) y nos ayudan a superar los problemas que vemos irresolubles.
Con todo esto, nos encontramos ante una película que disfrutar tanto por lo que vemos como por lo que nos deja oír, llevándonos de la mano en un viaje al mundo natural (y fantástico) que podemos apreciar a través de la inocencia de estas dos niñas, consiguiendo regresar por unos instantes a esa infancia que todos añoramos.
- por David Castedo Flórez
La Opinión de los Miembros
Nota Media: 3,9/5
"Los mundos de las películas de Miyazaki nos presentan historias cotidianas de la juventud o niñez, pero con elementos fantásticos que beben de la mitología oriental. Estos seres representan la bondad, aunque con diseños siniestros que se entremezclan con la naturaleza"
- David Díez García
"Creo que Mi vecino Totoro representa muy bien la infancia. La estructura de la película aparenta que no parece pasar nada, sin rumbo definido, y esto es lo que la hace tan especial, ya que capta la exploración y descubrimiento que tenemos de pequeños. Además, en mi opinión Totoro representa esa esperanza de que todo va a salir bien, ya que, de pequeños, nos afectan mucho más las cosas como sería por ejemplo el estado de salud de un familiar (recuerdo de pequeño pasarlo mal por estas cosas), y Totoro es esa ayuda que nos saca de situaciones difíciles y nos devuelve una sonrisa a nuestra cara"
- Juan Sarmiento Álvarez
"Una historia en la que evadirse del mundo se convierte en la norma, los sueños se entrelazan con la realidad hasta que ni siquiera los espectadores podemos distinguir si un autobús en forma de gato es parte del paisaje japonés o imaginación de las dos protagonistas"
- Ana Martínez Labra
"Si estuviera en mi casa solo y sin saber que sentir, vería esta película, ya que consigue transmitir una sensación de acogida y tranquilidad que calientan el alma incluso en las épocas donde por dentro sentimos más fríos, esta película no necesita de "momentazos" para transmitir un sentimiento, sino que es el viaje el que te hace sentir arropado"
- Carlos Mateos Flórez