Zacarías 3 | Consagrados
El pasaje presenta a Josué delante del Ángel de Jehová mientras Satanás lo acusa. Se observa una escena judicial donde el enemigo acusa, pero Dios mismo reprende a Satanás y defiende a Josué. Él es mostrado como un “tizón arrebatado del fuego”, rescatado por la gracia de Dios aun estando manchado.
Josué estaba vestido con vestiduras viles. Aunque era sumo sacerdote y debía vestir ropas sagradas, sus vestiduras sucias representan la condición del hombre manchado por el pecado. En Josué estamos representados todos: fuimos tomados por Dios aun en nuestra impureza. No esperamos limpiarnos para acercarnos a Él; Dios nos rescata así como estamos y decide redimirnos.
Dios ordena quitar las vestiduras viles y vestirlo con ropas limpias y de gala. Esto simboliza la expiación del pecado y la imputación de la justicia de Cristo. La culpa es quitada mediante el sacrificio, y el creyente es revestido con la justicia y santidad de Jesús. Aunque el enemigo continúa acusando y recordando las antiguas vestiduras, Dios ha dado nuevas ropas: la justicia de Cristo y paz para acercarnos a Él.
La salvación es segura por la obra de Cristo. Él tomó nuestro pecado, derramó su sangre, y nos vistió con su santidad. Somos justificados solo por sus obras y por la fe en Él, una fe viva que da fruto.
Finalmente, el pasaje muestra el llamado a la santidad y consagración. Así como al sumo sacerdote se le colocaba la mitra con la inscripción “Santidad a Jehová”, también el creyente, ya justificado, es llamado a vivir en obediencia, pureza y consagración a Dios.
Dios perdona, justifica y reviste de santidad, estableciendo una vida apartada para Él sobre el fundamento sólido del “Renuevo”, Cristo.
¿Qué vestiduras tenés hoy puestas: las de tu pecado o las de la justicia de Cristo?
¿Cuáles son esos trapos sucios que necesitás hoy confesar delante del Juez Justo?
Habiendo sido justificados y revestidos por Cristo, ¿estamos caminando en santidad y consagración a Jehová?