Efesios 5:1-2 RVR60
'Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
La consagración que Dios busca que practiquemos no está verdaderamente centrada en nosotros mismos, no es un anhelo egoísta que huye del mundo pecador, sino que tiene como meta el bienestar de aquellos que nos rodean y, por consecuencia, se involucra con aquello que está corrompido. Una consagración genuina consiste en ser imitadores de Dios en el perfecto amor que Él demostró con nosotros, un amor que sufre por el bien ajeno sin recibir un beneficio de ello.
Ser consagrados significa estar abiertos a sufrir y a considerarnos a nosotros mismos siervos de todos. Después de todo la ley, reflejo de la santidad de Dios, se cumple en el amor (Rm 13:8), después de todo Jesús, el mayor ejemplo de consagración, padeció y se hizo siervo de todos, aun de quienes lo aborrecen (Rm 5:8).
El llamado a la consagración de Dios hacia nosotros siempre busca afectar a otro. Continuemos observando los ejemplos de Isaías y Pablo:
Dios se manifiesta a Isaías con el propósito de transmitir esperanza de salvación, aun cuando el pueblo se había corrompido y poco quería saber del Dios de Israel. Su voluntad siempre se inclina a la restauración del vínculo, siendo lo más destacado de toda su tarea la proclamación de un remanente salvo y el levantamiento de un Mesías Rey.
En el caso de Pablo, Dios le encarga la tarea de ser apóstol (mensajero) a los gentiles y proclamar las buenas noticias de salvación a aquellos que no tenían esperanza ni Dios en el mundo (Ef 2:11-13).
La consagración es llevada a la práctica en quienes tengo hoy a mi lado: en el amor para con mis hermanos y también para aquellos que no lo son, porque es ahí donde el perfecto amor de Dios se hace aun más visible en nosotros. Debemos recordar las palabras de Jesús:
Lucas 6:32-36 BTX4
"Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué clase de gracia es la vuestra? Porque los pecadores también aman a los que los aman a ellos. 33Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué clase de gracia es la vuestra? También los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué clase de gracia es la vuestra? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir un monto igual.
"Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando algo, y vuestro galardón será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bondadoso hacia los ingratos y malvados. 36Haceos compasivos, como vuestro Padre es compasivo.
Preguntas para reflexionar:
¿Busco la santidad como una medalla personal para sentirme "más cerca de Dios", o como una herramienta para servir mejor a quienes me rodean?