Todas las culturas evolucionan por los inevitables contactos con otras culturas. Esta evolución no se realiza en una sola dirección sino en varias, puesto que todos los grupos dan y reciben similares elementos.
La influencia de distintos fenómenos sociales y culturales puede provocar diversos cambios en el entorno social en el que nos desenvolvemos; no estando ajenos a ello el lenguaje y las formas de expresión..
El lenguaje del cruceño siempre tuvo sus características particulares que dieron sazón y frescura a su forma de ser. Sin embargo, con el tiempo palabras como arrofaldao, burisero, jasayé o tarechi han ido quedando en el olvido para dar paso a expresiones modernas.
Es tiempo que convengamos una normativa que recoja y respete nuestra manera particular de hablar el castellano cruceño, que ya estaba constituido con sus particularidades lingüísticas a fines del siglo XVIII, emparejado con el castellano rioplatense (Argentina y Paraguay), indica Pinto, que ha adaptado los evangelios al lenguaje regional utilizando lo que él llama el acento prosódico camba.
Al analizar la construcción del castellano hablado en Santa Cruz de la Sierra, la filóloga menciona que tiene muchos elementos del andaluz, como el seseo, la aspiración de la s en sílaba trabada [loh ojoh] y [pehkamoh] y el relajamiento o la pérdida de las consonantes oclusivas intervocálicas (como en helao, lao, pelao), aunque no el yeísmo; y también algunos rasgos del extremeño, como podría ser la cerrazón de o final en u (majau, melau, tronau) y la aspiración de la f- inicial latina (como en fierro), además de otros rasgos comunes a ambos dialectos hispanos, como la aspiración de la -s final de sílaba ya mencionada y la generalización del ustedes con la desaparición del vosotros.
Pero, a diferencia de lo que ocurre en Argentina, que está mucho más generalizado, acá aún tenemos una importante presencia del usted para referirse a los padres, a la parentela de mayor edad, a quienes se debe respeto e incluso a la pareja, como lo usan aún varios de mi generación y alguna un poco menor”, dice Franco, que añade que las convenciones sociales constituyen un amplio dominio léxico de desarrollo en nuestra región, a la vez que el referido a la flora y la fauna regional le da esa identidad única que cada variante del castellano de América tiene. Se apoya en ejemplos extractados del Diccionario Enciclopédico Cruceño de Germán Coímbra:
“Del bésiro vienen achachairú, cuchuqui, chío, jichi, jone, paúro, peta, tacú, toborochi, totaí, curucusí. Del chané son aribibi, curichi, chulupi, jarichi, joco, motojobobo, picho, suso o tari. .
De la familia de lenguas guaraníes provienen ambaiba, camba, cunumi, cuñapé, guapurú, guaso, saó, tacuara, tajibo, tapeque, tapera, tatú. Muchas otras palabras son del quechua y están tan arraigadas en nuestro castellano que las sentimos propias: chipado, coto, locro, opa, poto, chilchi”.