El Zen, en su esencia, es el arte de ver dentro de la naturaleza del propio ser, y señala el camino de la esclavitud hacia la libertad. Al hacernos beber directamente en la fuente de la vida, nos libera de todos los yugos que los seres finitos sufrimos comúnmente en este mundo. Podemos decir que el Zen libera todas las energías apropiada y naturalmente almacenadas en cada uno de nosotros, que, en circunstancias ordinarias, se hallan trabadas y distorsionadas de modo que no encuentran un cauce adecuado para entrar en actividad. Nuestro cuerpo se parece a una batería eléctrica en la que yace, en forma latente, un poder misterioso. Cuando este poder no se pone convenientemente en funcionamiento, se enmohece y marchita, o se desvía y expresa anormalmente. Por tanto, el objeto del Zen es salvarnos de enloquecer o quedar disminuidos. Esto es lo que quiero decir con libertad, dando libre juego a todos los impulsos creadores y benévolos que inherentemente yacen en nuestros corazones.
Generalmente somos ciegos ante este hecho, vale decir, de que estamos en posesión de todas las facultades necesarias que nos harán felices y amables en sentido recíproco. Todas las pugnas que observamos a nuestro alrededor derivan de esta ignorancia. Por ende, el Zen quiere que abramos un "tercer ojo", como lo llaman los budistas, hacia la región hasta ahora inimaginada, que se nos cierra a través de nuestra propia ignorancia. Cuando desaparece la nube de la ignorancia, se manifiesta la infinitud de los cielos, donde por primera vez intuimos la naturaleza de nuestro propio ser. Entonces conocemos el significado de la vida, sabemos que no se trata de ciega lucha ni de mero despliegue de fuerzas brutales, y mientras no sepamos, en definitiva, cuál es el significado último de la vida, habrá en ella algo que nos hará sentir infinitamente bendecidos por vivir en ella, contentándonos con ella en toda su evolución, sin plantear cuestiones ni albergar dudas pesimistas. Mientras estemos llenos de vitalidad sin despertar al conocimiento de la vida, no podremos comprender la seriedad de todos los conflictos implícitos en ella, que por el momento, en apariencia, se hallan en un estado de quietud. Pero tarde o temprano llegará el tiempo en que tengamos que mirar la vida frente a frente y resolver sus enigmas más desconcertantes y acuciantes. Dice Confucio: "A los quince años mi mente estaba orientada hacia el estudio, y a los treinta supe dónde estar." Este es uno de los más sapientes juicios del sabio chino. Todos los psicólogos estarán de acuerdo con esta afirmación suya; pues, hablando en general, los quince años constituyen aproximadamente la edad en la que el adolescente empieza a mirar en derredor con gravedad y a indagar el significado de la vida. Para entonces todos los poderes espirituales seguramente ocultos en la parte subconsciente de la mente eclosionan casi simultáneamente. Y cuando esta eclosión es demasiado precipitada y violenta, la mente puede perder su equilibrio en forma más o menos permanente; de hecho, son demasiados los casos de postración nerviosa registrados durante la adolescencia, que principalmente se deben a esta pérdida del equilibrio mental. En la mayoría de los casos el efecto no es muy grave y la crisis puede pasar sin dejar hondas huellas. Pero en algunos temperamentos, ya sea a través de tendencias inherentes o por obra de la influencia ambiental sobre su dúctil constitución, el despertar espiritual los conmueve hasta las profundidades mismas de su personalidad. Este es el tiempo en que se reclamará elegir entre el "No Eterno" y el "Sí Eterno". Esta elección es la que Confucio significa con "estudio"; no se trata de estudiar los clásicos, sino de sumirse hondamente en los misterios de la vida.
DAISETZ TEITARO SUZUKI , Ensayos sobre Budismo Zen
Hablar sobre Venecia, contemplar el mapa de Venecia no es Venecia misma. Es mejor 5 minutos paseando por la Ciudad de los Canales que cientos de tratados sobre ella. Por eso se ha dicho que "todos los otros caminos trepan lentamente por las laderas de la montaña, pero el Zen, al igual que un camino romano, arroja a los lados todos los obstáculos y se mueve en línea recta hacia la meta".
Los credos, los dogmas y los sistemas filosóficos son solamente ideas acerca de la verdad, las palabras no son hechos sino que hablan acerca de los hechos; El camino del Zen es una vigorosa tentativa de ponerse en contacto directo con la verdad misma, sin permitir que teorías y símbolos se yergan entre el conocedor y la cosa conocida. Zen es sentir la vida en lugar de sentir algo acerca de la vida; no muestra ninguna paciencia hacia la sabiduría de segunda mano, hacia la descripción que haga cualquier persona sobre una experiencia espiritual, o las meras concepciones y creencias.
El Zen es el camino recto, esto es lo que es.
El camino del zen, Alan Watts.
La experiencia "Zen"
Una aproximación escrita sobre “la experiencia zen” puede llenar bibliotecas sin atinar a la respuesta, solo puede ser una invitación a esclarecer la visión externa de la puerta de un camino. En palabras del Maestro Lao Tzu, “El Tao que puede nombrarse no es el Tao verdadero”, como la paradoja de caminar intentando llegar al horizonte que se aleja tanto como se avanza hacia él, igual sería el intento de definirlo .Esto nos coloca frente a una barrera epistemológica infranqueable.
Como se conoce desde la historia del Zen-Chan, nunca debe confundirse el relato, las palabras o el aprendizaje intelectual con “la experiencia”. Al Chan entonces no podemos conocerlo verdaderamente si no es “experimentándolo”. Ese es el único camino.
El Buda Gautama Shakyamuni diseminó sus enseñanzas durante más de cuarenta años con múltiples y profundas explicaciones, sin embargo, el solo hecho de levantar en su mano una flor de loto , sin mediar palabra, fue el inicio del método que hasta hoy sigue siendo la llave del tesoro más valioso de la humanidad, la existencia, y la no-existencia. “La unidad misma”.
Sin embargo, comenzando desde la palabra literalmente traducida como “chan”, “meditación”, si abarca un sistema múltiple, profundo y efectivo para sincronizar la vida exterior y nuestra vida interior y terminar con este angustioso dualismo. Chan, como meditación, es el vehículo utilizado para lograr despojarse de todas las limitaciones de la conciencia ilusoria que no nos permite ver la realidad como “verdaderamente es”.
En tanto las funciones fisiológicas que son reguladas por el sistema nervioso según los impulsos recibidos por los sentidos condicionan nuestra percepción, nos vamos formando un mapa mental que se distingue notablemente de la “realidad en sí”. Esta interpretación incluye lo impuesto por la educación formal que hemos recibido desde la infancia. Es decir, la suma de lo que percibimos ya condicionando los mensajes recibidos mas una nueva reinterpretación de estos mensajes en el momento presente, nos otorga una visión distorsionada de la realidad. Al tomar esta visión nuestra como verdadera, actuamos según nos condiciona nuestra psicología y así vamos cambiando a su vez nuestro entorno y condicionándolo de una manera equivocada provocando una reacción en cadena hacia los infinitos ángulos, que no puede terminar sino en una verdadera confusión.”Esto es” lo que lleva a todas las personas desde buscadores espirituales eventuales o circunstanciales o incluso tardíamente a personas que se encuentran ante encrucijadas de la vida, o en un atisbo de lucidez se ven repitiendo procesos y errores muchas veces en diferentes momentos o no encuentran la manera de saciar el apetito sensorial y se encuentran aturdidos, o simplemente se acercan a la madurez de la vida sintiendo una especie de desazón o frustración por no haber logrado la realización de sus planes , o les acucia la gran pregunta por saber el motivo, el porqué, de la vida.
La variedad es tan vasta como personas en el planeta y no diferencia edades ni posiciones políticas o económicas, y mucho menos estatus social o los vanos logros de una comodidad en recursos monetarios.
En algún momento de la vida estamos solos frente a nosotros mismos y se abre ante nosotros el abismo que tanto tememos y de nada sirve, ya lo sabemos, seguir esquivando ese encuentro, ya que cuanto más pretendemos evadirlo u ocultarlo con vivencias superficiales tanto más crece en profundidad la sensación de peligro. Y estamos en lo cierto! Lo cierto es que es peligroso no llamar de una vez por todas “las cosas por su nombre” y mirarse a sí mismo en la realidad más profunda. No se trata de tomar una actitud dogmática, que no le permita volver a la simple vida de la complacencia egoísta y superficial. Sino de un entrenamiento que conduce a la capacidad de observar los fenómenos de la vida desde un ángulo de claridad donde se suman todas las infinitas perspectivas. Ya que no hay más que las invariables leyes de la naturaleza, usted siempre es dueño de vivir su elección, pero siempre tendrá la puerta abierta y desde luego recurrirá al Chan cuando lo necesite y reconozca allí la fluidez de la brillante verdad inmutable, como quien ya ha probado del más placentero elixir de la inmortalidad.
Afortunadamente, como semilla inalterable, se encuentra allí nuestra esencia original, nos envía algún atisbo, una intuición al percibir que algo no es como parece y no concuerda lo que estamos haciendo o viviendo con lo que deberíamos por naturaleza real, hacer o vivir. Esa duda sin embargo es la punta del ovillo, el principio de necesidad de libertad de nuestra naturaleza original, que pide una luz en el caos de nuestra vida que no es el orden que la sociedad dominante ha impuesto como único modelo de observación de la realidad y de nuestro camino por vivir.
No es verdad que no se pueda comenzar desde “ya mismo” un giro en la visión que torna nuestra sumisión en la ignorancia hacia el camino de la sabiduría.
También es verdad que se puede seguir corriendo hacia "algún" o "ningún" lugar, buscando a ciegas hasta que de pronto, lo que pensamos estable tambalea, o se derrumba y no hay donde asirse y entonces estamos otra vez en el principio. Y ese es el momento de comenzar, el momento exacto del principio, el momento es "ya", el único momento en el cual transcurre nuestra vida, "el momento presente". Allá quien quiera seguir cometiendo los mismos errores, siendo que no se retrocede en el tiempo, jamás un error puede ser subsanado totalmente, cuanto más, podrá ser rectificado.
Solo una postura de conciencia es capaz de eregir lo indestructible, el eslavón cuántico indispensable que representamos del tiempo-espacio infinitamente pequeño de la existencia. Red de Indra, Tao, Pachamama, campo cuántico. Varios conceptos y métodos que siempre nos conducirán a un mismo fin, "La naturaleza real", "La esencia verdadera de la realidad", el punto de vista que contenga todos los puntos de vista.
No es un camino fácil, requiere de coraje, pero es el único capáz de cortar el velo de la ilusión y derrotar el sufrimiento.
Sobre la importancia del Maestro
Luego de decidirnos a emprender la búsqueda y acercándonos al método que más se adecua a nuestras inquietudes surge la continuada duda, después del devaneo intelectual, con no pocos desaciertos, si deberíamos o no, encontrar un maestro para nuestra guía.
Este es un punto que a un principiante le resulta costoso comprender, pues solo se empieza a advertir la importancia a medida que se ha iniciado el proceso de discernimiento. Y no me refiero a un proceso intelectual, sino una vez más, a la experiencia misma.Si bien lograr "La Visión", "Tun-Wu", o "Satori", es una experiencia instantánea, es necesario crear las condiciones, el campo fértil al acceso mediante un entrenamiento integral. Para comenzar a abordar este entrenamiento es indispensable mantener una lucha interior con el "ego", este, no muestra todas sus astucias facilmente, y para ello resulta importante el maestro. El ego es como una especie de Hidra, el mítico mounstro de siete cabezas que al cortarle alguna volvía a crecerle, y solo se derrotaba cortando las siete a un mismo tiempo. Este mito se adecua perfectamente a este desafío. El obsecado, incansable ego, cuando menos se espera se asoma y asecha cubriendo de dudas, luego de desesperanzas, luego de seducciones varias y luego de miedos.Este proceso, a pesar de ser perfectamente comprensible intelectualmente, no es posible llevarlo a cabo por esta vía, y solo es posible mediante "la experiencia", con la tarea eficaz de un maestro que conozca los caminos del dharma y sus posibilidades el camino se alivia.
Solo un maestro suficientemente preparado es capaz de guiarnos para sobrellevar el camino, rompiendo las barreras que nosotros somos incapaces de reconocer, cuanto menos de atravesar sin ayuda. Es claro que un buen maestro no ha de crear dependencia sino acción altruísta. Se dice que el buen maestro se reconoce cuando el alumno piensa "lo he logrado por mi mismo", y luego al estudiar el proceso comprende la vital importancia del sutíl trabajo del maestro, cuanto más sutíl y afilado es en el manejo de la espada del dharma, mayor mérito y superioridad en sus actos.
En primera instancia, estas son las razones, quizás las más dificiles de asimilar pues se revelan dentro de la psicología profunda y para el que no acostumbra indagar internamente, a pesar de comprender intelectualmente las palabras, las experiencias siguen estando lejos del lector por mas bagaje intelectual que maneje. Por ello, siguiendo el típico lineamiento Chan de utilizar el máximo filo, se expusieron primeramente estos obstáculos para reconocerlos sin rodeos.
Resulta un poco más obvio y entendible que bucear en enseñanzas basadas en tradiciones tan diferentes a la occidental y que incluso han manifestado evoluciones y cambios relativos que incluso las fortalecieron de gran manera y han florecido diversidad de métodos y escuelas, cada una con sus indiscutibles aportes, todas manteniendo el mismo fin último.Pero en esta extensión de enseñanzas y literatura, nos encontramos con escrituras de diferentes autores, que han influído desde tradiciones que datan de más de tres mil años, enriquecidas por diferentes culturas y traducciones como de interpretaciones y exégesis personales. La guía y la ayuda de un maestro capacitado se hace evidente otra vez para no marearse con el vasto material, pues naturalmente nadie querrá perder tiempo leyendo material importantey exquisito sin comprender el mensaje por encontrarse escrito en una inserción histórica determinada, o encontrarnos desde webs que utilizan la espiritualidad como una moda comercial o simplemente el intento vano o equivocado de la información errónea.
Usted o cualquier persona siempre tendrá la libertad de elegir uno o varios maestros o métodos, pero es bien sabido que todos los maestros honestamente aconsejan con absoluta seguridad que algo fundamental es decidirse y continuar con el desarrollo espiritual, que muchas veces es arduo, con el mismo método y guía. No practicar discontinuadamente, venciendo dudas sin cambiar constantemente, saltando de maestro en maestro y de método en método, que solo nos traerá confusión y frustración. La respuesta acertada solo podremos encontrarla en el corazón, la esencia original.