Juan de Cózar y Camargo, natural de Málaga, era un modesto subteniente del Regimiento de Infantería de Almería cuando, en 1774, casó en Madrid con Rafaela de Pineda. Rafaela era hija de Nicolás de Pineda y Ramírez, un concejal —alcalde de Casa y Corte— de la villa madrileña. Para que la boda pudiera efectuarse, Nicolás hubo de entregar al Montepío militar la apreciable cifra de 60.000 reales; por aquel entonces, el ejército no autorizaba el matrimonio de sus oficiales de menor graduación a menos que depositasen una garantía económica.
Tal vez por las influencias que le abrió su enlace, por su origen malagueño o por una combinación de factores que solo cabe suponer, el hecho es que en marzo de 1785 José de Gálvez, Secretario de Estado y del Despacho Universal de Indias, concedió a don Juan de Cózar, a su familia y a su séquito una licencia para viajar a la provincia de Caracas. El embarque se efectuaría en Cádiz, a bordo de la fragata Virgen de los Dolores (sobrenombrada La Perla), con destino previsto en Cartagena de Indias.
Aunque la licencia no detalla el cargo que iba a ocupar don Juan, sí menciona a sus acompañantes: su esposa doña Rafaela, dos hijos pequeños, una ama de leche, dos criados y un tal José Fernández, un joven de tan solo 14 años sobre el que enseguida volveremos.
En 1787 encontramos ya a don Juan de Cózar en Santafé de Bogotá como director de las Nuevas Labores del Tabaco, al frente de la Real Fábrica de Tabacos en Polvo. En mayo de aquel mismo año, hizo un paréntesis en sus obligaciones para acudir al Colegio de San Bartolomé y testificar a favor de la admisión como alumno de José Fernández, quien por entonces rondaría los 16 años.
José Antonio Fernández y González era el nombre completo del niño que había embarcado en La Perla dentro del séquito de don Juan de Cózar. A diferencia de lo habitual, no figuraba en la licencia de embarque como criado de don Juan —una denominación que en la mayoría de los casos resultaba más figurada que real—, sino que se le trataba de «don» y se añadía que estaba «destinado por Su Majestad». Un último dato resulta clave para componer este relato: su lugar de origen era Macharaviaya.
El colegio de San Bartolomé había sido fundado por los jesuitas en 1604 y mantiene su labor en la actualidad. Centro de gran prestigio, sufrió no obstante los embates de las sucesivas expulsiones de la Orden. Fue precisamente durante uno de estos periodos de ausencia jesuita cuando José Antonio llegó a Bogotá. El colegio, sin embargo, no había cerrado sus puertas y permanecía bajo autoridad virreinal, lo que permitió al joven solicitar su ingreso.
No se conservan los detalles de los estudios que cursó en San Bartolomé. En su solicitud manifestaba el deseo de seguir la «carrera literaria», una denominación amplia que abarcaba desde la formación básica en gramática y filosofía hasta los estudios posteriores de derecho. Cabe suponer que elegiría las materias más convenientes para optar en el futuro a un puesto en la administración virreinal.
La solicitud sí incluyó un «expediente de sangre » que, pese a su brevedad, resulta de gran utilidad para rastrear los orígenes familiares de José Antonio. El expediente reúne su partida de bautismo, la de sus padres, la de matrimonio de estos y diversos testimonios que avalan la limpieza de sangre de la estirpe. Uno de los testigos, Manuel Madrid, declaraba:
«Sabe que todos los de esta familia han sido y son cristianos viejos, limpios de toda mala raza y que no han ejercido oficios viles; que son oriundos de los pobladores de la villa de Macharaviaya, que se han tratado y se tratan como familia distinguida y por tales reputados en esta Villa, y como tales han obtenido los empleos honoríficos de ella, como los han sido de alcaldes y regidores, y que no han tenido oficio alguno más que de viñeros y labradores con haciendas propias».
En su partida de bautismo consta que José Antonio nació en 1771 y que era hijo de Nicolás Fernández Orejuela, natural de Macharaviaya, y de Nicolasa González Valera, vecina de Canillas de Albaida. Sus padres se habían casado en 1756, siendo padrinos de boda Francisco Santiago González y Feliciana Ramírez de Velasco Gordo, esta última cuñada del menor de los célebres hermanos Gálvez, Antonio de Gálvez Gallardo.
Una afortunada búsqueda en los registros matrimoniales de la ciudad de Málaga permite constatar que los abuelos paternos de José Antonio casaron en 1719 en la parroquia de Santiago.
Se trataba de Francisco Fernández Arroyo, natural de Macharaviaya, y de Felipa María García Orejuela, malagueña .
Francisco era hijo de un tal José Fernández y de Águeda Arroyo (o Águeda Rueda Arroyo), de quien sí se conserva más información. Águeda fue nieta de Pedro Rueda Calvo, de quien se conocen varios hermanos. Uno de ellos, Francisco Muñoz Rueda, estuvo casado con Ana Gálvez Postigo, dama bien conocida por protagonizar el pleito que la familia Gálvez mantuvo con las autoridades eclesiásticas para conservar el derecho a un banco propio en la parroquia de Macharaviaya. Otra hermana, Leonor de Rueda Calvo, casó con Pedro Gómez Álvarez, apodado «el Alcornoque», antepasados directos del conde de Pérez Gálvez, quien también marcharía a América. Por último, Andrea Pareja (o Andrea Rueda Calvo) contrajo matrimonio con Mateo Carvajal, estando entre los ascendientes directos de la renombrada saga de los Gálvez.
José Antonio falleció en la Ciudad de México en 1822. En su partida de defunción puede leerse:
«En 21 de enero de 1822, hechas las exequias en esta parroquia, se le dio sepultura eclesiástica en el campo santo de San Lázaro al cadáver de D. José Fernández, alias Macharaviaya, español casado que fue con Dª Gertrudis Aranzazugoitia, el que habiendo recibido los santos sacramentos murió ayer en la Alcaycería».
Efectivamente, José Antonio y Gertrudis habían contraído matrimonio en 1796 en Bogotá; ella era hija de un funcionario de origen vasco. Consta que el matrimonio tuvo al menos un hijo, llamado José Facundo Fernández Aranzazugoitia, nacido también en Bogotá en el año 1805.
Cuando Colombia alcanzó su definitiva independencia en 1819, Facundo tan solo contaba con 14 años. Precisamente en enero de ese mismo año, el joven solicitaba ingresar en el que había sido el colegio de su padre —el de San Bartolomé de Bogotá—, aportando para ello, de nuevo, un expediente de limpieza de sangre.
Facundo permaneció en la Gran Colombia y en 1830 casó en Chiquinquirá con Nieves Salazar Páez. En el expediente matrimonial, sus apellidos figuran como Fernández Macharaviaya, habiendo incorporado el apodo de su padre como apellido materno. Así lo firmaría en diversos documentos posteriores, mientras que en otros utilizaba simplemente «Facundo Macharaviaya», omitiendo el Fernández. Quizás tomó esa decisión como un homenaje a la memoria de su padre, pues no parece caber duda de su firme compromiso con la nueva patria colombiana.
De esta vinculación da fe un hoja de despachos militares que sintetiza su carrera:
Santafé de Bogotá. Militares, índice general:
• Facundo Macharaviaya. Cabo 1.º aspirante.
• Subteniente en 1826.
• Licenciado como subteniente en 1827.
• Nombramiento como sargento mayor del Escuadrón de Caballería de la Guardia Nacional Cívica de Vélez en 1834.
Esta actividad militar —semiprofesional, al tratarse de milicias locales más que del ejército regular— la compaginó Facundo con los negocios. Se le cita, por ejemplo, como propietario de una casa-tienda en la ya desaparecida carrera de Tenerife de Bogotá. Facundo falleció en 1865, a los 59 años.
Por su parte, Nieves Salazar fue bastante más longeva, pues vivió hasta 1888. En el testamento y los documentos de sucesión de Nieves consta que residía en el barrio de Las Nieves de Bogotá. Poseía un almacén en los bajos de su vivienda, además de otro local comercial y dos casas-tiendas en calles próximas. Era propietaria, asimismo, de una pequeña finca de recreo en las inmediaciones —caserío de Chapinero— y de un potrero en el municipio de Chiquinquirá. Se detalla que estos inmuebles habían sido adquiridos por la propia Nieves o heredados de los Salazar: un patrimonio notable orientado al comercio y situado en una de las mejores zonas de la ciudad.
Facundo y Nieves tuvieron siete hijos, de los cuales cinco llegaron a la edad adulta. Diversos protocolos notariales demuestran que eligieron continuar llamándose Fernández Macharaviaya. Cuatro de estos hermanos no llegaron a casarse, y los varones se dedicaron al comercio, gestionando muy probablemente los bienes heredados de la madre.
No consta que quedase descendencia de ninguno de estos cinco hermanos, pero en 1865 uno de ellos, Tadeo, llegó a ser alcalde de Bogotá. De esta manera —y aunque no se recuerde—, el nombre de la remota villa de Macharaviaya quedó unido para siempre a la historia de la capital colombiana.
Luis Robles Teigeiro
Málaga, verano de 2026.
Nota. Quiero agradecer la ayuda que me prestó José Romero al localizar algunas partidas sacramentales en las parroquias de Málaga. Y así mismo al Archivo Histórico Javeriano de la Universidad Pontificia de Bogotá que puso a mi disposición el expediente de sangre de José Antonio Fernández González. Mi agradecimiento también a José Luis Cabrera que dio los primeros pasos para localizar a José Antonio Fernández y que me acompañó en la búsqueda de varios documentos.