LA CONVERSIÓN DE PEDRO
A primera vista la situación de Pedro fue muy diversa de la de Pablo: Pedro no persiguió nunca a Jesús, antes bien fue el primer jefe Pedro siguió a Jesús desde el inicio de su vida pública, no tuvo necesidad de una manifestación fulgurante de Cristo resucitado para llegar a ser su discípulo. Pero desde otro punto de vista la situación de Pedro es, o fue semejante a la de Pablo, en el sentido que Pedro, como Pablo, era un hombre generoso que quería hacer mucho por Dios. Cuando Jesús lo llamó, Pedro dejó todo y lo siguió. Después se mostró siempre generoso, como lo leemos en el Evangelio. Cuando había alguna cosa que hacer, vemos que Pedro inmediatamente se presenta como el primero para hablar, y el más rápido para actuar. Cuando Jesús les pregunta a los 12: "¿ Y vosotros quien decís que soy yo?"( Mt.16,15), Será solo Pedro quien va a responder con una magnífica profesión de fe: "El Cristo de Dios"( Mt.16,16), . Después del discurso del pan de vida, cuando muchos abandonan a Jesús, el mismo Cristo pregunta a los 12: "¿ También vosotros queréis marcharse?" (Jn. 6,67), Pedro responde "Señor, ¿A quién vamos a ir? Solo Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn. 6,68), y cuando Jesús en la noche, camina sobre el mar y se acerca a la barca, los discípulos se asustan porque creían que era un fantasma, Cuando Jesús les dice que es él, Pedro inmediatamente responde "Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas" (Mt. 14,28). Jesús aceptó y Pedro desciende de la barca: lo que sigue es bien conocido de todos. En la transfiguración Pedro propone hacer tres tiendas, para Jesús para Moisés y para Elías. En Getsemaní desenvaina la espada para defender a Jesús. También después de la pascua, cuando Jesús se les aparece a la orilla del lago, Pedro se lanza al agua para alcanzar a Jesús. La generosidad de Pedro es evidente. Con mucha frecuencia se ve la conversión como el paso de una vida mediocre o poco generosa a una vida muy generosa. Muchos tienen o tenemos necesidad de este tipo de conversión. Pedro no tenía necesidad de este tipo de conversión. Al contrario, su conversión consistiría paradójicamente, en el renunciar a su propia generosidad. Se podría pensar que es una conversión extraña, pero esta es la conversión más necesaria: renunciar a la generosidad propia para fundamentar todo en la gracia de Dios sobre el amor gratuito suyo. Esta es una conversión fundamental para cada uno de nosotros, la cual debemos hacer siempre y a cada momento. Para Pedro la conversión no fue instantánea como para Pablo. Los evangelios nos narran varias etapas sucesivas, las cuales veremos rápidamente. Después en la oración, o en la meditación diaria pueden ustedes reflexionar en cada una de estas etapas, y detenerse en la que sea la más sugestiva para ustedes.
1.- Apártate de mí Satanás: después de la profesión de fe (Mt 16,13-28)
La primera etapa es la sugerida por Mateo 16, también en Marcos 8, ambos nos la presentan después de la profesión de fe de Pedro hecha cerca de Cesarea de Filipo. Pedro ha dicho: "Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo" (Mt. 16,16), Y Jesús le responde "bienaventurado eres Simón hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mt. 16,17). Esto es, Pedro ha recibido una revelación divina. Jesús continua diciendo: "Y yo a mi vez te digo, tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt. 16,18). Roca es una traducción más exacta de la palabra aramea usada por Jesús "Kefa". Jesús ha tomado este nombre de una cosa, lo convierte en nombre de persona, y lo da a Simón. La forma aramea se encuentra en Jn 1,42 כיפא; aparece más seguido en las cartas paulinas ICor 1,12; 3,22; 9,5; 15,5; 2Cor 1,18; 2,9.11.14. En griego fue traducida por el masculino πέτρος;, porque el femenino petra no quedaba bien como nombre de un hombre. Del griego la distinción pasó al latín y de esta lengua a nuestras lenguas romances, Pedro y piedra, pero originalmente era la misma palabra. Esto es, "tu eres roca, tu nombre es roca y sobre esta roca edificaré mi iglesia". De esta manera Pedro ha sido puesto en un nivel muy alto. Inmediatamente después, Jesús comienza el anuncio de su pasión. Él debe sufrir mucho y ser asesinado. Pedro no está de acuerdo, y toma a Jesús aparte y comienza a "reprenderlo", y le dice: "¡Lejos de ti, Señor! De ningún modo te sucederá todo esto!" (Mt. 16,22). ¿Cuál es la motivación de Pedro? Es un motivo de generosidad, está motivado por su amor a Jesús, él lo estima, y por esto, no acepta la posibilidad que Jesús sea humillado, condenado y ajusticiado. No acepta esto porque ama a Jesús. Pedro está dispuesto a combatir para salvar a Jesús de la humillación y el sufrimiento. Esto muestra que su actitud parte de la generosidad. Pero esta generosidad, aunque sea sincera, no es buena, porque no está de acuerdo con la gracia de Dios, con el designio de salvación, es una generosidad humana, pero no corresponde al amor que viene de Dios.
De esta manera, Jesús debe hacer ver a Pedro que tiene necesidad de conversión. Jesús expresa esta exigencia de conversión con palabras muy duras. Le dice: "¡Quítate de mi vista Satanás! Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!" (v. 23), esto es un verdadero contraste con las palabras anteriores dichas por Jesús "Bienaventurado tu Simon ... el padre mío te lo ha revelado, ... tú eres roca, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia". Y ahora le dice "apártate de mí, Satanás". Satanás en hebreo significa "el adversario", pero los evangelios conservaron el nombre de "Satanás" que es ya en sí un nombre aplicado al diablo. Vemos, por lo tanto, que una misma persona puede tener sucesivamente inspiraciones divinas y después pensamientos totalmente ausentes de validez espiritual. No porque uno ha recibido y transmitido una inspiración divina, su valor personal ya está garantizado para siempre ... El valor personal depende de una conversión, no de un carisma. Es posible hacer milagros y no ser agradable a Dios. Jesús lo dice claramente en Mt 7,22. La conversión personal es necesaria, más aún, la conversión es generalmente más difícil que el ejercicio de carismas extraordinarios. Pedro tenía necesidad de conversión, debía cambiar radicalmente de mentalidad. Él estaba en el nivel humano, un nivel que tiene su valor. Pero cuando se trata de entrar en la vida espiritual, el nivel humano no es el adecuado.
2.- Señor estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel (Lc 22,37)
Pedro tenía pensamientos, casi sueños, de grandeza. No era el único: los evangelios manifiestan dos veces que entre los doce surgió una discusión sobre quién de ellos sería el más grande: la primera vez en Mateo 18,1-4 Y paralelos en Marcos 9,33-37, y Lucas 9,46-48. En aquel momento Jesús expresó la necesidad de una conversión; tomando un niño había dicho: "Yo os aseguro que si no cambiáis y os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos"(Mt 18, 3-4). "Si no os convertís": la conversión es indispensable. Convertimos en niños nos repugna a los adultos. En la última cena encontramos de nuevo esta discusión (Lc. 22,24) Los evangelios no dicen si Pedro haya tomado parte en ella directamente. Pedro estaba más inclinado a defender a Jesús y no su propio puesto. Él ya tenía el primer puesto y no se preocupaba o insistía sobre este punto. De todos modos en Lucas vemos que Jesús, después de esta discusión, hace una declaración especial a Simón Pedro. Él le dice: "Simon, Simón Mira que Satanás ha solicitado el poder cribarte como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, (cuando te hayas convertido) confirma a tus hermanos" (vv. 31-32). Jesús sugiere nuevamente la necesidad de la conversión y prevé que ésta tendrá lugar, de manera que Simón Pedro pueda confirmar a sus hermanos.
Pedro no ve la necesidad de conversión, no siente que sea necesaria. Está convencido de ser un discípulo sincero y generoso. Pedro entonces dice "Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel e incluso a la muerte" (Lc. 22,33). Pedro manifiesta su generosidad propia, que parece perfecta, a sus ojos. ¿Qué habría de más perfecto que estar dispuesto a ir a la prisión por Jesús y morir por él? Pero Jesús responde: "Te aseguro, Pedro, que hoy mismo, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces" (v. 34). Exactamente a esto conduce la generosidad humana. Todo esto es muy desconcertante, aún para nosotros.
3.- Lavatorio de los pies, Jn 13.
Se podrá entender mejor el problema espiritual, si leemos el evangelio de Juan. En él vemos la generosidad de Pedro y de qué tipo de conversión tenía necesidad. En el capitulo 13, en la última cena, Jesús se levanta de la mesa, se quita el manto y, tomando una toalla se la colocó en la cintura y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos (Jn. 13, 4-5). Al llegar a Pedro, éste se manifiesta totalmente contrario a lo que Jesús quiere hacer con él, y le pregunta con asombro: "Señor, ¿cómo vas a lavarme tú a mí los pies?" (v. 6) Jesús responde: "Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo comprenderás después" (v. 7). Pedro que quiere entender inmediatamente, dice: "Jamás permitiré que me laves los pies" (v. 8). Pedro no quiere que el Señor se humille ante él. Para él Jesús debe ser el Señor, el Mesías glorioso, victorioso. Por amor hacia Jesús Pedro quisiera a Jesús sobre todos. Pedro no entendía el orden del amor. Él quería salvar a Jesús, en lugar de aceptar ser salvado por él. Juan mismo dice "El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados"(1 Jn. 4,10) . Quien no acepta esto se cierra al amor que viene de Dios. Por motivos que parecen nobles; se cierra a la gracia. Lo dice Jesús de forma muy clara: "le respondió Jesús: Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo" (Jn. 13,8). Ésta es una amenaza tremenda para Pedro, quien quiere tanto a Jesús. Si no te lavo los pies, será la separación la ruptura total contigo ... Entonces Pedro se resigna, pero lo hace nuevamente con su generosidad habitual, no ha entendido aún nada. Dice: "Señor, no solo los pies; lávame también las manos y la cabeza" (v. 9). Se ve claramente que esta generosidad y arranque son erróneos, No ha entendido y esto se verá más adelante en el evangelio, en donde Jesús dice, después de la salida de Judas "Hijos míos, ya no estaré con ustedes por mucho tiempo. Me buscarán, pero les digo ahora lo mismo que ya dije a los judíos: Adonde yo voy, ustedes no pueden venir" (Jn. 13,33). Jesús debe recorrer este camino solo. Ninguno lo puede acompañar al subir a la cruz, porque es él, y solo él quien debe salvar, ninguno puede ir con él hasta ese lugar. "Adonde yo voy, ustedes no pueden venir". Simón Pedro no está de acuerdo, no se rinde, el ama a Jesús y lo quiere acompañar hasta el fin, según él. Por lo tanto le pregunta: "Señor, ¿a dónde vas?". La respuesta de Jesús es clara y misteriosa a la vez, pero deja ver una manifestación del futuro de Pedro mismo: "Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora; algún día lo harás" (v. 36). Existe un calendario, un plan en la vida espiritual, etapas que se deben recorrer sucesivamente, no todo al mismo tiempo, no se pueden anticipar acontecimientos y respuestas. Tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde, cuando Jesús haya ya marcado el camino, entonces podrán él y muchos otros seguido. Pedro nuevamente expresa su deseo, "él insistió": "Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mí vida por ti" (v. 37). Nuevamente aflora su generosidad, dar la vida por Jesús. Es sin duda un ideal muy grande y laudable, pero Jesús debe responder como en los otros evangelios: "De modo que estás dispuesto a dar tu vida por mí! te aseguro, Pedro, que antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces"(Jn 13,38). A esto conducirá la generosidad errónea, la que en los tratados de espiritualidad se llama presunción.
4.- En el Huerto de los Olivos.
Pedro no ha entendido, y por esto en el huerto de los olivos continuará en su intento, en su plan de proteger a Jesús; Lo quiere salvar. Cuando vienen a aprender a Jesús, Pedro saca la espada y comienza a combatir: Este es su modo de entender las cosas, así ve y se imagina el destino de Jesús: Jesús debe ser el Mesías glorioso, el Mesías victorioso, y por lo tanto, hay que combatir por él. Este es el modo humano de concebir al Mesías, una forma muy enraizada en la mentalidad judía: aun hoy los judíos no aceptan a Jesús como el Mesías, porque un Mesías crucificado no se adapta a sus ideas. En el cuarto canto del "siervo de Yahveh" (Isaías 53), el Targum (esto es la traducción aramea), ha cambiado el texto para excluir todas las cosas humillantes del Mesías. Aplica este canto al Mesías; Isaías no habla del Mesías, mientras la traducción pone al inicio el nombre del Mesías, diciendo: "He aquí que mi siervo el Mesías logrará su finalidad, será exaltado, honrado" (comentario a Is 52,13). Después se las arregla para atribuir a otros las cosas humillantes. De este tipo era el pensamiento de Pedro en su amistad con Cristo. ¿De dónde provienen las negaciones de Pedro? ¿En qué situación estaba él para haberlo hecho? ¿Provienen de una falta de generosidad? Más bien provienen del hecho que Pedro estaba completamente desconcertado. Un hombre no se deja asesinar en modo pasivo. Un hombre debe combatir. Si muere combatiendo es algo glorioso. En cambio Pedro no podía entender por qué Jesús no se defendía, por esto estaba totalmente desconcertado, solo así se puede comprender su respuesta: "No conozco a ese hombre"(Mc. 14,71). En verdad no lo reconocía ... el Jesús tan "poderoso en obras y palabras" (Lc. 24,19), se había convertido en un hombre aparentemente sin resistencia, un hombre que se dejaba apresar y humillar. Pedro no lo reconocía. Y por esto lo negó, porque estaba totalmente desconcertado. Esta situación penosamente humana, era necesaria para su conversión. Lucas dice que después de la triple negación, cuando Pedro entró en el patio, después de haber dicho "no sé de qué me hablas" (Lc. 22,60ss), en aquel instante, escribe Lucas, mientras estaba hablando, "canto un gallo", entonces el Señor, volteándose miró a Pedro, y Pedro se acordó de las palabras que el Señor le había dicho: "antes que el gallo cante me negarás tres veces"(Lc. 22,61), . Entonces Pedro reconoció, entendió la verdad de la predicación de Jesús. "Y saliendo afuera lloró amargamente" (v. 62). Es la mirada de Jesús la que cambió el corazón de Pedro. Entonces sí, Pedro abandonó forzosamente los pensamientos y las ambiciones humanas de salvar a Jesús, para aceptar la gracia, para aceptar la gracia que de esta manera desconcertante, pero profunda, venia, llegaba, sobre él. Pedro ha sido tocado, convertido por esta mirada del Señor. .. Ha aceptado, ha recibido el mensaje de la pasión... Ha aceptado los pensamientos divinos. Ha aceptado no ser el primero en amar, sino que Jesús fuese el primero. Y ha puesto su generosidad en un segundo plano, muy humildemente.
5.- En el lago: ¿Me amas? Jn. 21,15ss
San Juan en su último capítulo, nos muestra la actitud de Pedro después de la resurrección. Después de haber comido, narra el evangelio, Jesús dice a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?" (Jn. 21,15). Usando el verbo griego ἀγαπάω (agapao), que significa precisamente amor generoso; es el verbo habitual en el NT, porque el amor de Dios es un amor generoso, el amor de Jesús es un amor generoso, y ambos nos comunican este amor generoso. Nosotros no lo poseemos por nosotros mismos, pero sí lo recibimos de ellos, entonces podemos tenerlo. Jesús hace esta pregunta: 'Me amas tu generosamente más que éstos'. La respuesta de Pedro es muy modesta. "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Pedro no usa el verbo agapav (agapao), sino otro verbo filev (fileo) del que viene el prefijo "filo" usado en muchos términos de nuestra lengua: filosofía, filantropía, filarmonía. Esto es, Pedro ya no pretende amar generosamente, más que los demás, no responde a esta pregunta, sino que sólo declara que tiene un afecto tierno y profundo por Jesús. Él confía en Jesús, en que él lo conoce, sería como decir 'tú sabes mejor que yo, cual es la cualidad de mi amor por ti'. Solo entonces Jesús le dice: "apacienta mis corderos". Porque Pedro no se apoya ya en sí mismo, entonces Jesús le puede confiar una misión pastoral. Luego repite la pregunta "Simón hijo de Juan ¿me amas?" En esta ocasión Jesús no usa la comparación, y Pedro responde de nuevo "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". La tercera vez Jesús toma la expresión dicha por Pedro: "Simon hijo de Juan me amas tiernamente" (Σίμων Ἰωάννου, φιλεῖς με;). El evangelio nos dice simplemente, que Pedro se quedó entristecido de que Jesús por tercera ocasión le hubiese preguntado, si lo amaba tiernamente. Es significativo que también en su respuesta Pedro no insiste sobre su convicción propia, sino más bien, sobre el conocimiento de Jesús: "Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo tiernamente". y Jesús le dice "Apacienta mis ovejas". Esta es la actitud de un hombre convertido, que no pone en primer lugar sus propias certezas, su propia generosidad, sino que se somete a la gracia divina, y se confía en el Señor, aún para sus propias afirmaciones. No dice: 'Yo se que te amo generosamente', sino que dice "Tú sabes que te amo tiernamente".
6.- Acción de gracias, disposición fundamental: 1Pe 1,1ss
En su primera carta, Pedro manifiesta la misma actitud, porque comienza con la acción de gracias a Dios: "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo". Decir "Bendito sea Dios", es un modo de agradecer a Dios. Pedro pone la acción de gracias corno la primera disposición fundamental. "En su gran misericordia, a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho renacer para una esperanza viva" (lPe. 1,3). Pedro se reconoce objeto de la misericordia divina, gracias a la cual es posible renacer en el misterio pascual. Al final de su carta, recomienda a toda la humanidad. Dice: "Revestíos todos de humildad en vuestras mutuas relaciones, pues Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que llegada la ocasión, os ensalce; confiadle todas vuestras preocupaciones, pues él cuida de vosotros" (lPe. 5,5-7). Este es el fruto de la conversión de Pedro, un fruto suave, fruto jugoso, sabroso, fruto de humildad y de reconocimiento, un amor reconociente, ya no una pronta respuesta generosa llena de soberbia -salvar a Jesús- sino de humilde y alegre apertura a la salvación ofrecida por el Señor.
PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL
1.- ¿Qué sentimientos provoca en mi esta conversión constante de Pedro?
2.- ¿Me dejo interpelar de Dios como Pedro?
3.- ¿Hago un discernimiento constante en los momentos importantes de mi vida?