Décima Salida Senderista del Año 2025
TRAVESÍA DE SAN URBEZ AL CAÑÓN DE AÑISCLO
Realizada el domingo, 25 de Mayo - 16 Km y 450 m de Desnivel de Escasa Dificultad
- Naturaleza salvaje en estado puro -
Al afortunado rincón del P.N. de Ordesa y Monte Perdido acudieron cinco personas que a las 7:00 y escasos minutos partieron en el coche conducido por Diego, Mª Luz, Francisco Javier, Lucía y Pascal hacia la Autovía de Huesca y Sabiñánigo, Ainsa en dirección a Bielsa, para desviar después hacia el Cañón de Añisclo.
Llegaron, después de casi 200 Km de ruta, dos horas y media, de modo que empezaron a caminar en el atrevido puente de San Urbez, siglo XVIII, con arco de medio punto y a 80 m de altura suspendido sobre el vacío, de ecológico diseño y sostenible planteamiento, que permite pasar a la margen izquierda y acercarse al mirador que se alza vertiginoso sobre la profundísima garganta, labrada durante milenios por la acción erosiva del río Bellós que a la sazón acumulaba un poderoso caudal.
Entre formidables paredes rocosas avanzaron de sur a norte a la sombra de bosque de hayas, pinos, abetos, tilos y arces. Al comienzo predominaba el boj y en los altos cielos la silueta inconfundible de los buitres robaba la atención de los expedicionarios. A medio Km el covacho de San Urbez cerrado por verja y por tapial, surgía del muro calizo como primer hito místico de todo el valle. Dejaron atrás pronto el Barranco del Viandico donde confluye el río Aso sobre el Bellós. Más arriba, dejan el desvío al abandonado pueblo de Sercué.
El bosque cada vez más complejo y mixto, - aunque de escaso calado por cuanto los fustes son de pequeño grosor, a excepción de las contadas hayas que extienden de forma monstruosa todo su andamiaje por el espacio libre -, ocluye la penetración lumínica y su umbría genera una auténtica cortina de líquenes que penden como barbas de gnomos de los troncos arbóreos, señal inequívoca de la pureza del aire y de los elementos. Pinos silvestres, quejigos, tilos y servales se aferran a un talud vertical que cae en desplome al río que ruge y alborota entre peñascos, brechas, badinas, pozas. Salta en cascadas, rápidos y caídas incontenible y arrollador.
La oreja de oso, un endemismo botánico que singulariza este enclave junto con la corona de rey, engalana con su floración los ubérrimos flancos del encajonado fluvial entre el puente del cavernario eremita y el puente de Sangons. Tres pasarelas más salvan abruptos estrechos y llegan a Selba (sic) Plana, un saliente con vistas a los Sestrales, después de superar desniveles incómodos. Acceden sin apenas dar tregua a su aliento, los cinco a la llanada de Cumar donde no renuncian a la tentadora suerte de la reparadora fuente. Culminarán su gesta llegando a La Ripareta con tres horas de singladura compensada por un paraje de cargada energía fluvial donde repondrán las fuerzas físicas y alentarán el espíritu apaciguado por el tumultuoso afán fluvial. Al norte el nevado Pico de las Olas asoma al otro lado del collado a cuatro horas de distan al que se conjuran alcanzar en otro intento desde el refugio de Pineta al otro lado.
Sólo faltaba regresar al puente encantado de donde partieron por el mismo camino de ida sin dejar por ello de disfruta, ahora por partida doble, dados los ángulos de observación, la diferente luz por deriva horaria, otros aspectos no percibidos en la ida, la fuerza impetuosa de las aguas. Así que hacia las 15:40 ya podían entonar el lema "misión cumplida" y embarcados en el cuatro ruedas de Diego avanzar por el tramo final de la aventura, ahora rodada, por Fanlo y Nerín.
Mª Luz apostilla su participación con los siguientes parámetros cuantificados como sigue: Distancia recorrida (ida y regreso), 20'61 Km / Desnivel positivo 799 m. / Tiempo en movimiento 5:06:40 / Pasos 31.370 / Velocidad media 4'0 Km hora / Calorías 1.393 Kcal. Y sintetiza ella misma su percepción del itinerario como "Fantástica ruta para llenar el alma y limpiarla del estrés diario. Simplemente... espectacular "