The universe is understood as rational, mechanical, and increasingly scientific. The ancient Greeks imagined the cosmos as a series of perfect, concentric spheres, with Earth at the center of all existence. This geocentric model placed gods such as Zeus and Apollo as rulers of celestial and natural forces, blending divinity with early philosophy. Plato described the cosmos as ordered and divine — a reflection of ideal perfection — while Aristotle envisioned it as a system of heavenly spheres embodying balance and reason. Over time, this vision evolved. With the discoveries of Copernicus, Galileo, and later Einstein, cosmology shifted toward a heliocentric and eventually relativistic understanding of reality. The universe came to be seen as an expanding entity born from the Big Bang some 13.8 billion years ago, bound by universal physical laws. Humanity’s role within this system became one of observation and discovery rather than divine participation. In essence, Western cosmology frames the universe as something to be understood empirically, not worshiped — a cosmos defined by reason, not spirit.
el universo se entiende como racional, mecánico y cada vez más científico. Los antiguos griegos imaginaron el cosmos como una serie de esferas perfectas y concéntricas, con la Tierra en el centro de toda existencia. Este modelo geocéntrico situaba a dioses como Zeus y Apolo como gobernantes de las fuerzas celestes y naturales, combinando lo divino con la filosofía temprana. Platón describía el cosmos como algo ordenado y divino —una manifestación de la perfección ideal—, mientras que Aristóteles lo concebía como un sistema de esferas celestes en movimiento que reflejaban el equilibrio y la razón. Con el paso del tiempo, esta visión evolucionó. Con los descubrimientos de Copérnico, Galileo y más tarde Einstein, la cosmología se transformó en una comprensión heliocéntrica y posteriormente relativista de la realidad. El universo pasó a ser visto como una entidad en expansión, nacida del Big Bang hace unos 13.800 millones de años y regida por leyes físicas universales. El papel del ser humano dentro de este sistema dejó de ser el de un participante divino para convertirse en el de un observador que busca comprender. En esencia, la cosmología occidental concibe el universo como algo que debe entenderse empíricamente, no venerarse: un cosmos definido por la razón, no por el espíritu.
Indingenous North American Cosmologies
The universe is a living web of relationships, emphasizing the interconnectedness of all beings. Among the Lakota Sioux, existence is understood as part of a “Great Circle,” where every life form — human, animal, or celestial — shares kinship under the sacred phrase Mitákuye Oyás’iŋ, meaning “all my relations.” Similarly, the Navajo, or Diné, believe the world we inhabit is the fourth in a series of creations; each preceding world was destroyed and reborn in a continuing cycle of renewal. The Hopi likewise view time as cyclical, teaching that humanity currently lives in the Fourth World, destined to end one day and begin anew. These worldviews see creation as an ongoing balance rather than a single event, emphasizing harmony, cycles, and mutual respect rather than hierarchy or dominance. In contrast to the Western notion of humans as detached observers, Indigenous cosmologies place humanity as active participants within the cosmic order, responsible for maintaining balance with all forms of life.
El universo es una red viva de relaciones que enfatiza la interconexión de todos los seres. Entre los Lakota Sioux, la existencia se entiende como parte de un “Gran Círculo” donde cada forma de vida —humana, animal o celestial— comparte un parentesco sagrado bajo la frase Mitákuye Oyás’iŋ, que significa “todas mis relaciones”. De manera similar, los Navajo, o Diné, creen que el mundo que habitamos es el cuarto en una serie de creaciones; cada mundo anterior fue destruido y renacido en un ciclo continuo de renovación. Los Hopi también conciben el tiempo como cíclico y enseñan que la humanidad vive actualmente en el Cuarto Mundo, destinado algún día a terminar y comenzar de nuevo. Estas visiones entienden la creación no como un evento único, sino como un proceso constante de equilibrio y regeneración. El orden cósmico se mantiene a través de la armonía, el respeto y la reciprocidad entre todos los seres. En contraste con la visión occidental del ser humano como observador externo, las cosmologías indígenas lo colocan como participante activo dentro del orden universal, responsable de mantener el equilibrio con toda forma de vida.
East Asian Cosmology
East Asian cosmologies, especially those of China and Japan, the universe is conceived as a dynamic harmony rather than a creation born of divine will. Chinese philosophy explains existence through the interaction of Yin and Yang, opposite but complementary forces that generate and dissolve the world in a perpetual rhythm guided by the Tao — the Way. The cosmos, therefore, has no singular creator; it is self-generating and ever-changing. The principles of the Wu Xing, or Five Elements — Wood, Fire, Earth, Metal, and Water — describe this continuous process of transformation that governs both nature and human life. In Japan, Shinto mythology tells of the world’s emergence from primordial chaos, shaped by divine beings such as Izanagi and Izanami. The islands of Japan themselves are considered sacred, as is all of nature. These traditions reject strict separations between divine, natural, and human realms. The cosmos is self-organizing, inherently balanced, and sacred in its entirety. Humanity’s task is not to control the world but to live in alignment with its eternal flow.
las cosmologías de Asia oriental, especialmente las de China y Japón, el universo se concibe como una armonía dinámica más que como una creación nacida de la voluntad divina. La filosofía china explica la existencia mediante la interacción del Yin y el Yang, fuerzas opuestas pero complementarias que generan y disuelven el mundo en un ritmo perpetuo guiado por el Tao, o el Camino. El cosmos, por tanto, no tiene un único creador; se autogenera y cambia constantemente. Los principios de los Wu Xing, o Cinco Elementos —Madera, Fuego, Tierra, Metal y Agua— describen este proceso continuo de transformación que rige tanto la naturaleza como la vida humana. En Japón, la mitología sintoísta cuenta que el mundo surgió del caos primordial, formado por deidades como Izanagi e Izanami. Las islas de Japón mismas se consideran sagradas, al igual que toda la naturaleza. Estas tradiciones rechazan la separación estricta entre lo divino, lo natural y lo humano. El cosmos es autoorganizado, inherentemente equilibrado y completamente sagrado. La tarea del ser humano no es dominar el mundo, sino vivir en armonía con su flujo eterno.
Hindu Cosmology
In Hindu cosmology, the universe unfolds in infinite cycles of creation, preservation, and destruction — a process governed by the divine trinity of Brahma, Vishnu, and Shiva, known collectively as the Trimurti. Each cosmic cycle, or kalpa, spans billions of years, after which the universe collapses and is reborn anew. Time, in this worldview, is vast, non-linear, and sacred. The cosmos is eternal yet ever-changing, and reality itself is considered Maya — an illusion that conceals the ultimate unity of existence. Creation arises from the cosmic ocean, a primordial expanse from which the gods manifest order from chaos, much like in ancient Mesopotamian or Egyptian traditions. Yet in Hindu thought, this cycle never truly ends; it is an eternal rhythm that mirrors the divine pulse of existence itself. Unlike the linear progression of Western cosmology, the Hindu universe has neither true beginning nor final end — only endless transformation and renewal.
En la cosmología hindú, el universo se despliega en ciclos infinitos de creación, preservación y destrucción, un proceso gobernado por la trinidad divina de Brahma, Vishnu y Shiva, conocida como la Trimurti. Cada ciclo cósmico, o kalpa, dura miles de millones de años, tras lo cual el universo colapsa y renace nuevamente. El tiempo, en esta visión, es vasto, no lineal y sagrado. El cosmos es eterno pero siempre cambiante, y la realidad misma se considera Maya, una ilusión que oculta la unidad última de la existencia. La creación surge del océano cósmico, una extensión primordial de la cual los dioses manifiestan el orden a partir del caos, al igual que en las antiguas tradiciones mesopotámicas o egipcias. Sin embargo, en el pensamiento hindú, este ciclo nunca termina realmente; es un ritmo eterno que refleja el pulso divino de la existencia misma. A diferencia de la progresión lineal de la cosmología occidental, el universo hindú no tiene un principio ni un fin verdaderos, solo una transformación y renovación infinitas.
Mesoamerican Cosmology
The Mesoamerican cosmologies of the Maya and Aztec civilizations envisioned a universe structured in layers, sustained through balance and sacrifice. The Maya described a three-tiered cosmos composed of the Underworld, the Earth, and the Sky, all connected by the great World Tree — the Ceiba — whose roots, trunk, and branches unite all realms of existence. The Aztecs, on the other hand, believed in a succession of five suns, or ages, each destroyed in catastrophe before the birth of the next. Humanity, in this vision, exists within the Fifth Sun, kept alive only through the nourishment of the gods and the reciprocal offerings of humankind. Ritual sacrifice was thus not merely a religious act but a cosmic necessity, a way to sustain the delicate balance that allowed the sun to rise and the stars to shine. The universe was a living covenant between divine and mortal forces, a moral cosmos in which equilibrium was maintained through mutual giving and renewal.
Las cosmologías mesoamericanas de los pueblos maya y mexica (azteca) imaginaron un universo estructurado en capas y sostenido mediante el equilibrio y el sacrificio. Los mayas describían un cosmos de tres niveles —inframundo, tierra y cielo— unidos por el gran Árbol del Mundo, la Ceiba, cuyos raíces, tronco y ramas conectan todos los planos de la existencia. Los aztecas, por su parte, creían en una sucesión de cinco soles o eras, cada una destruida en una catástrofe antes del nacimiento de la siguiente. La humanidad, según esta visión, vive en el Quinto Sol, que se mantiene con vida gracias al alimento de los dioses y a las ofrendas humanas. El sacrificio ritual no era un acto de crueldad, sino una necesidad cósmica, un intercambio que aseguraba el equilibrio y la continuidad de la vida. El universo era un pacto entre lo divino y lo mortal, un espacio moral donde el orden se mantenía a través de la reciprocidad y la renovación.
African Cosmology
African cosmologies portray the universe as a deeply spiritual and participatory realm where creation never truly ceases. In Yoruba belief, the supreme being Olodumare sent the Orishas — divine intermediaries — to shape the Earth and animate it with Ase, the sacred energy that flows through all living things. Existence is infused with this divine force, linking gods, ancestors, and humans in an unbroken continuum. Among the Dogon of Mali, cosmic order emerged from twin beings who brought structure to chaos, reflecting a balance of dualities similar to the yin-yang dynamic. The Zulu recount that the first creator, Unkulunkulu, arose from a reed and brought life from the waters, symbolizing birth and emergence. Across these traditions, the universe is not a finished product but an ongoing act of creation, one that humans actively sustain through ritual, morality, and respect for the spiritual forces that animate the world. The cosmos, in African thought, is alive, responsive, and inseparable from the rhythm of human existence.
Las cosmologías africanas describen un universo profundamente espiritual y participativo, donde la creación nunca se detiene. En la creencia yoruba, el ser supremo Olodumare envió a los Orishas, intermediarios divinos, para moldear la Tierra y llenarla con Ase, la energía sagrada que fluye por todas las cosas vivas. La existencia está impregnada de esta fuerza divina, que conecta a dioses, antepasados y humanos en un mismo tejido vital. Entre los dogones de Mali, el orden cósmico surgió de dos seres gemelos que trajeron estructura al caos, reflejando un equilibrio de dualidades semejante al yin y el yang. Los zulúes, por su parte, cuentan que el primer creador, Unkulunkulu, emergió de una caña y trajo la vida desde las aguas, símbolo del nacimiento y la manifestación. En estas tradiciones, el universo no es un producto terminado, sino un acto continuo de creación que los humanos ayudan a mantener mediante el ritual, la moral y el respeto por las fuerzas espirituales que animan el mundo. El cosmos, en el pensamiento africano, está vivo, responde, y es inseparable del ritmo de la existencia humana.