Many of us have a fraught relationship with sleep. We delay bedtime for precious alone time, we scroll on our phones in bed, we sacrifice weeknight sleep only to catch marathon Zs on the weekend. Anyone who’s tossed and turned or stayed up too late then faced a cranky early morning knows that poor sleep can trigger a poor mood. But the relationship between sleep and our mental health goes deeper. Getting enough or not enough sleep can impact our mental health, and mental health conditions can influence how we snooze. “It’s becoming increasingly clear that sleep and mood have a bidirectional relationship,” said Andrea Goldstein-Piekarski, PhD, assistant professor of psychiatry and behavioral sciences and director of the Computational Psychiatry, Neuroscience, and Sleep Laboratory at Stanford Medicine. According to the Centers for Disease Control and Prevention, more than one in three U.S. adults and nearly eight out of 10 teens don’t get enough sleep, and around a quarter of adults have chronic sleep disorders like sleep apnea or insomnia. More than 1 in 5 U.S. adults has a mental health condition, according to the National Institute of Mental Health. Extensive research has drawn links between mental health and sleep. People with insomnia, for example, are 10 times more likely to have depression and 17 times more likely to have anxiety than the general population. Sleep apnea raises the risks of these conditions about threefold. In short-term studies, sleep deprivation has been shown to reduce the ability to control our emotions. Conversely, psychiatric disorders like depression and anxiety can cause sleep problems.
Muchos de nosotros tenemos una relación complicada con el sueño. Retrasamos la hora de acostarnos para disfrutar de un valioso tiempo a solas, nos quedamos mirando el celular en la cama, sacrificamos el sueño entre semana solo para dormir maratones de horas el fin de semana. Cualquiera que haya dado vueltas en la cama o se haya quedado despierto hasta muy tarde y luego haya tenido que enfrentarse a una mañana de mal humor sabe que dormir mal puede provocar un mal estado de ánimo. Pero la relación entre el sueño y nuestra salud mental es más profunda. Dormir lo suficiente o no dormir lo suficiente puede afectar nuestra salud mental, y los trastornos de salud mental pueden influir en cómo dormimos. «Cada vez está más claro que el sueño y el estado de ánimo tienen una relación bidireccional», afirma Andrea Goldstein-Piekarski, doctora, profesora adjunta de psiquiatría y ciencias del comportamiento y directora del Laboratorio de Psiquiatría Computacional, Neurociencia y Sueño de Stanford Medicine. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, más de uno de cada tres adultos estadounidenses y casi ocho de cada diez adolescentes no duermen lo suficiente, y alrededor de una cuarta parte de los adultos padecen trastornos crónicos del sueño, como apnea del sueño o insomnio. Más de uno de cada cinco adultos estadounidenses padece un trastorno de salud mental, según el Instituto Nacional de Salud Mental. Numerosas investigaciones han establecido vínculos entre la salud mental y el sueño. Las personas con insomnio, por ejemplo, son 10 veces más propensas a sufrir depresión y 17 veces más propensas a sufrir ansiedad que la población general. La apnea del sueño triplica el riesgo de padecer estas afecciones. En estudios a corto plazo, se ha demostrado que la falta de sueño reduce la capacidad de controlar nuestras emociones. Por el contrario, los trastornos psiquiátricos como la depresión y la ansiedad pueden causar problemas de sueño.
Muchos de nosotros tenemos una relación complicada con el sueño. Retrasamos la hora de dormir para disfrutar de un poco de tiempo a solas, usamos el teléfono en la cama, sacrificamos horas de sueño entre semana solo para dormir en exceso los fines de semana. Cualquiera que haya dado vueltas en la cama o se haya acostado tarde para luego enfrentarse a una mañana temprana y malhumorada sabe que dormir mal puede provocar un mal estado de ánimo. Pero la relación entre el sueño y nuestra salud mental va más allá. Dormir lo suficiente —o no hacerlo— puede impactar nuestra salud mental, y las condiciones de salud mental pueden influir en cómo dormimos. “Cada vez está más claro que el sueño y el estado de ánimo tienen una relación bidireccional”, dijo Andrea Goldstein-Piekarski, PhD, profesora asistente de psiquiatría y ciencias del comportamiento y directora del Laboratorio de Psiquiatría Computacional, Neurociencia y Sueño en Stanford Medicine. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, más de uno de cada tres adultos en EE. UU. y casi ocho de cada diez adolescentes no duermen lo suficiente, y alrededor de una cuarta parte de los adultos tiene trastornos crónicos del sueño como la apnea del sueño o el insomnio. Más de uno de cada cinco adultos en EE. UU. padece una condición de salud mental, según el Instituto Nacional de Salud Mental. Numerosas investigaciones han demostrado los vínculos entre la salud mental y el sueño. Las personas con insomnio, por ejemplo, tienen 10 veces más probabilidades de sufrir depresión y 17 veces más de padecer ansiedad que la población general. La apnea del sueño aumenta aproximadamente tres veces el riesgo de estas condiciones. En estudios a corto plazo, se ha demostrado que la privación del sueño reduce la capacidad de controlar nuestras emociones. A la inversa, los trastornos psiquiátricos como la depresión y la ansiedad pueden causar problemas de sueño.
Muchos de nosotros tenemos una relación complicada con el sueño. Retrasamos la hora de acostarnos para disfrutar de un tiempo valioso a solas, revisamos el teléfono en la cama, sacrificamos el sueño entre semana solo para dormir en exceso durante el fin de semana. Quien haya pasado la noche dando vueltas o se haya acostado demasiado tarde para luego enfrentarse a una mañana difícil y malhumorada, sabe que dormir mal puede afectar el estado de ánimo. Pero la relación entre el sueño y nuestra salud mental va más allá. Dormir lo suficiente o no, puede influir en nuestra salud mental, y los trastornos de salud mental pueden a su vez afectar la manera en que dormimos.
“Cada vez está más claro que el sueño y el estado de ánimo tienen una relación bidireccional”, señaló Andrea Goldstein-Piekarski, doctora en psiquiatría y ciencias del comportamiento, profesora asistente y directora del Laboratorio de Psiquiatría Computacional, Neurociencia y Sueño en Stanford Medicine. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), más de uno de cada tres adultos en Estados Unidos y casi ocho de cada diez adolescentes no duermen lo suficiente, y alrededor de una cuarta parte de los adultos padece trastornos crónicos del sueño como apnea del sueño o insomnio. Más de uno de cada cinco adultos estadounidenses presenta un trastorno de salud mental, según el Instituto Nacional de Salud Mental.
Numerosos estudios han establecido vínculos entre la salud mental y el sueño. Las personas con insomnio, por ejemplo, tienen 10 veces más probabilidades de padecer depresión y 17 veces más probabilidades de sufrir ansiedad que la población general. La apnea del sueño eleva alrededor de tres veces el riesgo de desarrollar estas condiciones. En estudios a corto plazo, se ha demostrado que la privación del sueño reduce la capacidad de regular nuestras emociones. A la inversa, los trastornos psiquiátricos como la depresión y la ansiedad pueden generar problemas de sueño.
Spanish:
El análisis de las traducciones muestra que la fidelidad al texto original y la adaptación al idioma de destino son aspectos complementarios pero distintos. Una traducción literal puede mantener cada detalle del original, pero corre el riesgo de introducir anglicismos o expresiones poco naturales en español, como “PhD” o “condición de salud mental”. Una traducción demasiado adaptada puede resultar más fluida, pero sacrificar precisión terminológica y matices técnicos.
Al comparar las versiones, se observa que la traducción de DeepL ofrece mayor naturalidad y fluidez, mientras que la traducción inicial es técnicamente correcta pero algo rígida y con ciertos calcos. La versión revisada logra un equilibrio adecuado: conserva la exactitud del contenido, emplea terminología clínica y académica precisa en español y mantiene la claridad y fluidez necesarias para un público hispanohablante.
English:
The analysis of the translations shows that fidelity to the original text and adaptation to the target language are complementary but distinct aspects. A literal translation can preserve every detail of the original, but it risks introducing anglicisms or expressions that are unnatural in Spanish, such as “PhD” or “condition of mental health.” An excessively adapted translation may be more fluent, but it can sacrifice terminological precision and technical nuances.
When comparing the versions, it is observed that DeepL’s translation provides greater naturalness and fluency, while the initial translation is technically correct but somewhat rigid and contains certain calques. The revised version achieves a proper balance: it maintains content accuracy, employs precise clinical and academic terminology in Spanish, and ensures clarity and fluency for a Spanish-speaking audience.