FILOSOFÍA MODERNA. Las 3 R. RENACIMIENTO, REVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y RACIONALISMO.
SIGLOS XV Y XVI . UN NUEVO MUNDO.
Entre los conjuntos de hechos y acontecimientos que se producen en estos momentos y que son relevantes para la configuración de la ideología moderna cabe destacar los siguientes:
el desarrollo urbano y el despegue del comercio entre ciudades y Estados.
la Reforma del norte y el centro de Europa
el desarrollo del Derecho Natural
la aparición de la ciencia moderna
La aparición de los burgos, su desarrollo y posterior apertura comportan una visión del cosmos radicalmente diferente a la dada por la vida feudal, al estilo del caserío o del castillo. La ciudad se convierte en unidad económica distinta a la del campo. La ciudad consume más que produce y requiere, por ello, una modificación sustancial de los modos de producción así como de la etapa de intercambio. Ya no es el trueque directo de un producto por otro; el intercambio mercantil tiene que apoyarse en la existencia de una unidad abstracta: el dinero.
Con él aparece la racionalidad contable: los libros con haber y debe. El comercio es uno de los motores de la aparición y difusión de libros de cuentas aritméticas-comerciales... El dinero propicia la paulatina constitución del álgebra.
Estos nuevos modos de producción afectan a la población, cuya estructura ocupacional sufre una radical transformación -de agricultor, cazador o caballero, a oficios con sus gremios correspondientes-, y a la morfología de la propia ciudad. Esta requiere de una racionalidad propia: no vale la simple acumulación de unas construcciones en torno a un castillo, o unas junto a otras en villorrio, o en torno a una catedral; se necesitan unos principios de urbanización, con unos mínimos desarrollos de salubridad y organización interna.
Otra exigencia que va a presentar el comercio, en cuanto a su repercusión social es: la libertad de tránsito de las mercancías de unos lugares a otros, así como la seguridad en el transporte de las mismas y la necesidad de unas redes viarias, fluviales o marítimas que lo faciliten.
En el medioevo muchas entidades eran a la vez soberanas y súbditos en el sentido de que quienes controlan el poder en un territorio son soberanos en el mismo aunque, a la vez, se consideren súbditos de un emperador o un rey que cohesiona el total de forma más bien espiritual. Esos soberanos-súbditos son elementos que impiden la uniformidad social. Cada feudo podía imponer las condiciones que desee para el paso de las mercancías por su territorio. Un desarrollo de los medios de producción mercantil obliga a que esas trabas, esos particularismos, tengan que desaparecer.
Para superar este caos se va imponiendo, como postulado básico de la burguesía mercantil naciente, el principio de igualdad, la exigencia de una uniformidad por la cual vayan desapareciendo los privilegios de cada feudo en beneficio de un privilegio mercantil de ámbito total. Uniformidad de todos los elementos constitutivos de la sociedad, apoyándose en criterios válidos para todos, en un espacio uniforme.
El burgués pretende quebrantar los órdenes intermedios y ello exige, por un lado, la creación de un poder central absoluto que sea la instancia máxima en el sentido que no haya poder alguno por encima suyo. Desde esta visión, el Estado moderno absoluto pretende, mediante el monopolio del poder político, superar la fuerza social de feudos y gremios. En el ámbito pragmático, la burguesía mercantil apoya el establecimiento incondicional de una forma de gobierno, en principio monarquía absoluta, que consiga establecer de hecho ese poder.
En el ámbito teórico, hay armonizar el poder absoluto, unitario y sin nada por encima de él, con el establecimiento de unos límites, tanto para el ámbito privado individual, como para las relaciones comerciales. Esto conlleva mecanismos de participación que impidan la arbitrariedad y la absorción del individuo.
Desde este ámbito teórico, el poder político ha de poseer su propia racionalidad, diferente de la razón teológica, esgrimida precisamente por el orden medieval. Racionalidad que puede manifestarse en una u otra forma de gobierno, pero que no procede de la experiencia de unos poderes y formas anteriores. De aquí que el orden nuevo tenga que fundarse no en la experiencia sino en la razón. La idea principal de los legisladores se centra en la afirmación de un Estado supremo organizado a partir de pactos entre individuos y recibiendo su forma de tales individuos. Sólo el derecho privado podrá limitar el poder soberano. Sólo si lo público invade o niega lo privado puede cuestionarse lo público.
Subyacente a la uniformidad del espacio estatal, se encuentra la idea de la razón humana como algo estable y general. Existe una razón idéntica en cada individuo.
La aparición del burgués trae consigo una nueva moral. Para el hombre dedicado al comercio y a la industria naciente, lo que importa es el trabajo individual. En este trabajo, el tiempo va a jugar un papel preponderante: no cabe el ocio, sino sólo el trabajo bien organizado, porque es el único que posibilita la creación de riqueza. Riqueza que constituye uno de los rasgos del éxito para la nueva moral. Moral de éxito aún a costa del hundimiento de los demás; moral económica de previsión y cálculo, de conquista y dominio sobre los demás.
En lo conceptual, la vida de pensamiento y científica se van a realizar al margen de la ciencia oficial, representada básicamente por la Iglesia de Roma y sus Universidades. Junto al latín como lengua oficial, los distintos pensadores van a plasmar sus obras en lengua vernácula. Y ello porque hay un público, ese incipiente burgués,que ya no posee una educación recibida en la Universidad Tradicional, sino en centros marginados a la misma, quedando el latín como lengua oficial académica. La expresión lingüística conlleva un cambio de estilo. Si en la Escolástica era central el comentario a unos textos y autores previos, ahora los libros van a ser tratados originales, ensayos sin la sujeción obligada a un esquema determinado. Igualmente, quienes se dedican al cultivo del pensamiento y de la ciencia no serán los pertenecientes a órdenes religiosas, sino quienes posean un oficio. Este status especial entraña el individualismo en todos ellos.
La Reforma tiene 2 figuras clave en su nacimiento y elaboración, a saber: Lutero y Calvino
LA REFORMA luterana introdujo una nueva forma de mirar la religión, la necesidad de recuperar la pureza original del cristianismo. Lutero, siguiendo a Agustín, defiende la existencia de dos reinos independientes: el reino de Dios, la Iglesia, sometida a Cristo y a las Sagradas Escrituras. Y el reino del Mundo, de los no creyentes, sometido a la autoridad temporal de los hombres. Esta Reforma creará un cisma en la Iglesia cristiana. La Reforma luterana asestó un golpe decisivo a lo que quedaba del orden medieval y del Sacro Imperio románico-germánico.
La sociedad global (cristiana) iba a ser reemplazada por los estados particulares (modernos?), mientras que lo más esencial de la religión tendría su santuario en la conciencia de cada cristiano individual. El poder laico se convirtió en supremo y fue elevado hasta una especie de santidad gracias a la teoría del derecho divino de los reyes.
Todo esto se basaba en la presuposición de la homogeneidad religiosa del Estado, al compartir gobernantes y gobernados la misma fe. Pero los Estados no eran homogéneos: diferentes confesiones coexistían en el interior de un mismo Estado y de ahí las guerras de religión. Las confesiones beligerantes, cuando se veían amenazadas por ser minoritarias, y partiendo del derecho a resistir ante la persecución de un tirano (en virtud de la idea de un acuerdo existente entre gobernante y gobernados), llegar a afirmar y justificar el derecho del individuo a la libertad de conciencia. La libertad de conciencia constituye así, cronológicamente hablando, el primero de los aspectos de la libertad política y la raíz de todos los demás.
Calvino va más lejos. Para él, Dios es esencialmente voluntad y majestad. Y esta inescrutable voluntad divina inviste a ciertos hombres con la gracia de elección y condena a los demás a la reprobación. La misión del elegido es contribuir a la glorificación de Dios en el mundo, y la fidelidad a esta misión constituirá la señal y la única prueba de la elección. De esta manera, el elegido ejercita sin descanso su voluntad en la acción. Al realizar esto en absoluta sujeción respecto a Dios, participará efectivamente de él el contribuir a la materialización de sus designios.Esta sujeción del individuo a la gracia de Dios permite identificar nuestra voluntad con la voluntad de Dios; a tal punto que encarnamos el otro mundo, el trascendente, en nuestra decidida acción sobre éste. La acción del hombre diviniza la naturaleza. Descartes traducirá esta idea en la exaltación filosófica del individuo humano como amo y señor de la naturaleza.
Estas ideas también tendrán su desarrollo en el Derecho Natural, que, frente al Derecho Positivo, no trata de seres sociales, sino de individuos, de hombres que se bastan cada uno a sí mismo al estar hechos a imagen y semejanza de Dios y ser depositarios de la razón.
La idea de Derecho Natural es la garantía, la justificación filosófica, de la investigación teórica, sistemática y deductiva del Derecho, tan floreciente e importante en la época. Podemos hacerla remontar a la Antigüedad y a Tomás de Aquino, pero sufre en los tiempos modernos un profundo cambio, de manera que oponemos frecuentemente dos teorías del Derecho Natural.: la antigua o clásica y la moderna.
Para los antiguos -a excepción de los estoicos- el hombre es un ser social, la naturaleza un orden, y aquello que podemos percibir, más allá de las convenciones de cada polis particular, como constitutivo de la base ideal o natural del derecho, es un orden social de conformidad con el orden de la naturaleza.
Para los modernos, bajo la influencia del individualismo cristiano, los principios fundamentales de la constitución del Estado y de la sociedad deben deducirse de las propiedades y cualidades inherentes al hombre considerado como un ser autónomo, independiente de todo vínculo social o político.
Las Casas... logró que se reconociese a los indios como hombres hechos y derechos; para ello se sirvió de las teorías de Vitoria. Éste estableció que existía una naturaleza humana universal y, por tanto, independiente de la fe. Hay en todo hombre, más allá de las diferencias de fe, estatuto o moral, una naturaleza única. Y de ella, de ese fondo sin variaciones,proceden los derechos subjetivos: "...el hombre es la imagen de Dios debido a su naturaleza, es decir, debido a sus poderes racionales...".
De este modo, la naturaleza humana en que se funda el derecho es anterior e indiferente a las variaciones morales y religiosas que se le incorporen. No se puede entonces negar el derecho a los indios, ni porque ignoren la verdadera religión, ni porque cometan actos que son inmorales, ni siquiera porque sean insensatos. Así lo utilicen bien o mal, basta con que tengan su libre albedrío para que sean dueños de sus actos y, por tanto, de sus cuerpos (al interpretar libre albedrío como libertad de cuerpo, se pueden asimilar libertad y propiedad, tal como entenderá después de él una constante tradición).
La ideología de la naturaleza humana que aquí se inicia va a estar presente hasta nuestros días en el derecho, la moral, la política y la economía. La época de Vitoria es el momento de la denominación del sujeto.
Mientras en el medievo el hombre individual se veía superado dos veces (en el sentido de la especie humana y en el sentido de la ciudad) en Vitoria y en quienes le siguen la noción de humanidad mezcla dos campos: el lógico y el social.
La distinción era clara en la fórmula antigua. Este hombre, este individuo, es igual a los otros en la especie humana, ya que no se es más o menos hombre. El concepto "especie humana" no impone leyes, sino solamente una forma común. Como contraposición, en la ciudad este hombre tiene un lugar, o cumple una función. No hay igualdad de derecho en estas relaciones políticas y sociales: cada uno ocupa un lugar propio en un conjunto que lo supera, que funciona siempre y cuando nadie se salga de su papel . Y si se piensa en unificar la especie humana, se piensa, más que en la humanidad, en la cristiandad.
Por el contrario, al reemplazar la naturaleza por la naturaleza humana, la humanidad es, tanto como la forma, el sistema de las relaciones entre individuos. Además de la unidad de los humanos por la especie, el derecho de sociedad se inscribe en los derechos naturales del hombre. A esto se debe que ya no sea necesario el concepto cristiandad, y se utilice el de humanidad.
A partir de la naturaleza humana se van a afirmar y desarrollar tres series de temas esenciales: la propiedad del cuerpo; la doctrina de la sociabilidad y la unidad del género humano.
Se inicia en el siglo XVI con Francis Bacón. Inaugura la nueva ciencia defendiendo la investigación científica. Copérnico, Kepler y Galileo, astrónomos, desarrollan nuevas hipótesis científicas, nuevos modos de acercarse al estudio de la naturaleza. Nace la ciencia experimental, la Física, basada en dos ideas: las leyes de la Naturaleza se expresan matemáticamente y, las hipótesis han de comprobarse de forma empírico-experimental. Será el método hipotético-deductivo, el sistema del mundo de Newton será su máxima expresión. Crean una nueva imagen del universo en la que la Tierra no está en el centro, gira en torno al Sol (derribando la idea religiosa acerca de la centralidad universal del Ser Humano como hijo predilecto de Dios).
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El mundo moderno es una clara consecuencia del cambio epistemológico que se produce en el siglo XVI: el paso del antiguo, gastado e incompleto sistema aristotélico, basado fundamentalmente en la ontología, a un nuevo modo de aproximarse a las explicaciones del mundo, desde proyecciones fundamentalmente epistemológicas. Este cambio, aunque latiendo confusamente en la propia Edad Media, tiene su primera expresión, como cambio sustantivo, en el campo teórico de la Astronomía (Física Celeste) en donde las evidencias observacionales son sustituidas por creaciones conceptuales.
Con el cambio del sistema astronómico se produce un amplísimo cambio general que se extiende a las más diversas y dispares áreas de la vida científica y social, sobrepasando el ámbito estrictamente astronómico (cambios en la concepción y valoración, por el propio hombre , del hombre, de lo humano y de sus destinos; cambios en la concepción de la realidad física y, por lo tanto, en todo plano de la realidad natural; cambios en los ideales de vida,... pero fundamentalmente en el modelo del conocimiento).
Este cambio de actitud lleva implícita una revolución conceptual en la constitución del conocimiento científico, la cual desembocará en la elaboración de la ciencia física galileo-newtoniana, juntándose en ella tanto la observación como la experimentación, el planteamiento de la hipótesis, la utilización de un modelo ideal (abstracto) construido con la ayuda de la matemática y la deducción subsiguiente. Y ese modelo científico va a afectar a las condiciones materiales de vida (el desarrollo tecnológico), fundamentalmente en cuanto que va a aparecer una cierta concepción de la vida identificada como progreso social basado en los logros de la ciencia aplicada, la cual generará importantes transformaciones en la vida material y concreta de los hombres (aparecen, en este momento, las bases del moderno sistema industrial apoyado en la tecnología). Y junto a este cambio científico e industrial no hay que olvidar la importantísima transformación político-social que va implícita en él.
La imagen del mundo en la antigüedad.
Para comprender las dimensiones del cambio hemos de comenzar viendo cuál era la concepción del mundo medieval: la visión geocéntrica del cosmos.
Desde los presocráticos, es común la reflexión y la búsqueda de teorías explicativas sobre el movimiento y la permanencia, sobre el mundo físico en general. Ellos consideraron inmutables a los cielos y pensaban que existían estrellas fijas, las cuales constituían la última frontera del mundo, del cosmos. Los cielos eran considerados divinos. No obstante, era observable la existencia de algunos cuerpos celestes que vagaban por los cielos sin cumplir, aparentemente, la perfección de los movimientos que todos los cuerpos celeste-divinos tenían prescritos.Eran los planetas, errando alrededor de la Tierra, considerada centro del Universo. El resto de los cuerpos celestes eran la Luna, el Sol y las estrellas fijas.
El que la Tierra fuera el centro del Universo estaba en conexión directa con la observación cotidiana. No había nada más sencillo, ni claro de entender. Puesto que los cuerpos celestes eran divinos, Platón, matemático y pitagórico convencido, sugirió que debía existir algún tipo de procedimiento matemático-geocéntrico, racional y perfecto, que describiera y justificara tanto las aparentes irregularidades de dichos cuerpos en su movimiento alrededor de la Tierra, como que predijera sus movimientos futuros. La matemática era considerada como el lenguaje ideal para expresar los movimientos de los cuerpos que no estaban sujetos a la corrupción del mundo terrestre.
Este reto fue recogido pronto por distintos matemáticos-geómetras que empezaron a ingeniar modelos explicativos, utilizando únicamente movimientos circulares (el movimiento perfecto), que describieran coherente y fielmente todos los movimientos planetarios.
Uno de los más destacados astrónomos de la antigüedad fue Eudoxo de Cnidos (400/350 a. C.), que estableció cuatro esferas para cada planeta. Este sistema fue seguido por Calipo y Aristóteles. En esencia, el sistema consistía en un conjunto de esferas que estaban contenidas unas dentro de otras (como las capas de una cebolla) que girando a distintas velocidades podían explicar los diversos movimientos celestes.
Basado en ese modelo, Aristóteles construyó toda su teoría física, dividiendo tajantemente entre los mundos sub y supra-lunares. El mundo supralunar estaba constituido por un elemento divino que no se daba en la composición de los cuerpos terrestres: El Éter (el quinto elemento), imperturbable e incorrupto que permitía el movimiento perfecto de los planetas. Por el contrario, el mundo sublunar estaba compuesto por los cuatro elementos tradicionales (Fuego, Aire, Tierra y Agua), sujetos al cambio y a la corrupción, donde lo más pesado tendía hacia abajo y lo más ligero hacia arriba, así los cuerpos se movían en tanto que trataban de alcanzar su lugar natural.
No todos los astrónomos de la Antigüedad eran defensores del geocentrismo. Heráclides de Ponto (388/310 a.n.e.) fue partidario de un complejo sistema por el cual Mercurio y Venus giraban en torno al Sol, el cual, a su vez, giraba en torno a la Tierra. Aristarco de Samos (hacia 281 a.n.e.) propuso, a imitación de los pitagóricos, que tampoco eran partidarios del sistema geocéntrico, una especie de sistema heliocéntrico que tuvo muy poco éxito.
Pero ninguno de los expuestos hasta ahora tuvieron el éxito, la aceptación y la confirmación, de los propuestos por Hiparco (siglo II a.n.e.) y de Claudio Ptolomeo (siglo II d.n.e.). Para éstos el sistema era geocéntrico, pero no a la manera concebida por Aristóteles (esto es como esferas concéntricas), sino que el camino recorrido por los planetas en su movimiento en torno a la Tierra eran circunferencias (la diferencia puede aparecer como mínima entre esfera y circunferencia, pero indica evidentemente una simplificación, además de ser rechazada la esfera como figura ideal y perfecta, lo cual era común entre los griegos). Ptolomeo publicó sus ideas en una obra titulada Almagesto, conservada y transmitida a Occidente por vía árabe (como casi todas las obras de la Antigüedad). Los principales elementos teóricos de este sistema son los siguientes:
Los astros tienen movimientos perfectos (circulares y uniformes).
No hay esferas que intervengan en los movimientos de otras esferas inferiores, produciendo los movimientos planetarios. Los caminos recorridos por los planetas en torno a la Tierra son circulares.
La Tierra está en el centro del Universo. De este modo queda reforzada la Física aristotélica del mundo sublunar.
Los Planetas revolucionan en torno a la Tierra sobre dos círculos. El deferente, cuyo centro de giro es la Tierra y cuyo camino o circunferencia descrita sirve de centro (sucesivo) a un segundo círculo.
Bien es cierto, que para la mayor exactitud de estos movimientos fue preciso introducir otros elementos teóricos que dieran mejor cuenta de los movimientos planetarios. Así aparecen la excéntrica, que es la circunferencia descrita por un punto que siendo el centro de todo el sistema no coincide con la Tierra, produciéndose desde ésta la sensación de que el movimiento no es totalmente circular, aunque así se explicaba el diferente tamaño de los planetas en base a su mayor o menor distancia de la Tierra, y el ecuante que era el punto teórico para explicar las distintas velocidades de los planetas.
Copérnico
En el siglo XVI se planteaba la cuestión sobre el método adecuado en astronomía. El teólogo luterano Andreas Osiander apoyó la tradición de salvar las apariencias en su prólogo al De Revolutionibus de Copérnico. Osiander argüía que Copérnico trabajaba en la tradición de aquellos astrónomos que inventaban libremente modelos matemáticos con el propósito de predecir las posiciones de los planetas. No importa que los planetas giren o no alrededor del Sol, lo que cuenta es que Copérnico haya sido capaz de salvar las apariencias con su supuesto.
Copérnico, sin embargo, no suscribía este enfoque de la astronomía. Como pitagórico convencido y comprometido, buscaba en los fenómenos la armonía matemática porque pensaba que estaba realmente en el cosmos. Copérnico creía que su sistema centrado en el Sol era algo más que un recurso para el cálculo. Copérnico se daba cuenta de que los movimientos observados de los planetas podían deducirse con aproximadamente el mismo grado de exactitud a partir de su sistema o a partir del de Ptolomeo. De ahí que reconociera que la elección de uno de los modelos rivales se basaba en otras consideraciones que en la de su éxito en ajustarse a los hechos. Copérnico argumentaba en defensa de la superioridad de su sistema apelando a la "integración conceptual" como criterio de aceptabilidad: consideraba que su modelo unificado del sistema solar era mucho más sencillo que la colección ptolemaica de distintos modelos, uno para cada planeta. Este sistema no explicaba más, pero sí mejor, pues dejaba de lado el complejísimo aparato ptolemaico.
Para Copérnico el Sol estaba en el centro del Sistema, y todos los planetas giran alrededor de él. Este cambio de concepción astronómica implicaba un cambio en la concepción de la física sublunar, ya que se había perdido el fundamento que explicaba por qué los cuerpos pesados caían hacia el centro de la Tierra. Con la nueva propuesta, al dejar de ser la Tierra el centro del Universo, los cuerpos saldrían disparados hacia el Sol. Pero a pesar de la propuesta heliocéntrica, Copérnico siguió aferrado a la hipótesis de que los movimientos celestes eran circulares.
El compromiso pitagórico de Kepler.
La orientación pitagórica produjo sustanciales dividendos en las investigaciones astronómicas de Johannes Kepler.
Debido a que creía que Dios creó el sistema solar según un patrón matemático, perseveró en la búsqueda de regularidades matemáticas en el sistema solar, y llegó a establecer correlaciones matemáticas que hoy consideraríamos peregrinas. El pitagórico convencido cree que si una relación matemática se ajusta a los fenómenos, esto no puede ser una coincidencia. Y Kepler, en particular, formuló diversas correlaciones matemáticas cuyo carácter es sospechoso. Mostró las correspondencias entre las distancias de los planetas y las figuras geométricas, que después fueron refutadas por datos basados en observaciones de Ticho Brahe. Sugirió que las densidades de los planetas estaban relacionadas con sus distancias, lo cual era imposible de comprobar.
Así y todo, consiguió armonizar observación y modelos matemáticos en lo más trascendente de su teoría (las leyes de Kepler) . Su firmeza en la observación y el dato sobre los movimientos planetarios prevaleció sobre la necesidad de que la naturaleza debía seguir los modelos perfectos de la geometría. Esto le llevo a considerar otras
figuras diferentes de la circunferencia (que era la figura perfecta en la antigüedad). Y así pudo formular la primera de sus leyes:
Los planetas se mueven alrededor del Sol describiendo una elipse, en cuyos focos se encuentra el propio Sol.
La segunda ley la elaborará a partir del comportamiento y distintas velocidades que tiene un mismo planeta a lo largo de su traslación en torno al Sol (su traslación anual): El radio del vector que va del Sol al planeta barre áreas iguales en tiempos iguales. Esto quiere decir que cuanto más alejado está el planeta del Sol va más despacio, puesto que el arco a recorrer disminuye en cuanto que aumenta su distancia al Sol.
La tercera ley es la que organiza sistemáticamente todo el Sistema Solar: La razón de los cuadrados de los períodos de dos planetas cualesquiera es directamente proporcional a la razón de los cubos de sus distancias medias al Sol.
El descubrimiento por Kepler de la tercera ley es una sorprendente aplicación de los principios pitagóricos. Estaba convencido de que debía haber una correlación matemática entre las distancias planetarias y las velocidades orbitales. Descubrió esta tercera ley después de haber ensayado diversas relaciones algebraicas posibles.
La obra de Kepler tiene una gran transcendencia en el campo astronómico. Y en el ámbito de la filosofía sólo es destacable la consagración de la matemáticas para el conocimiento de los cielos (y en general, como lenguaje básico de la investigación científica de la realidad), además de consagrar a la Tierra como un cuerpo celeste más.
FRANCIS BACON. LA IMPORTANCIA DEL MÉTODO.
francis Bacon criticó fuertemente a la filosofía antigua, especialmente a la griega. Pues consideraba que este pensamiento no tenía ninguna aplicación en la vida cotidiana, es decir, no resultaba útil. A pesar de que la mayoría de los catedráticos y pensadores de la época estudiaban las ideas de Aristóteles como si fueran verdades absolutas.
Por tanto, se encargó de reemplazar las ideas de la filosofía clásica (basada en argumentos lógicos y filosóficos sin valor práctico para la vida humana), con un nuevo cuerpo de estudio y conocimiento científico (basado en experimentos y observaciones).
Francis Bacon reorganizó el método científico que dominaba en su época, el cual estaba fuertemente influenciado por las ideas filosóficas de Aristóteles sobre el estudio de la naturaleza. Según Bacon, la teoría aristotélica solo era buena para la disputa verbal. De esta forma, el filósofo moderno defendió que el pensamiento humano debía apropiarse de instrumentos eficaces para dominar la naturaleza; algo descuidado por Aristóteles. Este instrumento son los experimentos, que interpretan y dan forma a los datos. Por tanto, propuso el método experimental inductivo como la fuente de todo conocimiento científico. Dicho método consiste en observar y analizar los hechos o fenómenos particulares de la naturaleza y, a partir de allí, formular leyes universales que expliquen los patrones observados.
En otras palabras, este método se basa en observar y estudiar casos particulares para luego sacar conclusiones generales.
Asimismo, Bacon defendía que todos los científicos debían eliminar la noción preconcebida del mundo. Por tanto, estos debían ser escépticos, lo que implica no aceptar explicaciones que no se puedan probar por la observación y la experiencia sensible.
Es necesario librarse de los prejuicios que obstaculizan las nuevas ideas. Los prejuicios son los «ídolos», que Bacon clasifica de la siguiente manera:
Ídolos de la tribu (Idola tribu), que son aquellos prejuicios comunes al género humano.
Ídolos de la caverna (Idola specus), aquellos que proceden de la educación y hábitos de cada persona.
Ídolos del foro, o de la plaza pública (Idola fori), aquellos nacidos del uso del lenguaje.
Ídolos del teatro (Idola theatri), aquellos nacidos de la falsa filosofía, que no es otra cosa que una fábula puesta en escena.
La teoría de las prejuicios constituye la parte crítica y destructiva del tratado.
La parte constructiva estudia el modo en que debe ser organizada la experiencia. Es un discurso sobre el método científico. La viga maestra de este método es la inducción. Para organizar e interpretar los datos de la experiencia (y para hacer experimentos) Bacon propuso su «teoría de las tres tablas» (o tres registros):
En la primera («Tabla de presencia») se señalarán los casos en los que se da ese fenómeno o naturaleza (Ejemplo: los rayos del Sol producen calor).
En la segunda («Tabla de ausencia») se señalarán los casos en los que no se da ese fenómeno o naturaleza (Ejemplo: los rayos de la Luna no producen calor).
En la tercera («Tabla de grados») se señalarán los casos en los cuales la naturaleza observada aparece en distintos grados de intensidad (casos en que varía).2
A partir de esta investigación interviene la inducción: se comparan los diferentes casos, se interpretan, se construye una primera hipótesis y se procede a la experimentación. Tras un largo trabajo se llegará a una hipótesis crucial, que de verificarse será la causa y la naturaleza del fenómeno examinado. Bacon investigaba la naturaleza de las cosas, su sustancia y su esencia. Sin embargo, la ciencia moderna (la de Galileo) no se ocupa tanto de la naturaleza de las cosas como de las relaciones existentes entre ellas: sería una ciencia de relaciones lógico-matemáticas y no de sustancias. En las ciencias naturales es necesaria una estrategia de observación atenta y paciente.
Como podemos notar, el método planteado por Bacon representó un avance fundamental para la ciencia moderna, ya que promovió la formulación de hipótesis científicas más adecuadas y una aproximación experimental de la realidad.
La experimentación actual le debe gran parte de su método a este pensador.
Por su parte, es considerado el padre del empirismo moderno, pues sostuvo que la fuente de todo conocimiento son los sentidos y que el objeto de la investigación es la naturaleza (materia), que posee diversas cualidades y formas por encontrarse en constante movimiento. Para Bacon, los sentidos son infalibles. Por lo tanto, todo conocimiento debe partir del análisis racional de los datos que nos proporciona la experiencia.
Galileo (Pisa, 1564-1642).
El gran artífice de la revolución científica moderna fue sin duda Galileo Galilei. Fue brillante polemista y agudo matemático, tan ingenioso y claro en sus argumentaciones como despiadado en la crítica del adversario. Y conocida es la desdicha que le sobrevino durante esos últimos años de su vida que tuvo que pasar recluido bajo condena de la inquisición romana.
Sus aportaciones a la historia del pensamiento se pueden agrupar en tres apartados: contribuciones en el campo de la metodología científica; contribuciones científicas en torno a la nueva astronomía copernicana y a la vieja física aristotélica, cuyas bases conceptuales liquidará definitivamente; y contribuciones a esa nueva filosofía centrada en el problema de la autonomía de la razón humana (característica de la filosofía moderna).
Galileo estaba convencido de que el libro de la naturaleza estaba escrito en el lenguaje de las matemáticas. Por esta razón buscaba restringir el campo de la física a afirmaciones sobre cualidades primarias. Las cualidades primarias son aquellas cualidades que sufren una variación cuantitativa sistemática con relación a una escala. Galileo creía que las cualidades primarias como forma, tamaño, número, posición y "cantidad de movimiento" son propiedades objetivas de los cuerpos, y que las cualidades secundarias, como los colores, sabores, olores y sonidos, existen sólo en la mente del sujeto perceptor.
Al restringir el objeto de la física a las cualidades primarias, Galileo excluyó las explicaciones teleológicas del ámbito del discurso permisible en la física. Según Galileo, no es una explicación científica adecuada afirmar que un movimiento tiene lugar "con el fin de que" pueda realizarse un estado futuro. En particular, insistía en que las interpretaciones aristotélicas en términos de movimientos naturales hacia lugares naturales no son explicaciones científicas. Galileo se daba cuenta de que no podía probar que eran falsas afirmaciones tales como "los cuerpos no sujetos se mueven hacia la Tierra con el fin de alcanzar su lugar natural". Pero también se dio cuenta de que este tipo de interpretación puede eliminarse de la física porque no explica los fenómenos.
En el análisis de Galileo está implícita una distinción entre dos etapas en la evaluación de las interpretaciones de la ciencia. La primera etapa es demarcar las interpretaciones de la ciencia de las interpretaciones no científicas.Galileo coincidía con Aristóteles en que esto es una cuestión de circunscripción del objeto adecuado de la ciencia.La segunda etapa es determinar la aceptabilidad de aquellas interpretaciones que se califican como científicas.
Una consecuencia de la demarcación galileana de la física es que los movimientos de los cuerpos se describen respecto a un sistema de coordenadas en el espacio. Galileo sustituyó el espacio cualitativamente diferenciado de Aristóteles por un espacio geométrico cuantitativamente diferenciado. Pero su ruptura con el espacio cualitativamente diferenciado de Aristóteles no fue nunca completa. En la temprana obra De Motu, el propio Galileo afirmó la doctrina de los lugares naturales. Aunque posteriormente trató de eliminar este concepto de las explicaciones físicas, a lo largo de toda su vida permaneció adepto a la doctrina de que sólo el movimiento circular es el adecuado para los cuerpos celestes. Galileo creía que la Tierra era un cuerpo celeste bona fide, e intentó probar a los aristotélicos que la Tierra y los cuerpos de su superficie participan de la perfección del movimiento circular.
Las dos aportaciones básicas de Galileo a la mecánica consisten en haber descubierto lo que hoy llamamos el principio de inercia y la ley que rige la caída de los graves sobre la superficie de la Tierra.
La idea de la inercia, término que si bien no fue empleado por Galileo ni formulado explícitamente, está metida de pleno en su obra, y supone el establecimiento de unas condiciones ideales (mentales) donde los cuerpos no estarían afectados por fuerzas desvirtuadoras.Galileo insistía en la importancia de la abstracción y de la idealización para la física. En su obra utilizó idealizaciones tales como "caída libre en el vacío" y "péndulo ideal". Estas idealizaciones no se encuentran directamente ejemplificadas en los fenómenos. Se formulan por extrapolación de fenómenos serialmente ordenados. "Caída libre en el vacío", por ejemplo es una extrapolación de la conducta observada de la caída de los cuerpos en una serie de fluidos de densidad decreciente. "Péndulo ideal" es aquel cuya lenteja está sujeta por una cuerda sin masa en la que no existen fuerzas de fricción debidas a los distintos períodos de movimiento para diferentes segmentos de la cuerda. Además el movimiento de ese péndulo no se ve perturbado por la resistencia del aire. Las hipótesis sobre las idealizaciones no pueden obtenerse de la inducción por enumeración simple ni por los métodos del acuerdo y la diferencia. Es necesario que el científico intuya qué propiedades de los fenómenos son la base adecuada para la idealización y qué propiedades pueden ignorarse.
En coherencia con lo anterior sostuvo una concepción de la ciencia semejante a la de Platón y Arquímedes: como un sistema deductivo. Aceptó también la distinción platónica entre lo real y lo fenoménico. Desde esta distinción es natural quitarle importancia a las discrepancias entre los teoremas de los sistemas deductivos y lo que realmente se observa. Tales discrepancias pueden atribuirse a complicaciones experimentales "sin importancia".
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EL RENACIMIENTO. La Cultura Moderna surge de las transformaciones políticas, económicas y sociales del Renacimiento, en los siglos XV y XVI. Es la ruptura con el mundo medieval. Hay un declive de la Filosofía, se vuelve a los autores griegos y romanos. Frente al peso de Dios en la Edad Media, la visión del mundo del Renacimiento es Antropocéntrica, el ser humano alejado de lo espiritual, ocupa el centro de la Filosofía. Nicolás de Cusa defiende que a Dios no puede conocérsele con la razón. Giordano Bruno habla de un Universo Infinito animado por un Alma universal. En el Pensamiento Político aparece Tomás Moro y su Utopía, en la que propone una Sociedad perfecta (platónica) basada en un orden natural y racional. También Maquiavelo, iniciador de una nueva teoría política, independiente de la Ética y la Religión, centrada en aspectos técnicos (El Príncipe).
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Todo el mundo está de acuerdo en situar el comienzo de los tiempos modernos en el amplio período del Renacimiento. Donde no hay unanimidad es en la interpretación de este período ni en la fijación de sus límites cronológicos. Los criterios más tradicionales y extendidos hacen coincidir el renacimiento con los siglos XV y XVI. Por lo que a la Historia de la Filosofía se refiere, los límites podrían situarse entre Nicolás de Cusa y Descartes. En cuanto a las características básicas de esta época, cabe señalar el humanismo, entendido como vuelta a los autores clásicos de Grecia y Roma, el cultivo del arte por el arte, el aprecio de la naturaleza y del individuo humano como un valor en sí mismo considerado.
Pero estos rasgos se pueden localizar en épocas anteriores. Y por otra parte, no pueden hacernos olvidar la época de contrastes que se vive: en un lado de la balanza, el germen de la modernidad (expansión y universalización del comercio, auge de la burguesía comercial, consolidación de los estados modernos, descubrimientos geográficos, Reforma y Contrarreforma de la Iglesia, aparición de la ciencia moderna y su método de experimentación); en el otro lado, la no menos moderna intransigencia, reacción y abuso de autoridad (persecuciones religiosas, guerras de religión, quema de herejes, represión de filósofos y científicos...).
El panorama intelectual de esta época es un abigarrado conjunto de movimientos heterogéneos e incluso contradictorios. No hay una filosofía del Renacimiento, sino un conjunto de corrientes de pensamiento que, si tienen algo en común, es justamente ese carácter balbuciente y apresurado en el que, con terminología vieja, se están continuamente diciendo cosas nuevas sobre el mundo, el hombre, el conocimiento y Dios. Los filósofos del Renacimiento seguirán hablando de Dios y del alma humana y emplearán una terminología similar a la de los pensadores medievales. En la mayoría de ellos la problemática religiosa estará tan presente como pudo estarlo en San Agustín.
Y sin embargo, en todo lo que dicen se barrunta ya lo nuevo. Porque aquellos términos no significan lo mismo para ellos. Porque en Platón o en Aristóteles leerán cosas diferentes a las que leía Buenaventura o Tomás de Aquino.
Ese estilo, ese nuevo espíritu que anuncia, sin quererlo, la nueva época, tiene que ver de forma incontestable con lo que nosotros entendemos ahora como la racionalidad moderna: con ideas tales como la autonomía del individuo humano, la dignidad y la libertad del hombre de carne y hueso, la infinitud del mundo natural, el aprecio e interés por conocer la naturaleza...
La filosofía de esta época adquiere unidad si se la considera como una serie de variaciones en torno al problema del conocimiento: el problema del conocimiento por parte de un hombre libre, dotado de su propia razón autónoma, tan segura en sus operaciones como desvalida en cuanto al conocimiento de sus límites y posibilidades, o de sus sentidos; conocimiento de un mundo en el que no hay un orden trascendente garantizado, pero que exige ser ordenado por la razón.
El Renacimiento, la crisis de la escolástica medieval y el pensamiento científico llevan a la filosofía a centrarse en nuevos interrogantes: ¿qué podemos conocer? y ¿cuál es el método que debemos seguir? En el siglo XVII encontramos diferentes posturas. El Racionalismo (Descartes, Spinoza y Leibniz) defiende que la realidad está ordenada y puede ser conocida usando la ciencia deductiva. Los principios del conocimiento no vienen de los sentidos, el entendimiento los posee en sí mismo. La razón humana tiene ideas innatas (las que tiene el sujeto desde su nacimiento). Las Matemáticas son el modelo a seguir por las ciencias modernas. Frente a ellos se sitúa el Empirismo que defiende la idea de que todo nuestro conocimiento viene de la experiencia, de los sentidos y, por tanto, no existen las ideas innatas.
Frente a ellos está el EMPIRISMO, corriente filosófica británica (Locke y Hume). Rechazan el Racionalismo, especialmente las Ideas Innatas. No existen ideas innatas, antes de la experiencia nuestro entendimiento es una página en blanco en la que nada hay escrito. Todo el conocimiento viene de la experiencia, de los sentidos. Así critican las doctrinas Metafísicas (de Descartes por ejemplo). La Física es el verdadero modelo de Ciencia a seguir.
Kant, filósofo ilustrado, intenta elaborar una Teoría del conocimiento que sintetice lo mejor del racionalismo y del empirismo. El Racionalismo (Descartes) cae en el dogmatismo y el Empirismo (Hume), al hacer de la experiencia el origen y el límite del conocimiento desemboca en el escepticismo. La solución de Kant es un sistema en el que, sin olvidar la experiencia, se garantiza la universalidad y necesidad del conocimiento. Kant es ilustrado y también trata temas como la naturaleza o la libertad del hombre.
LA ILUSTRACIÓN. Fue un movimiento cultural y filosófico que considera la razón la facultad esencial de conocimiento. La razón ilustrada puede liberar al hombre de la ignorancia, del sometimiento a la naturaleza, de las supersticiones religiosas y de la opresión política. A partir de ahí, el pensamiento ilustrado cuestionó las religiones cargadas de ritos, dogmas y supersticiones. Frente a ellas buscaron una religión natural, una religión que tendía a identificarse más con la moral que con las religiones tradicionales. La Ilustración mantuvo su confianza en el progreso de la razón y de la humanidad, un progreso continuo y sin límites. El hombre se va perfeccionando a lo largo de la historia. Rousseau fue muy crítico con el optimismo ilustrado que mostraba una total confianza en la razón y en el progreso. Según él, el hombre es bueno por naturaleza, y son la cultura y la sociedad los medios principales de la degeneración del ser humano.
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