OtroPerú | Editorial 19/07
El riesgo de la continuidad del poder
Las elecciones regionales y municipales (ERM) son una oportunidad para que la ciudadanía decida quiénes conducirán sus gobiernos locales durante los próximos años. En ese proceso, es común que autoridades, exautoridades o inclusive personas cercanas a ellas postulen. La democracia garantiza ese derecho y le corresponde a los ciudadanos elegirlos mediante el voto. Sin embargo, ello no impide abrir el debate sobre un fenómeno cada vez más visto: la continuidad del poder político bajo distintas formas.
Repasemos hechos.
Rafael López Aliaga renunció a la Alcaldía de Lima para postular a la Presidencia de la República y al Senado, tras resultar elegido senador, manifestó su intención de no asumir ese cargo para buscar ser teniente alcalde de Lima. En Magdalena del Mar, Francis Allison busca la alcaldía de Lima mientras su esposa, Carla Robbiano, compite por sucederlo en el distrito. La propia candidata ha mencionado que: “los cargos los elige el voto popular”, y tiene razón, ninguna candidatura garantiza una victoria, pues la decisión final corresponde a los electores.
Entonces, ¿Dónde está el debate?
El debate no debe centrarse en cuestionar el derecho de estas personas a postular, sino en reflexionar sobre si nuestras elecciones están favoreciendo la renovación de liderazgos o la permanencia de los mismos grupos políticos bajo distintas modalidades. La continuidad del poder no es un problema por sí misma, puede ser incluso un reflejo de una excelente gestión respaldada por el voto popular. El riesgo está cuando el traslado de candidaturas o sucesión familiar reduce la alternancia de propuestas políticas.
No se trata de cuestionar la legalidad de estas candidaturas, sino de reflexionar sobre qué tipo de democracia queremos fortalecer: una que permita a los ciudadanos respaldar una buena gestión cuando así lo consideren, pero que, al mismo tiempo, garantice una competencia abierta, favorezca la renovación de liderazgos y evite que el poder termine concentrándose de manera permanente en los mismos grupos políticos.