OtroPerú | Editorial 05/07

Los cargos electos se respetan 


Un político debe ser consecuente con sus acciones y pronunciamientos. Rafael López Aliaga ha dejado ese principio en entredicho en dos ocasiones: primero, al renunciar a la Alcaldía de Lima para postular a la Presidencia de la República en las elecciones de 2026; y ahora, manifestando su intención de no asumir el cargo de senador y queriendo postular como teniente alcalde. Estos actos no deberían pasar por inadvertidos, sino convertirse en un cuestionamiento sobre el compromiso que realmente el político da hacia los ciudadanos. 

Repasemos hechos.

Septiembre 2025. Durante una entrevista con Christian Hudwalcker, el entonces alcalde de Lima fue cuestionado si sería candidato a la presidencia en las elecciones 2026. Su respuesta fue que no lo haría. Sin embargo, meses después decidió participar en esos comicios, y no solo como candidato a la presidencia sino también como senador nacional — punto clave.

Elecciones generales de 2026. López Aliaga no alcanzó obtener la banda presidencial, pero sí obtuvo una curul en el Senado, inclusive siendo el más votado de su partido para esa cámara. Ese respaldo representa la confianza de miles de ciudadanos que votaron para que los representaran. Sin embargo, el propio López Aliaga ha expresado su intención de no asumir dicho cargo para postular como teniente alcalde en las próximas elecciones municipales. 

Estos hechos no deben entenderse como simples decisiones personales, sino como acciones que merecen un legítimo cuestionamiento político, pues pone a prueba el compromiso que una autoridad asume con el mandato otorgado por el ciudadano. Si finalmente logra renunciar al Senado y asume el cargo de teniente alcalde, la pregunta es inevitable: ¿qué nos garantiza a los ciudadanos que ese nuevo compromiso no volverá a ser relegado?

La democracia y el Estado merecen autoridades con congruencia entre sus hechos y palabras.