Los detalles específicos del proyecto se mantuvieron secretos hasta 1886 y durante esos dos años se siguieron recibiendo planos, presupuestos y realizando contratos.
Ese mismo año, Huergo se enteró que sus trabajos en el Riachuelo habían sido ninguneados por Hackshaw, Son & Hayter. Agraviado por la situación, solicitó que se le diera acceso a la información técnica del proyecto, pedido que fue denegado. Por ello, presentó su renuncia al puesto de Director Técnico de las obras del Riachuelo y se lanzó a una campaña de lucha activa contra el nuevo puerto. Sus críticas al proyecto de Madero pueden dividirse en dos categorías.
Por un lado criticaba al proyecto en sí mismo y a sus autores. John Hackshaw era un reputado ingeniero inglés, pero su experiencia se limitaba a ferrocarriles. Prácticamente no había trabajado en obras portuarias y desconocía por completo la situación de Buenos Aires.
Su proyecto tenía graves falencias de base. En el mundo ya se estaba dejando de usar el sistema de docks. Su costo era demasiado elevado, ofrecían menos espacio para el amarre de barcos y cualquier ampliación a futuro era compleja y costosa.
Los docks, al estar separados por puentes giratorios, generaban una interrupción al flujo del tránsito: cuando los barcos cruzaban se cortaba el tráfico terrestre y viceversa.
Otro problema era el sistema de esclusas propuesto. Los puertos que las utilizan están ubicados en zonas con una alta variación de las mareas, solo con compuertas pueden mantener un nivel de agua constante.
El estuario del Río de la Plata no produce una marea que justifique el uso de esclusas e incluirlas en el proyecto fue un gasto inútil. Para empeorar las cosas, el tamaño de las esclusas era tan pequeño que no servían para los barcos más modernos.
La última crítica se enfocaba en el área a rellenar: era demasiado grande. La obra llevaría años y durante ese tiempo quedarían terrenos pantanosos e insalubres en pleno centro de la ciudad.
La segunda serie de críticas se centraba en el desarrollo de la obra. El presupuesto original incluía la construcción del puerto y el dragado del canal norte y sur. El contrato obligaba a la empresa a pagar cualquier gasto extra, y si había ahorros, estos debían descontarse del total asignado.
Nada de todo eso ocurrió. Entre 1884 y 1886, la firma fue realizando cambios en el proyecto, reduciendo el valor de los materiales sin descontarlo del total.
El caso más explícito fue el del malecón exterior. Originalmente iba a ser de piedra, pero la firma indicó que alcanzaba con madera. El resultado: la nueva protección costera resultó un fracaso y colapsaba a medida que se la construía.