Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.
J. L. Borges, Palabras preliminares a su «Biblioteca del autor», Alianza. Madrid. 1997
Frase de Rebecca Solnit citada por Samanta Schweblin
https://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/samanta-schweblin-entrevista-premio-cuento-garcia-marquez-siete-casas-vacias/60469
1 solo texto literario largo (como una novela, una autobiografía o una biografía)
Varios textos del mismo autor
2 o más textos literarios más breves (como novelas cortas)
entre 5 y 10 relatos cortos
entre 5 y 8 ensayos
entre 10 y 15 cartas
una sección sustancial o la totalidad de un poema largo (al menos 600 versos)
entre 15 y 20 poemas más breves.
ENSAYO, MEMORIA, BIOGRAFÍA, AUTOBIOGRAFÍA, DIARIO, CARTAS, REPORTAJE, CRÓNICA, PERIODISMO LITERARIO, CRÍTICA LITERARIA, etc.
CUENTO, NOUVELLE, NOVELA, MICRORRELATO, MINIFICCIONES, FÁBULA, NOVELA CABALLERESCA, NOVELA PASTORIL, NOVELA PICARESCA, CIENCIA FICCIÓN, LITERATURA FANTÁSTICA, POLICIAL, AVENTURAS,
La literatura es el uso artístico de la palabra. Para Aristóteles, el literato es literato por lo que cuenta, no por el modo de contar; es decir, lo es por la ficción no por la dicción. La ficcionalidad, concluye, es condición suficiente de lo literario, pero –se pregunta– ¿es condición necesaria? Que la ficcionalidad no abriera la puerta a la lírica –explica Genette– llevó a los teóricos a buscar otro criterio también constitutivo de lo literario y se propuso el criterio formal: función poética del lenguaje. Hay un lenguaje poético –escribe– distinto del lenguaje prosaico u ordinario por características formales vinculadas superficialmente al empleo del verbo, pero más fundamentalmente a un cambio en el uso de la lengua, ya no tratada como un medio de comunicación transparente, sino como un material sensible, autónomo y no intercambiable (1991: 7) . Al universo de lo literario, se entraría pues, por dos puertas. Pero Genette es consciente de que existen textos que son percibidos, sentidos e identificados como literatura –es decir, textos que circulan como literatura en la comunidad de lectores– , aunque no se ajusten a los criterios mencionados. Acepta que las esferas literarias de la ficción y de lo poético en sentido fuerte no abarcan, de hecho, todo el campo de lo literario: hay también –afirma– una “literatura no ficcional en prosa: historia, elocuencia, ensayo, autobiografía, por ejemplo” (1991: 9). Para esos casos plantea el criterio de literariedad condicionalista, es decir, en ciertas circunstancias y bajo ciertas condiciones se convierte en literario un texto que inicialmente cumple otras funciones –históricas, pedagógicas, etc.. Son condiciones de tipo subjetivo, pues la transformación tiene lugar cuando alguien “se interesa más por su forma que por su contenido [...], aprecia su redacción y al tiempo rechaza o pasa por alto su significación” . Cuando esto sucede, opera lo que llama la recuperación estética, que allega al arte lo que el “tiempo sustrae a la (esfera) de la verdad o la utilidad”. Esa es, por tanto, la puerta de entrada para textos pragmáticos, construidos con finalidades jurídicas, pedagógicas, filosóficas, etc., que, sin ajustarse a ninguno de los criterios constitutivos, podrían “entrar y salir de la esfera literaria al albur de las circunstancias y según ciertas condiciones” . En conclusión, Genette plantea la existencia de una literatura de ficción, definida por unos contenidos fabulados, y una literatura de dicción –basada en el modo de decir–, que a su vez ampara la poesía, constitutivamente literaria, y la prosa no ficticia, que lo será de modo condicional
No separa los dos regímenes de la literaridad por dicción porque la distinción entre prosa y poesía puede descansar en otros criterios, menos categóricos, que el de la versificación y que dichos criterios, por lo demás heterogéneos y más o menos acumulativos (por ejemplo: temas preferentes, densidad de «imágenes», disposición gráfica) dan paso, con el nombre de «poema en prosa», «prosa poética» o cualquier otro, a estados intermedios que confieren a esa oposición un carácter no rotundo, sino gradual y polar.
Y añade que en el caso de la literatura condicional que una obra sea literaria o no, se debe “simplemente a la inscripción, voluntaria o involuntaria, en un modo, constitutivo o condicional, de literariedad”. Por tanto, “la literariedad de un texto no ficcional o no poético [...] no depende esencialmente de la intención de su autor, sino de la atención de su lector".
Los textos del Periodismo literario son constitutivamente periodismo y condicionalmente literatura. No es el género el que entra en la esfera de lo literario, sino cada texto individualmente. Es decir, el artículo –también la crónica, la entrevista, el reportaje o el perfil– es un género periodístico, algunos de cuyos textos devienen literarios y se incorporan a esa categoría de Periodismo literario.
Según Genette, “literatura ficcional” es la que se impone esencialmente por el carácter imaginario de sus objetos. “Literatura diccional o de dicción” es la que se impone esencialmente por sus características formales. En este sentido, admitiendo la posibilidad de que se den ambos tipos en estado puro, Genette señala que lo más frecuente es que se combinen en un mismo texto literario. Por último Genette señala la nota común que hay entre el modo diccional y el modo ficcional. En su opinión, dicha nota es el carácter intransitivo, opaco, tanto del discurso poético como del discurso de ficción.
“En los dos casos -poesía y prosa de ficción- esa intransitividad, por vacío temático en el segundo caso y por opacidad remática en el primero, hace de un texto un objeto autónomo y de su relación con el lector una relación estética, en la que se percibe el sentido como inseparable de la forma”.