Hace aproximadamente 20 años, tuve la oportunidad de dar clases sobre la utilización de las TICs a personas que en aquel entonces no tenía conocimientos suficientes como para hacer uso por si mismas. Estuve durante 2 años de mi trayectoria laboral impartiendo clases y conocí a muchas personas las cuales, a día de hoy me ven por la calle y me agradecen los conocimientos que adquirieron en aquel entonces. La verdad es una cosa de la que me siento orgulloso.
Pero durante la realización de las practicas del Máster, me ocurrió algo que nunca hubiera pensado. Tras varios días en el centro, fui conociendo al alumnado e intente preocuparme por sus inquietudes, sus expectativas laborales en un futuro, etc. Un día una alumna me empezó a contar que a ella le gustaría ser administrativa, pero que le gustaría mejorar el uso de las TICs. Por mi parte, le dije que hoy en día tenía muchas posibilidades de poder formarse en el tema, pero lo que no entendía era porque era una de sus mayores inquietudes en un futuro. Es cuando me dijo, que su madre hasta los 40 años no sabía lo que era un ordenador, pero que gracias a las clases que recibió por un chico en el KZGunea de Mungia ( centro donde trabaje), le había cambiado la vida y le había dado la posibilidad de enfocar su futuro laboral. Es por lo que la madre le aconsejó que no le pasará lo mismo. En ese momento mi cuerpo sintió una emoción interna que no sabría describirla. Nunca le dije que ese profesor había sido yo, pero si le motive para que hiciera lo que su madre le había dicho, pues me parecía algo acertado. Como se suele decir, ¡el mundo es pañuelo !