En una pieza de cuadrillé se me enseñó un día a re-crear el mundo: desde elegir los colores, el diseño y las posibles combinaciones, punto por punto, a tal punto de llegar al [punto] final. Pero he de explicar, con puntos y comas, que no es un punto cualquiera. Es el jñatrjo, o punto mazahua. Prefiero llamarlo en su lengua: aunque no sé hablar jñatrjo, considero que el mínimo respeto debería ser llamarle a alguien o algo en su lengua. A buen punto llegué a aprenderlo: en mis búsquedas por los cuatro puntos cardinales y ocho direcciones encontré un lugar donde enseñan a hacer punto con esta técnica, de todo punto.
Desde ese entonces lo he preferido sobre otras técnicas. Es sencillo y muy elegante, con el mismo efecto del punto de cruz. No solo se tratar de dar en el punto, sino de identificar los errores porque, a diferencia de otros, este es reversible cuando un yerro repunta sobre la uniformidad del bordado. Los puntos no deben despuntar respecto de otros: durante la repetitiva danza diagonal-vertical-diagonal-vertical sobre mi plano punteado (como si de un campo con surcos se tratase) inmemorialmente, reflexiono sobre el error y su grado de irreversibilidad: ¡Ojalá pudiese dar marcha atrás a los errores que tanto me dan remordimiento!, suspiro a veces. Aunque, me replico con una voz que no es la mía, si fuese así, no sería quien soy yo ahora. Y así como los errores en el tejido pueden remediarse lo mejor posible, así habría que hacerlo con nuestra vida, ¿Qué no?
Mientras estoy absorto con tantos pensamientos, doy la última puntada mecánicamente y me doy cuenta que es tiempo de comenzar otra labor. Me alegra mucho el terminar una y no puedo resistirme a verla terminada antes que nadie.
Aunque no solo es eso en lo único que medito durante el cálculo del punto céntrico de mi bordado y la distancia entre los puntos A y B de mi bordado en curso. No, de ninguna forma. Pienso que nuestras historias de vida son tejidas dentro del mundo como yo lo hago en mi pedacito de cuadrillé. Como si mi tejido fuese un fractal que involuciona a escalas cada vez más pequeñas. ¿¡Un tejido de punto autorreplicándose!?, ¿¡Un punto punteante entre?!, ¿¡Las demás personas bordadoras pensarán lo mismo que yo!?, ¿¡Soy punto de partida, de paso, de vista o todos al mismo tiempo!?
Saberme un tejido dentro de otros tejidos me hace imaginar que el universo es un tejido más allá de todos nosotros y que estamos siendo diseñados por fuerzas que no podemos conocer ni controlar. Y de aquí me queda otra cavilación: ¿Hasta qué punto uno puede decidir su destino?, ¿Qué podemos intervenir y qué no?, ¿Somos tan influyentes como especie como nos pretendemos?, ¿Qué hilo tan delgado podría hacer la diferencia?
A trasluz, el punto jñatrjo se ve así, aunque el tamaño de los rombos puede variar, según el diseño lo requiera (se pueden combinar tamaños para lograr efectos circulares incluso):
d v d v d v d v d v d v d
i e i i e i i e i i e i i e i i e i
a r a a r a a r a a r a a r a a r a
g t g g t g g t g g t g g t g g t g
o i o o i o o i o o i o o i o o i o
ncn ncn ncn ncn ncn ncn
A A A A A A
L L L L L L L L L L L L L L L L L L
A A A A A A
ncn ncn ncn ncn ncn ncn
o i o o i o o i o o i o o i o o i o
g t g g t g g t g g t g g t g g t g
a r a a r a a r a a r a a r a a r a
i e i i e i i e i i e i i e i i e i
d v d v d v d v d v d v d
Punto aparte, aquí dejo unos resultados de mis meditaciones y tramas textiles y mentales con punto jñatrjo:
Yo kjaji kja jñiñi, tsjó na punkjú k’o pärä mi kjaji mi dyekjua, yo tee ko pepji ko yo dyee tsjaji xitsko mi kjaji mi dyekjua, ko yo dyee, xitsko texe ko b’úb’ú kja yo múb’ú, jango ra janda texe k’o b’úb’ú kja yo jñiñi.
Ne xii b’úb’ú ko yo tee ix mi jingua.
Ne b´ezo pepji ko xikjua, mbara ra dyátá na tambo ñe ko ra mbábá kja jmii ne xikuero ne kjuaa ko neme yo Titajucha. junsúji o xikuero yo neme, nge ko ntsja kja yo xoñijomú, yo dyoxú yo jomú, nge ko ra tee yo dyoxú, ñe na int’simi, nge ko tsjaji mi jingua, gi tsja, ñe ko ra tsja.
Ko tsja ko yo dyee ne b'ezo Loñu de Jesús Cayetano ko yo d´akú ne xoñijomú nge mbara ya tsjaji yo tita mi dyekjua, ñe mbara ko neme, angeze o pärä ra pepji ko ne xii mbara ya dyátá yo mbábá kja jmii ne xikuero ne kjuaa ñe yo tambo.
Jango átá:
1. Ra xúnsú texko xikuero ko dye ra topkú ne ñii.
2. Ra tsosú öö mbara dya ra dya’a.
3. Ra dyotú na joo mbara ra so ora pepji, xi mi ra ngútú ñe ra ximi ne xikuero kja na mexa o kja zaa.
4. Ra ngitsi ne xikuero mbara ra dyátá ne tambo.
5. Ra ngitsi ne tsingue ko pesi ne xikuero, ra tjotjú ko n ando ke na ärä, mba ra ra jezi na jad’ú.
6. Ra dyotú.
En la historia de los pueblos se esconden un sin fin de conocimientos, artesanías creadas por gente que relata la historia de sus ancestros a través de sus manos, que transmite emociones al contemplarlas con los ojos del corazón y donde apreciamos la riqueza cultural de un pueblo.
El cuero ha acompañado al ser humano a lo largo de la historia
Este artesano tiene la habilidad de curtir el cuero para transformarlo, para el uso de tambores y máscaras de la danza de Titajuchas. El uso de la piel en la danza simboliza su cercanía con la naturaleza, su entorno, sus animales, su tierra, la reproducción, una bendición, su pasado, su presente y futuro.
El artesano Macedonio de Jesús Cayetano con recursos muy elementales que posee y por continuar con las costumbres y la danza, se vio en la necesidad de aprender a curtir el cuero para elaborar máscaras y tambores.
Proceso de conserva:
1. Recortar y retirar los trozos de pie que no son necesarios, como cola o patas.
2. Conservar la piel en sal para evitar que se pudra.
3. Secar la piel, debe de ser lento para que no se endurezca y se pueda manipular, en algunos casos esta se puede estirar, clavando la piel en una tabla de madera.
4. Retirar el pelo en el caso de elaboración de los tambores.
5. Descarnar, consiste en retirar la carnosidad que queda en el cuero, con una piedra pómez tallando hasta dejarla limpia y uniforme.
6. Dejar secar.