Por Lucas Crisafulli
Por las condiciones en las que se cumple la pena de prisión, en lugares hacinados en lo que el distanciamiento social y las medidas de bioseguridad son inviables, la velocidad de contagio de COVID-19 dentro de las cárceles será descomunal.
Por ejemplo, en la prisión estatal Marion, en Ohio (Estados Unidos) en tiempo record se contagiaron de coronavirus el 75% de los reclusos (1800). Por supuesto no solo se contagiaron internos, sino también penitenciarios, médicos, maestros, cocineros, proveedores, transportistas y, a su vez, las familias de todas estas personas. Uno de cada cinco casos de coronavirus en todo el Estado Ohio está ligados al sistema penitenciario. Es decir, es un problema sanitario global y no solo una discusión penal.
La tarea urgente es disminuir la cantidad de presos de las prisiones hacinadas. Comenzar a liberar internos cuando ya haya circulación comunitaria dentro de las prisiones será tarde, no solo para la vida de internos sino también para el sistema de seguridad que deberá contener los desbordes sin personal el penitenciario ya que deberá estar aislado. Pero el cuadro más grave es la detonación que los contagios masivos producirán en el sistema de salud.
Para disminuir la cantidad de detenidos hay que hacerlo de una manera ordenada y racional para evitar disparates. Habrá que revisar primeramente los casos menores graves o personas muy prontas a cumplir su pena.
Puede que no te interesen los presos, que no los consideres persona, que los consideres personas con menos derecho o que creas que merecen sufrir. Pero un brote epidémico de COVID-19 que surja desde la cárcel hará colapsar no solo la cárcel sino todo el sistema de salud de una ciudad.
¿Te preguntaste si habrá respiradores artificiales suficientes para vos?