Sonetos

PROYECTANDO INCIDENCIAS

Ejercito mi voz y esfuerzo el temple para encender la luz del universo.

No le canto al amor, le canto al verso que consigue que el hombre se contemple.

Al esfuerzo constante por la idea, al trabajo que ensancha al ser estrecho. No le

canto al amor, otros lo han hecho; le canto a la razón que no pelea.

No le canto al amor, le canto al tiempo y a su urgencia que invade lentamente por temor a la muerte que no miente.

Y a esta forma de angustia que en mi pecho exalta mi deber de dejar cosas enredándome en hijos como en rosas.

Amanda Patarca.

AL HOMBRE COMO PADRE

Yo buscaba su piel en las caricias

aquella noche en que el verano ardía

y encontré sin pensar la luz del día

que aplaca y neutraliza la malicia.

Florecerá, me dije, esta locura,

sacando en conclusión que desde siempre

él era el padre que añoró mi vientre.

Florecerá mañana, estoy segura.


Esa entrega pensada de antemano,

ese instinto ancestral de tender redes...

es la fuerza de Dios en las mujeres.

Jugando a eternizarse en una trampa

la noria del amor sigue aún con vida.

La puerta está puesta en la salida.

Amanda Patarca.

INTROSPECCIÓN

Mi Dios se acaba para mí si duermo,

de la misma manera que mi hijo

se me esfuma después que lo cobijo

cuando sé que es feliz y no esta enfermo.


Sin embargo, el Dios que hay en mi pecho

haciéndome pensar que es sólo mío

impone mi conducta, como el río

sugiere su camino y forma el lecho.

Es el hombre el que busca la pelea;

confundido detrás de una polea,

creyendo ver el mar mira la espuma.

Yo creo en ese Dios que se me esfuma,

que nació en mi interior y que hoy me abruma

porque quiero creer que es una idea.

Amanda Patarca.

¡QUÉ MÁS PEDIR!

(Díptico) (Sonetos místicos)


I.- PUERTAS ABIERTAS EN EL INFINITO (Para los que ya no están).-

Armé en un sueño una persona viva

que convivió conmigo por un rato

haciéndome sentir que persistían

sus ansias de existir y afianzar trato.


La muerte no es tan grave como pienso:

haciéndole lugar al desengaño,

su abrir de puertas y su aroma a incienso

cierran el paso al dolor de antaño.


Cada uno a su modo; vigilantes;

situados ya en el Cosmos -en su centro-,

los percibo vitales y anhelantes.


Atados a mis sueños y expectantes,

acortan la distancia del encuentro.

Mostrándose tranquilos; fulgurantes.


II.- IMPOSIBLE PENSARLO ASIDO A SU CAPRICHO (Para los que aún vivimos)


Mientras Dios recorría el universo

y la idea del hombre no asomaba,

la soledad de Él desesperaba,

conjugando desdicha, llanto y verso.


¿Pensarlo sin el hombre que ha creado

con la esperanza de escuchar su gloria?

¿Concebirlo forzando la memoria

del que durante siglos lo ha alabado?


Imposible. Él mismo me lo ha dicho

al confiarme que yo no fui un capricho.

Hoy sé que es “El Amor”; yo: su mesías.


Me dio un ser inmortal bajo una aurora,

concretando su obra sin demora

al escuchar su voz en poesías.

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