Sonetos

ÉL

Afianzando Él su justicia, en soledad, 

se nos fue, manteniéndose escondido.

Y al confiar nos dejó el Libre Albedrío

para observarnos viviendo en libertad.

Que nada se escapara de sus manos

fue la obsesión que lo mantuvo alerta.

Y al querer contener a los humanos,

la Ley de Gravedad suplió a la puerta.

Aunque nadie lo ha visto ni lo ha oído,

yo sé bien que del mundo no se ha ido. 

Aclarando mi pobre entendimiento

diré que si lo siento está conmigo.

Y que si lo cobijo, Él es mi amigo

por medio del poder del pensamiento.

                                                                       

    Amanda Patarca

MI INCIENSO

Disperso entre los puentes que he cruzado

mi incienso se mantiene entristecido 

y aferrado a su embrujo colorido 

recuerda diluido lo gastado. 


Si hay bruma alrededor, niega que es mío.

Y aunque me embriaguen sus dulces fragancias 

su humo no depende de sus ansias

aunque hermoso se espeje sobre el río.


Me sugería —al renovar su esfuerzo 

por hacerme entender su falsa idea— 

que es su humo el que pinta el universo. 


¡¡Fluye de mí!! ¡¡De lo que yo construya,

hasta el cese del fuego de mi fragua!! 

¡¡Para que, al fin, sin ataduras, huya!!


PORQUE EL DIOS DE MI DIOS ASÍ LO QUIERE


Me imagino viviendo sin pasado.

Sin mi madre metiéndome en la mente

la idea del amor y del pecado,

sabiendo que el culpable es inocente.


Me imagino sin guía ni experiencia,

tratando de cruzar ríos y lagos,

sin enrostrar a Dios las inocencias

ni pretender ganarlo con halagos.


Yo no quiero la imagen del infierno

surgido para el ángel desterrado,

sin chance de ganar, en guerra absurda.


Me imagino creando de la nada

a mi Dios interior, al que he otorgado

desde el primer instante mi gobierno.


EL COSMOS (Díptico)

 

I.-COSMOS Y EL ORIGEN DEL REZO.


El cosmos que no muestra fundamento

se encarga de ocultar su fortaleza

atándonos, sin vueltas ni argumentos,

al ritmo terrenal de su grandeza.

 

Impulsado hacia el vértigo extremo

no aceptando razones conformantes

vive el hombre, en su cuerpo, el bien supremo

cuando acepta gozar como arrogante.  


Ese estado pendiente de la nada

provocando la ira del viviente

mantuvo su conciencia atormentada.

 

Sobre el hilo que desde el cielo oscila,

incrustado en el torso del pensante,

armó un nido su rezo silencioso.


II.-LA GRANDEZA Y SU EXTRAÑA EXACTITUD.


En la extraña medida de las cosas

proclamada por el hombre con certeza,

la exactitud no engarza con justeza

porque huyendo se evade, y no reposa.


La Justicia se ha negado a la Piedad.

Y hoy, ya es Pi la metáfora del hombre

que por su expresa razón y en su nombre

se me ofrece, iluminando su verdad.


Hay que dejarse ennoblecer sin llanto.

Ser templado denota la prudencia

del humano que expuesto a la locura

 

apuesta, sin dudar, por la cordura,

permitiendo, con gozo, a la paciencia

tomar calor bajo su mismo manto.


                                   Amanda Patarca.

LA EXACTITUD SE HA NEGADO A LA CONMISERACIÓN

En la antigua medida de las cosas

proclamada, por el hombre, con certeza

la exactitud no engarza con justeza

porque se escapa, huye y no reposa.


La justicia se ha negado a la piedad

Y, hoy, es Pi la metáfora del hombre

que por su expresa función y en su nombre

se me ofrece iluminando su verdad.


Ya es imposible ennoblecer sin llanto.

Ser templado denota la prudencia

del humano que expuesto a la locura


apuesta sin dudar por la cordura

permitiendo con gozo a la paciencia

tomar calor bajo su mismo manto.

LA AZTECA

¿Qué razón le habrán dado en cautiverio?

Ella era azteca y labraba cobre,

no supo del amor, siguió igual pobre; 

la adquirió para sí un varón serio.


Yo soy esa mujer, la que han comprado.

La llevo con mi ser, compendio a todas.

Yo compartí en silencio tristes bodas

ocultando mi orgullo desangrado.


Preguntándole siempre: ¿cómo hacía?

-Amoldándome al mundo, me decía,

cuando él me acaricia me voy lejos.


Hoy ya todo ha cambiado y sin embargo…

¿Quién pagará este viaje cruel y amargo

que han dado las mujeres por la vida?

URDIMBRE Y TRAMA EN CONJUNCIÓN PATRIÓTICA


Acápite -¿Cómo será la llegada, a nosotros, de la Paz pura; 

sin manchas? ¿Y cuándo? Pregunto. Como para que no nos

encuentre en pausa.


Esa urdimbre paralela trabajaba

esos hilos en sentido del largo.

Y ese ancho en la trama, el que apretaba,

nos daba el cuerpo para el trago amargo.


Todos tomamos parte de esa guerra:

la de la Libertad; y otras peores…

hasta que un grito atroz partió esta tierra

la que exige, hoy, de todos ser mejores.


Con las señas y claves boca abajo,

trenzando hilachas de aliento hice un tapiz

que uní  a la manta que hoy nos cubre a todos.


Su endeble trama de lucha y trabajo

cruje con dolor sobre esta pampa gris.

Sus grietas sin luz ya acarrean lodos.

APRECIAR, COSTAR, VALER POR LA ACTITUD

Me costó subir la cuesta. Yo ardía

al observar la tierra y sus sembrados 

apareciendo  a mis ojos asombrados

la vida que descubro, cada día.

Desde aquí, por haberlo comprobado,

sé muy bien, que en la lucha ya emprendida

son ya muchas las cosas que he deseado y…

pagado por  las compras obtenidas.

Las que valen mucho no cuestan nada.

La vida que me tocó, y hoy late en mí, 

no costó a nadie esperar su llegada.

Por mirar desde arriba, yo sabía:

que estaba en el sembrar y en lo que digas

la dicha del vivir en compañía.

                           

   Amanda Patarca


PROYECTANDO INCIDENCIAS

Ejercito mi voz y esfuerzo el temple para encender la luz del universo.

No le canto al amor, le canto al verso que consigue que el hombre se contemple.

Al esfuerzo constante por la idea, al trabajo que ensancha al ser estrecho. No le

canto al amor, otros lo han hecho; le canto a la razón que no pelea.

No le canto al amor, le canto al tiempo y a su urgencia que invade lentamente por temor a la muerte que no miente.

Y a esta forma de angustia que en mi pecho exalta mi deber de dejar cosas enredándome en hijos como en rosas. 

Amanda Patarca.

AL HOMBRE COMO PADRE

Yo buscaba su piel en las caricias

aquella noche en que el verano ardía

y encontré sin pensar la luz del día

que aplaca y neutraliza la malicia.

Florecerá, me dije, esta locura,

sacando en conclusión que desde siempre

él era el padre que añoró mi vientre.

Florecerá mañana, estoy segura.


Esa entrega pensada de antemano,

ese instinto ancestral de tender redes...

es la fuerza de Dios en las mujeres.

Jugando a eternizarse en una trampa

la noria del amor sigue aún con vida.

La puerta está puesta en la salida.

Amanda Patarca.

INTROSPECCIÓN

Mi Dios se acaba para mí si duermo,

de la misma manera que mi hijo

se me esfuma después que lo cobijo

cuando sé que es feliz y no esta enfermo.


Sin embargo, el Dios que hay en mi pecho

haciéndome pensar que es sólo mío

impone mi conducta, como el río

sugiere su camino y forma el lecho.

Es el hombre el que busca la pelea;

confundido detrás de una polea,

creyendo ver el mar mira la espuma.

Yo creo en ese Dios que se me esfuma,

que nació en mi interior y que hoy me abruma

porque quiero creer que es una idea.

Amanda Patarca.

¡QUÉ MÁS PEDIR!  

(Díptico) (Sonetos místicos)


I.- PUERTAS ABIERTAS EN EL INFINITO (Para los que ya no están).- 

Armé en un sueño una persona viva

que convivió conmigo por un rato

haciéndome sentir que persistían

sus ansias de existir y afianzar trato.


La muerte no es tan grave como pienso:

haciéndole lugar al desengaño,

su abrir de puertas y su aroma a incienso

cierran el paso al dolor de antaño. 


Cada uno a su modo; vigilantes;

situados ya en el Cosmos -en su centro-,

los percibo vitales y anhelantes.


Atados a mis sueños y expectantes,

acortan la distancia del encuentro.

Mostrándose tranquilos; fulgurantes.


II.- IMPOSIBLE PENSARLO ASIDO A SU CAPRICHO (Para los que aún vivimos)


Mientras Dios recorría el universo

y la idea del hombre no asomaba,

la soledad de Él desesperaba,

conjugando desdicha, llanto y verso.         


¿Pensarlo sin el hombre que ha creado

con la esperanza de escuchar su gloria?

¿Concebirlo forzando la memoria

del que durante siglos lo ha alabado?


Imposible.  Él mismo me lo ha dicho 

al confiarme que yo no fui un capricho.

Hoy sé que es “El Amor”; yo: su mesías.


Me dio un ser inmortal bajo una aurora,

concretando su obra sin demora

al escuchar su voz en poesías.





Amanda Patarca