Fecha de publicación: 21-mar-2013 12:33:03
Tras hablar de las prisiones como parte del sistema punitivo actual y de su posible y deseable adaptación a los valores de la Justicia Restaurativa, surgió la pregunta ¿qué pasa con la pena de muerte? La pena de muerte como castigo que el Estado impone al criminal que ha cometido algún delito, de los llamados “capitales”, fue muy común en épocas pasadas, donde su habitualidad no dejaba muchas dudas. El movimiento abolicionista, sobre todo a partir del SXVIII y tras la publicación del libro de Beccaria, “de los delitos y las penas”, supuso un gran paso para la erradicación de muchos sistemas penales, pues como bien decía Beccaria, no es “sano”, esta libre disposición de la vida humana: “ si la sociedad política tiene sus orígenes en un acuerdo entre los individuos, que dejan de vivir en la condición natural y se dan leyes para protegerse uno con el otro, es inconcebible que estos individuos hayan metido a disposición de sus símiles, también el derecho a la vida”.
Hoy en día aunque la tendencia es a su abolición, lo cierto es que todavía existe y sorprendentemente en países teóricamente avanzados que son potencias mundiales. Y respecto a nosotros, a los ciudadanos ¿qué pasa por nuestra cabeza? Pocas personas pueden decir que por su mente no ha rondado la idea de este castigo, ante delitos muy graves y crueles, por supuesto, que es lógico y normal, lo mismo que pensar que si alguien hace algo malo a nuestros seres queridos, lo mataríamos con nuestras “propias manos”. Pero estoy segura, que si la vida nos pusiera en este dilema, muy pocos se atreverían a cruzar la línea y matar al criminal, porque sea por venganza o por una creencia de que así se hace justicia, no dejaría de ser un asesinato. Continuar leyendo http://cj-worldnews.com/spain/index.php/es/blogs/la-otra-justicia/item/2545-el-castigo-que-no-restaura-la-pena-de-muerte