Cervantes escribió su novela para “poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”, según él mismo lo declara.
Este género de libros había gozado de gran difusión y popularidad entre el público, pero estaba ya en decadencia en la época de Cervantes. Según esto, el Quijote no habría sido más que una parodia de otras obras. Pero la realidad es que la novela resultó una obra maestra de tal jerarquía y calidad artísticas, que superó esa intención primitiva del autor.
Muy rara vez una obra literaria nace espontáneamente, sin apoyo en modelos o inspiración anteriores. El Quijote, aunque sea en sí una obra genial, también los tuvo.
El primero de ellos son los libros de caballerías bretones y españoles (El Amadís de Gaula, El caballero Cifar, Tirante el blanco, y otros), cuyos héroes o protagonistas eran caballeros que cumplían hazañas portentosas y mágicas.
Otro antecedente fueron las parodias de la literatura épica o caballeresca, en particular italianas, escritas en estilo burlesco, y cuyos héroes eran grotescos y ridículos, con la finalidad de provocar risa en los lectores (el Orlando furioso del italiano Ariosto; el Orlando innamorado, de Boiardo).
En tercer lugar, una obrita concreta, titulada “Entremés de los romances”, escrita entre 1588 y 1591, por un autor desconocido.
GÉNESIS. FUENTES.
No toda la crítica está de acuerdo en las posibles fuentes del Quijote. Los estudios son variadísimos y nada concluyentes.
Menéndez Pidal ha sostenido que en la pieza teatral anónima , Entremés de romances está la génesis del Quijote.
Hacemos la comparación:
En el Quijote:
El hidalgo se vuelve loco leyendo novelas de caballerías, y se lanza, solo, en busca de aventuras. Después de ser armado caballero por el ventero, intenta librar a un muchacho de ser azotado por su amo. Da con unos mercaderes toledanos a quienes exige que proclamen la belleza de Dulcinea. En la refriega con ellos, cae el caballo, y un criado de los mercaderes lo apalea. Queda tendido sin poderse mover, y empieza a recitar el romance de Valdovinos y el marqués de Mantua (“¿Dónde estáis, señora mía, /que no te duele mi mal...?) que le parece adecuado para su situación. Un labriego de su mismo pueblo lo socorre, y don Quijote lo toma por el marqués. Cuando el labrador lo lleva hacia su pueblo, don Quijote se cree el moro Abindarráiz, e imagina que el labriego es el alcalde de Antequera, Rodrigo de Narváez.
En el Entremés de romances:
Bartolo se vuelve loco leyendo romances y se hace soldado. Adopta como escudero a Bandurrio. Pretende defender a una pastora asediada por un zagal. Éste apalea a Bartolo. Una vez en el suelo, maltrecho, se cree Valdovinos, y empieza a recitar el mismo romance que don Quijote, el del marqués de Mantua. Cuando es llevado a la aldea, cree ser el alcalde de Baza que dialoga con el moro Abencerraje.
La influencia del Entremés de romances en la primera salida de don Quijote es obvia.
Otras posibles fuentes son la novela de caballería Primaleón en la que el hidalgo Camilote está enamorado de la grotesca Maimonda.
Es muy probable, según varios críticos, que Cervantes hubiera concebido inicialmente su libro como una “novela ejemplar”, que comprendiera únicamente la primera salida y regreso del hidalgo (primera parte, capítulos I a VI). Al darse cuenta el autor de la fecundidad y riqueza del tema, la habría alargado con dos salidas más.
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