¿"Este sector no va a cambiar porque ya está todo inventado: nosotros a lo nuestro, lo de siempre"?
¿Mantenemos nuestra inercia tradicional o nos regeneramos para alcanzar un futuro más sólido?
¿Qué hacer para no acabar como Kodak, Olivetti, los videoclubs, etc.?
¿Las empresas son buenas en hacerlo mejor, pero no en hacerlo diferente?
¿Cómo evitar el impacto que nos depara la radical iniciativa de un competidor, de una startup o de un gigante-tipo-Amazon?
Al innovar nos anticipamos al futuro creando algo muy singular, original, especial e incluso radicalmente disruptivo, que ofrece una experiencia muy superior que asombra a usuarios/clientes/distribuidores/prescriptores/analistas/etc., que no habían pedido ese algo explícitamente. Ojo: si lo que creamos es sólo una mejora o modificación gradual u optimización de lo preexistente, no es innovación.
Dicho de otro modo, innovar es provocar nuestra propia obsolescencia antes de que otro nos vuelva obsoleto, nuestra propia sustitución antes de que otro nos sustituya, es desafiarnos antes de que otro nos desafíe definitivamente, es reinventarnos para que nuestra continuidad sea más probable.
Además nuestros competidores no lo tienen fácil ante tal disrupción o cambio profundo: la novedad pronto es algo irrenunciable para el mercado. Es decir, al innovar introducimos una lógica alternativa que resulta traumática para las otras empresas, que pueden acabar desplazadas por las nuevas reglas del juego y pasar a ser irrelevantes en el nuevo orden a pesar de disponer de reconocimiento, dimensión, experiencia, excelencia, eficiencia operativa, planificación, rutinas optimizadas, etc.
Para ser innovadora la pyme ha de completar estos dos procesos.
La innovación requiere del desarrollo de una cultura o mentalidad de start-up basada en: (des)aprendizaje, adaptación, cambio, pensamiento crítico, tolerancia al riesgo y al error, exploración, descentralización, diversidad, discrepancia, autonomía, confianza, colaboración, apertura,... Conforme se dan estas condiciones, esta atmósfera, podemos pasar a hacer proyectos de innovación con convicción, complicidad y recursos suficientes.
Un poco después el proceso operativo de la innovación (más iterativo que lineal) va más allá del I+D, las nuevas tecnologías, la investigación de mercados, la calidad, el benchmarking, la auto-complacencia, la jerarquía convencional, la formación reglada, la profesionalidad, la planificación, la disciplina, la experiencia, la excelencia, los prototipos,... Más allá, aunque la pyme puede empezar con una inversión modesta.
¿Qué hacer si el emprendimiento radical de otra empresa está rompiendo los moldes o patrones convencionales y afecta gravemente a la nuestra? ¿Cómo responder ante la disruptiva innovación que nos convulsiona?
Posiblemente habéis invertido en calidad, informática, auditoría, etc. pero nada de eso os ha protegido frente al inesperado maremoto que ahora os afecta. Probablemente no lo tenéis nada fácil a partir de ahora. Si no podéis comprar esa otra empresa, ni reproducir su modelo -en solitario o en alianza con otros-, entonces, quizás aún podéis resistir...
Defendiendo un segmento de mercado en el que todavía podéis tener ventaja.
Internacionalizando la empresa hacia mercados en los que esa innovación no está presente aún.
Hoy en el agitado océano de las empresas podemos diferenciar entre:
las muchas que creen navegar en un barco infalible, invulnerable -que es la ilusión de las tripulaciones aún confiadas en sus éxitos del pasado-, y
las muy pocas audaces que tras apostar por la originalidad -en el momento oportuno- disponen de una ventaja competitiva y emergen impulsadas por un nuevo barco que puede dejar en el dique seco al resto.
Por tanto pongamos en nuestra agenda semanal: "diseñar y construir el futuro". ¿Para qué? Para tener más probabilidad de formar parte del mismo. Empecemos por preguntarnos: ¿lo que mi pyme aporta a sus clientes cómo lo haría una startup cargada de creatividad o un gigante tecnológico como Amazon? ¿Qué idea "alocada" vamos a desarrollar? ¿Un producto, un canal comercial, un servicio, un proceso, un método o todo un modelo de negocio?
No hay verdadera innovación (arriesgarse a crear nuevas categorías de producto/etc. -como las que en el pasado empezaron siendo ideas marginales, ridículas e imposibles, pero hoy nos parecen normales-) si nos quedamos en el terreno de las intenciones, las apariencias -llenar la pared con hojitas de colores para parecer modernos-, la grandilocuencia y el culto a la palabra "innovación". Hay que implicarse: una movilización interior, probablemente con la ayuda de asesoramiento externo.
El tipo de innovación que prefiero soluciona o mejora situaciones aportando valor real a los clientes, bien desde una empresa existente o bien desde una nueva, pero siempre pretendiendo perdurar como organización innovadora, cuidando a los aliados internos y externos, mejorando el sistema, y sin obsesionarse con escalar exponencialmente en métricas a corto plazo -lo que podría socavar la pretensión de perdurar innovando-.
Cuando las inercias de la empresa -miedo a perder y foco en las amenazas- nos impiden verdaderamente el desarrollo de la innovación -ponerse delante en lugar de quedarse atrás-, recomiendo salir a invertir en startups innovadoras -con ingenio y foco en las oportunidades- a la espera de que alguna revele su potencial y se convierta en una nueva empresa en la que implicarse más todavía. A la hora de promover startups externas, a mis clientes y empleadores les recomiendo profesionales vinculados al emprendimiento, las tecnologías emergentes, las aceleradoras e incubadoras, el I+D y el capital riesgo que les ayudan a subirse a la siguiente curva de rendimientos crecientes.