Mi principal referente empresarial es Koldo Saratxaga, un empresario de Euskadi reconocido mundialmente. Entre las decenas de profesionales que tengo como modelo, él es el que más valoro. Además también tengo en mi recuerdo a docenas de antimodelos que me sirven para saber a quién no me quiero parecer.
En mi viaje, junto a profesionales pyme y freelance, hubo momentos en los que las cosas se pusieron difíciles, pero esas adversidades siempre valió la pena vivirlas, porque en el camino, hacia el destino que habíamos elegido, pudimos desarrollarnos y hasta disfrutar del viaje. Las heridas de esos momentos las integramos en nuestra historia, les dimos un lugar, un recuerdo.
Aficiones actuales: ciclismo de montaña y lectura de no-ficción.
Nací en Valencia en 1976 en una familia numerosa en la que se leía y había cierta apertura internacional. No abundaron los recursos ni dispusimos de un círculo de contactos que nos brindase oportunidades. En casa me educaron para la responsabilidad, para la recompensa no inmediata, para aceptar algunas incomodidades, aburrimientos y alguna frustración como parte del proceso de construir algo, lo que fuera. Actualmente en mi familia hay cierta abundancia de ingenieros y científicos.
Con acceso a Internet desde 1995 porque pronto tuve claro que era una tecnología muy potente. Antes ya había usado el primitivo videotex-ibertex promovido por las Cámaras de Comercio.
No soy tecnófilo ni tecnófobo dado que he visto desde invenciones que no pasaron de ser grandes promesas (o ni siquiera eso) a otras que consolidaron una gran popularidad rápidamente. Apertura siempre, pero cautela también.
Prefiero la competencia al carisma, es decir, la sustancia a la apariencia, también el conocer al creer y el hacer a la palabrería excesiva y hueca. Me inclino por el diálogo y el autoconocimiento.
También prefiero a quienes, sin garantía de éxito, se arriesgan a hacer, construir, cambiar, avanzar o lograr, en el mercado, en ciencia, arte, etc. sin esperar a que las cosas sucedan o mejoren mágicamente.
Valoro la cultura del esfuerzo, pero más todavía la de las oportunidades, es decir, la orientada a crear condiciones favorables para el desarrollo de los "diamantes en bruto", individuales y colectivos, sin edadismo.