Los restos históricos más antiguos de los que se tiene constancia en San Sadurniño -y que aún son identificables- son las mámoas o enterramientos del megalitismo gallego, una época amplia comprendida entre el 6.000 y el 2.000 antes de Cristo. A la vista son simples abultamientos del terreno que en el pasado guardaban cámaras funerarias de piedra, expoliadas a lo largo de la historia en busca de sesoros. Sólo pueden encontrarse restos de este tipo en O Forgoselo y también en la zona de Santa Mariña do Monte, concretamente en Moimentos -la toponimia guarda siempre relación co pasado, ya que "moimento" significa "monumento fúnebre"-, en donde hay identificadas dos mámoas como parte de un complejo mayor de 16 túmulos neolíticos concentrados en el eje Monte dos Nenos-O Esperón, ya en el ayuntamiento de Narón.
Además, cerca de allí, también se encuentra el marco de Portonovo de Valverde, que bien podría ser una plancha megalítica que durante siglos sirvió de punto divisorio entre feligresías y, posteriormente, entre los ayuntamientos de San Sadurniño, Narón y Valdoviño.
La piedra hace las veces de pequeño puente sobre el arroyo de Portonovo, en pleno camino a San Andrés de Teixido -ruta de peregrinación milenaria- y de ella se desprenden numerosas leyendas relacionadas con el mito de la impía ciudad de Valverde, inundada por Cristo en castigo por sus pecados. La tradición asegura que durante la operación Jesús dejó en la piedra la marca de uno de sus pies.
Marcas rupestres también se encuentran en Naraío. El arqueólogo André Pena Graña describe una roca con siete cazoletas situada en las Penas Louseiras, cerca del límite con el ayuntamiento de Neda.
De los 19 elementos arqueológicos que hay identificados documentalmente, alrededor de una quincena pertenecen a las edades del Bronce y del Hierro, así como a la época de la romanización. Los más destacables son los castros -seguramente habitados por la tribu Labacenga- situados en el margen norte del río Xubia, así como en Bardaos y Santa Mariña do Monte, hoy difíciles de ver debajo de las plantaciones forestales.
Recopilando estudios existentes, el profesor Manolo González -impulsor del proyecto Fálame de San Sadurniño- sugiere que el Castro de San Sadurniño, situado cerca de la zona urbana, probablemente fue el más relevante de cinco poblados que se extendían desde O Redo hasta Rupiallo. Todos ellos podrían haber formado parte de una cadena defensiva en la antigüedad que seguiría rumbo oeste por la línea de montes que San Sadurniño comparte con Narón.
Federico Maciñeira estudió los restos en 1905 con una mirada científica y dejó constancia de la aparición de un torque de oro en el siglo XIX. El hallazgo -del que Maciñeira nunca supo el paradero- se acompañó del descubrimiento de varias fíbulas, objetos, restos de muros y numerosos fragmentos de cerámica.
Visitas: los restos castrexos y del megalitismo gallego non cuentan con señalización específica, aunque si están localizados. En la mayor parte de los casos no son visitables por encontrarse en terrenos privados o en medio de pastos y plantaciones forestales.