Carl Rogers nació el 8 de enero de 1902, en oak park(ee.uu) y falleció el 4 de febrero de 1987 a sus 85 años, en La Jolla(ee.uu). Se incorporó tarde a la escuela, pues sus padres lo educaron en casa, respetando su curiosidad y su temperamento independiente. Después de realizar estudios de agricultura y teología, que no completó, se licenció en psicología clínica por la Universidad de Columbia en 1931. Su obra más importante es Psicoterapia centrada en la persona, que aparece en 1951 y establece las bases de la Psicología Humanista.
Es un enfoque humanista que se ocupa de las formas en que las personas se perciben a sí mismas conscientemente en lugar de cómo un terapeuta puede interpretar sus pensamientos o ideas inconscientes. En última instancia afirma que los seres humanos que tienen una tendencia innata a desarrollarse hacia su máximo potencial. Sin embargo, esta capacidad puede ser bloqueada o distorsionada por nuestras experiencias de vida, en particular las que afectan a nuestro sentido de valor.
El psicoterapeuta en este enfoque funciona para entender la experiencia de un individuo desde su punto de vista. El terapeuta tiene que valorar positivamente el cliente como persona en todos los aspectos de su humanidad mostrándose abierto y genuino. Esto es vital para ayudar a un individuo a que se sienta aceptado y entender mejor sus propios sentimientos, esencialmente para ayudarles a volver a conectar con sus valores internos y el sentido de la propia valía. Esta reconexión con sus recursos internos les permite encontrar su propio camino para seguir adelante.
Según Rogers el éxito de la terapia depende fundamentalmente de que se cumplan ciertas condiciones; considera que estas son necesarias y suficientes para el cambio terapéutico, y por tanto más importantes que cualquier técnica concreta.
Entre estos requisitos, que se refieren a actitudes del cliente y del terapeuta, Rogers destaca los tres que dependen del clínico: la autenticidad, la empatía y la aceptación incondicional del cliente.
Abraham Maslow nació el 1 de abril de 1908, en el barrio de Brooklyn (Nueva York). Fue el primogénito de siete hijos de padres inmigrantes rusos judíos, Samuel Maslow y Rose Schilojsky. Su infancia humilde transcurrió sin muchos amigos, debido a sus orígenes hebreos. Por ello, dedicó su tiempo a la lectura y a estudiar.
La presión familiar hizo que iniciara sus estudios en Derecho. Por ello, se matriculó en la Universidad de Nueva York en 1926. Sin embargo, al percibir que no podría concluir el curso, pidió el traslado a la Universidad de Cornell, en Ithaca (Nueva York). En ella realizó un curso de introducción a la psicología.
Maslow añade a la teoría de Rogers su concepto de las necesidades. La teoría de este psicólogo gira en torno a dos aspectos fundamentales: nuestras necesidades y nuestras experiencias. En otras palabras, lo que nos motiva y lo que buscamos a lo largo de la vida y lo que nos va ocurriendo en este camino, lo que vamos viviendo. Es aquí donde se forma nuestra personalidad. De hecho, Maslow es considerado uno de los grandes teóricos de la motivación.
La teoría de la personalidad de Maslow tiene dos niveles. Uno biológico, las necesidades que tenemos todos y otro más personal, que son aquellas necesidades que tienen que son fruto de nuestros deseos y las experiencias que vamos viviendo.
Maslow piensa que alcanzar las necesidades de autorrealización está en las manos de todo el mundo, sin embargo, son pocos los que lo consiguen. Las personas que logran satisfacer sus necesidades de autorrealización son personas autorrealizadas. Ahora bien, Maslow afirma que menos del 1% de la población pertenecen a esta clase de individuos.
Las personas autorrealizadas se caracterizan porque:
Muestran un nivel alto de aceptación de sí mismos
Perciben la realidad de manera más clara y objetiva
Son más espontáneas
Piensan que las causas de los problemas son externas
Disfrutan de la soledad
Tienen una mentalidad curiosa y creativa
Disfrutan de experiencias cumbre
Generan ideas genuinas
Tienen un gran sentido del humor
Poseen un gran espíritu crítico y se rigen por valores éticos
Son respetuosas y humildes
Son tolerantes, no tienen prejuicios y disfrutan de la presencia de los demás