Un fantasma
En los últimos años se estuvo debatiendo mucho alrededor de la idea de lo “progre”, lo “woke” y la idea de que el mundo está en descomposición por culpa de este fenómeno, por lo que es necesario restaurar los valores “clásicos” de occidente. Les da un poco de miedo repetir discursos nefastos -y digo un poco porque sin embargo lo dejan ver bastante seguido-. Ser progre se ha transformado en una postura, una perfo y también en un fantasma. No porque el progresismo en sí se haya transformado, sino porque la lectura cultural que se hace del movimiento “woke” -sobre todo la línea Derecha Diario- va en ese sentido: es algo malo, muy muy malo que viene a destruir a los pibes que son super super sanos.
Es quizá una forma de lidiar con un mundo que vive una transición hacia la posmodernidad de la mano de un aceleracionismo capitalista que angustia a los ciudadanos como mecanismo de control.
"Progre" es una forma coloquial y a menudo despectiva de progresista, referida a personas con ideas políticas de izquierda, liberales o reformistas que buscan cambios estructurales hacia la igualdad social, derechos humanos, sostenibilidad y justicia social. Frecuentemente se asocia con posturas progresistas en temas laborales, de género, ecología y una visión crítica del conservadurismo. Me parece gracioso que se lo asocie al mismo tiempo con la izquierda y con el liberalismo. Hoy ser progre es estar del lado del bien, dirán algunos; o ser progre es estar del lado de lo más oscuro, diría Nicolas Marquez. O podes ser un liberal de izquierda como dijo Lanata, o una trotskista de derecha como dijo Lilita Carrió.
Hace muchos años Ernesto Sabato dijo en una entrevista: "el progreso es reaccionario y lo reaccionario es progresista", el autor argentino refería a la noción de “progreso” moderna y lo que esto implica: edificios de 30 pisos, niños aislados, drogados y tristes que no verán el sol, la luna, un animal en su habitar natural, etc. No se equivocaba tanto, la idea de progreso a nivel mundial parece que va hacia esa dirección, ¿seremos los progres los conservadores o los conservadores capitalistas unos boludos? Ernesto en esa entrevista cuestionó la deshumanización, la alienación y el crecimiento incontrolado de rascacielos, abogando por un retorno a formas de vida más humanas y comunitarias, en lugar del desarrollo material puro. Un sensible, como a quienes no nos gusta el estilo de vida moderno, acelerado e hiper productivista.
El mundo moderno nos ha hecho creer que nuestra libertad individual se pretende como un “proyecto libre” que se reinventa en cada momento, pero el propio proyecto termina mostrándose como una figura de coacción, como una “forma eficiente de subjetivación y sometimiento” dice Byung-Chul Han en su libro Psicopolítica. Hoy la libertad nos condiciona a deber hacer: debemos ser, debemos conseguir, debemos ganar. El sujeto neoliberal es una especie de empresario de sí mismo, se auto explota y autocontrola, solo que el control no aparece. Cada vez los vínculos se rompen porque no somos capaces de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad, siendo que ser libres significa “estar entre amigos”: libertad es una palabra relacional. Uno se siente libre en una relación lograda. Hoy todo debe ser explotado: el juego, la emoción, la comunicación, el amor, la amistad, el tiempo, incluso la plata. El mayor logro del orden neoliberal no es la prohibición protectora, sino el permiso, el positivismo en exceso que pretende animarnos a poder hacer lo que queramos porque “somos libres”. En el nuevo panóptico nadie se siente vigilado.
Si el progreso es un concepto que indica la existencia de un sentido de mejora en la condición humana, claramente no estamos en eso. Cada vez los índices de desarrollo son más bajos: nivel de vida, de sueño, de educación, de cuidados corporales, uso de pantallas, etc. El incremento del IDH (Índice de Desarrollo Humano) mundial proyectado para 2023–2024 es el más bajo desde que se empezó a registrar hace treinta y cinco años, y las brechas entre países, que llevaban décadas reduciéndose, han vuelto a aumentar. La tendencia más alarmante es la progresiva disminución en la salud mental y el bienestar entre las generaciones más jóvenes, cada una de las cuales padece un descenso más pronunciado que la anterior.
Sin embargo, la esperanza de vida mundial al nacer aumentó de 46,5 años en 1950 a 73,3 años en 2024. La OMS pone el dedo en esta llaga: aunque las personas viven más que nunca, hay poca evidencia de que disfruten de mejor salud que las generaciones anteriores. Se agregan años a la vida, pero no necesariamente vida a los años. La medicina logra postergar la muerte —con antibióticos, vacunas, cirugía, control de enfermedades crónicas—, pero eso no se traduce automáticamente en mayor bienestar subjetivo, mejor sueño, más vínculos o menos ansiedad.
La vida que nos prometió el progresismo no existe y no es culpa de los progres como sostiene Guillermo Moreno.
Cambio de rumbo
Una tesis publicada en 2007 se preguntaba “¿por qué existe en la actualidad argentina una suerte de mayor presencia del término entre los dichos de los políticos y periodistas?”. Lo que plantea la pregunta surge de que no sólo el término circula ampliamente entre las voces de referentes de la política nacional y en las enunciaciones de los medios, sino también que lo “progre” parece presentarse hoy como el valor deseado por la mayoría de los políticos, al punto de que muchos pugnan por lucirse como los “verdaderos” o “mayores” progresistas. Sin duda.
También se pregunta ¿por qué ciertas demandas vinculadas históricamente al “progresismo”, como la inclusión social, hoy aparecen también en el discurso de enunciadores considerados de centroderecha? Ya distintos actores que buscan lucirse como los “auténticos” o “reales” progresistas y atender, asimismo, a cómo frases como “derecha progresista”, que en otro momento hubieran aparecido como contradictorias, hoy resuenan en el decir político.
Una primera conjetura posible es que las raíces del uso que hoy tiene el llamado “lo progre” están en la conjunción de los episodios traumáticos de los años setenta –con aplastamiento de experiencias revolucionarias e instalación de la dictadura más cruenta en Argentina- y los noventa –que dejó amplia desocupación, niveles inéditos de pobreza y desmantelamiento del Estado-, sumados a las modificaciones posmodernas en el mundo (caída de la URSS, auge del neoliberalismo, borramiento de fronteras capitalismo-comunismo,“Tercera Vía”).
¿Que hacemos cuando el progreso tiene olor a regresion? ¿El progreso es la tecnología? ¿La IA? ¿Bitcoin? ¿Ser influencer? ¿Aprender un oficio? ¿Usar onlyfans? ¿Claude code?
Momento pálidas a full. Mil disculpas.
El capitalismo como nueva forma de producción, convierte al trabajador en empresario, Han sigue repitiendo que es el neoliberalismo y no el comunismo lo que ha eliminado a la clase trabajadora de la explotación ajena, ahora nos auto explotamos. Somos nuestra propia empresa. Byung-Chul dice que “quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema” (La sociedad del cansancio, 2010 2010, p. 17).
Todos estamos dominados por una dictadura del capital. Estamos dominados por el trabajo, no hay forma de salirse de la lógica del empleo, el esfuerzo propio individual, el mérito. Trabajar muchas horas, descansar poco, divertirse otro poco -muy poco- y seguir en la rueda por años y años. Han continúa diciendo que la izquierda política ha transfigurado el trabajo elevando el mismo a la esencia del humano a la vez que lo mitifica como un contra principio del capital. La izquierda no es anti trabajo, sino más bien la escandaliza su explotación mediante el capital. Trabajo y capital ¿son dos caras de la misma moneda? ¿Hoy se labura más que antes? ¿se labura igual? ¿se labura todo el tiempo?¿Cuántos trabajos debemos tener? ¿Cuánta plata necesitamos? ¿Somos nosotros mismos potenciales trabajos?
Según internet, la idea del progreso es considerada como uno de los pilares de la visión histórica occidental. La idea de progreso es característica del mundo occidental. Otras civilizaciones más antiguas han conocido sin duda los ideales de perfeccionamiento moral, espiritual y material, así como la búsqueda, en mayor o menor grado, de la virtud, la espiritualidad y la salvación. Pero sólo en la civilización occidental existe explícitamente la idea de que toda la historia puede concebirse como el avance de la humanidad en su lucha por perfeccionarse. El progresismo es entonces la búsqueda de la sociedad perfecta, claramente no lo estamos logrando.
El progreso será visto como una acumulación de conocimientos, virtudes, fuerzas productivas o riquezas, que paulatinamente van desarrollando al humano y acercándose a un estado de armonía y perfección. “Más” pasará a ser equivalente a “mejor” y el fin de la historia ya no estará en el más allá sino en este mundo, en aquellas utopías del humano moderno.
¿Podría pensarse al tiempo libre como máxima fuerza productiva que debe actuar sobre la fuerza productiva del trabajo? Cuantas preguntas, perdón, espero no lean esto a la noche yéndose a dormir. Leanlo antes de salir de joda o un plan social, así se olvidan o arruinan la noche con preguntas. Es paradójico porque el libro de Byung Chul Han dice que el ocio aumenta el “capital humano”, no vive en Argentina el pibe.
Sin nombre
Pensemos una libertad del capital, toda esa libertad ¿donde la pondríamos? ¿qué haríamos? ¿Cómo viviríamos? Son escenarios hipotéticos, utópicos y desérticos. No hay forma de escapar del capital, salvo que hables con algún trotskista emocionado. Una libertad verdadera, solo se daría mediante la completa liberación de la vida respecto del capital, una nueva trascendencia. El dominio del capital cierra el paso a la inmanencia de la vida.
Esta libertad gaseosa solo se podría conseguir de lo otro del trabajo, de una fuerza totalmente contraria que dejara de ser la fuerza del trabajo, una fuerza lejana a la productiva que no se deje transformar en trabajo, una forma de vida que ya no es forma de producción, sino algo totalmente improductivo. El futuro dependerá de si podemos servirnos de lo inservible.
En el capítulo Más allá del sujeto, Byung Chul Han dice que “el arte de la vida como praxis de la libertad tiene que adoptar la forma de una des-psicologización”. Desarma la psicopolítica como medio de sometimiento. Se vacía al sujeto para que quede libre ante esa forma de vida que todavía no tiene nombre.
El progreso es que no te rompan las pelotas. Que puedas respirar un rato tranquilo. No renegar todos los días. Poder pagar el super. Abrazar a quien te quiere y vos también queres. Jugar un rato. No hacer nada. Libertad significa estar entre amigos.
En Francia, le dicen terrasse es un espacio exterior, ya sea privado (en una casa/apartamento) o comercial (cafés, restaurantes), utilizado para sentarse al aire libre. Son fundamentales en la cultura francesa, especialmente en París, donde cafés y bistrós instalan mesas en la vía pública para comer, beber y observar a la gente.
Es donde vas a no trabajar, y generar cero valor productivo. Vas a estos lugares, pedís lo más barato que haya y pasas horas en el lugar. Pasas horas y horas discutiendo sobre lo que debería estar pasando en el mundo, discutiendo política e ideas como si tu opinión fuera relevante.
(no importa).
Byung Chul Han toma a Deleuze y su texto Política del silencio para explicar que no es la ausencia de sonido, sino un acto de resistencia contra la obligación social de opinar y la saturación de información. Generar espacios de soledad y silencio en donde encontrar algo que decir. Crear algo singular. El Indio Solari ya cantaba “estoy perdido sin mi estupidez”. El nivel de conexión y des-psicologización que arranca al sujeto de sí mismo y lo libera en el tiempo vacío, en eso otro.
El progreso no es esto que nos venden.
Pedro Capaccioni