EEUU - Israel- Irán
En los últimos días varios funcionarios de la Casa Blanca renunciaron o se pronunciaron en desacuerdo de la guerra contra Irán. Entre ellos uno clave, el jefe de antiterrorismo de Trump, Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo o The National Counterterrorism Center.
Con el fin de profundizar la problematización de este hecho pero a la vez simplemente narrando lo ocurrido, podemos decir que un funcionario que según la propia página del ente “rinde cuentas directamente al Presidente en lo que respecta a las actividades de planificación operativa estratégica de la lucha contra el terrorismo”, dimitió contradiciendo la retórica utilizada en la pronunciación de guerra por parte de los Estados Unidos.
El por qué de la renuncia es muy claro, Joe Kent interpreta que su país, a partir de un condicionamiento directo por parte del Estado de Israel, se ve inmerso en una guerra que no le genera ningún tipo de beneficio. En su carta de renuncia dice explícitamente: “Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, está claro que comenzamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”.
En otras palabras, un escándalo internacional. La directora nacional de inteligencia, Tulsi Gabbard, autoridad de la cual depende el Centro Nacional de Contraterrorismo -en términos de estructura gubernamental, salió en defensa del Presidente: “como nuestro comandante en jefe, es responsable de determinar qué constituye o no una amenaza inminente, y de decidir si debe o no tomar las medidas que considere necesarias para proteger la seguridad de nuestras tropas, del pueblo estadounidense y de nuestro país”.
Asimismo y parafraseando a esta directora, quien le brinda la información a Trump para que este pueda tomar aquellas decisiones es, justamente, el Centro y la Dirección mencionada. En este marco, si nos proponemos realizar un razonamiento silogístico que podría ser imitado por cualquier ciudadano estadounidense, podríamos determinar que, suponiendo que Joe Kent le suministró al presidente información que contenía la idea de que Irán no era una amenaza, el presidente no tendría porqué haber comenzado esta guerra.
Contradicciones gubernamentales:
El 13 de marzo Donald Trump declaró que estaban destruyendo al régimen iraní. El 16 de marzo anunció que este mismo régimen había sido aniquilado y que, incluso, no se sabía si Mojtaba Khamenei, el líder supremo iraní, había muerto.
El 19 de marzo, el día posterior a la renuncia de Joe Kent y tres días después de aquellas declaraciones de Trump, Tulsi Gabbard planteó que el régimen de Irán está “intacto pero degradado”.
Esto se suma a una cuestión medular, al principio del conflicto Trump planteó que el operativo bélico no se extendería en el tiempo. Sin embargo, el 20 de marzo insinuó que no tenía pretensiones de llevar a cabo un alto al fuego entendiendo que su país está ganando (ya son tres semanas completas de ataques ininterrumpidos).
Cómo puede llegar a impactar estas confusiones en la población estadounidense es inconmensurable, pero seguro que no ayuda en la decreciente aprobación que atraviesa la gestión republicana.
Es en este plano es que los siguientes datos se vuelven relevantes. Un estudio publicado por Reuters (cuya encuesta contempla a 4638 adultos de cualquier parte de Estados Unidos) sobre lo que los estadounidenses piensan acerca de la aptitud mental de Trump arroja los siguientes resultados: el 61 % considera que el presidente se ha vuelto errático con la edad. En cuanto a la segunda pregunta, que indaga si consideran que el mandatario es mentalmente agudo y capaz de enfrentar los desafíos venideros, el 49 % respondió que no, el 6 % dijo no saber o no contestó, y el 45 % respondió que sí.
Como se ve en la imagen la encuesta data de febrero por lo que ya cuenta con un mes de antigüedad. A partir de lo sucedido en los últimos días uno tiende a pensar que los números relacionados a la desconfianza tienden a ir en aumento.
Por eso traemos a colación otra encuesta realizada por Ipsos entre el 17 y 19 de marzo a más de 1500 estadounidenses. En ella miden -entre otras cosas- la consideración que tienen los encuestados sobre el trabajo que realiza Trump como Presidente y sobre los ataques que realiza Estados Unidos contra Irán.
Los resultados son claros: solo el 40 % de los encuestados aprueba la gestión presidencial de Trump, frente a un 58 % que la desaprueba. En cuanto a los fuegos militares contra Irán, el 59 % los desaprueba, mientras que solo el 37 % los respalda.
En este contexto, la guerra contra Irán podría convertirse no solo en un conflicto internacional, sino también en un punto de inflexión en la percepción interna sobre la conducción republicana y, más específicamente, las capacidades del presidente de llevar a cabo esta conducción.
Es en este marco que Donald Trump se enfrenta a la decisión más complicada de su presidencia, desplegar o no tropas terrestres en Irán. Previamente ha negado estar considerando esta alternativa, sin embargo, tanto la CNN como France 24 han deslizado durante el fin de semana que el mandatario se encuentra analizando esta opción a fin de acelerar el desarrollo del conflicto.
Lisandro Bellomio