En Argentina, aproximadamente 3,6 millones de personas asisten regularmente a gimnasios y centros de entrenamiento, lo que representa un del 7,8% de la población, siendo el nivel más alto de Latinoamérica. Existen alrededor de 8.700 gimnasios activos, incluyendo desde grandes cadenas hasta estudios de barrio.
Hasta en eso se diferencia Argentina, la gente entrena y cuida su “templo”. Algunxs otrxs no. El gimnasio representa una responsabilidad y una cuestión casi esotérica para aquellxs apasionadxs por el mismo, siendo así que cuando estamos tomando una cerveza en un bar y al lado hay un gimnasio, se siente raro.
Un ejemplo gracioso y cotidiano del contraste entre estos dos mundos es cuando un cupo (mayoritario) está saliendo del boliche totalmente gede y otro cupo (minoritario) está saliendo a correr. Unx a veces se siente mal pero rápidamente se olvida, porque anda re gede.
Sin embargo, el cuidado corporal es importante, nos duela o no. Es realmente quien carga con todo nuestro peso, cosa no menor. Pero no solo eso, sino que también resiste las sobreexigencias de la vida diaria: madrugar, laburar, caminar, correr, la postura, la vejez, la menopausia, los kilos de más, los kilos de menos. La filosofía siempre se preguntó qué carajo le pasa al cuerpo que aguanta tantas cosas tan diversas. Me encantaría saber pero la realidad es que no sé la respuesta a la gran pregunta spinoziana: no sé qué tanto puede aguantar un cuerpo. La única seguridad que tengo es que aguanta un montón.
El cuerpo, lamentablemente, aguanta desde las 12hs de trabajo, a la escabiada más suprema de la historia. Los cuerpos son distintos, le duela a quien le duela, no van a poder homogeneizar la potencia de los cuerpos, de los físicos, de los músculos y los anti músculos. Aguanta horas y días de fiesta y también aguanta horas intensas de entrenamiento. Nadie entiende bien que le pasa, salvo los que estudian nutrición (que tampoco sé si entienden del todo), pero las preguntas nunca paran, como el cuerpo.
Podemos pensar que un cuerpo resiste a ser nombrado, a ser territorializado. Un cuerpo lucha por sobrevivir pero también por encontrar lo que lo satisface, un cuerpo se coloca el traje para trabajar en oficina, o el uniforme de policía, de profesor, de abogado. Se viste un cuerpo: el cuerpo es escena de conflicto, haciendo fuerza en un gimnasio, o bailando en un boliche. Es interesante el por qué creamos identidades y nos identificamos a comunidades o grupos para suplir el vacío que nos circula. Pensemos en la fijeza que puede producir un pensamiento o acción del cuerpo, como diría Deleuze una disyunción que no produce otros afectos sino que inmoviliza, esto “o” esto; salir al boliche o ir al gimnasio. Por el contrario a la conjunción, esto “y” esto. Y la pregunta ¿qué afectos circulan en esos territorios? En comunidades por ejemplo, un grupo político, un equipo, etc. Son de tipo reactivo o activo. En qué punto un cuerpo insiste en ser afectado y en afectar.
¿En qué momento el cuidado del cuerpo deja de ser cuidado y empieza a ser vigilancia?
Pensando en el cuidado de sí, en términos foucaultianos, cómo uno se cuida a sí mismx y utiliza prácticas estéticas y éticas para eso. En la ética romana, generalmente la estoica, el cuidado de sí depende no solo de unx mismx sino también de cómo uno se compromete con la polis (ciudad pueblo). Entonces se trata de cómo se relacionan las personas con la forma de gobierno y la forma de gobernarse. Hoy podríamos pensar que hay distintas formas de “gobernarse” a sí mismx, los cuestionamientos cambian, las morales cambian, aunque algo se mantenga: la pregunta por el cuerpo, entendido este como espíritu también.
Pedro Capaccioni y Agustin Ainciart