Era el Yo cuya esencia deseaba conocer, nos dice Hesse en Siddhartha, como si eso fuese sencillo. La esencia, aquello que no podemos trastocar y que decimos no querer perder nunca. Ya han habido quienes la consideraban un esencial, imprescindible, imperdible pero nunca encontrada.
El yo, la unidad, el todo. El psicoanálisis por suerte, y hay quienes dirán que desde antes también, viene a cuestionar dicha posibilidad de absoluto, considerando que no estamos tan enteros como para alardear de una bondad imperativa imperturbable. Uf qué palabras hermano! Decilo ahora sin ser pretencioso.
Para hacerlo sencillo volvemos al amigo Siddhartha, quien dice “la verdad es que nada en el mundo ha ocupado tanto mis pensamientos como este Yo mío, este enigma que supone estar vivo”. Estamos vivos de onda, y eso es realmente muy difícil de asumir. También nos dice Hesse, que no hay nada que uno conozca menos que a sí mismo, al yo mismo. De tú a yo, diría el psicoanálisis.
Lo extimo, lo raro, lo perturbador, ese sentido como ajeno pero propio ¿no será esa la esencia? Dios, basta!
Se nos escapa lo que queremos, lo que deseamos. La fuerza de la maquinaria no no es toda personal, hay algo que no controlamos, aunque haya a quienes les cueste aceptarlo. Siddhartha decía querer ser su propio discípulo, ¿no hay nada sencillo en esta vida? Además que tenemos que aprender todo el tiempo, ¿tenemos que aprender de nosotros mismo? Barba, hasta acá llegamos, fijate que podes hacer.
Vemos más lo que hacen los otros que lo que hacemos nosotros, como una disociación cognitiva donde la atención la merece la vida de alguien más que la nuestra. Volviendo a la esencia, quizá solo la encontraremos no en algún lugar detrás de las cosas, sino en las cosas mismas. Y para terminar en esta línea, el autor Fernando Pessoa en su poema "El misterio de las cosas” dice “las cosas no tienen significación, tienen existencia, las cosas son el único sentido oculto de las cosas”.
Quizá toca asumir que a veces, somos las cosas.
Pedro Capaccioni