Seguro que tu abuelo te entretenía cuando ibas a visitarle con historias de su infancia y juventud. Eran algo más que "los cuentos del abuelo".
Escuchabas ensimismado y, ¡aprendimos tanto! Aprendimos sus diversiones, sus picardías, sus golferías, sus entretenimientos y sus preocupaciones.
Nos enseñaron su vida.
De justicia es que intentemos que no se pierdan esas historias, esos cuentos, esos refranes que siempre estaban en su boca, esas coplillas que cantaban a su novia; en fin, seguro que se te están ocurriendo un par de cosas que aquí cabrían.