Lo primero que hay que considerar es que todo Curso es una Actividad Curricular, pero no necesariamente todas las Actividades Curriculares son Cursos.
Si bien los cursos son la forma más tradicional que adquieren las actividades curriculares, estas actividades que componen un Plan de Estudio pueden y deben ir mucho más allá de los cursos tradicionales, dependiendo de las estrategias formativas en las cuales se inserten.
La Carrera de Trabajo Social cuenta con 4 tipos de Actividades Curriculares[1]:
Cursos
Seminarios
Talleres
Prácticas
De manera general, los aprendizajes clave “son desempeños concretos del estudiante, mismos que darán cuenta de la competencia buscada; éstos también pueden ser llamados criterios de evaluación de las competencias” (Reyes, 2018. p.74). Están en un nivel más específico que los propósitos de su actividad curricular, y por lo mismo, podrían comprenderse como una operacionalización de la progresión requerida de los mismos.
Ejemplo:
Curso: Pobreza e Intervención Social (1er año Trabajo Social UAH)
Propósito 2: Que las y los estudiantes distingan los vínculos entre el concepto de pobreza y otros conceptos como brechas sociales, exclusión, vulnerabilidad, capital social.
Aprendizajes claves posibles: i) identifica los marcos teórico conceptuales de la pobreza; ii) distingue la importancia de la pobreza como fenómeno social; iii) identifica los elementos conceptuales de las brechas sociales, exclusión, vulnerabilidad y capital social; iv) establece relaciones entre conceptos.
Constituye una declaración de los resultados de aprendizaje que se espera lograr con un determinado plan de estudio. Así, cada plan, a través de su perfil de egreso, define lo que sus estudiantes deben haber desarrollado, como aprendizajes terminales, durante sus años de formación.
Puede entenderse como aquel conjunto de rasgos que concreta y efectivamente poseen estudiantes que ingresan a un programa determinado.
Se entiende por perfil intermedio la definición, para cada plan de estudio, al término del ciclo básico, de las habilidades y competencias necesarias para continuar la formación en el ciclo siguiente. El carácter habilitante radica en el reconocimiento de los aprendizajes clave, formulados como competencias, sin los cuales el estudiante difícilmente podrá hacer frente a las exigencias del ciclo superior de su plan de estudio.
El programa es un documento público y de fácil acceso para todos los estamentos comprometidos en el proceso formativo[2]. En términos concretos y formales, el Programa de cada actividad curricular se concibe como un documento oficial, cuya elaboración es responsabilidad de la unidad académica de la cual depende el plan de estudio correspondiente y que establece los componentes fundamentales de la actividad curricular. El desarrollo de estos componentes debería dar cuenta de la particularidad del tipo de actividad curricular que se trate, ya sea curso, taller, seminario o práctica. Se espera que estos programas tengan permanencia en el tiempo y que experimenten cambios en el marco de modificaciones curriculares más amplias, por tanto su modificación sólo se realiza previa autorización de la Dirección de la Carrera.
Se trata de un documento que contiene las especificaciones referidas a la implementación contextualizada de los Programas de las actividades curriculares, tales como: calendarización de las sesiones; especificación del tipo, cantidad y oportunidad de las evaluaciones; actualización bibliográfica, según los estándares de Biblioteca; entre otras. La Programación es responsabilidad de cada docente a cargo de la actividad curricular y debe estar disponible al momento de su inicio. Por su naturaleza, a diferencia del Programa, estas Programaciones experimentan modificaciones de un período académico a otro.
De acuerdo a lo planteado por Moreno (2011) son "medios o instrumentos de que se vale el profesorado para lograr los objetivos educativos establecidos en los programas escolares y nunca deberán convertirse en un fin en sí mismos. Éstos estarán siempre al servicio de las finalidades educativas que se pretenden, su pertinencia, oportunidad y congruencia con el contenido y la propuesta metodológica global son una condición fundamental (...) Una propuesta didáctica para la educación superior debe prestar especial atención a cómo incorporar estas tecnologías de forma coherente y armoniosa a la práctica docente, de modo que promueva experiencias de aprendizaje relevantes que resulten novedosas y atractivas para los estudiantes, al tiempo que el profesorado se sienta cómodo y estimulado para continuar experimentando con su empleo" (pp.43-44).
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Bibliografía
Acebal, A. (2014) El factor humano en la formación a distancia. Córdoba, Argentina: Alcion editora.
Bautista, G., Borges, F. y Forés, A. (2006). Didáctica universitaria en Entornos Virtuales de Enseñanza Aprendizaje. Madrid: Narcea, S. A. de Ediciones.
Moreno, T. (2011) Didáctica de la Educación Superior: nuevos desafíos en el siglo XXI. Perspectiva Educacional Vol.50.nº2. Pp.26-54. Disponible en: http://www.perspectivaeducacional.cl/index.php/peducacional/article/viewFile/45/24
Reyes, O. (2018) Diseño de evidencias de aprendizaje con base en los aprendizajes clave esperados, en el contexto de la educación virtual. En: Revista mexicana de bachillerato a distancia. Vol 10, No 19 (2018). DOI: http://dx.doi.org/10.22201/cuaed.20074751e.2018.19.64895
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[1] Éstas se encuentran declaradas en el descriptor del Programa y Programación de cada actividad curricular.
[2] Esta información tiene que estar disponible en el Aula Virtual del curso. Para ello, cada docente debe enviar a Coordinación Académica su Programación de la Actividad Curricular correspondiente. Una vez validada, la Coordinación Académica es la encargada de subir Programa y Programación a las plataformas de todos los niveles de la Carrera.