La Biblia muestra reiteradamente que, cuando Dios creó el mundo con su Palabra, expresó satisfacción diciendo que era “bueno” , y, cuando creó al ser humano con el aliento de su boca, varón y mujer, dijo que “era muy bueno”. El mundo creado por Dios es hermoso. Procedemos de un designio divino de sabiduría y amor. Pero, por el pecado, se mancilló esta belleza originaria y fue herida esta bondad. Dios, por nuestro Señor Jesucristo en su misterio pascual, ha recreado al hombre haciéndolo hijo y le ha dado la garantía de unos cielos nuevos y de una tierra nueva. Llevamos la imagen del primer Adán, pero estamos llamados también, desde el principio, a realizar la imagen de Jesucristo, nuevo Adán. La creación lleva la marca del Creador y desea ser liberada y “participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios”.