La escala Kelvin es una de las 7 escalas existentes para la medida de la temperatura. Es la que se utiliza en el Sistema Internacional de medidas de temperatura, y sin duda una de las más conocidas y usadas junto con los grados centígrados y los grados Celsius.
La escala Kelvin se basa en la medida de la temperatura termodinámica, esto es, la medición de la temperatura absoluta de un objeto. La base sobre la que se asienta la escala es la temperatura de cero absoluto, que representaría la total ausencia de energía en forma de calor de un objeto, lo que en grados centígrados supondría una temperatura de -273,15 grados.
El kelvin (anteriormente llamado «grado Kelvin»), simbolizado con la letra mayúscula K, es la unidad de temperatura de la escala absoluta creada en el año 1848 por el científico británico Lord Kelvin (William Thomson, 1824-1907). Esta no es una escala arbitraria; su cero se sitúa en el punto de temperatura mínima posible, allí donde los átomos y las moléculas estarían en reposo.
Lo cierto es que en nuestra vida diaria rara vez vamos a utilizar esta escala de temperatura, porque rara vez tenemos que hacer referencia a valores tan extremos. Por eso ya tenemos otro tipo de escala denominada Celsius, con la que todos designamos los valores de temperatura. Sin embargo, en el plano científico siempre se emplean los Kelvin.
Por otro lado, cabe destacar que los Kelvin también se utilizan con frecuencia en fotografía o vídeo, a la hora de habla de temperatura de color. En este caso los Kelvin tienen poco que ver con la temperatura real, sino más bien con la cantidad de luz. Se considera que la luz natural en un día soleado tiene una temperatura de color de unos 5.000-6.000 k, mientras que al amanecer o al atardecer esta temperatura de color baja hasta los 1.500 K.