Este esquema recoge los criterios que utilizo en la práctica para revisar traducciones. No se trata de una lista cerrada, sino de una forma de observar el texto con más detalle y detectar problemas que no siempre son evidentes a primera vista.
¿Se traduce el mismo término siempre de la misma forma?
¿La elección encaja con el contexto (jurídico, técnico, social)?
¿Se han evitado equivalencias demasiado generales?
¿Se ha mantenido el sentido exacto del original?
¿Hay términos correctos pero demasiado vagos?
¿Se han perdido matices relevantes?
¿El texto suena natural en la lengua de llegada?
¿El nivel de formalidad es el adecuado?
¿Evita formulaciones innecesariamente rígidas o artificiales?
¿Las frases se leen con naturalidad o parecen traducidas?
¿Se ha adaptado la estructura al funcionamiento de la lengua de llegada?
¿Hay calcos del original que dificultan la lectura?
¿El texto mantiene un tono uniforme?
¿Hay cambios injustificados en la forma de expresar lo mismo?
¿Se entiende sin necesidad de releer?
¿Cumple el objetivo del texto original?
¿Se entiende con claridad para quien lo recibe?
¿Se ha respetado la intención comunicativa?
¿El texto funciona por sí solo, sin consultar el original?
¿Resulta claro en una lectura continua?
¿Hay partes que generan duda o ambigüedad?
Los y las profesionales que realizamos tareas de revisión nunca debemos olvidar que una traducción puede ser correcta y, aun así, no funcionar.
En muchos casos, la diferencia no está en evitar errores evidentes, sino en tomar decisiones más ajustadas al contexto y al tipo de texto. Este esquema sirve como punto de apoyo para detectar esos matices durante la revisión.
Este mismo esquema está disponible también como referencia en formato PDF.