OFRENDA 2024
La tradición hecha educación
En nuestro plantel, en cada ciclo escolar, un tema ha prevalecido cada año, aquí algunos ejemplos (Créditos a quien corresponda)
Día de muertos, Halloween, Día de Todos los Santos, Xantolo es uno de los múltiples nombres que recibe esta festividad, sí festividad y celebración o conmemoración; contradictoriamente, en nuestro país, México, hacemos de la muerte y con la muerte una fiesta; no es un día de duelo, congoja o tribulación. No podríamos recibir al espíritu de nuestros muertos, familiares, amigos, conocidos o enemigos; la muerte aniquila al odio y la enemistad, con tristeza e infortunio. Los recibimos con alegría, una catarsis contradictoria en la que las animas y los corpóreos convivimos en un plano existencial recíproco y fugaz; no me queda claro si ellos se escapan del inframundo o nosotros bajamos a uno de los cuatro rumbos de este. Apenas unas horas después del crepúsculo, en que siguiendo un ocre camino, el alma de nuestros muertos llega como invitado de honor a una cena… Una fiesta adornada de flores de cempasúchil, papeles de chillantes colores; una mesa aderezada con platillos, frutas y postres, agua y sal, trago (tequila, mezcal, aguardiente), cigarros, sólo nos quedan los Faros, porque los Tigres y Carmencitas ya no existen. Y la memoria, la perenne memoria, que refleja en nuestros recuerdos lo que en vida compartimos con los que ya se fueron, pero siguen existiendo…
2024
Más allá de las casualidades, también existen coincidencias temporales entre los ritos y mitos, cuando estos se convierten en Cultura a nivel social y colectivo. Ya que en ella se fusionan todas las expresiones individuales y colectivas para expresar una actitud de solidaridad: los artistas, escultores, poetas, pintores, danzantes, clérigos, clérigos, profesores y alumnos. Ofrecen sus capacidades para construir una expresión completa. Ahora repasemos otras expresiones populares donde también se hace comunidad.
Los Rumbos del Universo
En Mesoamérica, el ritual funerario fue una costumbre muy extendida y perdurable. Los cuerpos eran amortajados y envueltos, en posición sedente, es decir, sentados y las piernas dobladas casi en cuclillas formando el bulto mortuorio, estos se pueden observar algunos códices del Posclásico Tardío y en épocas coloniales tempranas, tanto en la cuenca de México como en la península Yucatán. Se acompañaba al difunto con tamales, frijoles y figuras de papel, entre otros elementos. Para los mesoamericanos, los rumbos (puntos cardinales) estaban relacionados con el inframundo y con dioses según el tipo de muerte. Los mitos nahuas colocan el norte en el nivel más profundo, el más bajo del inframundo, en el nadir del ciclo vital. El Sur se consagra con el nacimiento de Huitzilipochtli, representado en el cenit del ciclo. Al sur o mediodía, la máxima expresión de la luz, en oposición a la impenetrable oscuridad, es la de la medianoche, al norte. En el mito, la oposición del norte y el sur —nadir y cenit— expresa espacios dialécticos (medianoche/mediodía), la oposición complementaria entre lo femenino y lo masculino, representada por Coyolxauhqui (o Malinalxóchitl) y Huitzilopochtli (Johansson, 2002). La dimensión diurna de la vida, la existencia, es el punto más algido. El oeste marca el fin de la existencia y el reingreso a la cálida intimidad de la tierra, dimensión fatal, pero es, también, el lugar donde se gesta de nuevo la vida. Al salir el Sol por el este, de su viaje por el inframundo de las entrañas de la tierra, se realiza el cambio del amanecer entre la noche y el día y vuelve este al cenit… Al nacer el hombre por el este, emerge de su estado nocturno para transitar en la dimensión diurna de la vida; y al final, en el oeste, el regreso a la noche esencial: la muerte…
El Mictlan
O "Lugar de los Muertos", donde imperan Mictlantecuthli y Mictlantecihuátl, dualidad de espíritus masculino y femenino de la muerte y la renovación. A él llegaban todas las ánimas de los que habían muerto de forma natural. Los que iban al Mictlan vivían de manera similar a como lo habían hecho en la tierra; por eso al morir en las ofrendas les ponían todo lo necesario para la otra vida. Esta morada se encuentra hacia el norte, un área de oscuridad situada debajo de la tierra, que abarcaba desde el norte hasta el sur y era limitada por el este y el oeste.
"Casa del Sol"
El paraíso del Sol, el Tonatiuh Ilhuícac, , morada de Huitzilopochtli y su complemento Coyolxauhqui (la luna), adonde se dirigían los que tenían una muerte gloriosa, en la guerra o sacrificados. Se localizaba en el cielo y estaba dividido en dos partes, la oriental y la occidental. También en este rumbo iban los pochtecas, comerciantes que fallecían en el ejercicio de sus funciones, pues eran parte de la logística militar: espías-guerreros. Todas estas ánimas formaban el séquito del Sol, transportándolo por el firmamento del amanecer al mediodía por los guerreros, y del medio día al atardecer, por las mocihuaquetzques, mujeres muertas en parto o combate entre la vida y la muerte. De aquí proviene la creencia sobre la muerte y los distintos niveles del inframundo, donde se dirigían los muertos. El movimiento del Sol define en su tránsito cotidiano los cuatro rumbos donde van a morar los muertos.
Tlalocan
"Paraíso de Tláloc", espíritu de las aguas de los cielos: nubes, tornados, tormentas, huracanes, dador de la vida a todo lo que existe, también de rayos y relámpagos y su complemento femenino Chalchiuhtlicue, el espíritu protector de las aguas terrestres: ríos, lagunas, cascadas, el líquido vital de la vida; aquí moraban los que morían a causa del agua (ahogados), los heridos por un rayo, o los que tenían muertes derivadas de enfermedades relacionadas con este elemento, como lepra, bubas, sarna, gota o hidropesía. Era el lugar del eterno renacer, donde la tierra siempre daba frutos. Parecido al Tlalocan era el Cincalco, "Casa del Maíz", regido por Huémac, que se ubicaba al este, igual que el Tonatiuh Ilhuícac, y manifestaba más la relación entre vivos y muertos y su correspondencia con la fertilidad y la vegetación; su espíritu femenino Xochiquétzal, espíritu de las inmundicias, falso, del abono.
El Chichihualcuauhco
Conocido como Tonacacuauhtitlan o Xochatlapan. A este rumbo se dirigían los niños lactantes que morían sin haber probado alimentos sólidos o maíz. La palabra proviene del náhuatl y significa "el lugar del árbol de pechos". La gran nodriza, árbol con frutos en forma de senos, de los cuales manaba leche, los pequeños difuntos eran alimentados en espera de poder reencarnar y regresar a la tierra a vivir. En el Códice Vaticano A, el árbol aparece claramente representado. "El que moría muy niñito y era una creatura que estaba en la cama, se decía que no iba allá al mundo de los muertos, sólo iba allá al Xochatlapan. Dizque allí esta erguido el árbol nodriza, maman de él los niñitos, bajo él están haciendo ruido con sus bocas los niñitos, de sus bocas viene a estarse derramando leche". La imagen del árbol estaba acompañada por la figura de Tezcatlipoca, el dios creador y destructor, que permitiría el renacimiento de los pequeños.