DANZAS Y BAILES 2024
La tradición hecha educación
La tradición hecha educación
Flor de Piña
La danza de la Flor de Piña originaria de la región de Tuxtepec, Oaxaca, es una de las danzas representativas de esta zona. La música fue compuesta por el músico Samuel Mondragón y fue presentada por primera vez el lunes 21 de julio de 1958, siendo una de las danzas más modernas de Oaxaca. Se distingue por sus movimientos suaves y coordinados, que recrean el crecimiento y apertura de una piña. Los bailarines realizan pasos elegantes y gráciles, al ritmo de la música, movimientos, giros precisos y ondulantes; captan la esencia dulce de la piña madura y su belleza espectacular. Esta danza, además de destreza y habilidad, transmite delicadeza y elegancia propias de la cultura oaxaqueña. En una de las presentaciones para la Guelaguetza, a la composición original se le agregó la música de "La Tonalteca" del músico chiapaneco Alberto Peña Ríos. Con la finalidad de ampliar la entrada y salida de las delegaciones participantes, haciendo una pieza de ocho minutos de duración.
Es una danza de cortejo, donde los bailarines representan a hombres y mujeres en busca de su pareja ideal. El elemento distintivo de esta danza es el traje tradicional adornado con piñas; simbolizan la fertilidad y la prosperidad. Los bailarines llevan largas faldas confeccionadas con tela verde y amarilla, evocando los colores de la piña madura. Además, portan una corona de flores y plumas, proporcionando un aspecto majestuoso de la danza. La composición de la coreografía como de la música se modificó a partir de la iniciativa que hizo el gobernador de Oaxaca Alfonso Pérez Gasga, quien pretendía que la Danza de la Flor de Piña se adecuara más a las tradiciones, vestimenta y música de la región del Papaloapan y no a la danza jarocha.
El Xochipitzahua
Es un canto y danza de la tradición nahua-mexica. Ha tenido modificaciones y mestizajes, tanto en la letra, la cual contiene vocablos nahuas y españoles, así como en la música, que también tiene reminiscencias europeas. A diferencia de otras opiniones, los vocablos del español que aparecen en su letra están por no tener traducción al náhuatl. Por lo tanto, el Xochipitzahua es una expresión cultural sincrética, aunque la carga indígena es marcada. De allí, no que haya perdido su pureza, sino que más bien ha crecido y ha evolucionado sin perder sus orígenes.
Las principales versiones literarias que conocemos son las de la Huasteca Hidalguense (Huejutla, Jacala, Tepehuacan, Jaltocan, Orizatlan) Tlaxcala y Santa María Nenetzintla y deben haber incorporado la influencia española desde los días de la conquista. El sincretismo cultural no es armónico y pacifico, aunque no necesariamente es cruento. Las órdenes religiosas llegadas a la Nueva España, franciscanos, agustinos y dominicos, que se enfrentaron al principio al predominio de la cosmovisión mesoamericana, usaron la danza y la música como medios para evangelizar. Y de la misma forma, los grupos indígenas lograron conservar elementos de su antigua cultura y tradición.
En la visión indígena del siglo XVI, la flor y el canto, la poesía y por extensión la creación literaria son expresiones recurrentes. Los pueblos mesoamericanos "consideraban que el habla, el canto y la música eran flores y, por lo tanto, todo canto era el hablar florido". Esta idea, junto con el uso de instrumentos europeos, sobre todo los de cuerda, generó un sincretismo cultural que, a su vez, dio origen a nuevas danzas y tradiciones musicales que se irían incorporando a la identidad nacional. El Xochipitzahua entra aquí, pues es un género indígena que incorpora diferentes versos según la ocasión. Xochiquétzal y Xochipilli, deidades mexicas, relacionadas con las flores y con las manifestaciones artísticas, sobre todo la música y la danza. Por eso las crónicas novohispanas hacen especial alusión a los rituales que están asociados a los ciclos naturales, en los que las flores tienen una función preponderante en las ofrendas y los ritos. Los cantos prehispánicos que se han conservado, como el Xochipitzahua, son importantes para conocer las raíces históricas, pues fungía como parte de las peregrinaciones de los mesoamericanos. El texto original, si lo hubo, se ha perdido y la música se ha ido transformando, aunque aún conserva su forma rítmica esencial. Por otra parte, son creaciones colectivas; cuando se escenifican en las comunidades son una representación teatral colectiva y comunitaria; los escenarios son la comunidad misma y los actores miembros de la comunidad, similar a la Semana Santa o Viacrucis de Iztapalapa.
En la visión indígena del siglo XVI, la flor y el canto, la poesía y por extensión la creación literaria son expresiones recurrentes. Los pueblos mesoamericanos "consideraban que el habla, el canto y la música eran flores y, por lo tanto, todo canto era el hablar florido". Esta idea, junto con el uso de instrumentos europeos, sobre todo los de cuerda, generó un sincretismo cultural que, a su vez, dio origen a nuevas danzas y tradiciones musicales que se irían incorporando a la identidad nacional. El Xochipitzahua entra aquí, pues es un género indígena que incorpora diferentes versos según la ocasión. Xochiquétzal y Xochipilli, deidades mexicas, relacionadas con las flores y con las manifestaciones artísticas, sobre todo la música y la danza. Por eso las crónicas novohispanas hacen especial alusión a los rituales que están asociados a los ciclos naturales, en los que las flores tienen una función preponderante en las ofrendas y los ritos. Los cantos prehispánicos que se han conservado, como el Xochipitzahua, son importantes para conocer las raíces históricas, pues fungía como parte de las peregrinaciones de los mesoamericanos. El texto original, si lo hubo, se ha perdido y la música se ha ido transformando, aunque aún conserva su forma rítmica esencial. Por otra parte, son creaciones colectivas; cuando se escenifican en las comunidades son una representación teatral colectiva y comunitaria; los escenarios son la comunidad misma y los actores miembros de la comunidad, similar a la Semana Santa o Viacrucis de Iztapalapa.