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La primera recomendación cinematográfica de atmósfera mongola no podía ser otra que The Conqueror. Conocida en España como El Conquistador de Mongolia, es considerado uno de los primeros largometrajes de producción occidental enfocados en intentar plasmar la vida de Temujin (quién más tarde sería conocido como Gengis Khan). La película fue dirigida por Dick Powell y protagonizada por el afamado actor norteamericano John Wayne.
El filme fue publicado en 1956, y a pesar de su notable reparto, fue golpeado fuertemente por la crítica de la época. Cabe reconocer que la película presenta numerosas carencias a niveles de guion o actuación, pero debe tenerse también en cuenta el contexto en el que se desarrolla. Estamos hablando de una película de casi 65 años de antigüedad. En la década de los cincuenta, tanto las fuentes históricas con relación a Mongolia como la aplicación los efectos especiales, eran algo realmente limitados. Además, no podemos olvidar tampoco a que género pertenece este filme, y es que si conocéis mínimamente el género Wild West, sentiréis como El Conquistador de Mongolia no se aleja nada de ese género. De hecho, el actor protagonista que interpreta al gran Khan, John Wayne, protagonizó también numerosos largometrajes del género Wild West.
Dejando de lado la crítica negativa, creo que es una buena fuente para entender como veían los occidentales al pueblo mongol a mitades del siglo pasado. Que prejuicios tenían a cerca de su cultura, hasta que punto conocían su historia, etc.
Sin embargo, el rodaje de esta película esconde también algunos elementos oscuros que cabe mencionar. Como muchos supondríais, esta producción estadounidense se rodó en el mismo territorio yanki, más específicamente en el desierto de Utah, al oeste del país. No muy lejos de allí, el gobierno norteamericano había construido antaño campos de pruebas nucleares, por que la radiación en la zona era considerablemente tóxica.
El equipo entero pasó unas semanas realmente duras por el aire que respiraban día tras día, pero en aquellos años aun no se había establecido una relación clara ente la radiación y el desarrollo de cáncer en el ser humano. Lamentablemente, gran parte del equipo desarrolló cáncer en los meses y años posteriores al rodaje, llevándose las jóvenes vidas de gran parte del cast o incluso el propio director del filme (además de camarógrafos, maquilladores, etc.).
No obstante, es esta atmósfera misteriosa y mortífera, lo que acabó disparando la popularidad de la película en los años venideros.
Sin duda alguna, un visionado obligado para todo aquel que quiera adentrarse en la cultura mongola y conocer superficialmente la visión occidental de los mongoles en los años de posguerra del siglo XX.