Todo el entorno del ser humano es un libro abierto que le invita a reconocerse como sujeto, en cuanto es un ser situado y de realidades; por lo cual, comprender, diferenciar y clasificar el conocimiento, es esencial en la vida del ser humano. Para Ballester y Colom (2012), el conocimiento científico ha representado una distinción especial frente a otros tipos de conocimiento como el religioso, el metafísico o cualquier otro, quizá porque la ciencia ha sido responsable de múltiples cambios en la calidad de vida de las personas. La ciencia surge de la necesidad de dar respuestas a la multiplicidad de preguntas que el hombre se hace ante las realidades naturales que enfrenta a diario. La ciencia, entonces, es la culminación del arduo camino explicativo tras el mito; los autores citados, justifican su posición diciendo que ya mucho antes de los comienzos de la civilización moderna, los hombres habían adquirido una gran información acerca de su medio ambiente, habían superado las explicaciones míticas e iban aprendiendo a conocer las sustancias que alimentaban el cuerpo y las aplicaciones del fuego. Habían adquirido la habilidad de transformar las materias primas en vestidos, utensilios y alimentos e incluso habían aprendido los fundamentos de la agricultura, de comunicarse entre sí y aun de gobernarse. Sin embargo, este conocimiento tiene éxito en la medida que se dio un uso consiente del saber a partir de un método. (pág. 24)
Como ya se ha enfatizado en otros apartes sobre el hecho epistemológico, éste pretende comprender la relación que se da entre conocimiento y saber para encontrar su validez universal. Respecto a la ciencia, su fin último es, distinguir la ciencia autentica. Revisando distintas fuentes, se coincide en que le termino ciencia proviene del latín sciencia, correspondiente al griego episteme, otra definición es: Cognitio certa per causas, (el conocimiento de las causas especificas), lo cual permite evidenciar que el concepto aun es en su definición confuso; a pesar de ello, la definición que da un corpus a esta reflexión, será la que trata de entender por ciencia cualquier saber que obtiene los conocimientos que lo conforman de forma rigurosa, constatada utilizando métodos abiertos a todos los miembros de la comunidad científica. En consecuencia y permaneciendo en los argumentos de Ballester y Colom (2012), hay claridad, que el método científico es uno de los rasgos característicos de la ciencia ya que no es posible construir una ciencia donde no hay método científico; además, se precisa, que la mayoría de investigadores están de acuerdo en que los componentes del método científico son la observación y la experimentación. Se dice que el progreso intelectual tiene lugar en las épocas en que se realizan experimentos y se observan críticamente sus resultados.
Ahora bien, el método científico es algo más que la observación y el experimento. Los científicos formulan teorías que pretenden explicar los resultados de la investigación y hacer posible predecir con exactitud observaciones futuras. Pero, ¿Cómo se llega de las observaciones a la teoría? Y ¿cómo son mejoradas o corregidas las teorías en la ciencia? Hay varias respuestas alternativas y en conflicto. Las más relevantes se pueden reducir a tres básicas: el método inductivo, el método deductivo y el método hipotético deductivo.
En la filosofía de la ciencia se ha trazado una distinción entre razonamiento inductivo y razonamiento deductivo. Gran parte del razonamiento real es la mezcla de los dos. Sin embargo, el razonamiento de la lógica y de las matemáticas es casi siempre deductivo, mientras que en la vida ordinaria el razonamiento inductivo es probablemente más habitual que el deductivo. La deducción consiste en sacar las conclusiones que se siguen de las premisas. Se dice que es “preservadora de la verdad” porque la verdad de la conclusión, de una inferencia deductiva, está garantizada siempre que sus premisas sean verdad. De otra manera la inducción consiste en reunir hechos concretos y luego generalizar a partir de ellos. Está basado en la experiencia, en la razón y en el experimento. (págs. 37-40)