Es claro que el saber pedagógico requiere de plantearse como una construcción de comprensiones, es decir, se convierte en una estrategia analítica que lee y ve los discursos, las prácticas y las instituciones de la educación, para comprender la significación que se desprende de sus unidades, conceptos, políticas y el sentido oculto implícito e invisible que posee, como se dirá en la introducción al libro pedagogía y epistemología (Zuluaga, Echeverrí, Martínez, Quiceno, Saenz, & Álvarez, 2011, pág. 17).
Parafraseando al profesor Germán Vargas (Sf.), la pedagogía tiene autonomía con relación a las demás disciplinas que conforman las ciencias de la educación, lo cual implica que su objeto se diferencie de manera diáfana, del que investigan otras disciplinas que tratan sobre el problema amplio y genérico de la formación del hombre o de la transmisión social del conocimiento. Así, el objeto del saber pedagógico son las prácticas pedagógicas del aula y de la escuela en las que los sujetos se comprometen en la construcción del conocimiento, como efecto que transforma el contexto de la escuela y la sociedad, por su novedad o como reproducción de saberes ya aprendidos, sin perder de vista la relación que se tiene y debe mantenerse con otras disciplinas. Si bien la pedagogía no se preocupa por los contenidos o las técnicas, se concentra en la actividad sobre los valores para discernir desde ellos y para responder por ellos, de ahí que sea un imperativo la experiencia para construir ideales, así como la manera de materializarlos como apropiación del sujeto. Retomando a German Vargas, nos encontramos frente al hecho de que la pedagogía como la educación, tienen preguntas epistemológicas distintas, pues como se ha visto, la epistemología confronta y trabaja distintos temas, según el contexto pedagógico en que se den. Ahora bien, la pedagogía implica ser entendida como espacio educativo donde se dan relaciones del saber con su construcción y la práctica.
Encontrar el punto convergente donde la relación epistemología- pedagogía se evidencie, implica reconocer lo dicho en el aparte de epistemología de la pedagogía al inicio del módulo, sin embargo, se profundizara en este apartado, partiendo que la pedagogía es saber pedagógico, lo cual no quiere decir, que el saber pedagógico sea el nombre de alguna teoría pedagógica que pueda remplazar la pedagogía, la educación, la didáctica, las ciencias de la educación o el currículo. En este contexto se considera saber pedagógico porque se ha asumido la pedagogía como saber. Esta conceptualización facilitara que cualquier investigador de la educación se situé en el conocimiento, como si estuviera en un campo abierto donde pudiera desplazarse e identificar metas y limites desde las regiones más sistematizadas hasta los espacios plurales que están en permanente intercambio entre sí. En este camino que conduce a indagar y determinar esa relación existente entre pedagogía y epistemología, lo importante no es definir la pedagogía como ciencia, como se desarrolla en las ciencias naturales, se trata más bien de un proceso particular donde el saber es el que permite establecer puentes, caminos y encuentros con otros saberes y aun con otras disciplinas formales. (Zuluaga, Echeverrí, Martínez, Quiceno, Saenz, & Álvarez, 2011, págs. 24-29).
Zuluaga y Quiceno (2011), precisan que: el saber es la categoría que remplaza la vieja noción de condiciones históricas, sociales y políticas que se usaban para explicar que los objetos se producen en una historia, un tiempo, un espacio y en relación a un problema. Estas condiciones generales son mecánicas, abstractas y no dicen o no ubican el lugar preciso de donde surgen o emergen los objetos del conocimiento. Por el contario, la categoría saber explica que un objeto, un concepto o un sujeto, se producen en una condición de saber, es decir, primero que todo en un campo abierto y plural y no en una disciplina. (pág. 16).
Ahora bien, la relación entre pedagogía y epistemología, está en la comprensión de cómo la teoría y el saber se relacionan para solucionar los problemas propios de la educación. De manera que, el saber se constituye en herramienta para identificar el problema y su forma. zuluaga y Quiceno. (2011, pág. 16) Argumentan el ser de la pedagogía como saber, diciendo que el saber; así concebido, no es una metodología de análisis, si no una forma de entender el conocimiento, de manera que el saber se establece como un amplio espacio donde se explica las condiciones de lo que se va formando para adquirir sentido, en la dirección de la propia formación discursiva, pero a la vez, existen posibles abordajes para investigar el proceso efectivo de la pedagogía y su conformación histórica que la hacen asequible, en mayor o menor grado al análisis epistemológico.
Al referir el término estatuto, da la impresión de ser un concepto altamente elaborado que por sí mismo representa y da solides, lo cual da pie para que sea mal empleado. Caminado bajo la guía conceptual del Dr. Nelson Campos Villalobos (2007, pág. Párr 1) Estatuto viene del latín stare, con el significado de estar en pie o estar firme, de tal manera que las palabras en estudio significarían que el conocimiento que posee o proporciona alguna ciencia tiene validez científica y se asienta en la verdad, de manera que, el estatuto es el corpus que da validez científica a una disciplina. Un estatuto epistemológico debe cumplir con los siguientes requisitos:
Un campo de estudio que sea propio.
Un cuerpo de contenidos validados.
Un lenguaje propio.
Autonomía metodológica.
Formulación de principios, teorías e hipótesis propias.
En cuanto a las ciencias de la educación, se presenta un problema, y es que no tienen un estatuto epistemológico propio, como sí lo tiene la pedagogía, lo cual no le da solidez, ya que no hay un corpus que las sustente a todas; lo mismo ocurre con las ciencias sociales, no han resuelto a plenitud su estatuto epistemológico, con la salvedad, que al estar enfrentadas a la complejidad humana, no se puede esperar que se estructuren a semejanza de las ciencias duras, que tienen otros objetos de estudio. Sin embargo, también hay que esperar que en las ciencias sociales exista una rigurosidad científica en el tratamiento de los problemas, que sus conclusiones puedan ser validadas y que los experimentos que realiza puedan ser repetidos por otros investigadores, obteniendo similares resultados.
De esta manera Campos (2007), se acerca al estatuto epistemológico de la pedagogía, afirmando que esta posee un estatuto epistémico propio y una tendencia integradora del fenómeno educacional, para lo cual argumenta que en el siglo XIX se hizo algún intento por hacer coincidir los términos pedagogía con ciencia de la educación, lo cual no tiene ninguna objeción filosófica, ya que la primera tenía un estatuto epistemológico aceptado. El problema surge y aún continúa, cuando el término abarca a varias ciencias, con lo cual un estatuto epistemológico común resulta ambiguo, por la diversidad de saberes, metodologías, lenguajes y contenidos que poseen entre todas. (págs. párr. 2-3)