HNO. VÍCTOR ANTONIO PARRA ALANIZ
(Hermano Agustín Emilio)
*8 Diciembre 1929 (Villa Victoria, Edo. de México)
+ 4 Agosto 2015 (Guadalajara, Jal)
HNO. VÍCTOR ANTONIO PARRA ALANIZ
(Hermano Agustín Emilio)
INTRODUCCIÓN
Tierra de bosques de pinos, oyameles y una gran represa hacen hermosos paisajes de ensueño, que eleva el alma y despierta la poesía, donde viven gente sencilla, trabajadora y con valores ancestrales, provenientes de sus culturas originales.
El nombre original de Villa Victoria, fue Niñil, palabra mazahua cuyo significado es "Pueblo Nuevo"; sus primeros habitantes fueron los mazahuas y matlatzincas que mezclados formaron un rudimentario pueblo: Niñil y en el cual predominó la cultura náhoa[1], la más importante cultura de nuestro país.
Más tarde un fraile mercedario lo bautizó como "municipalidad de Merced de las Llaves, mismo que fue cambiado por el nombre de Villa Victoria, en honor del primer presidente de México.
Nacimiento y primeros pasos:
El 8 de diciembre de 1929[2], en el hogar formado por el Señor Víctor Parra y la Señora Consuelo Alaniz llegó una bendición del cielo en la persona de un hermoso niño que a los pocos días fue bautizado con el nombre de Víctor Antonio. El hogar se vio alegrado por la presencia de dos niñas más: María del Carmen y Sofía del Consuelo. Pronto los tres hermanitos fueron la alegría y alborozo de ese hogar; sus cristianos padres enseñaron el nombre de Dios y los motivaron a la oración y al respeto de la voluntad de Dios y a la observancia de sus mandatos.
En Villa Victoria existía un aserradero, que se inició desde antes de la Revolución Mexicana y que proveía de madera a la ciudad de Toluca y a la Capital del país; don Víctor era de los principales dirigentes, hasta que una huelga terminó con esta fuente de trabajo, teniendo que emigrar a la ciudad de México, en búsqueda de nuevas oportunidades.
Sus padres inscribieron a Víctor en el recién fundado Colegio Cristóbal Colón, y es ahí donde cursa unos años de primaria. Un día se presenta el Hermano Ángel Gálvez a la clase donde estaba como alumno Víctor y hace la invitación para que pensaran la oportunidad de ser Hermano, a Víctor le entusiasma y con gran generosidad, tanto por parte de sus padres como del propio Hermano, inicia su camino para llegar a ser Hermano de las Escuelas Cristianas.
SU FORMACIÓN EN EL INSTITUTO
“De ma plus tendre enfance j´apartiens au Seignuer. Il est ma récompense, il est tout mon amour”[3]
La vieja casona de Tacubaya, bastión y refugio de las casas de formación, con sus múltiples historias de ensayos de huidas saltando las bardas, del Sagrario en el péndulo del reloj, de los libros de oraciones escondidos en el jardín, de los trabajadores militares de la “Cove”, que eran una amenaza latente, pero a la vez una cierta seguridad, pues respetaban lo religioso, de los vecinos con gran amor a su religión y que habían hospedado es sus casas a sacerdotes en tiempo de persecución, razón por la cual el Hermano Emilio escogió ese barrio para cuna del renacimiento del Noviciado Menor, con sus tres patios, su estanque que servía de alberca; recibió a Víctor un niño de once años y meses, proveniente del Colegio Cristóbal Colón, siendo fruto primerizo de esta obra fundada apenas dos años antes; su presencia en la casa de formación era una esperanza por su sensibilidad y su buena educación familiar, su disposición al estudio y su piedad.
Ingresó al Noviciado Menor de Tacubaya el 10 de junio de 1940 y múltiples experiencias vivió en esta casa: paseos semanales, campamentos en las vacaciones grandes, fiestas patronales del 21 de noviembre. En una navidad, se cuenta que se presentó la zarzuela de los “Sueños de Tinín”, con sus hermosos e interesantes diálogos cantados, con sus cuadros plásticos y actuaciones, para terminar con el cuadro del Nacimiento. Se escogieron los personajes de cada cuadro y Víctor fue elegido para el cuadro final, fueron maquillados por el Hermano Carrillo y llegó el momento de entrar en escena; se abre el telón y Víctor está al lado izquierdo del Niño Jesús, del otro lado está San José; entonces se pregunta ¿quién soy yo? y se percata que está representando a la Santísima Virgen; al no haber niñas el astuto Hermano Director lo escogió a él, sin decirle nada, pero sabiendo que por sus facciones finas y su color de piel era un buen prospecto para representar a María en el Nacimiento.
Víctor tuvo dos Hermanos Directores: el Hermano José Elcoro, auténtico educador de gran finura, que sabe inculcar un ambiente amigable y abierto; se vale de la mística y organización scout para conseguir resultados brillantes en la formación.[4] El segundo Hermano Director fue Víctor Bertrand que, con su juvenil entusiasmo da a los novicios menores una gran pujanza y le toca realizar el cambio a la nueva casa de Tlalpan. Víctor pasó cinco años en esta casa de formación.
Siendo novicio menor y, por falta de edad para entrar al Noviciado inició su carrera de normalista, habiendo hecho un año, antes de su pase a la siguiente etapa de formación.
El inicio e inauguración de Tlalpan fue una nueva experiencia para Víctor como novicio menor, ya de los mayores y solo estaría unos meses en esta nueva casa ya que pronto pasaría al Noviciado.
Postulantado, en el centro con lentes Jorge Campos, Tomás Gara, Jorge García Abaroa y Víctor Parra.
Noviciado:
Última semana de mes de noviembre de 1945, aún no cumplidos los 16 años inicio su postulantado, que era un tiempo de introducción a la vida del Noviciado; en realidad se vivía la vida del Noviciado, nada más que sin hábito y era de casi dos meses, ya que la mayoría de los postulantes habían sido novicios menores. La preparación termina y el 25 de enero de 1946 es la Toma de Hábito de Víctor Antonio, que, junto al nuevo testamento, al rosario de seis decenas, a la Regla del Instituto recibe el nombre de Hermano Agustín Emilio; junto con él recibieron el santo hábito los Hermanos: Jorge Gerardo García Abaroa, Jorge Campos Artigas, Sergio Flores Valle, Tomás Garza y otros jóvenes que no perseveraron.
Como formador tuvieron al Hermano Dosas Lucien, antiguo visitador de Antillas-México por diez años, religioso de gran reciedumbre, pero a la vez muy humano y paternal, de gran corazón que supo inculcar a sus novicios el orden, la disciplina, la puntualidad, la fidelidad y rectitud en sus vidas, a la vez que auténticos ideales para la vivencia de una vida religiosa vivida con radicalidad. Supo trasmitir una gran devoción a la Santísima Virgen, de la cual el Hermano Víctor se impregnó y muchas veces por sus manos desgranó el rosario y con alegría celebró las fiestas de María Santísima. El 26 de enero de 1947 se consagra a Dios como Hermano de las Escuelas Cristianas, haciendo sus primeros votos y pasar al Escolasticado.
Escolasticado:
El Hermano Víctor ya había iniciado sus estudios de Normal, por lo que solo estará en la casa de la Quinta de los Olivos dos años, donde encontró un excelente y sabio Hermano Director en la persona del Hermano Fernando Anzorena, hombre de letras y ciencia que pronto va a ser promovido como Visitador General para Europa. Otro gran formador fue el Hermano Miguel Martínez Cervantes, muy querido y cercano a los jóvenes Hermanos. El tiempo de ir y venir al Colegio Cristóbal Colón era aprovechado para hacer lectura espiritual o bien para estudio de sus clases y pronto se acabó para el Hermano Víctor, pues con su título en mano estaba listo para iniciar una larga carrera como educador.
Una comunidad joven lo esperaba, donde más de una docena de Hermanos que ayudaban, de otra forma, a hacer florecer el desierto de la Región Lagunera a través de la educación y la cultura.
Formada esta región por tres ciudades: Lerdo la más antigua, nacida de la Hacienda de San Fernando; Torreón, nacida al fin del siglo XIX y Gómez Palacio, donde se estableció el Instituto Francés de la Laguna, y que unos pocos años atrás había sido un verdadero vergel, gracias a las avenidas del río Nazas y al trabajo de mucha gente emprendedora; con el reparto agrario del tiempo de Cárdenas, algo bajó el auge productivo de la región.
La región Lagunera recibió a los Lasallistas, por segunda vez, en 1939 y, diez años después, en 1949, con 20 años recién cumplidos y la mente y el corazón lleno de ilusiones y celo apostólico, el Hno. Víctor inicia su labor de educador en el Instituto Francés de La Laguna, que será su primer amor, y el inicio de una carrera como brillante profesor y ya con experiencia, como prefecto de internos.
El viaje a Gómez Palacio, Durango, en aquella época era muy largo, pues había que seguir la “carretera Nacional de México a Laredo” (1,100 kilómetros) en un tiempo de 24 horas de autobús a Saltillo, más cinco a la Laguna, que pasaba Pachuca, Actopan, Ixmiquilpan, Tasquillo, Jacala y Jalpan, Zacualtipán, Mineral del Monte, Omitlán, Atotonilco el Grande, Tianguistengo, Tantoyuca y Tampico, Cd. Victoria y Monterrey[1]”. Hay que imaginar el tiempo que hacían los autobuses de 1949, en ese recorrido, que parecería el “juego de turista”, que muchos jugamos de niños; el Hermano Víctor iba acompañado del Hermano Director de Saltillo y sintió el rigor del cansancio y, sobre todo del hambre; se lo dijo al Hermano acompañante y este le aconsejó que rezará el rosario para mitigar el hambre o que se durmiera hasta llegar a Saltillo. El mismo Hermano Director le dijo que estuviera muy atento para admirar el Bosque de la Paila y, el Hermano Víctor, que inició ese último recorrido rumbo a Gómez Palacio, por más que buscó solo encontró desierto, una buena broma que el jugaron.
Llegando a su comunidad se encontró con una muy buena comunidad, el Hermano Director Aniceto Villalba, hombre de gobierno, comprensivo y amable, el Hermano José Sánchez, Hermano muy apostólico, de gran influencia con sus alumnos, el famoso Teacher, Luciano Ríos, entusiasta, deportista y creativo, el Hermano Nacho Navarro, muy buen organizador, el Hermano Alfredo Sánchez Navarrete, Hermano muy amable, servicial, cortés, el más joven, en ese tiempo, amigo y prácticamente compañero del Hermano Víctor, el Hermano José Cervantes, Hermanos sencillos y serviciales como el Hermano Bautista Roberto, el Güero, que lo conocía desde el Noviciado Menor, Javier Velázquez, Chetis, y otro más hasta llegar a 14 que formaban la comunidad.
Gómez Palacio fue sin duda, su primer amor, ahí se inició como maestro de primaria, pronto pasó a la Secundaria, con nuevos retos y aventuras. Fue muy cercano a sus alumnos y algunas veces travieso con ellos. Se cuenta de un muchachito que él le decía manzanitas, y le jalaba los cachetes; un día estando en clase el Hermano Víctor entró este chiquillo y le tocó las sentaderas diciéndole la misma frase “manzanitas, manzanitas”, claro que las risas no se hicieron esperar y varias veces el mismo Hermano contó esta peripecia de su vida de maestro.
Al llegar como maestro de la Secundaria ya había estudiado su carrera de Biología, en la Normal Superior de la Universidad de Coahuila.
Al abrirse la Preparatoria es de los primeros maestros de esa nueva sección de la escuela y es ahí donde se inicia como profesor de Lógica y de Historia de la Filosofía. Sus clases bien expuestas, claras, aunque siempre muy meticuloso en su exigencia. Junto con su labor como maestro de la Preparatoria ejercía la labor de responsable del Internado de los mayores, unos treinta jóvenes de preparatoria, que venían de las ciudades del norte: Chihuahua, Juárez, Delicias, Camargo, en su mayoría, aunque también había internos de Durango, Zacatecas y Fresnillo. Eran jóvenes, en su mayoría que querían estudiar, aunque no por eso estuvieran ausentes las travesuras, bromas, desordenes y, en momentos, escapes propios de esas edades. Uno de los castigos del Hermano Víctor, que él mismo comentaba eran las “Líneas” redactadas de la siguiente manera: “Muchos chavos debían las líneas de castigo, pero había otros que las escribían y se las vendían a los morosos; ganando todos los escribanos dinero y los morosos la posibilidad de salir de vacaciones o tener algún fin de semana libre [2].
[1] Datos obtenidos de Wikipedia
[2] Hermano Ernesto Saucedo compañero del Hno. Víctor y también prefecto de internos.
Retiro de Hermanos de las Comunidades del Norte.
Ser prefecto de internos era un trabajo muy sacrificado, pues se vivía las 24 horas con sus internos, además daban clase y tenían que participar en los ejercicios de comunidad; llevar a sus internos a la Misa diaria, comer con ellos y estar pendiente de las horas de salidas y estudio.
Fue el 15 de agosto de 1954 cuando en la ciudad de Saltillo, después de un retiro de 30 días, emitió su Profesión Perpetua; momento de entrega generosa al Señor, generosidad que le ayudó en los momentos de lucha, de sinsabores, de luchas internas y conflictos afectivos para serle fiel al Señor hasta el último momento de su vida. Sus compañeros de profesión fueron los Hermanos Jorge García y Tomás Garza.
Las comunidades de Gómez Palacio y Monterrey, originalmente organizaban un campamento de verano en la Sierra de Durango, en el paraje conocido como Mil Cien, cercano a El Salto, que les permitía asegurar la asistencia a Misa; algunos decían que un año de trabajo para una quincena de sufrir, lo cual no era cierto del todo, pues sí se tenían pocas comodidades, pero se contaba con una buena cocina, así como tiendas confortables para dormir y, sobre todo, mucho tiempo de descanso, que la mayoría gozaba, además de muchos paseos en la sierra, disfrutados por todos, dando lugar a muchas anécdotas que se gozaban durante el año escolar; algunas veces el fin del campamento era una ida a Mazatlán a gozar el mar.
1960 – 1967 Colegio Regis de Hermosillo, prefecto de internos.
El trabajo principal del Hermano Víctor fue el de prefecto de internos mayores en el Regis, donde atendía a cerca de 50 jóvenes que estudiaban Preparatoria; era atento y cordial con los muchachos, que muchos de ellos eran también sus alumnos en clases de preparatoria. En ese tiempo la mayoría de los alumnos internos provenías de poblaciones pequeñas, que no tenían Preparatoria y muchos de ellos eran conscientes del esfuerzo que realizaban sus padres para que progresaran y sí aprovechaban esa oportunidad que recibían, claro está que no faltaban muchachos inquietos y algo desordenados que el Hermano Víctor, con métodos convincentes lograba que se ordenaran.
Los sábados era remplazado en el internado y gustoso participaba en los paseos comunitarios; le gustaba caminar por los campos de Hermosillo y cuando se podía, y había la posibilidad de montar a caballo la aprovechaba.
Estando en Hermosillo inicia sus estudios en la Escuela de Altos Estudios de la Universidad de Sonora, donde varios Hermanos que trabajaban en el Colegio Regis iniciaron ahí sus estudios universitarios. Para el Hermano Víctor fue el inicio de su carrera de Filosofía, que culminaría más tarde en Monterrey; fue el inicio de los estudios universitarios, promovido por el Hermano Visitador, Víctor Bertrand, tanto en Hermosillo como en Monterrey, ya que anteriormente era raro el Hermano que podía acceder a estos estudios, no estando en la ciudad de México; la mayoría solo tenían la carrera de Normal Superior.
Preparación Académica:
El Hermano Víctor fue siempre un hombre de letras, inquieto por su estudio y de una gran capacidad para el desarrollo de sus habilidades intelectuales, fue brillante, aunque en momentos poco práctico en la aplicación de sus conceptos se quedaba mucho en lo ideal, se podría decir que fue idealista y gozaba de las teorías filosóficas y algunas de ellas las expresaba en una serie de frases célebres que él forjó.
El estudio de su primera carrera, que fue la de maestro normalista, la hizo con brillantez y en tres años ya se encontraba como titular en la primaria del Instituto Francés de la Laguna. Estando en esta comunidad se inscribe en la Universidad de Coahuila, que tiene bajo su cuidado la Normal Superior de Saltillo, para estudiar la carrera de biólogo, y así comenzar a enseñar a nivel de secundaria y de preparatoria; más tarde vuelve a las aulas para estudiar la carrera de Geografía, en la Normal Superior, Nueva Galicia, de Guadalajara.
Quizá la necesidad de un buen maestro de Lógica y de Filosofía, cuando ya era maestro en la preparatoria del Instituto Francés de la Laguna y en el Colegio Regis de Hermosillo, fue lo que lo llevó a interesarse en la Filosofía e inicia leyendo e investigado para poder preparar sus clases, convirtiéndose en un buen maestro de esta ciencia, madre de todas las ciencias.
Llega a Monterrey como maestro y subdirector del Escolasticado, pero pronto se integra a la Comunidad del Instituto Regiomontano. En ese entonces, un buen número de Hermanos estudiaban carrera universitaria, que fue el primer intento en el Distrito Norte de que los Hermanos fueran universitarios. El Hermano Víctor se interesa en estudiar la carrera de Filosofía, que se impartía en la Universidad Labastida. El tiempo vuela y después de muchas tardes invertidas en el estudio, sin descuidar sus clases en la preparatoria del Regio, se recibe como licenciado en Filosofía, obteniendo el título de la UNAM, a donde estaba incorporada la Universidad Labastida, siendo la última generación, ya que pronto pasaría a ser Universidad de Monterrey.
El Hermano Visitador, José Cervantes, lo invita a que busque una beca para estudiar un doctorado, y es el mismo Hermano Cervantes quien le tramita la beca que lo llevará a España, a la Universidad de Navarra, en Pamplona, donde estudiará su doctorado en Filosofía.
Viaja a España el 11 de septiembre de 1970. Su estudio fue muy meritorio ya que, en tiempo récord, en el espacio de tres años, cursa las materias e inicia la elaboración del proyecto de tesis y la tesis misma, que versó sobre: “El concepto de libertad en el pensamiento de Martín Heidegger”, obteniendo una Mención Honorífica el año de 1974. Su éxito académico fue señalado en la Revista La Salle en México Norte, felicitándolo: Muchas felicidades, Hermano Víctor, nos unimos a tu éxito, deseamos que tu capacidad de reflexión y estudio sea un ejemplo de tenacidad y superación en nuestra formación permanente y que tu nueva sabiduría sea para ti un trampolín para tu nueva proyección y entrega. Muchas felicidades por parte de los Hermanos”.
Ese esfuerzo notable va a repercutir sobre la salud del Hermano Víctor, ya que después de terminados sus estudios comenzó con depresiones, que después fueron sucediéndose en espacios diversos de tiempo. La primera depresión viene de su esfuerzo como estudiante, unido a la muerte de su mamá, primero, y después de su hermana, quedando ya sin familia directa.
En cuanto a su formación religiosa fue fiel al estudio diario de Catecismo, del programa de formación del Instituto, como se le llamaba en ese tiempo, obteniendo varios diplomas como el del Curso Fundamental y el del Curso Medio.
Para completar su formación religiosa asistió a un curso llamado CEL, en Medellín Colombia y, sobre todo, fue al CIL en Roma, que fueron seis meses de profundización de la vida religiosa, siendo una oportunidad de renovación, ya en la madurez de la vida. También fue oportunidad para conocer otras ciudades y gozar rincones del viejo mundo llenos de cultura e historia, que le han de haber sido muy placenteros, pues era amante de la estética y sabía apreciar el arte y la música.
Toda su vida fue un gran lector, no solamente de Filosofía, sino de libros de formación religiosa, literatura, ciencia, y hasta asiduo lector de las novelas de vaqueros de Estefanía que, estando en Hermosillo, el Hermano Bonilla le llamó, “Billy the Kid”; esa afición a la lectura de novelas también lo llevó al gusto por las películas de vaqueros, que gozaba y disfrutaba con interesantes comentarios en sus conversaciones con los Hermanos. Comentaba con gracia que, estando en España fue a ver una película de vaqueros, hablada en castellano, en la que decía el vaquero: “Desenfundad que os mato…”, detalle que le causaba mucha gracia esa y otras traducciones.
Tuvo frases célebres como: “Mientras más ideas, más puntos”, cuando dejaba temas a desarrollar como examen o bien en los trabajos finales; otra de ellas era: “Que alguien haga algo…”, lo que refleja lo poco práctico que era… otras de sus frases notables eran: “que se forme una comisión” y “siempre hay un no sé qué…”, que eran, en parte, chascarrillo y, a la vez, expresaban el pensamiento de alguien que era idealista.
Pionero de una nueva aventura.
En el mes de enero de 1967 llegan al Escolasticado de Coyoacán, Ciudad de México, los HH. Víctor Parra y Ezequiel Nieto como profesores, pero en el pensamiento del Hermano Víctor Bertrand era solo un paso para la integración de esa casa de formación al Distrito, como sucedió en septiembre de 1967, en que el Escolasticado fue trasladado a Monterrey.
Los dos Hermanos norteños fueron muy estimados y apreciados por toda la comunidad de Hermanos escolásticos, así como por los alumnos de la Normal Cristóbal Colón; sus clases vinieron a traer un cierto aire fresco y algunas novedades.
La decisión del éxodo del Escolasticado lo relata el Hno. Víctor de la siguiente forma: “Con la ayuda de Dios y los afanosos trabajos de los superiores, se llevó acabo la histórica bifurcación del Escolasticado único de Coyoacán, en dos Escolasticados, del Norte y del Sur… Las despedidas se realizaron el miércoles 13 por la noche, aunque ya se había tenido una el domingo 10, que tomó los distintos tintes que acostumbran tener las despedidas o separaciones de grupos de jóvenes, es decir, de euforia para algunos, depresión para otros e indiferencia para algunos más…
Se hizo madrugar a los Hermanos de la comunidad de Monterrey. El espíritu de fraternidad que manifestaron fue causa de una rápida adaptación, de los Escolásticos, al nuevo ambiente.
Un punto digno de tocarse, y que creemos será de sumo interés para el Distrito, es el plan de estudios y preparación intelectual que nuestros superiores tratan de ofrecerles, con miras a las necesidades de cada individuo…[1]
La comunidad del Escolasticado estuvo formada por el Director H. Ezequiel Nieto, Víctor Parra, subdirector y los HH. Pablo López Limón y Ramiro Montaño. Vivieron en la Villa Vicentina, una propiedad que les fue prestada por la familia Llaguno.
Las clases del Hermano Víctor fueron Ética y Lógica y el cuerpo profesoral del Escolasticado estaba formado por los Hermanos: José Cervantes, Salvador Pérez, Juan José Martín del Campo, Ramiro Montaño, el Sr. Guerra y el Dr. Luis Gama.
Durante el tiempo que estuvo en el Escolasticado escribió para la revista la Salle tres artículos muy interesantes, sobre educación; uno de ellos se llamó: “Vigilancia preventiva”, otro Disciplina Represiva.
Disciplina preventiva.
Algunas ideas que expresa en este artículo son las siguientes: Inicia con la definición de Disciplina Preventiva como: “Vigilar es velar sobre uno, para apartar de él lo que pudiera serle nocivo y cómo se vela bien sobre aquello que se ama” La vigilancia viene a ser un acto de cariño y abnegación. No se ciñe a impedir o evitar el acto represivo; entraña una acción intima del educador quien, por su presencia, mantiene a los alumnos en el cumplimiento voluntario de sus obligaciones.
Los alumnos deben formarse un concepto cabal de la vigilancia que el Maestro ejerce sobre ellos. “Guardarse del mal es un deber de conservación personal que incumbe a cada uno. Los padres y educadores ayudan al niño en este deber, pero su acción sería inútil si él no se guardara a sí mismo.
El educador debe saber que no basta manifestar al joven cuál es su deber; hay que vigilar la acción para ampararle contra su propia debilidad y contra las influencias perniciosas a que está expuesto. La experiencia demuestra cuán ilusoria es la teoría, según la cual, cuanto menos se vigila a los niños, tanto más se vigilan ellos a sí mismos.
Señala después aspectos en los que hay que vigilar a los alumnos:
Lecturas, relaciones entre ellos, evitar toda violencia, conversaciones, aficiones, etc.
Luego señala algunos lugares importantes de vigilancia como son: El trabajo en la clase, movimientos generales, así como fuera de clase en los recreos, en los deportes y termina con los lugares de culto.
Por último, señala una serie de condiciones que implica la vigilancia:
- Constate y activa. - exacta. - previsora. - firme. - tranquila, leal y discreta; cada cualidad la explica de una manera clara y precisa, termina su artículo con una frase como compendio de esas cualidades: “Verlo todo, prevenir lo más que se pueda, y ser parco en el castigar”[2].
Al final del curso escolar el Hermano Víctor pasó a la Comunidad del Instituto como maestro de la Preparatoria y subdirector de la Comunidad del Instituto Regiomontano, que en ese tiempo estaba integrada por 15 hermanos. Su función de subdirector fue corta, pues un día se presentó la dificultad, ante la petición de la comunidad de un permiso que se negó a dar y todos los Hermanos hicieron lo que él no autorizó. Al regresar el Hermano Director pidió ser relevado del cargo y se nombró al Hermano Salvador Pérez.
Le costó siempre trabajo el diálogo abierto con los Hermanos, así como poder tomar una decisión sobre algún asunto comunitario. Sufría mucho ante una responsabilidad, era más feliz sin ella y sintiéndose independiente, pero no por eso no era obediente.
En comunidad era alegre, tenía buenos dicharachos que eran motivos de risa; de interesante conversación en los paseos, a los cuales era muy fiel. En octubre de 1968, una mañana, el Hermano Director Jorge García anunció que se suspenderían las clases, durante una semana, en el Instituto Regiomontano y que los Hermanos se trasladarían a la ciudad de México para poder asistir a algunos eventos de las Olimpiadas.
El alojamiento fue en Casa La Salle y el Hermano Director consiguió boletos, así que Víctor tuvo la oportunidad de asistir al triunfo de México en clavados, con el Tibio Muñoz, además se asistió a las pruebas de pista, así como al estadio Olímpico para el juego de futbol México Japón y algunas otras actividades olímpicas. Esta oportunidad fue fuente de buenas conversaciones en comunidad y de algunas bromas y chascarrillos que todos los Hermanos gozaron.
Otro momento que Víctor gozaba mucho eran las vacaciones en Acapulco que, como comunidad del Regiomontano se tenían en los meses de julio-agosto; no se iba a un hotel, sino a los salones de clase del Colegio La Salle, pero se gozaba de la lancha, se hacia el intento de esquiar, de gozar el mar, disfrutar el buen ambiente comunitario y la hospitalidad de la comunidad de Acapulco, para regresar a iniciar el nuevo curso escolar con renovadas fuerzas.
Al Hno. Víctor le toca el nacimiento de la Universidad de Monterrey y participó en reuniones previas y estuvo muy atento a los primeros pasos de la Universidad; por lo general toda la comunidad participaba, al menos en conocer la información sobre el desarrollo de la misma, al tener en la comunidad consejeros y fundadores de la misma.
El ocio es la madre de la Filosofía…
Terminados sus estudios en la Universidad de Monterrey, deja la comunidad del Regiomontano, para trasladarse a Pamplona, España e iniciar sus estudios de doctorado en Filosofía.
En enero de 1971 es destinado a la Preparatoria del Instituto La Salle de Ciudad Obregón. En el Histórico de esa comunidad se lee: el Hermano Víctor Parra fue asignado como maestro de la Preparatoria, pero a los pocos días se enfermó y tuvo que ir a Acapulco para recuperarse, durante dos meses; después de este tiempo fue enviado a la Laguna[3].
Cofundador de la Preparatoria La Salle de Torreón
Al regreso de sus estudios y, después de haberse repuesto de una crisis de depresión, causada por el cansancio, pero sobre todo por la tristeza de la muerte de su mamacita, que ocurrió mientras estaba en España y no pudo acompañarla en los últimos momentos; una vez repuesto fue invitado a ser fundador de una nueva obra.
En 1972, ante las dificultades que el Estado de Coahuila ponía a los alumnos egresados del sistema educativo del vecino y colindante estado de Durango para ingresar a la Universidad de Coahuila, se pensó en crear la Escuela La Salle de Torreón, para recibir a los alumnos que terminaban su educación secundaria en el Instituto Francés de la Laguna y, por ser de Torreón, o bien, por conveniencia personal querían estudiar su preparatoria en Coahuila. Los impulsores de esta obra fueron el Hno. Lorenzo González Kipper, como director general de la obra lasallista de la Laguna, el Hermano Jorge Bonilla, como coordinador de la nueva escuela, el Hermano Víctor, como profesor; además, colaboraron los Hermanos Germán Martínez y Carlos Pinedo.
Su estancia en la Preparatoria La Salle de Torreón fue corta, pero fecunda; hizo muy buen equipo con el Hermano Jorge Bonilla, su amigo y antiguo compañero del Colegio Regis de Hermosillo. Fue un equipo muy creativo, tanto por las relaciones con los padres de familia, como con el inicio de la catequesis en familia. Esta obra funcionó los primeros años en el edificio del Seminario de Torreón.
Director del Colegio La Salle de Matamoros, Tamaulipas.
El colegio nació con grandes esperanzas, pues se había luchado desde tiempo atrás para lograr que se estableciera como colegio Lasallista. Al Hermano Víctor le tocó ser el sexto director, Hermano, de la Institución. Eran los tiempos de la educación personalizada y el colegio había hecho cambios notables, que dieron buenos resultados, pero el concepto de disciplina había cambiado, así como otras innovaciones que le fueron difíciles de aceptar, además, los Hermanos de la comunidad estaban convencidos de que los cambios eran buenos y daban los frutos deseados y esperados.
[1] Extracto de un artículo del Hermano Víctor Parra en La Salle en México Norte de octubre de 1967
[2] Revista La Salle en México Norte año 1967-1968
[3] Histórico de la comunidad de Obregón año 1971-72
De nuevo aparece, lo que va a ser el enemigo mayor para el Hermano Víctor: la depresión, que lo obligó a dialogar con el superior y pedir ser relevado de su responsabilidad, habiendo ejercido ese cargo de agosto de 1974 a diciembre del mismo año.
A propósito de los directores decía las siguientes frases: “En mi tiempo, cuando era joven, los Directores eran Hermanos de mayor edad, ahora, los directores son Hermanos jóvenes” y otro dicho que gozaba repetir: “Si los Hermanos son sabios que nos instruyan, si son santos que nos edifiquen, pero si son prudentes que nos gobiernen”. Aplicando este dicho al Hermano Víctor, él era más bien un Hermano instruido, intelectual y sabio, su papel era instruir, enseñar y abrir nuevos horizontes en el terreno intelectual.
1975 – Instituto Regiomontano - Catedrático de UdeM
El trabajo del Hermano Víctor en el Instituto Regiomontano se redujo a algunas clases de filosofía en la preparatoria y el mayor tiempo lo dedicó a la escuela de Ciencias de la Educación y de Filosofía en la Universidad de Monterrey. En algún momento tuvo algunas dificultades con las autoridades universitarias y deja la UdeM y pasa a ser profesor de la Universidad Regiomontana o UR.
En esta época se divide la Comunidad del Instituto Regiomontano: los Hermanos que trabajan en el Instituto y los que dan clase en la Universidad, llamándole a este grupo la comunidad de los doctores, pues los que la formaron todos ostentaban ese título académico.
1982 fue un año de contrariedades y algo de fracaso, pues lo retiraron como profesor de la UdeM, por opiniones expresadas, a las cuales las autoridades no estuvieron de acuerdo con ellas; eso le hizo buscar nuevos horizontes y los encontró incorporándose como maestro de Filosofía a la Universidad Regiomontana, a la vez que ayudaba con algunas clases en el Instituto Regiomontano. Ese año también se deshizo la “Comunidad de los doctores”. Volviendo la comunidad de Monterrey a ser lo que siempre había sido, una comunidad con distintos campos de trabajo: el IR, La Salle de San Nicolás y la UdeM.
1983 – 1990, Instituto Regiomontano, Monterrey, N. L. Director del CESLAS
La presencia del Hermano Víctor en el Centro de Estudios Superiores La Salle, fue desde el inicio de esta obra, primero como maestro en el área de la Filosofía y, después de dos directorados muy cortos, tanto del Hermano Lorenzo González Kipper, a quien se le debe la incorporación de la carrera de Ciencias de la Educación, como del Hermano Rodrigo Treviño, le va a tocar tomar la Dirección de la naciente escuela universitaria, que durante 5 años y medio dirigió con gran éxito y puso bases sólidas de calidad académica. Profesor muy claro en su exposición, atento a los estudiantes, sus clases eran interesantes y algunas veces con una cierta broma, o bien, algo de sátira que despertaba la atención.
Preparó sus propios textos, basados en excelentes libros, y para su elaboración uso la técnica de “tijera y goma”, o sea, copiaba capítulos, o artículos relacionados con lo que enseñaría, los ordenaba y después los pegaba en forma de libro y sacaba las copias de esos apuntes que servían de libros de texto; fue una tristeza que no escribiera sus propios cursos, dada la sabiduría que poseía y hubieran sido muy buenas obras originales. Él mismo se define como compilador, más bien que autor; el mérito es la buena selección de conocimientos que hacía.
Estando en el CESLAS fue a la ciudad de México, en apoyo de los Hermanos Escolásticos; de regreso, nos cuenta un Hermano:” El año escolar 1988 tuvo comienzo con el verano en la Ciudad de México, donde pasamos poco más de un mes haciendo estudios en la ULSA. La camioneta recién comprada, de regreso a Monterrey, sufrió una volcadura. Los escolásticos que venían bien compactos, no sufrieron heridas, pero el H. Víctor Parra tuvo una fractura de clavícula”[1]; la fractura pronto se solucionó y el Hermano Víctor regresó a mediados de agosto a sus actividades académicas.
Guadalupe, N. L., Profesor
En 1992 el Hermano Víctor es fundador de la comunidad de Hermanos del Colegio Regiomontano Contry, una comunidad especial, ya que su residencia se encontraba en el rancho de Las Palmas, a unos diez kilómetros del colegio. Las instalaciones de la casa estaban apropiadas, pero la distancia hacía difícil la labor; eran tres Hermanos, el Director y los otros dos tenían en título de doctores; era una comunidad de sabios, con carácter fuerte, los tres, pero con todo, la comunidad funcionó; su director de ese tiempo da el siguiente testimonio, válido para toda su biografía: “Como Hermano de comunidad, Parrita, era muy atento a los demás, siempre cumplido y amable, le gustaba salir a dar la vuelta a platicar y, de ser posible, comprar algunos chocolates, a los que era muy adicto”[2].
Llegando a la comunidad, tenía la esperanza de que se le nombrara coordinador de la Preparatoria, pero el Hermano Director, prudentemente, le dijo que no estaba en su decisión hacerlo, que era el Hermano Visitador quien asignaba los puestos; le costó trabajo aceptar la negativa a su petición, pero al fin se conformó.
Se dedicó a dar clase en la Preparatoria, así algunos cursos a las madres de familia. Por desgracia, “siendo un crítico agudo, de todo lo que según su deseo no estaba al nivel que él esperaba, siendo atento a las personas, comunicaba sus formas de pensar y, a menudo, convencía en sus buenas aspiraciones a los demás, haciendo ver mal a la autoridad”[3].
La estancia del Hermano Víctor en la comunidad de Contry fue de dos años y le tocó ya vivir en la nueva casa de la comunidad, en la calle de Tierra, facilitando los movimientos y desplazamientos.
En 1994 un nuevo campo de trabajo lo espera en el Colegio Ignacio Zaragoza, Saltillo, donde fue maestro de la preparatoria y comenzó a trabajar en actividades pedagógicas a favor de los maestros y padres de familia
1995–1998 Casa Central, Guadalupe, N. L., Pastoral y Catequesis
Durante los años 1995 a 1998 formó parte de la Comunidad de la Casa Central del Distrito como responsable del área de Familia Lasallista y Misión Compartida.
El equipo del Distrito para atender el área de Catequesis, Pastoral y Familia Lasallista estaba formado por tres Hermanos; dos de ellos atendían los aspectos de Pastoral Vocacional, Pastoral Escolar y Catequesis. Al Hermano Víctor le tocó, por decirlo así, crear el área de formación de catequistas, familia lasallista y misión compartida, que, si bien estaba cuidada y atendida anteriormente, no lo estaba en forma exclusiva por un Hermano. Fue el Hermano Víctor el primer responsable y el responsable de crear cursos y seminarios para ayudar a la formación de muchos colaboradores y padres de familia, interesados en formar parte de estas actividades.
De regreso a su Sonora querida:
1998. La Preparatoria del Colegio Regis lo recibe como maestro y toda la escuela va a aprovechar de su saber, ya que otra parte de su trabajo sería asesorar los departamentos, en especial el pedagógico y el catequístico, aspectos en los cuales era experto. La vida trascurre tranquila, goza las idas al mar a San Carlos y, más, las idas a la Frontera; la “chiveada” siempre le gustó y le despertaba un especial interés, como él decía: “ir a comprar cositas del Kress”, tienda de objetos baratos que existía en Laredo, pero que le surtía de cosas de escritorio que él usaba.
Un día normal, de repente, se sintió mal: mareos, dolor en el brazo izquierdo y, se produjo un infarto en el miocardio, dañándole severamente su corazón. El hombre de la salud de roble, o al menos que había soportado espartanamente otras operaciones, como la de la prótesis de su pierna, ocurrida en los años 80, en el Seguro Social de Monterrey. Ahora sí se encontraba limitado, pues este infarto va a ir haciendo camino en el ánimo del Hermano y, sobre todo, lo irá limitando en su capacidad de hacer ejercicio, de participar en paseos largos; este infarto preparó otro pequeño, que sufrió en Ciudad Victoria y que le limitará más; así se va deteriorando la salud, y con los años el ser humano se va limitando para muchas actividades que anteriormente hizo normalmente. Le espera un nuevo cambio.
[1] Hermano Daniel Novelo
[2] Testimonio del Hermano Genaro Velazco
[3] Testimonio de su director en el Colegio Regiomontano
2001. Saltillo, que por sus características, como ciudad, se puede considerar como un puente entre el presente y el pasado. La obra Lasallista había iniciado en 1907, con una primera escuela y en 1908 una segunda, que la Revolución Mexicana vino arrasar; en 1937 renace la obra, primero en el antiguo local del Asilo de la Inmaculada, y en la década de los sesenta se inicia una hermosa renovación de instalaciones, de lo que es el actual Colegio Ignacio Zaragoza; el Hermano Víctor es destinado a esta obra; su trabajo fue de asesoría, tanto a Padres de Familia, como a catequistas y maestros. Desgraciadamente, su inquietud y su idealismo le llevaron a expresar ideas sobre situaciones económicas y administrativas que no le correspondían y pronto deja esta bella ciudad colonial. Fue muy apreciado por grupos de padres de familia, pues su sabiduría atraía, pero su sentido práctico no era el acertado.
Terminado su trabajo en Saltillo, y esperando que se pudiera desempeñar mejor, fue prestado a la Universidad La Salle, ULSA México, durante un año, para colaborar en programas de Filosofía y a desempeñarse como Catedrático de dicha materia en la escuela de Filosofía. Terminado el curso escolar, el Hermano Víctor regresó al Distrito.
2002. Cd. Victoria, Tam. lo recibe en el claustro profesoral de ULSA Victoria:
En 1999 se crea un comité para la fundación de la Universidad La Salle, Ciudad Victoria. En septiembre del año siguiente se inician los estudios para la construcción de la Universidad y, al mismo tiempo se estudia la demanda académica a la que puede responder esa nueva casa de estudios. Se habló con ULSA México para que el nuevo centro educativo pudiera llevar el nombre de Universidad La Salle Victoria y, de igual forma, se consiguió el reconocimiento de validez oficial de estudios para las ocho carreras con las que se contaría inicialmente. La resolución fue publicada en el Diario Oficial el día 27 de febrero de 2001. Se estableció la condición de que los Hermanos sólo serían asesores y no tendrían la rectoría y, así se inició, pero al año se tuvo que poner un Rector Hermano y fue cuando, en agosto de 2002, el Hermano Víctor se integra como maestro a la Universidad. Sus clases se van a enfocar a las materias filosóficas, pero también va a tener un papel importante en la Maestría de Educación Superior, donde impartió materias de Pedagogía, entre ellas la de Pedagogía Lasallista.
Su estancia en la Universidad fue de cinco años y llevaba una vida tranquila, leyendo mucho y preparando con entusiasmo y meticuloso cuidado sus materias de maestría; hizo muchos apuntes interesantes y consiguió mucho material proveniente de los Distritos españoles para fundamentar sus clases.
La Universidad de Nuevo León, que conocía su capacidad y su ciencia en el terreno de la Filosofía lo tomó como profesor invitado, para impartir clases a nivel maestría o doctorado en Filosofía. Las clases las daba de jueves a sábados, en forma intensiva, un fin de semana al mes.
Su vida de comunidad fue la de un Hermano regular, fiel a la oración y a la Eucaristía, amante de la lectura, afición en la que pasaba mucho tiempo de su día; por las noches veía un poco de televisión, sin ser exagerado. La convivencia con los Hermanos era fraterna, aunque ya no tan emotiva como lo fue en otros tiempos.
Durante el curso 2004-2005, el Hermano Víctor escribió una serie de artículos interesantes, que en realidad son resúmenes de libros por él leídos, el primero lo intituló. “Páginas curiosas de libros curiosos”, donde trata sobre la autoridad, el discernimiento, la obediencia, el servicio etc. El segundo, siguiendo las ideas del Padre Camilo Maccise, lo titula “El servicio de los superiores en el desarrollo del carisma”. El tercer artículo habla de la Utopía, y lo titula “ Incipit Vita Nova”, donde hace un estudio sobre el hombre y la utopía. Después realiza una segunda parte sobre la Utopía y la sociedad actual y, mes con mes, va a continuar este mismo tema. Dentro de los artículos por él realizados se encuentra uno de especial interés porque muestra la forma de enseñanza propia.
Experiencia Universitaria en la UAT (Universidad Autónoma de Tamaulipas)
Él mismo escribió lo siguiente: “Con el deseo de encontrar la forma de realizar una investigación académica, me dirijo a la unidad Multidisciplinaria de Ciencia y Educación de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, en su Campus de Cd. Victoria.
Encontré la posibilidad de unirme a un grupo de investigación, con la condición de pertenecer al área de docencia.
Buscando la mejor ubicación acepté colaborar en posgrado de dicha unidad. Se trata de desarrollar el primer módulo de la Maestría en docencia. El título de ese módulo es “Filosofías de la Educación”. Habiendo tenido el gusto de desarrollar el área de “Fundamentos Filosóficos de la Educación”. Al inicio del CESLAS traté de organizar mi curso con estos antecedentes y, como recuerdo, “no hay mejor improvisación que la improvisación preparada”.
Mi primera experiencia se realizó en la facultad de Psicología de la UANL, pues dicha maestría se realizaba en colaboración de las dos universidades.
Fue para mí gratificante y retador dirigirme a veinte asistentes al curso, todos egresados de la facultad y que se preparaban para docentes. Como puede suponerse, todo resultó sumamente novedoso al trabajar en un ambiente de una universidad estatal autónoma, donde sotana no mata organigrama.
El grupo respondió con entusiasmo al curso, encontrando numerosos puntos de transdisciplinariedad entre filosofía y psicología, liderazgo y educación.
Formó parte de la evaluación final la presentación de un mapa conceptual, que comprendía el curso en su totalidad. El grupo de asistentes representó un nuevo reto, por la pluralidad de origen y mentalidad y sus distintas preparaciones.
Concluye: “Me parece que mi intento de colaboración y de inculturación en el nivel universitario amplía mi experiencia y, espero que mejore la buena educación en Tamaulipas”[1].
Lo anterior es la conclusión ya de su experiencia, pero antes desarrolló un tema sobre la experiencia; del cual se hace una pequeña síntesis que nos puede permitir vislumbrar cómo eran las clases del Hermano Víctor:
Una experiencia.
La palabra experiencia es una de las que más discusiones ha suscitado a lo largo de nuestra tradición occidental. Pero, dado que no podemos abarcar todo el amplio abanico de su rico significado, vamos a limitarnos a la perspectiva esencial, que nos permite articular la realidad de Dios con la experiencia, dentro de nuestra historia personal y colectiva.
Tal vez la etimología de la misma palabra experiencia nos proporciona la primera clave para acceder a su comprensión. Ex–peri-encia es la ciencia o el conocimiento de la ciencia, que el ser humano adquiere cuando sale de sí mismo (Ex) y trata de comprender un objeto por todos los lados (peri). La experiencia no es un conocimiento teórico o libresco, sino que se adquiere en el contacto con la realidad, que no se deja penetrar fácilmente y, que incluso, se opone y resiste al ser humano. Por eso en toda experiencia se da un alto grado de sufrimiento y lucha.
Al apoderase de la realidad, domesticándola, el ser humano aprende. La experiencia resuelta del encuentro con el mundo en un vaivén incesante; encuentro que nos permite construir y, también, destruir representaciones que habíamos recibido de la sociedad o de la educación. El encuentro es siempre enriquecedor, porque suscita nuestra fantasía, a la vez que nos proporciona materiales para nuevas conexiones y fundamento para representaciones e ideas diferentes acerca de la realidad. El conocimiento que resulta, a su vez, de dicho encuentro es precisamente lo que llamamos – experiencia – la cual constituye una riqueza que sólo quien ha pasado por ella puede comunicar, porque le confiere autoridad, en concreto, la autoridad es una persona experimentada.
El saber es un saber verificable que se hace verdad concreta y vital. Por otra parte, la apertura y liberación de juicios e ideas preconcebidas, son condiciones indispensables para la experiencia. Cerrarse a la experiencia es negarse al cuestionamiento y a la posibilidad de enriquecerse, además de revelar una actitud dogmática y fundamentalista, manifestando, por tanto, un saber no verificable que no sub-siste ni re-siste en contacto con la realidad experimentada.
La ciencia resultante de la experiencia no es la mera sensación de un objeto, sino la síntesis de toda una serie de acercamientos al mismo (peri = alrededor de, en torno a…)
Ya Aristóteles había observado con acierto que la experiencia (empeiría) no es fruto de una percepción aislada, sino que constituye una síntesis de muchas percepciones y combinaciones reunidas en aquello que poseen en común, dentro de un modelo esquemático (Metafísica)[2].
En esta exposición se refleja la claridad de pensamiento y el conocimiento del Hermano Vícto;, en sus clases era ordenado y expresaba sus conocimientos con claridad y precisión, quizá para algunos demasiado técnicos, pero era fruto de una mente educada y de un pensamiento preciso, aunque en momentos teórico, pero de mucho valor intelectual.
La gran travesura, se podría llamar:
En este tiempo tuvo varias anécdotas divertidas e interesantes pero, quizá, la más interesante por la intrepidez que implicó, fue la de sus vacaciones con un Hermano[3] muy cercano y amigo desde el tiempo de estudio en la Universidad, por el centro del País. Este Hermano le sugirió que tomaran el carro de la comunidad para su paseo vacacional, y lo mejor, sin avisar a nadie de esa hazaña, así que ni tardo ni perezoso el Hermano Víctor hizo suya la idea y se dirigieron a San Luis Potosí, para recordar rincones de la ciudad, como su Teatro e iglesia del Centro de la ciudad; de ahí, a buena marcha, se dirigieron a San Juan del Río, para llegar más tarde a Querétaro, ciudad en la que permanecieron más días gozando de rincones históricos y coloniales de la misma[4].
El regreso fue por la ruta larga, siguiendo la antigua Carretera Nacional; al llegar, la sorpresa fue para el Director de la comunidad, pero a la vez le dio alegría al saber que todo había estado bien, aunque en la comunidad se habían despertado muchas interrogantes.
El Hermano Víctor fue fiel en aprovechar las vacaciones distritales, tanto en la Sierra de Durango como en Acapulco y, su fiel compañero fue siempre el Hermano Ramiro, tanto en los viajes por llevar la Memoria del Regiomontano a Dallas o San Antonio, o en los cursos de inglés en Brownsville; ya en sus últimos años el Hermano Víctor aceptaba gustoso ir con este Hermano a visitar plazas comerciales, cuyo premio era, o un rico helado o un sabroso chocolate, que ambos degustaban.
“Señor, no abandones la obra de tus manos”
Dios tiene sus caminos y nos conduce con mano bondadosa y firme, guiándonos por senderos no pensados, hasta llegar a Él. Así parece que el Señor actuó sobre el Hermano Víctor, ya que su llegada a Guadalajara era temporal, y en busca de una mejor salud.
[1] Revista La Salle 2004 – 05 diciembre 2004 página 19
[2] Una experiencia nueva y gratificante, La Salle en México Norte, diciembre 2004
[3] Don Ramiro Montaño, testimonio en La Salle en México Norte,
[4] Extracto del artículo Parrita, del H. Ramiro Montaño en la Salle en México Octubre de 1915
Llega a Guadalajara en 2007, gracias a una invitación del Hermano Jorge García, que había estado internado un tiempo en la casa Alberione y había salido muy restablecido de salud y con nuevos horizontes humanos y psicológicos;
el Hermano Víctor pidió los permisos necesarios y llegó con lo mínimo de equipaje, para internarse unos tres meses en esa casa, pero, no esperaba que por su edad y por sus enfermedades anteriores no podía ser admitido. Se habló con las autoridades de la casa y, después de un diálogo, que duró un buen tiempo, fue admitido, pero ya para entonces el entusiasmo y la decisión del Hermano a seguir los ejercicios y el proceso de la casa Alberione había desaparecido y se negó a participar en el programa.
Con todo y sus limitaciones participaba en algunas actividades, pocas por iniciativa suya, como alguna salida a paseo, los domingos y, si había nieve o algún chocolate con más gusto lo hacía; otras veces era por obediencia al Hermano Director o por responder a invitaciones reiteradas de los Hermanos de la comunidad.
En la visita que el Hermano Superior General hizo al Distrito, con gusto participó en la Reunión de Hermanos con el Hermano Álvaro y se le vio contento y participativo.
Desde que llegó a la Perla Tapatía se alojó en la casa de Hermanos mayores, donde recibía las atenciones del personal de enfermería pero, a la vez, comienzan a aparecer signos que indicaban que su salud no era de lo mejor: estudios cardiacos mostraron que su corazón estaba ya tocado por los dos infartos sufridos anteriormente, por lo tanto, su circulación no era la adecuada y afectaba su presión arterial. Un día, yendo de paseo a San Juan Cósala, caminando de la iglesia a la orilla de la laguna, algo más de dos cuadras medianas, al llegar a la laguna traía fuertes dolores en la planta de los pies y, llegando a la comunidad sufrió pequeñas fracturas y, al estudiar su caso, se vio que estaba muy deteriorada su calcificación ósea y fue sometido a una serie de inyecciones de calcio, de lo que los médicos llaman ‘medicina de cuarta generación’, que logró reconstituir y frenar el deterioro que estaba viviendo.
Un feliz aniversario, 8 de diciembre de 2009.
La celebración de los ochenta años de vida fue para la comunidad de Hermanos del Febres un momento de privilegio; uno de los Hermanos escribió lo siguiente:
Un camino, una senda y un romero, que por la vida ha ido sembrando a manos llenas su entusiasmo y entrega en los años jóvenes, su experiencia y presencia en la madurez, su docto saber de filósofo, adquirido en los libros, vivido y hecho patente en sus valores. Valioso compañero de camino de muchas generaciones, llega hoy a una plenitud de la edad dorada: los ochenta años… privilegio, oportunidad y gracia.
La Comunidad del Colegio Febres Cordero La Salle, nos congratulamos con este acontecimiento, en el que el Hermano Víctor Antonio Parra Alaniz celebra su aniversario de nacimiento, día importante por la fiesta de la Inmaculada Concepción. Aprovechando esa fiesta, las dos comunidades organizaron una solemne Eucaristía, para festejar a María Santísima y agradecer al Señor, por manos de su Madre Santísima, el don de la vida del Hermano Víctor. El festejo fue una solemne Misa celebrada por el Sr. Canónigo Enrique González, quien con palabras doctas nos llevó a los inicios del culto mariano y nos hizo tomar conciencia que en los primeros siglos no se hizo tanta teología, sino que se vivió y, por eso los cristianos sellaron su testimonio con la vida.
De ahí pasamos a una cena, en el comedor del Postulantado. El Hermano Víctor estuvo acompañado de sus sobrinos Sofía del Consuelo del Toro Parra y su esposo, Fernando González S., los Hermanos de la comunidad, los papás de algunos Hermanos y personal allegado al Hermano. El Hermano Víctor compartió la cena, partió uno de los pasteles, recibió varios regalos, entre ellos un gobelino de Jesús con los niños. La Eucaristía y la cena estuvieron amenizadas por un cuarteto y una Etapa finalsoprano que ejecutaron piezas de un rico repertorio, tanto sacras como profanas[1].
[1] Diciembre 8 de 2009 publicado en la revista La Salle México Norte de enero 2010
Etapa final
El Hermano Director buscó un equipo de gerontología y se le hicieron una serie de análisis y pruebas, encontrando que lo único grave era sus dos infartos vividos con anterioridad, que lo limitaban mucho, al tener más de la mitad del corazón necrosado y eso causaba que disminuyera su capacidad de movilidad.
Igualmente, para sanar sus depresiones visitaba regularmente al psiquiatra, llegando a tener temporadas muy estables de salud, dentro del deterioro propio de su edad.
Su actividad fue disminuyendo; recién llegado participaba en preparar materiales en el Departamento de Pastoral, algunas veces ayudaba a corregir exámenes, pero lo fue dejando poco a poco. Participaba en algunas actividades religiosas en el Colegio, no le agradaba ir a actividades culturales o deportivas, aunque las señoras enfermeras lo llevaban para que se distrajera y, en cuanto podía se regresaba a su cuarto. Su comer fue bastante bueno, le agradaban, sobremanera, los chocolates y algunas veces desaparecían cajas de estos dulces y los Hermanos sabían dónde habían ido a parar; el problema es que se los comía todos en una sentada y le alteraban su presión, pero el gusto ya se lo había dado; igualmente, gozaba mucho una copita de rompope, después de la comida.
La presencia de las enfermeras le ayudó mucho en sus momentos difíciles, pero en otros lo hicieron muy dependiente de ellas, al grado de no querer acostarse si no le ayudaban, pedía que le sirvieran todo, aunque en la comida renegaba y si le servían bistec u otra carne, se las arreglaba para sacarla del plato y tirarla bajo la mesa, ¡buenas e inocentes travesuras!
Poco a poco fue aislándose, negándose a hacer cualquier tipo de ejercicio y su participación se fue haciendo cada vez menos activa en las actividades comunitarias, hasta que prácticamente se aisló en su cuarto y fue dependiente de las señoritas enfermeras.
Todos los días eran más o menos iguales para el Hermano: de día, por la mañana, le ayudaban a levantarse y arreglarse, desayunó y de regreso a su habitación, inicia una lectura, pasa la mañana tranquilamente, hace el poco ejercicio a que le obliga la enfermera y, a la hora de comida participa con los Hermanos, parece que comió muy bien y, claro, su postre no lo perdonaba.
El día de su fallecimiento, durante la plática, en la comida, les dice a los Hermanos Saucedo y Francisco Barba: “Ya me quiero ir al cielo” y parece que Nuestro Señor lo escuchó, pues al terminar de comer lo llevaron a su cuarto y, al poco rato la enfermera en turno va al comedor para tomar sus alimentos y en eso oye un grito que le llama, no le hicieron caso, de momento, pues así gritaba con frecuencia; un poco después van a ver qué se le ofrecía y… la gran realidad se hizo presente: había volado al cielo, Dios nuestro Padre vino a su encuentro y lo abrazó y lo besó cariñosamente, llevándoselo consigo a la Mansión eterna. Descanse en Paz. Era el martes 4 de agosto de 2015.
Los funerales se realizaron en la capilla de la Comunidad del Colegio Febres Cordero, habiéndose cremado. Descansa hasta el día de la resurrección en Monterrey.
H. Juan Ignacio Alba Ornelas.