HNO. EVERARDO MÁRQUEZ PADILLA
*5 de julio de 1937 (San Juan de los Lagos, Jal.)
+14 de agosto de 2008 (Monterrey N.L).
Su tierra natal y primeros pasos, 1937- 1949
Para San Juan de los Lagos el centro y la vida de su población es la Santísima Virgen, pequeña imagen, de pie, con sus manitas juntas ante el pecho, siendo su título el de la Limpia Concepción, imagen bendita, surgida de las manos de artistas michoacanos y traída
por los primeros misioneros franciscanos: Fray Antonio de Segovia y fray Miguel de Bolonia como heraldos santos de la evangelización.
Everardo nació en esta tierra mariana el 5 de julio de 1937 y sus padres fueron: el Señor Macedonio Márquez Muñoz y la Señora Irene Padilla Márquez, personas acendradas en la fe, de grandes valores cristianos, que sufrieron de cerca la persecución cristera, que tanto arraigo tuvo en la región de Los Altos de Jalisco y donde tantos mártires sellaron su fe con el rojo de su sangre.
El hogar de la familia Márquez Padilla se vio bendecido por cinco hijos: dos varones y tres mujercitas, siendo Everardo el más chico de la familia. En este hogar se atendía a seminaristas, como una forma de ayudar a la formación de los sacerdotes; entre estos seminaristas que la familia atendía, se encontraba el futuro Sr, Arzobispo de Acapulco, Felipe Aguirre Franco; éste y muchos detalles más de piedad familiar, fueron tierra abonada para que floreciera la vocación de nuestro Hermano. Everardo
estudia hasta quinto de primaria en su natal San Juan de los Lagos, ciudad que visitaba el Hermano Ángel Gálvez, en busca de niños y jóvenes que quisieran seguir un proceso de discernimiento para llegar a ser Hermanos. Después de varias visitas del Hermano reclutador lo conduce al Aspirantado Menor de la Inmaculada Concepción, en Guadalajara, en enero de 1949, por aquel entonces dirigido por un excelente formador el Hermano José Luis Casillas (Hno. Ambrosio). .
Formación inicial 1950 – 1958 En 1950 lo encontramos en el Noviciado Menor de San José, en Tlalpan, cuyo director también era un notable formador, recio y enérgico: el Hermano Luis Lozano, hombre que supo imprimir grandes valores religiosos a muchos niños y jóvenes que pasaron por sus manos.
Uno de sus compañeros nos dice: “llegó a 1º. de Secundaria, allá por el año de 1950. Era de baja estatura, por lo que se le apodó “El Chiquillo”, y luego sería conocido familiarmente como el “Chaparro Márquez”. Tenía un carácter alegre, dinámico, ingenioso, aplicado en sus estudios y se distinguía por su habilidad en el manejo del balón, en los juegos de futbol. Hizo gran amistad con sus compañeros de Tlalpan”; fueron años muy felices y recordados con agrado.
Continuó su formación en el Noviciado, siendo de los iniciadores de la modalidad de “noviciado de dos años”, bajo la dirección de otro excelente formador: el Hermano Javier Bordes, hombre joven, entusiasta, dinámico, deportista, de una grande y profunda espiritualidad, enamorado de la Salle, quien supo dejar una fuerte impronta en sus novicios, en esta etapa de formación.
Después de dos meses de postulantado, el cual inicia en los últimos días de noviembre de 1953, Everardo toma el Hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 25 de enero de 1954, en el Noviciado de Nuestra Señora de Guadalupe, en Tlalpan, D.F. y recibe el nombre religioso de Alfonso Roberto, Este tiempo de gracia termina con su primera profesión religiosa el 2 de febrero de 1956, e iniciando el Escolasticado en Coyoacán, D.F, que era bastante original, ya que después del primer año de Normal Primaria se combinaban el estudio y las salidas a trabajar en comunidad, tiempo conocido como el 5º B y, a la vez se realizaban los estudios de la Preparatoria.
El escolasticado tenía como formador otro Hermano notable que, cariñosamente, los Hermanos Escolásticos le llamaban Miguelito: Miguel Martínez Cervantes; él supo guiar a los jóvenes Hermanos en sus primeros pasos como pedagogos, lanzarlos a experiencias audaces, tanto en paseos, ascensiones a las nieves perpetuas, “el chancly club”, sin descuidar su formación religiosa, espiritual y cívica.
Sus experiencias como Hermano Escolástico fueron el Colegio Cristóbal Colón, de la Capital del país y el Colegio Margil, de Zacatecas. Un Hermano nos relata algo sobre su estancia en esta ciudad: “Llegamos un 7 de enero de 1958, en una fría y oscura mañana, para dirigirnos al Colegio Margil. Él regresaba de un Retiro y yo iba cambiado de la Villa de Guadalupe”… En el desayuno saboreamos los ricos platillos que preparó la encargada de la cocina, “Doña Mary”. Ya bien reconfortados nos presentamos en nuestros respectivos grupos de clase. Al Hno. Everardo se le conocía como el “Hno. Roberto”, y se encargaba de la Banda de Guerra del Colegio Margil, haciéndolo con entusiasmo y buena organización”. Fue muy apreciado por su comunidad y por su Director, el Hermano Bernardo Zepeda Sahagún.
Hermano de Comunidad y maestro 1959 - 1971
En el mes de enero de 1959 llega el Hermano “Roberto” al Colegio Francisco Febres Cordero, en Guadalajara, para hacerse cargo del grupo de 6ºA; era un grupo numeroso, con más de 55 alumnos, no del todo disciplinados, ya que el anterior Hermano titular no controlaba el grupo al cien por ciento. Un alumno de ese tiempo nos da su recuerdo: “ El Hermano pronto nos puso en orden, exigente, pero a la vez muy amable, nos explicaba muy bien las clases y se impuso muy bien, siendo respetado por todos, chaparrito, con sus dedos chuecos, le hacíamos broma que no podíamos formarnos en filas, rectos, porque su mano nos decía lo contario… sólo se reía y nos hacia algunas caras, entre asombro y enojo, pero siempre con la sonrisa a flor de labios; lo quisimos mucho”.
La estancia del Hermano Everardo fue de dos años y medio, como maestro de sexto de primaria, además de responsable de deportes, en los recreos, organizando varios campeonatos, tanto de volibol como de básquet; en Comunidad siempre se mostró cercano y fraterno, como lo atestigua el histórico de Guadalajara.
El año escolar 1961-62 pasó a la comunidad de Lagos de Moreno, en el Instituto Laguense, donde inicia su labor como maestro de secundaria; su estancia es corta, pues pronto los superiores piensan en él como miembro fundador de la Comunidad del Colegio de La Salle de Matamoros. Un testimonio de su estancia en Lagos nos lo relata uno de sus cohermanos de comunidad: “En el Instituto Laguense, en el Curso Escolar 1961- 62 lo tuve de compañero, como titular del grupo de 1º. de Secundaria. Su trato era amable y cortés, fomentando el deporte de futbol, llevando al grupo de futbolistas a participar en las poblaciones cercanas, como la de Pegueros, obteniendo premios y dejando en sus alumnos la afición al deporte”
El año de 1962 marca, para el Hermano Everardo, un momento importante de su vida: su Profesión Perpetua, hecha con toda generosidad, después de un retiro, guiado por el entonces Hermano Visitador General, Bautista Fernando Anzorena y el Hermano Visitador, Bernard Alphonse Grousset, teniendo como compañeros a los Hermanos: Guilebaldo Orozco, Pedro Fernández, Manuel Padilla y Antonio Deloya, un hermoso ramillete de fidelidad al llamado del Señor.
Matamoros fue para Everardo una nueva experiencia. Si en Lagos había vivido limitaciones, en esta fundación serán más, ya que sólo serán tres Hermanos: Ezequiel Nieto, director, José Arrieta y él; no contaban con casa habitación, viviendo en el seminario los primeros meses, etc.… pero ahí realizó una fecunda y apostólica labor, donde trabajó en la Congregación Mariana, como lo había hecho en Lagos y siempre estuvo dispuesto al servicio.
En 1965, Monterrey lo recibe con alegría, como titular de tercero de secundaria del Instituto Regiomontano y, al mismo tiempo le brindará la oportunidad de realizar estudios universitarios. En comunidad, Everardo era muy apreciado, le llamábamos el Chaparro, participaba gustoso en los paseos comunitarios, en las carnes asadas, le encantaba cantar y hacer el momento feliz.
Como maestro era exigente con sus alumnos; muchas veces lo vimos en la puerta de la casa recibiendo tareas no bien cumplidas, o bien, haciendo exámenes orales a alumnos atrasados o que habían estado ausentes; con todo y que era horario de clases, mañana y tarde, tenía que estar en la Universidad hasta casi las 10 de la noche, sin impedir ser fiel y regular en los ejercicios de comunidad.
Un Hermano nos relata lo siguiente, de esta época como estudiante: “Supo vencer las dificultades que se le presentaron en la tarea pedagógica, de mañana y tarde, siguiendo con puntualidad los compromisos comunitarios, a los que se añadían los estudios y tareas de la carrera universitaria de ingeniero químico” ( JRM).
En más de alguna ocasión tuvo reacciones, un poco fuertes, a algunas órdenes del Hermano Director de la comunidad del Regiomontano y, más tarde, ya siendo responsable de la comunidad de Chihuahua, tuvo la humildad de pedir perdón y de excusarse ante el Hermano Director, por las reacciones que presentó en algunas ocasiones. Esto denota su nobleza y su capacidad de reconocer los errores habidos. Era un Hermano travieso, ingenioso y con ocurrencias que hacían buen ambiente comunitario; su sonrisa a flor de labios, sus comentarios jocosos, que alguna vez desencadenaron alguna reacción ríspida. Un Hermano hacía mención sobre un célebre día, en tiempos de las Olimpiadas de México 68: “a uno de los Hermanos le quitaron sus llaves y las pusieron sobre la TV; pasó un día buscando sus llaves y, al tercer día, Everardo vio que el susodicho Hermano no traía su ancla de llaves, lo felicitó muy amablemente; el Hermano vociferó, con un lenguaje florido, contra toda la comunidad y, entre más, el “Chaparro” trataba de calmarlo, más chispas salías… ese día se acuñó la frase “ esta no son bromas, son ,,,” y, así otras travesuras o comentarios interesantes por parte del Hno. Everardo”.
Varios Hermanos, impulsados por el Hermano Visitador, Víctor Bertrand, fueron invitados a realizar estudios universitarios, e iniciaron la ingeniería química en el CUM, de los Hermanos Maristas; pronto, Everardo prefiere otra alternativa: deja la escuela superior del CUM y se integra a la facultad de Química de la UANL, donde realiza su carrera de ingeniero químico, graduándose con gran mérito en 1969. Con anterioridad había estudiado Ciencias Biológicas y la carrera de Profesor de educación primaria; más tarde, estando en Chihuahua, estudió la maestría en Administración. En cuanto a estudios religiosos se refiere, terminó el Curso Fundamental, del Instituto, realizó el CIL de Roma (1974) y algunos cursos de espiritualidad en España; también tuvo la oportunidad de vivir el CEL, que mucho le ayudaron en su formación religiosa.
El Hermano Director, 1971- 1980
Diez años dirigirá el “Instituto La Salle de Chihuahua”, a donde había llegado a la muy noble, leal, valiente y hospitalaria Chihuahua, “la Señora del Desierto”, dos años antes, como coordinador general del Instituto, cuyo timonel era el Hermano Gilberto Lozano. El establecimiento de La Salle en Chihuahua fue de ardua lucha, donde la mano del Señor fue guiando a los Hermanos fundadores a ser audaces y confiar en la Providencia, manifestada por muchas y excelentes familias, que apoyaron a la naciente escuela.
Cuando es nombrado director ya conocía el colegio y el ambiente. Tendrá la gran alegría de ver cómo la prosperidad toca a las puertas de la obra y dejará hondas huellas, inscritas en muchos edificios, que aparecerán allá en las alturas del camino a la Presa del Rejón.
El puesto de Director y su gran don de gentes fueron un elemento importante para su integración en la sociedad de Chihuahua. Un testimonio de un cohermano, de esos tiempos, nos refiere lo siguiente: “Sabemos que no podía negarse a hacerse presente en fiestas. La grandeza del “Chaparro”, he de confesarlo, es que, a pesar de andar de fiestero, hasta entrada la madrugada, no era pretexto para no estar presente en el momento de la oración comunitaria matutina. Fuera por puro gusto o por motivos de trabajo, sus desvelos no fueron motivo para dejar plantados a los Hermanos en la capilla.
Mis respetos para Everardo, quien disfrutó su vida como Hermano y gustó de la amistad. De la misma manera como logró integrar su gusto por el tequila, la música, la comida típica, de la misma manera, movido por el celo a los alumnos, aprovechó toda oportunidad para dar clases y, como lo diría: priorizar el sostén de la oración personal y comunitaria” (F.M.).
Otro testimonio nos dice lo siguiente: “En 1972 estuve en la Comunidad del Instituto La Salle, el Hermano Everardo era el Director de la Comunidad y del Colegio, conviviendo con entusiasmo con el “Gran Chaparral”, como nos llamábamos jocosamente en comunidad, porque todos los Hermanos eran de baja estatura”.
“Se preocupó en formar un ambiente de fraternidad y de trabajo, de fidelidad en los ejercicios comunitarios”.
Ayudó en la formación del ‘Grupo de Oración San Benildo’, dedicado a orar por el incremento de vocaciones lasallistas y la perseverancia de los Hermanos. Con la Sra. Martha Prieto de Ramos y otras familias, se logró tener reuniones mensuales, en las que había fervorosas oraciones y luego convivencias, las cuales fueron formando un ambiente de relación entre Hermanos y el Grupo San Benildo; con un grupo de Padres de Familia formaron una rondalla “La Salle”, cuyos miembros se denominaban los “Compadres y Comadres” (j.r.m) que solemnizaban reuniones, como la Posada familiar del Instituto y otros eventos.
Everardo fue el Director cercano, amable, maestro, vigilante de patios, presente en las justas deportivas pero, sobre todo, el Hermano mayor, atento a las necesidades de Hermanos, alumnos, Maestros y Padres de Familia. Un testimonio de un Hermano misionero en Japón nos revela: “Vivimos tres años en Chihuahua, después, casi un año en la Casa Generalicia en Roma y, en el inter, durante sus dos visitas a Japón. El Everardo que yo conocí fue el Hermano que procuraba hacer sentir, a quien estaba a su lado o enfrente de él, como la persona más importante en ese momento para él. Aún en los momentos de fricción interpersonal, tendía a la sonrisa, resistiendo levantar la voz. Creo que era uno de esos Hermanos que desean sostener la paz a toda costa” (F.M.).
En 1977 el crecimiento del alumnado progresa con aceleración. Dos acontecimientos ayudan a este crecimiento: el cierre del ‘Colegio Regional’, de los Padres Jesuitas y ‘El Femenino’, de las Religiosas del Sagrado Corazón; se inicia la coeducación en el Instituto La Salle, siendo la primera escuela del Distrito que se vuelve mixta.
Es necesario aumentar las instalaciones, en particular un edificio para la Secundaria, un aula magna, objetivos que se lograron, gracias a un préstamo hipotecario y “con esfuerzos y ayudas económicas de los Padres de Familia, se pudo construir un edificio para los laboratorios de Secundaria y Preparatoria”, sección que nace en 1978.
El Hermano Superior General, José Pablo Basterrechea, visitó, en 1980, todo México y, durante una comida ofrecida en Chihuahua, pudo constatar el gran aprecio de la sociedad por los Hermanos y, en especial por el Hermano Everardo; en esa ocasión se entregó una medalla a los miembros del Patronato Fundador, que desde 1959 apoyaban la obra de la Salle.
Nuevamente será director de colegio y comunidad (2004 a 2006), cuando regresó de Roma. Después de una estancia, en la Casa Central, como ecónomo distrital, el Instituto Francés de la Laguna lo recibe como el guía de esa institución. La cercanía con Hermanos y con cuantos los trataban fue notable. En el segundo año de su administración, en plenas Primeras Comuniones de los niños de primaria del Francés, en el momento de la paz, recibe una llamada ‘urgente’ del Señor, con el síndrome de muerte súbita pero, gracias a un padre de familia, que había sido director de la Cruz Roja, lo resucita, cuando ya dos cardiólogos lo habían dado por finado. El Señor de la Vida le concedió más tiempo para liar sus espigas
El administrador sabio y prudente... 1980- 86
El equipo de gobierno distrital estuvo conformado por los Hermanos Gabriel Sarralde, en educación, Everardo Márquez en economía, Lorenzo González Kipper y Ramón Hernández, en Pastoral Vocacional y Catequesis y el Hermano Visitador, Guilebaldo Orozco, constituyendo así la comunidad de gobierno y animación. Uno de estos Hermanos nos da el siguiente testimonio: “Nos integramos fraternalmente, sobre todo, como comunidad de trabajo”.
El Hermano Everardo inicia su trabajo de ecónomo distrital pero, apenas nombrado para su puesto, el Director del Colegio Regiomontano Contry, Prof., Roberto Garza Zambrano, muere prematuramente en un accidente de aviación; menudo problema para el Hermano Visitador, ya que el Prof. Roberto era toda una personalidad muy apreciada y que había sabido imprimir un 10 sello muy especial a ese colegio. La solución fue el Hermano Everardo que, como emergente, generosamente acepta el reto y su buen humor, su don de gente, su prudencia, su capacidad de relación y su “savoir faire”, le llevan a realizar una transición exitosa. Esto le implicó un doble trabajo: el de director de escuela y de administrador distrital.
El Hermano Everardo inició su trabajo como ecónomo, propiamente en su segundo año, visitando las comunidades, analizando los presupuestos, viendo las posibles inversiones y corroborando y actualizando las políticas distritales con respecto a la gestión. “Él cumplió su servicio con exactitud y profesionalismo”
Al servicio de sus Hermanos como Hermano Visitador, 1987- 1993
El Hermano Everardo fue el 6º. visitador de México Norte, del 15 de mayo de 1987 al 25 de enero de 1993.
La elección del Hno. Everardo, como visitador, fue lógica, ya que los Hermanos pensaron en él como un Hermano cercano al gobierno anterior, que conocía bien el Distrito y que, por su puesto de ecónomo, estaba al corriente de las realizaciones y problemáticas de los Colegios y de las Comunidades de la Provincia.
El 15 de mayo de 1987, en una sencilla ceremonia, realizada en la sala grande de la casa de los Hermanos del Instituto Regiomontano, el Hermano Guilebaldo Orozco, lee la obediencia y le entrega, de forma simbólica, el Distrito, ante la presencia de un buen número de Hermanos.
Una de sus primeras acciones como Hermano Visitador fue el desarrollo del Plan Distrital que, si bien ya existía, desde períodos anteriores, pero que no se hacía público, destacando en él los aspectos de animación distrital, en forma de Proyectos del Hermano Visitador, resaltando los de Pastoral Vocacional, Catequesis, Educación, Gestión, Familia Lasallista y Hermanos Mayores; bajo la visión de este proyecto planea y realiza acciones a corto, mediano y largo plazo.
La creatividad, la confianza en la Providencia de Dios y la devoción a María Santísima, acompañaran su mandato y se verán reflejadas en muchas de las acciones que emprendió.
Algunas características sobresalientes en él, durante su mandato:
Su gran disponibilidad.
Él era Hermano para todos sus Hermanos y siempre estuvo dispuesto a escuchar y a resolver situaciones que se presentaban; era fiel en cumplir sus itinerarios de visitas a las comunidades, platicar con cada Hermano; se hacía presente en cada acontecimiento de la vida del Hermano, ya sea felicitándolo con una llamada por teléfono o una tarjeta postal, o bien acompañándolo en momentos de dolor por la muerte de un ser querido.
En los retiros distritales siempre estuvo dispuesto al diálogo pastoral con los Hermanos. Era un hombre de escucha, de presencia afable, de palabra cálida, de detalles de bondad y deferencia para con los Hermanos y para toda persona con la que tenía trato.
Lo que decimos para los Hermanos del Distrito, también lo manifestó a los Hermanos misioneros del Japón; uno de ellos nos da el siguiente testimonio: “Everardo, al igual que cada uno de los Hermanos Provinciales, desde que se gestó la obra de la misión del Distrito en Japón, hizo todo lo posible para apoyar a la gente de este lado del Pacífico” (F. M.). Los visitó varias veces y, cada vez que venían de vacaciones, trataba de que se sintieran cercanos y en casa.
Su administración se distinguió por un espíritu misionero y evangelizador.
El 15 de agosto de 1992 se fundó la comunidad de “El Salto”, en la Sierra de Durango, para contribuir en esa prelatura a la Pastoral juvenil, educación no formal y formación de evangelizadores y catequistas para los pueblos de la Sierra de Durango.
El movimiento misionero entre los alumnos de nuestras Preparatorias se diversifica: Durango, Chihuahua, Nuevo León, Coahuila etc.… nacen los Campamentos de Servicio, para los “pre-juveniles” de la Secundaria y el Campamento Parmenia, para los niños del Club La Salle, de Primaria. Se edita el Manual del Misionero y folletos de cantos.
Este movimiento tiene una muy buena acogida y el agradecimiento de parte de los Obispos y Párrocos.
Su celo apostólico fue notable y se manifestaba en favorecer las misiones de Semana Santa y en su preocupación por los pobres, favoreciendo la fundación y el desarrollo de las preparatorias vespertinas. En 1987 surge la preparatoria La Salle de Santa Catarina y, después, las de Monclova, Francés de la Laguna, Saltillo y Regio Contry… siendo éstas sostenidas por instituciones de paga.
Pastoral Vocacional y Casas de Formación:
Impulsa la pastoral vocacional de una forma activa, iniciando las ‘Semanas vocacionales’ en los Colegios; se editan posters y manuales de reflexión vocacional y se apoyó el desarrollo de retiros vocacionales
Siendo ecónomo distrital, la relación entre los Hermanos Pastoralistas y el responsable de las finanzas distritales no fueron siempre fáciles, como nos lo relata el siguiente testimonio: “En la Casa Central de Monterrey, durante los seis primeros años (1980-1986) mi de estancia ahí, él fungió como Ecónomo y yo, junto con el Hno. Ramón Hernández y luego con el Hno. Francisco Hernández, como Pastoralistas, buscando, cada quien, cumplir lo mejor posible con la tarea que le había sido encomendada; eran frecuentes las divergencias: distribución del tiempo, desveladas, gastos, frecuencia de viajes, propuestas e ideas nuevas… El entendimiento no era fácil, máximo, conociendo la tenacidad de ambas partes para defender sus posiciones.
Como resultado, el principio de Abraham y Lot, “escoge… si te vas a la izquierda, me iré a la derecha” (Gn 13, 9). En realidad no era tanto de “escoger”, sino que, simplemente, así sucedía.
Sin embargo, aun así, la economía y la pastoral del Distrito tuvieron auge y positiva repercusión en las comunidades. En el apostolado y en la comunidad, el Hno. Guilebaldo, Visitador, mediaba sabiamente, logrando buenos resultados”.
La visión cambia y, el apoyo como Hermano Visitador, es incuestionable a la Pastoral Vocacional. El mismo Hermano nos cuenta lo siguiente: “Llegadas las elecciones de nuevo Visitador, lo único que yo anhelaba era que el Hno. Everardo no fuera elegido Visitador.
Coraje, desconcierto, hasta llanto, fue cuando, estando en Guadalajara, sentado al lado de él, nos enteramos que llevaba una amplia ventaja en el segundo sondeo. Yo ni podía, ni quería creerlo. Él se notaba tranquilo, contento. ¡Qué rabia! Llegó luego la temida nominación, por parte del Hno. Superior: Everardo, Visitador. ¿A dónde iré yo a parar? Y fue mi asombro y gran sorpresa, no podía ser cierto. Poco después de recibir su encargo, el Hno. Everardo vino conmigo, muy amablemente, a decirme que si aceptaba colaborar con él, como Pastoralista. ¡Increíble!, ya que en tantos aspectos había habido choques. Pero ahora, su puesto como Superior nombrado y, puede ser, más aún, su cortesía y amabilidad me desarmaron. Acepté, “tragando saliva”. ¡Bendita aceptación! Fueron seis años de gran unión y mutua colaboración. Años muy ricos en la pastoral y en mi propia vida fraterna y espiritual. Aprecio, confianza, amistad marcaron esos seis años”.
Los resultados, incuestionables, fueron que las Casas de Formación crecieron: los Hermanos novicios son 7 por año, los escolásticos son 14, en promedio.
Le tocó hacer el cambio del Postulantado de Lagos de Moreno a Guadalajara y del Aspirantado de Saltillo a Gómez Palacio, a la casa que fue de retiros e internado del IFL, buscando un lugar más propicio para el desarrollo vocacional de los jóvenes de bachillerato y, a la vez, aprovechó la casa del antiguo aspirantado para tener un centro de formación permanente: “Villa De La Salle”, en Saltillo, Coah. En ella se realizarán: retiros, reuniones con padres de familia, maestros, alumnos, etc.…
Otro aspecto a resaltar del Hermano Everardo, como Visitador, fue su preocupación por el perfeccionamiento de los Hermanos, en el terreno espiritual y profesional; cada año procuraba que dos Hermanos asistieran a las sesiones del CIL, de Roma, o en los centros de espiritualidad organizados por el Instituto; facilitó que algunos Hermanos se preparan en el extranjero. Dio un notable impulso al CESLAS (Centro de Estudios Superiores La Salle), a petición del VII Capítulo de Distrito, para la formación de maestros y facilitar la formación de los Hermanos Escolásticos. La Pastoral Juvenil continúa desarrollándose y, poco a poco nace la idea de los Voluntarios Lasallistas. El Hermano Visitador, junto con su equipo de Pastoral juvenil y vocacional, desarrollan nuevas estrategias: viaje al encuentro Juvenil Quebec 87, retiros vocacionales, servicio en la Sierra de Durango, durante los veranos, para formar catequistas, encuentros de los grupos Juveniles y Pre-juveniles en diversos colegios como sedes, se incrementaron las actividades misioneras, campamento para los niños del Club La Salle, campamento de servicio con actividades misioneras y de formación, para los Pre-juveniles, durante la Semana Santa; acciones que van a desembocar en una proyección a nivel de todo el Instituto y que son antecedentes de la formación del Voluntariado Lasallista en el Distrito.
Un acontecimiento importante del que le tocó ser anfitrión fue el “Encuentro Intercontinental”, del verano de 1992, que duró diez días: tres días, los jóvenes fueron distribuidos en cuatro ciudades (Guadalajara, Saltillo, Gómez Palacio y Chihuahua), tres días de misión en pequeñas poblaciones marginadas, un día de descanso y los tres últimos días de reunión general en Monterrey N.L. Como fruto de este Encuentro surgieron y se fortificaron los grupos juveniles, especialmente en los Estados Unidos, Canadá y Filipinas y los demás países de la PARC habían comenzado ya un itinerario de encuentros juveniles. El Hermano Visitador se hizo presente en algunas de las sedes para dar la bienvenida pero, sobre todo, en la reunión general de Monterrey, animando y motivando a todos los organizadores de este evento tan importante.
Su administración fue sana; le tocó la fundación de la editorial del Distrito de México Norte, “Editorial Didáctica”, ante la desaparición de la antigua ‘Editorial Enseñanza’, del Distrito de México, que había quedado en la ciudad de México, como parte del Distrito de México Sur.
Esta acción impulsó principalmente la edición de los libros de Formación de Valores.
Inicia los trámites de la fundación de la Universidad La Salle Noroeste, de Ciudad Obregón, y ve el nacimiento de la misma, primero en los locales del Instituto La Salle, después en una casa, hasta aprobarse e iniciarse la construcción de un gran edificio que será su sede.
La vivencia de los Capítulos de Distrito VI (diciembre de 1987) y VII (diciembre de 1989), que le tocó presidir, fueron elementos importantes que le alentaron en la renovación espiritual y apostólica de los Hermanos y Comunidades; sus editoriales en la Revista La Salle en México Norte estaban impregnadas de una fuerte espiritualidad lasallista y sus atinados consejos y comentarios hacían de estas editoriales algo atractivo y esperado.
Es notable el desarrollo de la Familia Lasallista, creando y motivando grupos, tanto a nivel local como distrital y llegando a coordinarse para formar un organismo nacional.
Se desarrollan varios encuentros: Cd. Obregón, Chihuahua y el realizado en Veracruz, con motivo de la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América y el inicio de la evangelización de América. En el de Cd. Obregón se contó con la participación de los Hermanos Genaro Sáenz de Ugarte, Vicario General y Martin Corral, Consejero.
En los colegios comienza la creación de los Departamentos de Pastoral que, poco a poco van tomando forma, primero se asigna una persona como responsable, con el fin de favorecer la catequesis y las prácticas lasallistas, así como la preparación de los sacramentos; segundo, creación de reuniones para dar una formación e ir implementando las políticas distritales comunes a todos los colegios.
“El Hermano Everardo se distinguió por su devoción a la Santísima Virgen, en especial a la “Chaparrita”, como llamaba a Nuestra Señora de San Juan de los Lagos; en sus editoriales nos recordaba:
“María es para el Hermano de las Escuelas Cristianas la revelación patente de lo que debe ser su vida: la iluminación de esa rutina diaria, sin brillo ni competencias humanas, la sublimación de las funciones más ordinarias, instrumentos de la propia santificación y de la ajena…
De sobra conocemos y estamos convencidos que la verdadera devoción a María se asienta en el interior de la persona y, sobre todo, en la imitación de María, de su forma de vivir sus virtudes y de vivir de acuerdo a los valores y criterios que Ella vivió” (La Salle en México mayo 1992).
Muchas de sus editoriales terminan encomendando el Distrito a la protección de la buena Madre del Cielo e invitando a los Hermanos a ser propagadores de la devoción a la Madre del Señor.
El Hermano Everardo da un resumen de su servicio prestado como Hermano Visitador: “Doy gracias a Dios que me ha permitido entrar en contacto y en relación, en primer lugar con todos ustedes, mis Hermanos, a través de múltiples entrevistas personales que aportaron un conocimiento más profundo de las personas…"
es indudable que esta aportación a la persona de un servidor ha sido un elemento que ha balanceado los momentos de dificultad, de duda, de soledad, que es imposible soslayar en un puesto de responsabilidad, como el que se me ha confiado”. Y termina la introducción de su informe diciendo: “doy gracias al Señor y a nuestra Madre María que han sido siempre nuestros fieles compañeros, guías y consejeros”.
En sus palabras, el Hermano Visitador refleja al hombre fuertemente espiritual y humano, que supo sufrir ante los sinsabores del puesto, pero que, a la vez, estuvo siempre cercano a sus Hermanos y asumió su responsabilidad con alegría, donación e inteligencia.
El Director de la Casa Generalicia en Roma:
Terminando su período como Visitador, el Hermano John Johnston, Superior General, le pide que vaya como director al Centro del Instituto, en Roma; trabajo nada fácil por la complejidad de la casa:
Hermanos de varias nacionalidades, una administración nada fácil, varias comunidades, y mentalidades muy diversas que el Hermano Everardo trata de conjuntar.
Le exigieron una paciencia infinita para tratar a los Hermanos, lo cual quiere decir mucho trabajo. Ocho años en Roma, como director general de la casa, piden el vigor total de una persona. Éste no se da sin agotar la fuente. ¿Quién da sin disminuir? Siempre dio la impresión que si recibía era para dar.
La incomprensión, el dolor, la controversia se hicieron presentes en su vida, durante la estancia en Roma; por más que luchó en forjar un espíritu comunitario y una fraternidad cercana, no fue siempre valorado su esfuerzo y su visión. Con todo y sus características de cercanía y cortesía, esos momentos difíciles afectaron y vulneraron su salud, cosa que fue notoria por muchos Hermanos, ya no era el mismo Everardo, además de la readaptación al país, que en ocho años cambia mucho,
Para todos los que lo visitaron en Roma, siempre mostró una gran gentileza, como nos lo develan los siguientes testimonios:
“La invitación del Hno. John Johnston, Superior, de que la comunidad de voluntarios participara en el Encuentro de jóvenes con el Papa, en el año jubilar 2000, tuvo eco inmediato y, en agosto de ese mismo año,
Hermanos, Voluntarios y Exvoluntarios llegamos, para alojarnos en la Casa Generalicia.
¿La recepción? ¡No podía ser mejor!, pues era el Hno. Everardo el director de la Casa y nuestro amabilísimo anfitrión. Visita a la casa, oración ante las reliquias del Santo Fundador, orientaciones para peregrinar por Roma, atenciones múltiples, detalles personales, no se hicieron esperar. El Hno. Everardo fue el Hermano, hermano, que sentimos, como nunca, cercano, entregado y generoso” (LGK).
“En el año 2000, siendo Director de la Comunidad de la Casa Generalicia, en Roma, Italia, recibió con afabilidad a los Hermanos y grupos que asistirían al Encuentro Mundial de la Juventud, con el Papa Juan Pablo II. Cuando se le iba a consultar, nos recibía con amabilidad, informándonos y aclarando las dudas, ofreciéndonos dulces italianos. Le agradecíamos su confianza a sus coterráneos mexicanos” (J.R.M).
Últimos destellos de luz: Como un cirio que delante del Señor se va consumiendo, trasmitiéndonos su luz, en forma de una llama hermosa, tranquila, que a veces temblaba, indicándonos su presencia y su alegría, crecía y, a la vez disminuía, así fue la vida de un fiel compañero de camino, el Hermano Everardo, cohermano en comunidad, director de obra, ecónomo, visitador, director de la Casa Madre, en Roma,
nuevamente ecónomo, director y como Hermano con limitaciones de salud, así fue su caminar; nos ha alumbrado durante años, ofreciéndonos todos los días, en forma callada, su alegría y su testimonio y, como cirio se consumió, acabó su mecha, siendo fiel a su Señor y a sus Hermanos.
Así fueron los últimos cuatro años de Everardo, marcados por el sufrimiento de sentir que no podía seguir siendo el director del colegio y de la comunidad, sintiendo un cierto desvalimiento, un desplazamiento de sus funciones, la limitación de sus actividades.
La atención a su estado de salud fue para la comunidad una prioridad; se le atendió con cariño y solicitud, recibió un marcapaso especial, para evitar el “síndrome de muerte súbita”, enfermedad que no tiene una explicación, pero que es a causa de una falla cardíaca, sin anteriores presagios de la misma, pero a la vez aparecieron otros males, como una hepatitis, adquirida después de una transfusión de sangre, después de un terrible accidente que tuvo en la misma comunidad de Gómez Palacio, allá por el año de 1982, al chocar con una puerta de vidrio que no vio y que le causó una fuerte herida en una pierna, que llegó a cortar una arteria.
En su última comunidad, Chihuahua, su salud no mejoró, los síntomas desconcertantes siguen, nuevos estudios y se descubre también un cáncer en la vejiga, atacando todo su organismo, enfermedad que lo debilitó y consumió.
En el mes de julio de 2008 visitó a sus hermanos en Guadalajara y en México y, después fue a Monterrey para una intervención quirúrgica, donde descubrieron la magnitud del mal, que ya no le permitió salir con vida del hospital.
Los días que pasó en la Casa Central, previos a ser internado en la clínica, se le notaba preocupado, pero no perdía su serenidad, sonriente, siempre confiando en la intercesión de la Chaparrita de San Juan de los Lagos.
Uno de los Hermanos jóvenes que lo cuidaron en la clínica, da el siguiente testimonio de esos postreros días:
“Me tocó acompañarlo varios días, justo antes de su muerte, cuidarlo en NOVA... siempre amable, preguntándome por mí, por mi familia, por los escolásticos... Por aquellos días pasaban por la televisión las Olimpiadas y, eso es lo que juntos veíamos en la tele, durante las largas horas de hospital. Me hablaba de que vale la pena ser Hermano, de las llamadas y visitas de cariño que recibía y que veía como frutos de la vida que con Dios quiso tomar; me recomendaba la devoción a María y al rosario. ¡Un Gran HERMANO y un gran amigo!, cercano y afable, a pesar de las diferencias de edad y de los sufrimientos de los últimos días”
El jueves 14 de agosto de 2008, al caer la tarde, en gran paz, en medio de sus dolores, fue llamado a la casa del Padre a recibir la paga por su fecundo trabajo.
En el crepúsculo del atardecer… 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María… un adiós y una acción de gracias, expresados en un sentir de alegría y de ausencia por un Hermano, por el amigo que se fue… Este adiós se le dio en la gran sala del Instituto Regiomontano, donde vivió sus años de joven Hermano.
Hoy nos hemos congregado ante el Señor de la vida, ante Cristo, que murió y resucitó para hacernos partícipes de su inmortalidad, y orar por nuestro Hermano Everardo que fue llamado a su presencia.
Al habernos reunido para despedir a nuestro Hermano Everardo, su muerte, quizá, nos ha hecho recordar mucho de su caminar como religioso lasallista, como educador y como catequista y, donde podremos descubrir, sin duda alguna, rasgos de su vida de creyente y de testigo fiel de Cristo.
Cabe destacar también su amor por la Santísima Virgen de San Juan de los Lagos, a la que amó profundamente a lo largo de toda su vida como religioso.
Sabemos muy bien que nuestro Hermano Everardo se dio totalmente y sin reservas y que su testimonio, su trabajo, su ministerio, su entrega y sus sufrimientos, como suma de su don incondicional y alegre, agigantan su persona en la ofrenda de su vida a Cristo y a sus hermanos.
Ha partido a la casa del Padre un querido Hermano nuestro, ha entregado su corazón al Padre, que antes supo alegrarse y sufrir en esta vida con su Hijo, y que buscó tanto la verdad y amar en el Espíritu.
Nuestra profunda gratitud por lo que en vida nos enseñó a muchos, nuestro Hermano Everardo.
El Hermano Visitador, Luis Arturo Dávila, en su mensaje homilía, expresó su fraterno sentimiento por el Hermano Everardo, haciendo la siguiente síntesis de su vida:
“Nadie existe en el vacío, todos somos producto de un tiempo, de un espacio, de una cultura. Llevamos en nosotros mucho de las personas que encontramos en nuestra vida” (La Espiritualidad Lasallista, José Cervantes Hernández).
Everardo, un hombre de varios tiempos, en su misión, en los diferentes lugares, rebasó espacios y culturas.
Algunas características que dejó el Hermano Everardo, para nosotros, que tuvimos la dicha y la gracia de cruzarnos con su vida:
- Un hombre de origen religioso; lo mariano lo lleva en la sangre. Nacido en San Juan de los Lagos y, bajo la protección amorosa de Nuestra Señora de San Juan, hace unos días, antes de salir al hospital, nos lo encontramos con la imagen de Nuestra Señora en las manos, pidiéndole su amparo; gestos de fe como éste y su rezo diario del Santo Rosario, nos edificaron en su vida; por algo, el día de hoy, 15 de agosto, fiesta de Nuestra Señora, Everardo es recibido por Nuestra Madre en el cielo.
- Espiritual y exigente en el cumplimiento de la vida religiosa.
- Hombre de trabajo y de decisión: su vida estuvo marcada por la responsabilidad: maestro, coordinador, director, visitador, trabajo en el Centro del Instituto.
- Parte muy difícil de su vida fue tener que dejar la responsabilidad en manos de otros Hermanos, prueba difícil en su vida, saber que otros deberían tomar el relevo; hombre con exceso de celo y de responsabilidad.
- Hombre de un cariño, atención y educación, fuera de serie. Atento y preocupado por el otro, detallista, impresionante memoria para reconocer a todos por su nombre; no había situación en la vida de sus amigos en la que no se hiciera presente. Esta cercanía le permitió tocar y mover los corazones de muchas personas; su débil corazón ha sido capaz de transmitir vida y entusiasmo a muchos otros corazones; se convirtió para muchos de nosotros en un marcapaso de primera generación, que nos lanzaba la señal de aliento, justo en el momento en que lo necesitábamos.
Gracias Everardo por tu vida, por tu entrega y por tu amistad. Nos quedamos con tu recuerdo, tu ejemplo y tus enseñanzas.
Hoy queremos reconocer y agradecer a Dios por nuestro Hermano, en toda la amplitud de la palabra:
Hermano, que Dios ha puesto en nuestro camino para ser una manifestación de su bondad y de su divinidad.
Hermano Everardo, hoy queremos reconocer en ti muchas cosas, que por la rutina y el trabajo diario, olvidamos de decirte y agradecerte:
- Gracias por tu presencia constante y alentadora en la vida del Distrito.
- Gracias por tu preocupación por nuestras personas, familias, con sus dificultades y problemas.
- Gracias por ser un verdadero líder de nuestro querido Distrito; reconocemos que nos has marcado el camino, pero valoramos más que nos hayas dado la libertad y la confianza para caminar.
- Admiramos tu capacidad de trabajo, tus detalles en toda ocasión, tu bondad, pero también tu mano firme, cuando tenías que tomar una decisión en bien de los jóvenes que te fueron confiados.
- Gracias, en fin, porque nos has impulsado para ser orgullosos lasallistas y entregarnos a la misión que nos confía el Sr. De la Salle, a través de la educación de los niños y jóvenes y la atención a sus familias.
LA HUELLA DEL CAMINAR DEL HERMANO EVERARDO
Testimonios de Hermanos y amigos expresan lo siguiente:
“Por medio de estas líneas, ya de regreso en Roma, quiero presentarte mi más sentido pésame por la muerte del Hermano Everardo. Fue una sorpresa saber que estaba gravemente enfermo. Los últimos años fueron para él muy duros por las diferentes dolencias que tuvo, pero no me esperaba su muerte prematura.
Fue un gran Hermano, generoso y atento a los demás, con un profundo espíritu religioso y amor al Instituto. Por otra parte, Everardo tenía el don de crear sólidas amistades, por las que siempre guardaba una incondicional fidelidad. Me cuento entre uno de esos amigos. Amistad que se incrementó cuando, siendo Vicario General, le pedí, en nombre del Hermano John, de hacerse cargo, como Director, de la comunidad central. Aquí en Roma los años que fue Director de la comunidad realizó un trabajo excelente. Lamento que los últimos meses hayan sido para él, por diversos motivos, un poco difíciles. Pero aún en esos momentos siguió entregándose a su ministerio con gran espíritu religioso.
Todos los visitantes que venían a Roma gozaban 26 de su presencia y finezas. Entre ellos, varios miembros de mi familia, que le guardan un gran cariño y sienten mucho su partida” ( Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría, Superior General)
Un Hermano expresa lo siguiente: “hace unas horas se fue Everardo, parece que al anocher: vino quedo el Señor por él y se lo llevó, Él toma lo suyo cuando quiere”. Bastaron unos días de hospital que, sin pretenderlo, se constituyó en plataforma para el despegue último. Sufrió, como preparación de su entrada en lo definitivo. Todos sabemos que siempre fue un guerrero de nuestro carisma, siempre dispuesto a servir a sus cercanos y lejanos. DESCANSE EN PAZ.
No se puede abarcar en unas cuantas líneas el hondo sentimiento que produce la convicción, que la energía que Everardo produjo, durante su vida, está presente entre nosotros.
Bien sabe el Señor Jesús hasta dónde ha de llegar, en nuestros escenarios, la fuerza de sus persuasiones. Para la historia, la muerte no existe, Everardo está entre nosotros, como ahora Jesús y San Juan Bautista de La Salle. Hoy es día de la Asunción” ( H.J.B.S.S).
La familia de un Hermano del Distrito hace manifiesto su sentimiento con estas palabras: “Entrañable Hno. Everado....Un gran Hermano, un gran ser humano y un gran, gran amigo... lo recordaremos siempre como fue, y con un inmenso cariño. Sabemos también que ya está gozando de la presencia del Señor y de Nuestra Santísima Madre, y con su gracia divina, ya tenemos un intercesor más en el cielo....en mi nombre, Graciela y toda la familia Gaytán Martínez...”
Un exalumno nos deja el siguiente testimonio sobre nuestro Hermano: “Cuando conocí al Hno. Everardo, me enseñó a siempre tener un espíritu de confianza, de amistad, de alegría pero, principalmente quedo muy agradecido de que me haya compartido la gran experiencia vocacional y espiritual que él gozaba.
Para mí fue un amigo con el cual pocas veces conversé, alimentando siempre mi alma de paciencia hacia la Voluntad de Dios y ofreciéndome su oración y sufrimiento por la firmeza de mi respuesta, para ser parte de la Comunidad de Hermanos Lasallistas.
Elevo mi humilde oración hacia Dios, nuestro Padre, para que tenga en su presencia amorosa a nuestro Hno. Everardo, ya que la presencia de este gran hombre, entre nosotros, era para darnos muestra de que, poder llegar a hacer santo, sí se puede. Por último, pido la valiosa intercesión de María Santísima para que siga bendiciendo al Instituto con su compañía maternal” (Sergio Guadalupe Villa Domínguez).
Un padre de familia, exalumno lasallista y médico de la comunidad del IFL nos dice: “Agradezco el tiempo que Dios nos lo prestó en el IFL y que me permitió haberlo conocido. Recuerdo cuando llegó a la casa: estábamos corriendo con el Hermano Bautista Roberto al Sanatorio Español, en su última enfermedad. Estos dos hombres nos muestran que el bien y la bondad aún existen en este mundo tan convulsionado y, me permitieron sentir la presencia de hombres santos, como SJBS. Era impresionante ver cómo los niños, en el colegio, corrían a abrazar y a besar al Sr. Everardo y, ¡vaya que los niños nunca mienten! pero, incluso los adultos, padres de familia, maestros y demás que, al acercarse a él siempre sentíamos su cariño, comprensión y apoyo. Nos deja un gran vacío Don Ever sí, pero también un ejemplo, tanto para los Hermanos Lasallistas, como para los que convivimos con él. Don Ever, muchas gracias, su vida y su obra valieron la pena; siempre estará con nosotros, que Dios lo bendiga” (Dr. Jesús Manuel García López).
Un Hermano Director se explica la bondad y la atención a las personas, por parte del Hermano Everardo, de la siguiente forma: “si algo, entre muchos aspectos positivos caracterizó al Hno. Everardo, fue su atención y sus delicadezas hacia los Hermanos y hacia todas las personas en general. Yo creo que muchos nos sentimos privilegiados por su trato, que yo considero fruto de su profunda fe y de su capacidad para percibir a Jesús en todas las personas con las que se relacionaba.
Una madre de familia que llegó a la Salle de Chihuahua, cuando el Hermano Everardo era director, con el corazón en la mano, nos da su testimonio:
“Saber de la llegada de nuestro querido Hno. Everardo a la “Fiesta del Cielo” es una alegría, pues ya es PLENO en el Amor de Dios.
Sé que las despedidas no son sencillas, duelen, pero también cuando amamos dejamos ir con amor.
Yo llegué al Colegio de Chihuahua, con el Hno. Everardo, lo disfruté siempre, pues me sentí querida y protegida por él; no sólo yo, sino toda mi familia. El Hermano fue testigo de mi reencuentro con Cristo, en la catequesis del Colegio y, mi vida y la de mi familia cambiaron.
Hoy pude despedirme de él, desde acá, pues llamé y me puse en oración, encendí mi cirio y pude acompañarlo y darle las gracias por tanta generosidad; compartió su vida de religioso, lleno de fe, esperanza y amor. Estoy segura de que llegó al Cielo con las manos llenas, por todo lo que Nuestro Señor le pidió y él supo hacer su voluntad” (Emma Raynal de Blanco).
Dos Hermanos, uno desde Japón y, otro desde Roma, así como muchos otros lo habían podido hacer, relatan un encuentro entre sus vidas y la vida del Hermano Everardo:
“Hermano Visitador: Creo que Everardo es el primer Hermano al que te toca despedir, como a alguien que vivió de cerca tus mismas alegrías y tus mismas preocupaciones como Visitador.
Everardo estuvo también, varias veces, como Visitador, aquí en Japón. Siempre nos mostró su apoyo personal, de tal manera que no había división entre lo que su corazón le decía y lo que la responsabilidad le dictaba.
Como bien sabes, vivimos juntos en Chihuahua, donde era muy bien querido, por cierto, su última comunidad apostólica.
Hablar de él, es hablar de una manera especial de ser Hermano. Siempre encontró tiempo para atender a sus Hermanos. Fue un gran “Chaparrito” de los “Alteños” buenos. Hizo amistad con medio mundo y su lenguaje era la fraternidad. La Familia Lasallista era su logo personal.
Los Hermanos, pareciera que crecen cuando se mueren. Todos hablan y alaban sus bondades. Casi nadie se atreve a mencionar sus puntitos negros o sus debilidades. Al hablar del difunto lo purificamos. A lo mejor que es Dios quien lo recibe de esa manera. Nos olvidamos de sus faltas y le agrandamos sus bondades.
Algo que aprendí de Everardo y, que lo traigo aquí en la garganta y, que debo contarlo, es lo siguiente:
Durante los dos años que vivimos juntos en Chihuahua, he de confesar que fui su compañero de parranda varias veces.
Por más desvelado que estuviera, estaba presente en la capilla, de rodillas, en su reclinatorio. No se quedaba dormido porque estuviera desvelado. Nunca le descubrí sus secretos, porque parece que no los tenía… Los Hermanos de la comunidad no tienen que sufrir las consecuencias de mis gustos: disfrutar la fraternidad con mis amigos.
Hermanos con esa mentalidad son pocos, o a lo mejor que Everardo era único en eso. Muchos de nosotros buscamos la excusa de poner las obligaciones de trabajo, o gustos personales, sobre el bien de la comunidad. Esa enseñanza deseo ponerla en práctica, porque hoy, más que nunca, la requerimos en nuestras comunidades. Los Hermanos y la vida comunitaria son prioridad” (H. Fermín Martínez, Japón).
Expresándose sobre la generosidad y entrega del Hermano Everardo, este Hermano tiene el siguiente sentimiento:
“No sé si me equivoque, pero siento que, Everardo se dejó morir, un poco, él mismo. Un hombre tan acostumbrado siempre a ayudar, apoyar, querer y sostener a otros, no estaba acostumbrado a ser él mismo quien fuera ayudado, apoyado y sostenido. Creo que cuando él pensó que era motivo de más preocupaciones y, que no había forma de recuperar su condición para seguir dando ayuda, apoyo y sostén, hizo lo que correspondía a la forma en la que había vivido siempre: renunció a sí mismo para darse en lo que él pensaba era el bien para los demás... y, simplemente, murió. Su muerte es fruto del mismo amor que le hizo darse a los demás, durante toda su vida; se preocupó más por los demás que por sí mismo.
Estoy seguro que ahora, en continuidad con las opciones que realizó en su vida, seguirá al pendiente de nosotros, con la tranquilidad de que no es un peso o un lastre, al contrario, ahora él está feliz jalándonos hacia adelante, hacia arriba y hacia dentro. Hacia adelante, porque siempre se preocupó por la realidad del distrito y de cada una de sus instituciones; hacia arriba, porque nos jala hacia el cielo, hacia nuestra casa verdadera; hacia dentro, porque es ahí donde encontramos a Dios, que es con quien él ahora se encuentra”.
Como término de este relato de vida transcribo la siguiente:
ELEGÍA
José Cervantes fsc
Everardo, Hermano, amigo:
Desde niño te robó el corazón, la San Juanita,
la pequeñita de ojos oscuros.
En prisiones tan dulces
rendiste tus ambiciones
y, para siempre, el corazón le entregaste
Hoy, asciendes con la Asunción.
Ella ha cortado las amarras de tu navío
Y brilla para ti, allá en la orilla
El faro de sus blancos ojos
Apóstol de Dios, alegre y expresivo
Desde tu niñez te donaste en plenitud:
Profesor de química, Director en Chihuahua, IFL…
Visitador, Director de la Casa General…
Y, sobre todo lasallista, hombre de fe
que amó tiernamente a sus alumnos.
Tocabas el corazón en cada encuentro
Y de encuentro en encuentro
te nos has ido al último, el decisivo.
Fuiste siempre, como Hermano, el amigo entrañable
Entregado, irreductible, sin pliegue ni cobardía,
Al Ven y Sígueme del Señor,
Respondiste con un amén generoso y de por vida.
Mostraste que servir a Dios es alegría,
Dulzura, compromiso, totalidad.
Hoy, la fidelidad de Dios te sorprende,
Reirás y cantarás por eternidades,
Amarás más de lo que amaste en esta tierra
Y, hoy, el Amor en plenitud es ya tu recompensa.
Intercede por los que aquí en la tierra
Fuimos tus Hermanos y colegas.
Sabes bien lo difícil que hoy es vivir
el amor casto, la fidelidad plena.
Como La Salle, que por años, diariamente
veneraste en sus reliquias, quédate con nosotros.
Que tu vida nos inspire, que tu entrega nos cuestione.
Que tu fidelidad y rectitud sean también nuestro camino.
Amén
México, D.F., 15 de agosto de 2008.
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas