RAFAEL GARCÉS ZAMUDIO
(HERMANO ALEJO MARÍA)
* 16 diciembre 1907
(San Buenaventura, Edo. de México)
+ 23 agosto 1980
(Gómez Palacio, Dgo.)
En la actualidad ir a San Buenaventura para el visitante, es esencial un cierto espíritu aventurero y hay que tener una información exacta para llegar. San Buenaventura es una población del Estado de México, situada en el Municipio de Ixtapaluca, a una altitud de 2272 metros sobre el nivel del mar. De su población solo un 4% habla náhuatl y un 9% son de origen indígena.
Sus padres fueron el Señor Luz Garcés y la Señora María Zamudio, quienes formaron un cristiano hogar, donde nació el 16 de diciembre de 1907, pronto fue llevado a las aguas del Bautismo, recibiendo el nombre de Rafael: en su población creció y dio sus primeros pasos, aprendió el nombre de Dios, recibió los primeros sacramentos y fue como todo niño de esa época a la Doctrina; en esa misma población ha de haber iniciado sus primeros estudios de Primaria. No tenemos los datos de quien lo reclutó, pero los Hermanos de ese tiempo visitaban muchas poblaciones del estado de México, cercanas a Toluca.
En el libro de registro de Tomas de Hábito está escrito que Rafael había sido miembro del Noviciado Menor de San Borja, pues fue una decisión de que todo joven aspirante pasara por esa casa para prepararse a la vida del Noviciado.
Inició su Postulantado el día 2 de septiembre de 1923, en San Borja, junto con otros jóvenes que llegaron a ser Hermanos y perseveraron: José Jesús Muñoz, fallecido en Saltillo, Salvador Campos González, joven Hermano fallecido en Cuba, José Vicente Camacho, fallecido en Gómez Palacio, Rafael Pulido y un cubano: Luis Enrique Monterdy, fallecido muy joven en Cuba.
El Hermano Director del Noviciado fue el Hermano Gustavo Félix, un gran Hermano que conocía bien a las personas del campo, pues había sido director de Acatzingo; hombre prudente y sabio en la dirección de almas. Rafael tomó el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 11 de diciembre de 1923, ese día recibió el nombre de Hermano de Alejo María; pasado el tiempo del Noviciado, en que fincó su decisión de consagrase por entero al Señor y servirle a través de la educación, hizo su primera profesión el día 12 de diciembre de 1924.
Pasó al Escolasticado, en la misma casa de San Borja, donde comenzó su preparación pedagógica y sus primeras prácticas que le permitirían ser un excelente maestro, como lo fue toda la vida.
Cuando terminó su Escolasticado en México se declaraba la Revolución Cristera; “a principios de 1926 empieza la era de las persecuciones, que va a durar años, amenazando ahogar en el seno materno a los hijos de San Juan Bautista de La Salle. El 15 de enero comienzan los jóvenes Hermanos escolásticos sus cursos, 9 más adelantados, entre ellos el Hermano Alejo, y 6 principiantes. El 16 de febrero reciben la orden de desalojar los locales”[1]. Poco a poco se van formando grupos de Escolásticos y Novicios para dirigirse a Cuba.
El Hermano Alejo fue de los Hermanos mexicanos que fueron enviados a Cuba, donde estuvo solo un año, en la Academia de La Salle; con él salió un buen grupo de Hermanos jóvenes.
[1] La Salle en Mexico II página 52 H. Bernardo Grousset.
Colegio Francés de La Salle.
El Hermano Alejo, Al regresar de Cuba es destinado al Colegio Francés de La Salle. – La Concepción. Fue un colegio abierto, con la finalidad de que la enseñanza Preparatoria fuera la que tuviera primacía sobre la de Primaria y Secundaria. Esta obra fue fiel a los lineamientos iniciales, pero la sección de Primaria fue un lugar importante para el trabajo de los Hermanos jóvenes que llegaban; el Hermano Alejo comenzó en uno de estos grupos y poco a poco fue ascendiendo a los grupos de los mayores. “La calidad de los estudios ofrecidos fue de lo más esmerado, en virtud de la competencia de los profesores lasallistas... entre ellos los jóvenes que ahí se iniciaron: Aniceto Villalba, Manuel Álvarez, Alejo Garcés, Luis Bordes”[1].
[1] La Sale en México II página 44 Bernardo Grousset
La tranquilidad que ofrecía la Salle, tanto a los alumnos como a la comunidad de Hermanos, se vio ensombrecida por los dos actos persecutorios: la Cristiada, que hizo desaparecer de las clases toda imagen religiosa y cuidarse de las inspecciones oficiales, en búsqueda de cualquier objeto religioso y, la segunda, provocada por la confiscación del Colegio San Borja. Los superiores, previendo mayores dificultades lo van cerrando poco a poco.
En 1932 “La Concepción” recibía a Pierre Paul Louvet, Hermano Nicet Joseph, futuro Superior General, con quien el Hermano Alejo entabló una gran amistad, según testigos: “cuando el Hermano Superior visitó México, en 1963, el encuentro entre los dos amigos fue muy íntimo y de grandes muestras de aprecio, lo mismo pasó en una visita del Hermano Alejo a Roma”[1].
[1] Comentario del Hermano José María Alonso.
Un apostolado muy importante de la Comunidad de La Salle eran los Centros de Catecismo, en los que se involucraban alumnos y ex alumnos, animando parroquias y barrios enteros. El Hermano Alejo fue responsable, junto con el Hermano Rafael Pulido, de un centro conocido como la “Bolsa”, en la calle de Mineros que, con una docena de jóvenes aseguraban la catequesis de más de 300 niños.
En este tiempo varios Hermanos iniciaron sus estudios universitarios, entre ellos los Hermanos: Manuel Álvarez, Aniceto Villalba y, el mismo Rafael Garcés, juntamente con Hermanos franceses, entre ellos el Hermano Director, Gerard Monier, que no tenía empacho en sentarse en asientos universitarios. Él fue quien impulsó a sus colaboradores en estas justas intelectuales.
El Hermano Alejo participó en 1935 y 1936 en la “escuela de grupos”, ante el panorama educativo trazado por el estado mexicano que adoptó la siguiente tesis: La Educación que imparta el Estado será socialista y, además de excluir toda doctrina religiosa, combatirá el fanatismo, y los prejuicios... solo el Estado impartirá educación primaria...
En 1936 se abre la Academia Comercial, en casa del Señor José María Contreras y, el Hermano Anthelme Joseph fue el encargado de la Primaria. Las clases siguen normalmente hasta que el dueño de la casa donde estaba la primaria, la pidió y se consiguió otra casa en la calle de Serapio Rendón, y ahí se abre otra vez la escuela, llegando a tener 180 alumnos. Los Hermanos que trabajaron ahí fueron Bernard Paul, Alejandro María y Alejo María[1].
Frente a esta situación la escuela lasallista estaba anulada y, para mantenerla comienza una época de heroica resistencia. Se fundan los grupos, que son una “escuela a salto de mata”. Familias ofrecieron a los Hermanos locales que tenían desocupados y se alquilaron para clases. Asi quedó constituida una primaria, en 6 lugares diferentes. El Hermano Alejo estuvo encargado de un 5º de primaria, bajo la supervisión del Hermano Aniceto Villalba.
Saltillo, 1937
Inicia la resurrección de las obras en nuevos horizontes, con la fundación de la Academia Nicolás Bravo, en Saltillo. El 10 de enero de 1937 cinco hermanos llegaron a Saltillo capitaneados por el Hermano Andrés Treviño, entre ellos el Hermano Alejo.
[1] Paul Ayel, E, Caballero, y Rafael Garcés. Histórico del Colegio Francés de la Salle, La Concepción.
Los comienzos no fueron fáciles, no había locales, funcionaron en las torres de Catedral y, con el tiempo consiguieron, en la calle de Nicolás Bravo 405, un local que tuvieron que resanar, pintar, limpiar escombros,
instalar sanitarios y, los Hermanos dormir en dormitorio común. Así comensaron las actividades con clases de 3º a 6º de Primaria y pronto obtienen el reconocimiento oficial para la Academia Comercial.
El Hermano Alejo estuvo poco tiempo, ya que en 1939 lo encontramos en el recien fundado Colegio Cristóbal Colón, donde enseñará, de 22 años, antes de pasar a la Universidad la Salle.
Colegio Cristóbal Colón:
El Colegio Cristóbal Colón fue como el colegio insignia del Distrito de México; de allí salieron los Hermanos para nuevas fundaciones, se le tomó como modelo y, ciertamente, tuvo mucha riqueza, tanto por el número de Hermanos, como por haber sido la única escuela completa, con las tres secciones de Primaria, Secundaria y Preparatoria, que fue modelo para otras, además de contar con la Normal y la sección Comercial y Técnica.
El Hermano Alejo se desempeñó tanto en la Secundaria como en la Preparatoria; fue un apoyo para el Hermano Manuel Álvarez, cuando funcionó el internado de Preparatoria.
El trabajo realizado por nuestro Hermano Alejo era silencioso, constante, pero efectivo; se hacía apreciar por sus alumnos y sus exalumnos lo buscaban. El Hermano Pedro Camino , que había sido su alumno en la Preparatoria del Cristóbal Colón, lo apreciaba mucho y lo hacía repelar... cuando fueron compañeros de comunidad, en el Instituto Francés de la Laguna.
Fueron muchos años y muchos acontecimientos los que vivió el Hermano Alejo en su querido Cristóbal Colón: desde las visitas del Señor Cardenal Villeneuve, del Hno. Athanase Emile, Superior General, los paseos y estancias en Tetela, pero sobre todo el enriquecimiento personal que daba en el trato con cerca de cuarenta Hermanos, con grandes y ricas personalidades, a los miles de alumnos a los que educó y que sintieron su benéfica influencia, etc,
Una nueva aventura en pos de la educación fue sin duda la fundación de la Universidad La Salle.
1960. La situación en el Cristóbal Colón estaba algo difícil: había una promesa de venta del edificio de la Secundaria, que no se había cumplido y, a las Religiosas del Verbo Encarnado ya les urgía que les entregaran, para ellas rehacer su colegio. Los Hermanos buscaron opciones, hasta que se decidió por un terreno del Sr. Purón, en la colonia Hipódromo Condesa. Fueron muchas las peripecias que se vivieron pero, al fin, se trasladó la Preparatoria a su nueva sede; más tarde se convertiría en la ULSA.
La Comunidad de Hermanos siguió viviendo durante un semestre en Sadi Carnot, pero parece que se les pidió desalojaran y se trasladaran a Casa La Salle, cosa que así sucedió. Los Hermanos abrieron una casa de asistencia para alumnos que lo necesitaban y, que, a su vez ayudara en su precaria economía. El Hermano Alejo se encargó de este grupo, que con el tiempo desapareció. Anteriormente, en Sadi Carnot, también había existido algo parecido, para alumnos foráneos de preparatoria, generalmente de nuestros propios colegios, de los cuales, también el Hermano Garcés fue responsable.
Un poco de la historia que vivió también el Hermano Alejo y, en cierta forma, fue gestor de la misma:
“Se decide que la Preparatoria se traslade en septiembre 1961 y, el primer Rector será el Hermano Manuel de Jesús Álvarez Campos.
El Hermano continua con sus clases y diversas actividades, siendo siempre positivo. En la inauguración de los edificios de la ULSA participó activamente.
Inauguración de la ULSA.
“En el simpático ambiente de una gran familia unida, tuvo lugar el pasado 12 de octubre, la inauguración oficial de los edificios de la Universidad La Salle, aún cuando las construcciones no habían sido totalmente terminadas… Se programaron tres ceremonias fundamentales: la primera, de carácter religioso: la Bendición de los edificios; la segunda, de carácter oficial: para las autoridades civiles y educativas; la tercera, de carácter deportivo, para la juventud lasallista de toda la República…
Fue motivo de especial satisfacción la presencia de los tres reverendos Hermanos Visitadores: Bautista Fernando, Bernard Alphonse y Berchmans Alberto.
El Hermano Visitador del Distrito de México Sur, impulsor e iniciador de esta obra, pronunció unas palabras en las que destacó el carácter solidario del esfuerzo realizado en la construcción de nuestra primera Universidad mexicana”[1].
Al final de ese día tan especial fue develada la Placa Conmemorativa de la Inauguración del Gimnasio. Acto seguido, dentro del Gimnasio se desarrolló un sencillo programa, consistente en el desfile de los equipos lasallistas que participarían en el Campeonato relámpago de Basquetbol. La declaración inaugural fue pronunciada por un miembro de la Confederación Deportiva Mexicana. El Hermano Alejo María, como responsable general, agradeció a los Sres. Córdoba, Franco y Lascano, el esfuerzo realizado por elevar el nivel de la calidad deportiva de los alumnos[2].
Un cambio de rumbo en la brújula de su vida. Distrito de México Norte.
El “Norte” lo esperaba. Era un poco de destierro, un poco de descubrimiento y un poco de nuevos horizontes de luz y sosiego para sí; además, fue el lugar desde donde voló al cielo.
En la división del Distrito de México, los Hermanos que estaban en Comunidad, quedaban en el Distrito donde estaba la Comunidad a la que pertenecían. El Hermano Garcés, como miembro de la gran comunidad del Cristóbal Colón, quedó en México Sur.
En julio de 1966, el Hermano Visitador, Víctor Bertrand, conociendo al Hermano Alejo, de mucho tiempo atrás y, al haber tenido él un desajuste en su labor como Hermano y, en su propia vida, le ofreció un cambio radical, tanto por la región a la que lo designaría, como por el tipo de obra a la que llegaría, así tendría la oportunidad de rehacer su historia y, el Hermano Visitador sabía bien que los Hermanos lo apreciarían y sería bien recibido, como así sucedió. Así fue como el Hermano Alejo llegó al Distrito de México Norte.
En el Instituto Francés de la Laguna inició un largo camino de 14 años de trabajo efectivo y silencioso, en la Preparatoria de esa escuela.
Todo Hermano desarrolla su actividad en dos escenarios: el primero es principalmente en la Comunidad, donde los Hermanos son los primeros testigos de lo que en realidad es su vida íntima, como religioso, la que se manifiesta, así como su compromiso de consagrado.
El segundo es el trabajo diario en el Colegio, que es observado y seguido por los alumnos y, claro, que también por los directivos.
El primer escenario es descrito por un Hermano:
“Yo fui su Hermano de Comunidad de 1964 a 1972 en el Instituto Francés de la Laguna, Gómez Palacio, Dgo.
Y me tocó ser Director del Colegio de 1968 a 1972.
El Hno. Alejo, como le decíamos generalmente, era ejemplo de regularidad. No recuerdo fallas de su parte ni para la oración, ni para juntas comunitarias, ni para las comidas. Otra característica era su capacidad de servicio. Sencillo, callado pero atento a prestar los pequeños servicios que agilizan y hacen agradable la vida comunitaria.
El acostumbraba traer en su dedo índice un anillo-rosario que es rezaba con tranquilidad.
También seguido lo acompañaba su Biblia en forro de cuero o de plástico con zipper.
Su caminar era tranquilo. Su plática amena, seguido relativa a la historia de México, era muy interesante.
A los alumnos mayores e internos les gustaba ir a platicar con el Sr. Garcés, porque decían ellos, era muy entretenido y se divertía también con los chistes que él contaba y los que le contaban.
Durante los años que estuve en el Instituto Francés de la Laguna (1964-1972) el Hno. Alejo fue maestro en la Preparatoria. Los alumnos lo recuerdan en particular por el curso que les impartía en 2do. De Preparatoria, de Filología. El Hermano conocía perfectamente su materia y la hacía amena. Detectar la estructura de los textos, captar la evolución del lenguaje, tomar conciencia del desarrollo de las formas de expresarse. Le encantaban los silogismos, los diferentes tipos de silogismos y subrayaba la lógica interna del proceso del pensamiento, aunque no siempre la conclusión sea cierta. “Todos los alumnos del IFL son aplicados – Toño es alumno del IFL – Toño es aplicado”…cosa que no necesariamente era cierta, y en el caso no lo era, cuenta Toño.
El Hermano era en aquel momento titular de 2do. B de Preparatoria. Sus reflexiones por la mañana eran interesantes y variadas, aunque siempre expuestas con una voz monótona, como era de ordinario su forma de actuar y de ser.
Se notaba que tenía buena amistad con el Hno. Pedro Camino, Coordinador de la Preparatoria en aquellos años. En los recreos, si no estaba charlando amistosamente con los alumnos, como solía hacerlo, estaba con el “Sr. Camino” en su oficina. El Hno. Alejo tenía también como muy buen amigo al Mtro. Silverio, que los alumnos maliciosamente llamaban Clodoveo.
Algo típico del Hermano era conversar con los internos “castigados” que no tenían derecho de salir sábados o domingos por alguna fechoría que hubieran hecho. Pero ellos sí tenían permiso de buscar al Sr. Garcés para platicar, instruirse algo y sobre todo pasársela muy bien. Aunque lo querían mucho y en su presencia lo respetaban, ya entre ellos se reían de su forma de vestir, pantalones bombachos, saco con grandes solapas, de allí que en conversaciones privadas le decían amistosamente “Solapitas”. Y si él lo supo no le dio ninguna importancia. No era algo que lo alertaba, de hecho casi nada lo alertaba, su ritmo de vida tranquilo y rutinario.
Los alumnos comparaban el andar apacible y bonachón del Sr. Garcés, con el paso rápido y enérgico del Sr. José Elcoro. Y vaya que si había diferencia! También lo comparaban con el Hno. Paul Ayel, maestro de Física y Matemáticas, pero con él la relación era muy diferente. Con el Sr. Garcés relación campechana y alegre, con el Sr. Paul atenta y reservada.
Yo fui cambiado de comunidad del IFL a Acapulco en Junio de 1972. El Hno. Rafael Garcés no tenía los 65 años cumplidos. Con pena y con gozo me enteré que el bueno del Hno. Alejo había sido llamado por el Padre 8 años después, un 23 de agosto de 1980. Rezamos por él, aunque todos sabíamos que ya estaba gozando en el cielo, hombre bueno, maestro dedicado, hermano fraterno, servicial y edificante. (Testimonio del Hno. Lorenzo González Kipper.”[3]
Segundo escenario, visto por alumnos y Hermanos:
El Hermano Alejo era un buen maestro, tanto por sus explicaciones como por el trato que nos daba a los alumnos; se hacía apreciar y querer.
Su área de enseñanza era el Español, la Literatura y la Lectura y Redacción, que fue la clase que nos impartió. Algunas de sus alumnas de primero de Preparatoria, dicen: “Trabajábamos en hojitas de libreta, tamaño esquela y, una de las actividades que nos ponía era conjugar verbos en todos los tiempos, modos y personas y luego aplicarlos en pequeñas composiciones.
Una de sus exalumnas cuenta la siguiente, anécdota, que ella escuchó: cuando el Hermano Garcés estaba más joven, se iba, por las tardes, a pie, a Misa, a Guadalupe y lo seguían muchos muchachitos de "Trincheras", porque en las bolsas de su pantalón llevaba dulces y, si entraban esos niños con él a misa, a su regreso les regalaba los dulces.
“Puedo decir que era un Hermano bondadoso. En una ocasión estuvo castigada una amiga en el despacho del Sr. Camino y, al atardecer, el Sr. Garcés les llevó unas piezas de pan dulce y vasos con leche, ya que toda la tarde habían estado castigadas. Aprovechó que el Hno. Pedro había salido un momento y, les dijo: "pero, terminen pronto para llevarme los vasos y platos, para que mi Hermano no sepa que les traje merienda”[4].
Esos y otros gestos de bondad le hicieron ganarse el corazón de sus alumnos; algunos de ellos le decían el ‘abuelito’ y, un día, estando de paseo en la Sierra de Durango un exalumno le dijo; “¿abuelito, a que no se acuerda de mí? Su respuesta fue simple y lo desarmó: Cómo no me voy a acordar de ti si eres el único tonto que me dice así... Se prestaba para bromas, pero nunca se quedaba callado, lo cual alegraba a los muchachos, que siempre lo respetaron mucho.
La acción del Hermano Garcés quedó grabada en sus exalumnos, al celebrar los 75 años del Instituto Francés de la Laguna, en un periódico, que escribió lo siguiente:
“Y ahí estaremos con ustedes, el próximo 13 y 14 de febrero, en sus festejos de aniversario. Ahí estaremos todos esos escuadrones, que gloria hemos dado a la escuela que nos dio el saber, y recordaremos juntos a Paul Ayel, Andrés Careaga, Chales Thierry, José Elcoro, Pedro Camino, Rafael Garcés, y decenas más de Hermanos Lasallistas que ya partieron, y a quienes de alguna forma debemos algo de lo que somos, ¡¡cómo somos!!, y del ¡¡cómo actuamos!!”[5]
El docente:
Su caminar era tranquilo. Su plática amena, con mucha frecuencia relativa a la historia de México. Era muy interesante.
A los alumnos mayores e internos les gustaba ir a platicar con el Sr. Garcés, porque decían ellos, era muy entretenido y se divertía también con los chistes que él contaba y los que le contaban.
Durante los años que estuve en el Instituto Francés de la Laguna (1964-1972) el Hno. Alejo fue maestro en la Preparatoria. Los alumnos lo recuerdan, en particular, por el curso de Filología que les impartía en 2do. de Preparatoria. El Hermano conocía perfectamente su materia y la hacía amena. Detectar la estructura de los textos, captar la evolución del lenguaje, tomar conciencia del desarrollo de las formas de expresarse. Le encantaban los silogismos, los diferentes tipos de silogismos y subrayaba la lógica interna del proceso del pensamiento, aunque no siempre la conclusión sea cierta, ejemplo:
- “Todos los alumnos del IFL son aplicados. – Toño es alumno del IFL – Toño es aplicado”… cosa que no necesariamente era cierta, y en el caso no lo era, cuenta Toño.
El Hermano era, en aquel momento, titular de 2do. B de Preparatoria. Sus reflexiones, por la mañana, eran interesantes y variadas, aunque siempre expuestas con una voz monótona, como era de ordinario su forma de actuar y de ser.
Se notaba que tenía buena amistad con el Hno. Pedro Camino, Coordinador de la Preparatoria, en aquellos años. En los recreos, si no estaba charlando amistosamente con los alumnos, como solía hacerlo, estaba con el “Sr. Camino”, en su oficina. El Hno. Alejo tenía también, como muy buen amigo, al Mtro. Silverio, que los alumnos maliciosamente llamaban Clodoveo.
Algo típico del Hermano era conversar con los internos “castigados”, que no tenían derecho a salir, sábados o domingos, por alguna fechoría que hubieran hecho. Pero ellos sí tenían permiso de buscar al Sr. Garcés para platicar, instruirse algo y, sobre todo, pasársela muy bien. Aunque lo querían mucho y, en su presencia lo respetaban, ya entre ellos se reían de su forma de vestir: pantalones bombachos, saco con grandes solapas, de allí que en conversaciones privadas le decían amistosamente “Solapitas” y, si él lo supo, no le dio ninguna importancia. No era algo que lo alertaba, de hecho, casi nada lo alertaba; su ritmo de vida era tranquilo y rutinario.
Los alumnos comparaban el andar apacible y bonachón del Sr. Garcés, con el paso rápido y enérgico del Sr. José Elcoro. ¡Y, vaya que sí había diferencia! También lo comparaban con el Hno. Paul Ayel, maestro de Física y Matemáticas, pero con él la relación era muy diferente. Con el Sr. Garcés la relación era campechana y alegre, con el Sr. Paul, atenta y reservada”[6].
Yo fui cambiado de comunidad, del IFL a Acapulco, en junio de 1972. El Hno. Rafael Garcés no tenía los 65 años cumplidos. Con pena y con gozo me enteré que el bueno del Hermano Alejo había sido llamado por el Padre... Rezamos por él, aunque todos sabíamos que ya estaba gozando en el cielo, pues fue un hombre bueno, maestro dedicado, Hermano fraterno, servicial y edificante.
[1] La Salle en México noviembre de 1972 página 18-19
[2] La Salle en México, 47 página 20
[3] Hermano Lorenzo González Kipper
[4] Datos proporcionados por la Maestra Patricia Barraza
[5] El Siglo de Torreón febrero de 2012
[6] Aportación del Hermano Lorenzo González Kipper.
Su partida
El Hermano Alejo se marchó, murió cuando tenía que hacerlo, o sea, cuando el Señor le dijo “ven”, ya has realizado tu misión en la vida. Con tu paso a la otra vida terminas de cumplir tu propia misión de: evangelizar, catequizar, enseñar y conducir a los niños y jóvenes a que conocieran a Jesús, y vivieran como Él lo pidió...
Terminado el curso escolar 1979 – 1980, Hermano, concluiste tu misión. Te desgastaste por tus alumnos y por tus Hermanos, sintiendo que tu salud desmejoraba y, poco a poco te fuiste sintiedo con menos fuerzas; te preparaste para el momento final. Los Hermanos tomaron conciencia de tu limitación y fueron en tu ayuda, pero el Señor de la vida te llamó a una vida mejor.
El Hermano no era muy grande de edad, había cumplido los 73 años y estaba muy lúcido de su mente, pero el Señor se hizo presente y, un buen día se sintió con menos fuerzas y que se acercaba el final. El 23 de agosto de 1980 entregó su alma al Creador.
Hno. Juan Ignacio Alba Ornelas