LA OCUPACIÓN DEL TERRENO
Por Paula Boira, Melani Koceva, Osarumen Odeh, Naomi Sánchez y Óscar Valdivieso.
Toda la zona alrededor de la vía estaba fuertemente romanizada, y a falta de un nucleo urbano importante (el más destacable, Lessera, estaba algo alejado), este papel civilizador lo desempeñaron en nuestras tierras diferentes asentamientos como eran las stationes, las mansiones o las villae.
Las mutationes o stationes.-
La administración romana instaló a lo largo de las vías las mutationes y las mansiones para la comodidad de los viajeros.
Las primeras, más modestas que las segundas, eran estaciones de descanso situadas cada 10 o 15 km para el cambio de montura. Había una mansio cada tres mutationes.
Las mansiones.-
Las mansiones estaban separadas por entre 30 y 50 km y, para identificarlas, solían estar pintadas de rojo. Dirigidas por el caupo o tabernero, estaban bien equipadas y, probablemente, permitían pasar en ellas la noche. Tenían un albergue para la comida, un servicio de establos (stabulum) para los caballos, herrero e incluso un encargado del mantenimiento de los vehículos.
Paralelamente a los albergues, existían también almacenes que surtían de mercancías las ciudadaes importantes del imperio.
Las villae.-
Las había de dos tipos, la rústica y la urbana.
Villa rustica era el término usado por los antiguos romanos para referirse a una villa en el campo abierto, a menudo como el eje de una gran finca agrícola (latifundio). El rusticum adjetivo se utiliza para distinguirlo de un complejo urbano o chalet .
La villa rustica, pues, servía como una residencia del propietario y su familia y también como un centro de gestión de las explotaciones. A menudo estaba integrada por edificios separados para dar cabida a los trabajadores agrícolas y los cobertizos y establos para los animales y los cultivos.
El diseño de la villa rustica difería según el arquitecto, pero por lo general consta de tres partes: la urbana (casa principal), la casa de los encargados (villicus y villica) y el centro agrícola. Este último a menudo incluyensalas para el almacenamiento, los esclavos, establos y salas para la producción tales como prensas de vino y aceite, salas de trilladoras, molinos, secaderos, etc.
La villa urbana estaba destinada a albergar a los dueños de la propiedad. Se contruía en un lugar desde el cual se gozase ampliamente de la vista de la campiña o del mar. Dotada de las comodidades y lujos de la época, podía disponer incluso de calefacción para el invierno. Aunque no estuviera situada en una gran hacienda, siempre estaba rodeada por algún huerto o jardín.
En el territorio español se encuentran numerosos restos arqueológicos de villas urbanas y rústicas, vestigios de la Hispania Romana. Se conocen más de 500 villae.
Principales restos romanos de villae en Castellón .-
La más reciente es una villa romana datada entre los siglos I y III d.C. encontrada en el Camí Villamargo, en el entorno del Caminàs. Refuerza la tesis de que la Vía Augusta discurrió por esta calzada de origen íbero que conecta con otros emplazamientos romanos localizados en la provincia como la villa de Benicató en Nules, Vinarrajell en Burriana o el Mas d´Aragó en Traiguera.
En el caso de los restos de Villamargo, se puede distinguir a la perfección la planta de una villa de grandes dimensiones –orientada al mar– que poseía un pórtico con columnas y diversas instalaciones complementarias donde se podrían albergar termas, cocinas, un taller de alfarería, cuadras, bodegas y almacenes para acumular el grano. Los materiales de las paredes, las vasijas de cerámica y las tejas propias de la arquitectura romana no dejan lugar a dudas sobre la importancia de uno de los descubrimientos arqueológicos más relevantes de los últimos años en la capital de la Plana.
Villa de Benicató en Nules. Esta villa se considera una de las mejores conservadas de la provincia.
Fue descubierta el 23 de diciembre de 1955 cuando se realizaban tareas agrícolas en la zona. era una importante villa romana rural, que era al mismo tiempo explotación agrícola y residencia. Se sitúa en los alrededores de la ciudad, entre los actuales huertos de naranjos, a unos 2,50 kilómetros de la actual línea de costa. Estaría habitada entre el siglo I a.C y el IV d.C, teniendo su periodo de esplendor en el siglo II d.C.