RUTA BOTÁNICA VÍA AUGUSTA (LA POBLA – CABANES)
Son las nueve de la mañana de un típico día de enero mediterráneo. Cielo despejado, una ligera brisa y una temperatura a la salida del sol que pocos minutos antes alcanzaba su mínimo diario, reciben a los dos autobuses que se detienen en
la gran explanada donde, en su centro, se alza el Arco de Cabanes, el último vestigio, por tiempos descuidado y actualmente restaurado, punto singular de la que antaño c
onstituyó una de las vías más importante del Imperio Romano, la Vía Augusta, así llamada en honor del emperador que ordenó su construcción. Al pie del arco, se constituyen los grupos de trabajo después de las fotos de rigor. Nuestra tarea, alejada un tanto de las consideraciones históricas y artísticas, consistirá en recorrer un tramo de la citada vía de aproximadamente 7 Km. que une las localidades de Cabanes y Pobla Tornesa, analizando el paisaje que se extiende por la planicie e identificando los parámetros corológicos y florísticos de interés. Sin más preparativos comenzamos la marcha bajo un tímido sol sobre una parte asfaltada de la Vía. Al cabo de un Km. abandonamos la calzada y nos dirigimos hacia el sur sobre una pista de tierra desprovista ya del antiguo empedrado que debió cubrirla.
Alumnos junto al Arco de Cabanes
La primera observación que anotamos, es el lógico carácter antrópico que identifica el paisaje. Los cultivos de secano, siempre presentes a izquierda y derecha del recorrido, se muestran dominantes en este tramo: los almendros, todavía en su periodo invernal, han sustituido a la vegetación potencial, un bosque de carrascas que en su día debió cubrir de abundante vegetación autóctona todo el valle. En las lindes de la vía, alguna carrasca solitaria o pequeños grupos de ellas acompañadas de algunos ejemplares de lentisco y espino negro, salpican aquí y allá un paisaje monótono y de escasa biodiversidad vegetal. La acción de ser humano en las tareas agrícolas que le permitieron prosperar, junto con el intenso carboneo y el aprovechamiento de la madera para sus útiles de labranza y otros utensilios, todo traducido en una intensa desforestación, han transformado el paisaje dejándolo prácticamente irreconocible. Tras recorrer un par de Km. nos detenemos decididos a analizar con mayor detenimiento el paisaje que nos rodea. El lugar es elegido por la confluencia de varios factores que merece la pena destacar, acabó con la singular belleza de los antiguos y bellos bosques autóctonos. Observamos que la Vía atraviesa un pequeño bosquete relicto de carrascas bajo el que nos acomodamos a su sombra. Son pocos ejemplares pero de un porte medio que alcanza en algunos individuos los 10 m. de altura.
La escasez de arbolado no permite una buena estructuración del sotobosque y solo encontramos como elementos representativos de esta asociación, aparte de la carrasca (Quercus ilex subsp. ballota), algunos ejemplares de aladierno (Rhamnus alaternus), espino negro (Rhamnus lycioides), aulaga (Ulex parviflorus) y lentisco (Pistacia lentiscus), acompañados de algunas herbáceas, gramíneas en su mayoría. La coscoja (Quercus coccifera), abundante en otras zonas próximas constituyendo la primera etapa de sustitución de los carrascales mediterráneos en la forma de maquias o coscojares, se encuentra de manera muy aislada en el entorno. Como explicamos, el mismo queda marcado por los cultivos siempre recurrentes de almendros y hacia el norte a poco metros aparecen dos plantas alóctonas muy comunes ya integradas en el paisaje pero que no fue siempre así. La primera se trata del ágave (Agave americana), planta autóctona de las zonas semiáridas de las Américas que ha encontrado aquí un lugar en el que prosperar, de ella se obtienen fibras y por fermentación de su savia el “pulque” que, por destilación, dará lugar al “mezcal”. La segunda es la bien conocida “caña común” (Arundo donax) de posible origen asiático y ya muchos años presente en el borde de las corrientes y humedales europeos y americanos. Comentamos también algunas de sus características entre las que destaca encontrarse entre las 100 especies más invasivas y poseer la mayor biomasa por unidad de superficie, exceptuando el bambú. Es una planta muy enraizada en nuestra cultura y empleada en las romerías locales. Así pues, nos encontramos ante la confluencia de campos de cultivos, bosque autóctono y ejemplares alóctonos, un paisaje confuso y extremadamente alejado del original. La influencia antrópica se muestra aquí en todo su esplendor.
Cultivos de almendros (febrero 2011)
Explicación del paisaje
Rhamnus alaternus
Quercus ilex subsp. ballota
Pistacia lentiscus
Ulex parviflorus
Agave americana
Una buena parte del trabajo se centra en la constatación y posterior discusión de algunas características comunes a las plantas del bosquete que ofrecen adaptaciones interesantes. Todas las plantas mencionadas que acompañan al pequeño carrascal se caracterizan por su xerofilia, con adaptaciones foliares consistentes en la estrechez de las hojas, su marcado carácter revoluto y coriáceo, el grosor que aportan ciertas ceras y capas de tejido con el fin de soportar las condiciones de alta radiación solar y evitar la evotranspiración excesiva. El carácter espinescente de algunas plantas, acentúa esta tendencia, así como adaptaciones originales consistente en el caso de la carrasca en la interrupción de la función fotosintética en las horas centrales del día para limitar la pérdida de agua. Finalizadas estas consideraciones paisajísticas y botánicas, retomamos la marcha sobre la ruta que vuelve a mostrar su trazado rectilíneo, indiferente a los repechos que ofrece la orografía. Constatamos que la idea original en su trazado fue conseguir acortar las distancias y permitir el desplazamiento, sobre todo, de las legiones romanas, a la mayor velocidad posible. Hacia el Km. 5 de la ruta trazada, las características del terreno cambian algo y se aprecia la aparición de suelos arenoso silíceos en los que es de esperar la aparición de plantas diferentes a las comentadas. Esta zona, ya herborizada por alguno de los miembros del profesorado, en esta época del año se presenta con escasez de terófitos, las plantas más interesantes a comentar, por lo que no queda más remedio que limitarse a tratarlas por referencia, incluyendo en el presente trabajo algunas fotografías de las especies más notables en la época de floración con el fin de que aquellos alumnos que visiten la zona en un periodo más favorable consigan identificar algunos taxones remarcables.
Entre las especies notables, señalaremos tres que están poco citadas no solo en la comarca si no en la provincia, se trata del “cardosanto” o “cardo bendito” (Cnicus benedictus), asterácea acaule con buena presencia en la zona, el altramuz azul (Lupinus angustifolius), una bella planta de un porte de alrededor de un metro con flores azules muy vistosas en racimo terminal y, por último, formando praderas muy conspicuas aparece el “pie de pájaro o “serradella” (Ornithopus compressus). Todas estas plantas aparecen por la Comunidad Valenciana y el resto de la Península pero la ausencia de terrenos arenosos silíceos en nuestra provincia concede a esta zona una importancia especial. Durante el resto del trayecto vamos observando esporádicamente plantas aisladas que integraron consecuentemente los bosques mencionados y que actualmente sobreviven aisladamente aprovechando las condiciones locales, muy particulares, que les ofrecen refugio. Así, vamos identificando algunas plantas comunes pertenecientes a la familia de las Rubiaceas, principalmente Rubia peregrina subsp. peregrina, que habita junto a la subespecie longifolia, el “torvisco” (Daphne gnidium), más propio de zonas algo más húmedas y algunas plantas trepadoras de diversos géneros que prosperan a la sombra de alguna carrasca solitaria o en los ribazos comunes a algún pequeño barranco. Entre ellas destacamos y la “zarzaparrilla” o “zarza morisca” (Smilax aspera) y la presente en los carrascales mediterráneos, “madreselva” (Lonicera implexa).
Cnicus benedictus
Lupinus angustifolius
Daphne gnidium
Rubia peregrina subsp. peregrina
Smilax aspera
Asparagus acutifolius
Lonicera implexa
Continuando el camino, llegamos, en las proximidades de la Pobla Tornesa, al único tramo un tanto irregular en su trazado, bordeando un pequeño bosque de pinos con especies interesantes en el estrato herbáceo aunque ninguna que muestre alguna singularidad a resaltar. Los “dientes de león”, incipientes todavía, (Taraxacum spp.), algunas labiadas y fabáceas, orlan el camino junto a los “espárragos” Asparagus acutifolius y Asparagus horridus, dejando a la izquierda del mismo cultivos varios y el bosque a la derecha. Un miliario (mojones de la Vía separados por una milla romana, mil dobles pasos, 1841 m.), cilíndrico y de rodeno, con algunas inscripciones erosionadas por los elementos, nos sorprende por haber pasado desapercibido en otras ocasiones, medio oculto en la maleza. Su presencia, imponente, nos recuerda el monumental esfuerzo que debió suponer la construcción de esta “autopista” milenaria que atraviesa el este de España de norte a sur. Accediendo al paso subterráneo bajo la carretera de la Pobla Tornesa a La Valldalba, desembocamos en el último tramo de la ruta, bordeando ya construcciones y el polígono industrial. A las 13:30, nos detenemos y damos por concluida la actividad.
Con un sol ya en su ápice y una temperatura que nos obliga a desprendernos de la ropa de abrigo con que iniciamos la marcha, tomamos algún refresco mientras esperamos a los autobuses que nos devolverán a nuestro punto de partida.
Elaboración y fotografías: Departamento de Biología IES “Vicente Sos Baynat”