material
para Conferencia del Dr. Salles
______________________________________________________________________
TRACTATUS LOGICO PHILOSOPHICUS
PROLOGO
Quizás este libro sólo puedan comprenderlo aquellos que por sí mismos hayan
pensado los mismos o parecidos pensa¬mientos a los que aquí se expresan. No es
por consiguiente un manual. Habrá alcanzado su objeto si logra satisfacer a
aquellos que lo leyeren entendiéndolo.
El libro trata de problemas de filosofía y muestra, al menos así lo creo, que
la formulación de estos problemas descansa en la falta de comprensión de la
lógica de nuestro lenguaje. Todo el significado del libro puede resumirse en
cierto modo en lo siguiente: Todo aquello que puede ser di¬cho, puede decirse
con claridad: y de lo que no se puede ha¬blar, mejor es callarse.
Este libro quiere, pues, trazar unos límites al pensamien¬to, o mejor, no al
pensamiento, sino a la expresión de los pensamientos; porque para trazar un
límite al pensamiento tendríamos que ser capaces de pensar ambos lados de este
límite, y tendríamos por consiguiente que ser capaces de pensar lo que no se
puede pensar.
Este límite, por lo tanto, sólo puede ser trazado en el lenguaje y todo cuanto
quede al otro lado del límite será simplemente un sinsentído.
De en qué medida coincidan mis esfuerzos con los de los demás filósofos no
quiero juzgar. En efecto, lo que yo aquí he escrito no tiene ninguna pretensión
de novedad en par¬ticular. Por consiguiente no menciono las fuentes, porque es
para mí indiferente que aquello que yo he pensado haya sido pensado por alguien
antes que yo.
Sólo quiero hacer constar que a la gran obra de Frege y a los escritos de mi
amigo Bertrand Russell debo una gran parte de las motivaciones de mis
pensamientos.
Si este libro tiene algún valor, este valor radica en dos cosas: Primero, que
en él se expresan pensamientos, y este valor será mayor cuanto mejor estén
expresados los pensa¬mientos, cuanto más se haya remachado el clavo. Soy
cons¬ciente, aquí, de no haber profundizado todo lo posible. Sim¬plemente por
esto, porque mis fuerzas son insuficientes para lograr esta tarea. Puedan otros
emprenderla y hacerlo mejor.
Por otra parte la verdad de los pensamientos aquí co¬municados me parece
intocable y definitiva. Soy, pues, de la opinión de que los problemas han sido,
en lo esencial, final¬mente resueltos. Y si no estoy equivocado en esto, el
valor de este trabajo consiste, en segundo lugar, en el hecho de que muestra
cuan poco se ha hecho cuando se han resuelto estos problemas.
Viena, 1918.
L. W.
Investigaciones Filosóficas
Prólogo
En lo que sigue publico pensamientos que son el precipita¬do de investigaciones
filosóficas que me han ocupado en los últimos dieciséis años. Conciernen a
muchos temas: el con¬cepto de significado, de proposición, de lógica, los
fundamen¬tos de la matemática, los estados de conciencia y otras cosas. He
redactado como anotaciones, en breves párrafos, todos esos pensamientos. A
veces en largas cadenas sobre el mismo tema, a veces saltando de un dominio a
otro en rápido cam¬bio.Mi intención era desde el comienzo reunir todo esto
alguna vez en un libro, de cuya forma me hice diferentes representaciones en
diferentes momentos. Pero me parecía esencial que en él los pensamientos
debieran progresar de un tema a otro en una secuencia natural y sin fisuras.
Tras varios intentos desafortunados de ensamblar mis re¬sultados en una
totalidad semejante, me di cuenta de que eso nunca me saldría bien. Que lo
mejor que yo podría escribir siempre se quedaría sólo en anotaciones
filosóficas;
que mis pensamientos desfallecían tan pronto como intenta¬ba obligarlos a
proseguir, contra su inclinación natural, en una sola dirección.Y esto estaba
conectado, ciertamente, con la naturaleza misma de la investigación. Ella misma
nos obliga a atravesar en zigzag un amplio dominio de pensa¬miento en todas las
direcciones.Las anotaciones filosófi¬cas de este libro son como un conjunto
de bosquejos de paisajes que han resultado de estos largos y enmarañados
viajes.
Los mismos puntos, o casi los mismos, fueron continua¬mente tocados de nuevo
desde diferentes direcciones y siem¬pre se esbozaron nuevos cuadros. Un
sinnúmero de éstos estaban mal dibujados, o carecían de personalidad,
aqueja¬dos de todos los defectos de un torpe dibujante. Y cuando fueron
descartados, quedó una cantidad de otros regulares que debían entonces ser
ordenados, y frecuentemente re- cortados, para que pudieran darle al observador
un cuadro del paisaje.Así pues, este libro es en realidad sólo un álbum.
Hasta hace poco había abandonado en realidad la idea de publicar mi trabajo
durante mi vida. Cierto es que aqué¬lla revivía de tiempo en tiempo y
principalmente porque me daba cuenta de que mis resultados, que yo había
transmitido en lecciones, escritos y discusiones, estaban en circulación
diversamente malentendidos, más o menos aguados o muti¬lados. Ello instigó mi
vanidad y tuve dificultades para aquie¬tarla.
Hace cuatro años tuve ocasión de volver a leer mi primer libro (el Tractatus
logico-philosophicus) y de explicar sus pensamientos. Entonces me pareció de
repente que debía publicar juntos esos viejos pensamientos y los nuevos: que
éstos sólo podían recibir su correcta iluminación con el con¬traste y en el
trasfondo de mi viejo modo de pensar.
Pues, desde que hace dieciséis años comencé a ocuparme de nuevo de filosofía,
hube de reconocer graves errores en lo que había suscrito en ese primer libro.
A advertir estos erro¬res me ha ayudado en un grado que apenas yo mismo puedo
apreciar la crítica que mis ideas han encontrado en Frank Ramsey con quien
las he discutido durante los dos últimos años de su vida en innumerables
conversaciones. Más aún que a esta crítica siempre potente y certera le debo
a la que un profesor de esta Universidad, el Sr. P. Sraffá, ha practicado
durante muchos años sin interrupción sobre mis pensamientos. A este aguijón le
debo las ideas más ricas en consecuencias de este escrito.
Por más de una razón lo que publico aquí tendrá puntos de contacto con lo que
otros escriben hoy.Si mis anotacio¬nes no portan ningún sello propio que las
señale como mías no quiero tampoco reclamarlas ya como mi propiedad.
Las entrego con dudosos sentimientos sobre su publicidad. Que este trabajo, en
su miseria y en la oscuridad de este tiempo, esté destinado a arrojar luz en un
cerebro u otro, no es imposible, pero ciertamente no es probable.
No quisiera can mi escrito ahorrarles a otros el pensar, sino, si fuera
posible, estimular a alguien a tener pensamien¬tos propios. Me hubiera gustado
producir un buen libro. Eso no ha sucedido; pero ya pasó el tiempo en que yo
podría haberlo mejorado.
Cambridge, enero de 1945