Félix Biniés Anaya. En memoria de una vieja acordeón republicana
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Fuente: Revista “Gaiteros de Aragón” número 19 – Invierno 2003 (Presen y Puri Biniés)
Félix Biniés Anaya (Biniés, 1895 – Boltaña, 1936) amenizó con la magia del acordeón, a principios del siglo pasado, las fiestas y bailes de muchos pueblos del Pirineo. La “I Trobada d’Acordionistas”, celebrada en Biniés, su lugar de nacimiento, el segundo sábado de agosto de 2003, quiso ser un homenaje a su persona, a una época, a tantos hombres y mujeres que labraron con empeño su presente y su futuro, montañeses que vivían, con su trabajo y sus fiestas, con sus realidades y sueños, aliados a la dureza e inmensidad de sus montañas.
En casa siempre estuvo aquella vieja acordeón. Sacarla, con motivo de alguna fiesta familiar, era intuir otras fiestas pero, sobre todo, oir sus lamentos (buena parte de la botonera hundida, fuelles desgastados...) y oír, atentos como niños ante el cuento de la vida, las historias que nuestro padre explicaba sobre el abuelo.
Porque fue el abuelo, Félix Biniés Anaya, de casa Valentín, de Biniés, quien marchó a Francia con una caballería a comprar el acordeón. En todos los pueblos de “a rodolada”, incluso de Navarra y del sur de Francia, conocían al “famoso acordeonistas de Biniés”, como lo citan en más de un libro. Eran tiempos duros y a las fiestas, amenizadas por la riqueza musical del acordeón, se unían ya las voces que pedían justicia, enseñanza, pan... El abuelo fue alcalde en Biniés durante la II República y tuvo que huir y esconderse a raíz del alzamiento de una parte del ejército en contra del gobierno republicano democráticamente elegido. El abuelo luchó en Gavín, defendiendo la República, y resultó herido en un fuego cruzado. El abuelo murió en Boltaña y nunca pudimos saber, con certeza, donde fue enterrado...
También su viejo acordeón murió un poco con él. Para defenderlo, para defender el único recuerdo que le quedaba de su esposo, Antonio López Oros escondería el acordeón en otra casa de Biniés, en casa Santangraciero, a salvo así de “caprichos”, de “humillaciones”...
Pero en la década de los cincuenta volvería a atronar el canto de aquella vieja acordeón. Esta vez de manos de Dionisio Biniés López, su hijo mayor. De nuevo los bailes y la alegría de las fiestas. Hasta que los pobres de todas partes emprendieron el duro, pero esperanzado, camino de la emigración. A Zaragoza, a Barcelona, a Madrid... Y allí quedó de nuevo la acordeón, sellada en su funda, en la cómoda del pasillo. Si te acercabas y la mirabas atenta, oías su silencio.
Con esta “I Trobada d’Acordeonistas” in memoriam de Félix Biniés Anaya, hemos querido recordar, recuperar, parte de la historia colectiva de los pueblos de la montaña. Unirnos, en definitiva, a los sueños y esperanzas de aquellos hombres y mujeres que pudieron palpar, como ahora nosotros, la magia y el embrujo de la acordeón.
Nuestro agradecimiento a la Asociación Cultural El Focillo de Biniés y a todas las personas que hicieron posible esta primera “Trobada”.
Presen y Puri Biniés Lanceta, nietas de Félix Biniés Anaya, el acordeonista de Biniés.
* Aquella vieja acordeón, fabricada en Italia, de la marca Ranco Antonio, comprada en Francia por Félix Biniés a principios del siglo pasado, con la que tantas fiestas amenizó y tantos sueños alentó, ocupa hoy un sitio privilegiado en una de las vitrinas de la Sala de Música del Museo del Serrablo, en Sabiñánigo