Se habla de la posible existencia de un Biniés viejo enclavado en un lugar denominado Cabañas o Cieras, a la orilla derecha del río Veral, justo en la orilla contraria a su actual ubicación. Por lo que respecta a información documental, el Cartulario de San Juan de la Peña habla ya del lugar en el año 893. El señorío de Biniés, ostentado por Blasquita de Biniés, fue cedido a Pedro de Siré en 1098. A partir del siglo XIV el lugar aparece en poder de Gimeno de Alba y, posteriormente, de Pedro de Urriés.
Su castillo-palacio (siglo XI), además de cumplir con su misión defensiva, sirvió de residencia a los señores del lugar. Sus primeros tenentes conocidos fueron Fortún de Gurrea y Cecodín de Nevasa. Esta fortaleza quedó guarnecida por Antón de Luna durante la guerra de 1413. Concluida la lucha dinástica con el triunfo de los reyes Tarstámara, a resultas del Compromiso de Caspe, Felipe de Urriés fue recompensado por el apoyo prestado al sucesor de Martín el Humano en el asedio de Loarre, contra el conde de Urgel. Prueba de ello es que en poder de los Urriés continuaba todavía el castillo de Biniés en 1610.
En la actualidad forma junto con Berdún, Martes y Villareal de la Canal, el municipio de La Canal de Berdún.
Imaginando el pasado
Texto publicado en el programa de fiestas 2003.
La carretera nacional 240 les lleva casi por inercia, hacia el desvío de la autononómica 1640, la carretera que sobrepasa la localidad de Berdún, y se dirige lenta y estrecha hacia el interior de los valles pirenaicos mas occidentales. Previamente le sorprende el desvío que indica la entrada de Biniés.
-"Este debe ser el pueblo", le dice a su acompañante,-" En el cartel indica que hay ochocientos metros hasta el pueblo. Acciona el intermitente derecho y toma el camino de entrada.
La plaza está tranquila y no hay ningún coche aparcado. Ya han visto el castillo desde la carretera. Lo que antes indicaba el mapa que era una ruina, ahora recobra todo su esplendor tras la rehabilitación. Casi, como por inercia, están delante del arco de la puerta del castillo. De repente, oyen unas voces que salen de dentro. -"Parece la voz de un niño y de alguien que le está diciendo algo o le está adoctrinando ¿no?, le dice a su acompañante. En ese mismo instante, un niño bien vestido, aprentemente con una indumentaria medieval, sale corriendo hacia la calle. Detrás, atravesando el portón, un hombre con apriencia de paje lo va siguiendo al grito de: ¡Alfonso, Alfonso, vuelve!
Los viajeros están sobrecogios delante de la escena. No saben que está ocurriendo. Ambos se miran atónitos. De repente se hallan dentro de la fortaleza ante un rótulo histórico dond se puede leer lo siguiente: "Alfonso "El Batallador" el que fuera el gran rey de todos los aragoneses recibe las primeras lecciones de gramática en estas dependencias"
Ambos no dan crédito a lo que están contemplando y mientras salen de la fortaleza, prosiguen como llevados por un hilo mágico su paseo por las calles de Biniés. Llegan a un mirador que se llama el Paretón. Desde allí se puede contemplar el río Veral a su paso por las huertas. Al fondo todavía se ve la poca nieve perpetua que se conserva en Bisaurín. Pero de repente, a lo lejos, cerca del río, se ve una gran polvareda y se oye el ruido de gran cantidad de caballos. El rey García de Pamplona se dirige junto al conde Galindo de Aragón, al interior de los montes del viejo condado aragonés para redefinir sus dominios y también las pertenencias del viejo monasterio de San Julián y santa Basilisa, junto a la sierra de los dos Ríos. Muy cerca de ellos se siente rechinar bisagras y se oye abrir un gran portón. Gimeno de Arbea, señor de Biniés, sale del castillo con buen número de acompañantes hacia el lugar donde se halla la comitiva esperando, justo en la zona de las huertas, próximos a la entrada del ramal del camino de Santiago hacia "Echo" por el puerto de Palo; la máquina del tiempo ha retrocedido hasta el siglo IX.
Pero cuando todavía no han terminado de creerse lo que han visto, al llegar a la plaza del pueblo el bullicio los abruma. Su coche ha desaparecido y un grupo de gente está alrededor de tres hombres que hablan una lengua diferente pero reconocible. Tisner se dirige a su discípulo en un perfecto occitano. A la vez que habla tañe las cuerdas de un extraño tambor de seis cuerdas que termina en algo así como la cabeza de una vaca, es un salterio. El sonido que produce es hipnótico. Tisner levanto los ojos del suelo; está cansado. Ha venido desde "Echo" hasta Biniés en una sola jornada y viene caminando desde su lugar de Occitania, desde el otro lado de los Pirineos. Como Tisner, muchos otros cruzarán las sendas y caminos que hoy en día todavía existen en una de sus etapas como símbolo de la unión, fraternidad, e interculturalidad que ha significado el Pirineo, y no como obstáculo infranqueable sino como nexo de unión
Se trata del final de su viaje mágico, el de unos viajeros que por casualidad dando un paseo por las calles de Biniés, vivieron momentos de su tradición oral y de su historia, de su vieja y pesada historia. Un paseo nocturno por las calles vacías, cuando todo está en silencio, es la ocasión para poder vivir ésta y otras muchas historias ya olvidadas por el tiempo.
Eduardo Sasal Lanceta (2003)