GRUPO 4
Mariano Retamal, Cristóbal Meza
Mariano Retamal, Cristóbal Meza
El Plan de Formación Ciudadana nace con el objetivo de poder fortalecer distintas dimensiones de la ciudadanía, tales como participación, convivencia democrática y el pensamiento crítico de los estudiantes, proponiendo de esta forma que la educación no se debe limitar a la exclusiva transmisión de contenidos académicos. A diferencia de la educación cívica tradicional, la cual se centraba en el conocimiento de las diversas instituciones, leyes y deberes ciudadanos, la Formación Ciudadana llega para intentar preparar a personas que logren ser capaces de convivir con otros, dialogar, resolver conflictos y participar activamente en la vida democrática. El conversatorio sobre el Plan de Formación Ciudadana (2016-2036) nos demuestra que dicho desafío sigue siendo un tema vivo y contingente para el sistema educacional de Chile. Dicho lo anterior, una de las reflexiones más importantes del conversatorio fue que uno de los principales obstáculos para formar ciudadanos comprometidos no viene siendo la falta de programas o actividades, sino la ruptura de la alianza histórica entre la familia y la escuela, escenario que deja a la docencia cada vez mas sola en una misión que debiese ser compartida.
"El profesor se va quedando solo"
Uno de los expositores (Cristian Cox) nos planteó que antes la formación de las nuevas generaciones resultaba desde una colaboración entre padres, familias y profesores. La escuela y el hogar funcionaban como complementarios y se compartían la responsabilidad de educar. Sin embargo, según lo que se conversó y planteó Cox, esta alianza se ha estado debilitando progresiva y constantemente. Hoy los docentes están enfrentando una realidad que está marcada por la desconfianza, la pérdida de la autoridad como pedagogos y una falta de respaldo evidente por parte de muchos apoderados. Cox en su planteo fue especialmente claro al señalar que el adulto o apoderado ha dejado a la docencia sin apoyo, generando un escenario de "docencia solitaria" el cual trae profundas consecuencias para la educación. Cuando los profesores quedan solos en la tarea de formar y además la mayoría de los estudiantes carecen de referentes adultos que trabajen de manera coordinada, se ve debilitado uno de los pilares fundamentales sobre los cuales se construye la comunidad educativa.
Esta realidad se puede observar de manera cotidiana en diversos establecimientos educacionales. En ese sentido, actualmente se hace con frecuencia que cualquier tema que esté relacionado con historia, política, ciudadanía o problemáticas sociales sea interpretado por algunos apoderados o familias de alumnos como un intento de adoctrinamiento. Frases como "a mis hijos les enseño yo" o "eso no es lo que debería enseñarles el colegio" reflejan esta creciente desconfianza hacia el rol profesional de los profesores. En esta línea, la postura de los padres parece olvidar que la Formación Ciudadana nos obliga precisamente a generar espacios en donde los estudiantes puedan conocer y nutrirse de diferentes perspectivas, para que logren desarrollar pensamiento crítico y aprendan a construir opiniones fundamentadas. Hoy formar ciudadanos no significa imponerles una visión determinada del mundo o de la sociedad, sino que se trata de poder entregar herramientas para que ellos precisamente puedan comprender la realidad y participar responsablemente en ella.
Asimismo, notamos que existe una contradicción que merece atención. Como sociedad y como profesores en formación, a veces exigimos a los jóvenes que sean más participativos, respetuosos y comprometidos con la democracia, pero muchas veces los adultos ofrecen el ejemplo contrario. En ese sentido, nos va a resultar difícil enseñar la convivencia democrática cuando por ejemplo la relación entre la familia de los alumnos y la escuela está en una confrontación permanente. Además, se vuelve complejo fomentar la participación de los estudiantes cuando ellos mismos observan que los propios adultos desconfían muchas veces del diálogo y rechazan cualquier opinión que desafíe sus convicciones o valores personales. Es por esto que creemos que la democracia no se aprende leyendo textos o estudiando instituciones como se hacía tradicionalmente, se aprende viviendo experiencias de respeto, cooperación y construcción colectiva dentro de la comunidad escolar.
En este contexto, se nos hace preponderante poder comprender la diferencia entre educación cívica y Formación Ciudadana, ya que mientra la primera buscaba transmitir conocimientos sobre el funcionamiento del Estado y las normas que regulan la vida pública. La segunda, en cambio, nace con el fin de poder desarrollar diversas capacidades que ayuden a los estudiantes a convivir en una sociedad diversa, que logren resolver conflictos mediante el diálogo y participar activamente en los asuntos comunes. Por esto señalamos que para lograr este objetivo no nos basta con incorporar nuevos contenidos al currículum o buscar soluciones curriculares. También se nos hace necesario y urge poder reconstruir las relaciones de confianza entre las familias y los establecimientos educacionales, reconociendo que la formación de las nuevas generaciones es una responsabilidad compartida y no sólo de los docentes o de la escuela en sí.
Para concluir el conversatorio nos permitió poder comprender que la crisis educativa actual no se puede explicar solamente por factores académicos. Detrás de algunas dificultades existen crecientes fragmentaciones de los vínculos entre los adultos responsables de educar. Por esto, si queremos que el Plan de Formación Ciudadana tenga un impacto real, debemos trabajar en lograr recuperar la alianza entre padres, apoderados y docentes, para poder fortalecer el respeto mutuo y el trabajo colaborativo. En caso de que esto no mejore, seguiremos exigiendo ciudadanos críticos, participativos y democráticos mientras seguimos debilitando a quienes tienen la misión de formarlos. Por esto, el futuro de nuestra democracia dependerá, en gran medida, de la capacidad que tengamos para reconstruir esa comunidad educativa que alguna vez tuvo claro que educar no era tarea de unos pocos, en este caso los docentes, sino que una responsabilidad compartida por toda la sociedad.