GRUPO 2
Martín Azócar Cortés, Daniel Jensen Lagos y Brian López Evert
Martín Azócar Cortés, Daniel Jensen Lagos y Brian López Evert
Columna de opinión a partir de las ponencias de Cristián Cox y Rodrigo Mayorga
El Plan de Formación Ciudadana es un programa educativo establecido el 2016 (a partir de la Ley 20.911) que establece lineamientos y orientaciones sobre cómo aplicar y desarrollar contenidos propios de la vida cotidiana ciudadana. Según la ley, su propósito es impulsar educación en torno a "una vida responsable en una sociedad libre y de orientación hacia el mejoramiento integral de la persona humana". Bajo este lente, la Formación Ciudadana debería desenmarcarse de los lineamientos tradicionales como la democracia o el sufragio, sino expandirse a otras esferas.
Han pasado 10 años luego de que el Plan se hiciera oficial, por lo que nos preguntamos ¿Cuál es su relevancia o vivacidad en la actualidad? Considerando, por ejemplo, elementos como la crítica situación de convivencia escolar a nivel nacional, o el paulatino crecimiento del individualismo, producto de un quiebre en el colectivismo y la solidaridad.
La Educación ciudadana es clave en la actualidad de la educación, en especial considerando las ponencias, que dejaron entrever el complejo proceso que atraviesa esta. En los inicios de la Ley, se planteaba cómo la finalidad era el desarrollo de una sociedad íntegra y que potenciara al ser humano en su conjunto. Sin embargo, a 10 años de este Plan, ¿Realmente se condice la teoría o los objetivos con la puesta en práctica? A primeras luces se podría decir que ha sido insuficiente o que se ha agotado tomando en consideración elementos como la precarización laboral docente, con su pérdida de la autoridad y exceso de burocratización, la pandemia (que resignificó para siempre las clases), el avance de la Inteligencia Artificial como herramienta, diferentes aspectos que hacen más que necesario el ejecutar una Formación Ciudadana de calidad, que se desenmarque únicamente de la teoría o de la conceptualización, y que apunte hacia una conexión con la realidad, con la praxis, desarollando el verdadero potencial que esta posee para transformar los espacios y las comunidades educativas. Por esa misma razón, es necesario apuntar hacia la Formación Ciudadana y no únicamente a la Educación Cívica (que se bassa en la teoría y deja de lado la práctica)
En ese sentido, ambas ponencias demostraron una gran comprensión sobre los desafíos y tensiones de la Educación Ciudadana en la actualidad, entregando datos y análisis precisos acerca de lo ocurrido en estos últimos 10 años. Sin embargo, es necesario salir del espacio academicista, experimental y teórico de lo ciudadano para llevarlo al aula, al terreno, donde lo que importa y prima es la práctica y la ejecución de las ideas y teorías que se propusieron en el Foro. Si bien las investigaciones son necesarias, también es preciso proponer soluciones y alternativas que solventen las problemáticas y desafíos actuales de la educación desde la Formación Ciudadana, no dejando esta última en una esfera puramente abstracta o filosófica. Importa, además, el tomar una acción frente a lo que ocurre, transformar la realidad en la medida de lo posible, puesto que la teoría o las investigaciones son un insumo o base, pero no lo son todo.
DESARROLLO
Las exposiciones de Cristian Cox y Rodrigo Mayorga coincidieron en destacar la importancia de la Formación Ciudadana como una herramienta fundamental para fortalecer la democracia, la participación y la convivencia dentro de las comunidades educativas. Ambos expositores señalaron que la ciudadanía debe comprenderse de manera amplia, incorporando no solo conocimientos sobre instituciones políticas, sino también habilidades vinculadas a la participación, los derechos humanos, la ciudadanía digital y la vida en comunidad. Asimismo, se enfatizó la necesidad de fortalecer los Planes de Formación Ciudadana mediante una mayor articulación institucional, evaluación constante y acompañamiento pedagógico, entendiendo que la formación ciudadana constituye un elemento clave para enfrentar los desafíos sociales y democráticos del presente.
Sin embargo, la realidad de las escuelas suele ser bastante diferente a lo planteado en el ámbito académico. En muchos establecimientos, los Planes de Formación Ciudadana terminan funcionando como una exigencia administrativa más que como una herramienta efectiva de transformación educativa. Mientras en las exposiciones se discutían conceptos como participación democrática, ciudadanía digital o cohesión social, los docentes deben enfrentar diariamente problemas urgentes como la violencia escolar, la sobrecarga laboral, el ausentismo, la pérdida de autoridad pedagógica y las consecuencias que dejó la pandemia en los procesos de aprendizaje y convivencia. En este contexto, la Formación Ciudadana muchas veces queda relegada a actividades aisladas o contenidos teóricos que difícilmente logran impactar de manera significativa en la experiencia cotidiana de los estudiantes.
Este contraste evidencia una brecha entre la reflexión académica y la práctica educativa. Aunque las lo presentado aporta diagnósticos valiosos acerca del estado de la Formación Ciudadana en Chile, gran parte de la discusión se desarrolla en espacios universitarios y especializados, alejados de las condiciones concretas en que trabajan profesores y estudiantes. Resulta llamativo que en instancias destinadas a debatir sobre participación y ciudadanía exista una escasa presencia de estudiantes secundarios, quienes son precisamente los principales destinatarios de estas políticas y quienes deberían conocer su impacto. Por ello, el desafío actual no consiste únicamente en seguir investigando la Formación Ciudadana, sino en traducir ese conocimiento en estrategias concretas y aplicables que permitan responder a las necesidades reales de las comunidades escolares y fortalecer efectivamente la formación democrática desde la experiencia cotidiana, incorporando y haciendo partícipes hacia quienes está dirigido: los estudiantes.
El Plan de Formación Ciudadana promulgado y establecido el 2016 nació como una iniciativa que buscaba fomentar y desarrollar no sólo aspectos propios de la ciudadanía y la democracia, sino apuntar hacia formar individuos pensantes y que fueran un aporte a la sociedad. En estos últimos 10 años, el plano educativo ha vivido momentos críticos, como la precarización docente, la pandemia, una pérdida de la autoridad pedagógica y, por último, tensiones respecto a la convivencia escolar que han generado una situación insostenible de violencia en los centros educativos.
A partir de aquello, Rodrigo Mayorga y Cristián Cox recogieron los datos, hechos y síntomas de este largo y complejo proceso, levantando información relevante acerca del estado de la Formación Ciudadana en las escuelas, ya sea desde el currículum, desde la familia o desde la realidad de los docentes. A pesar que logran diagnostar las problemáticas y que estas se condicen con la realidad, siguen siendo teorías e investigaciones que, si no se llevan más allá o no se conecta con el aula, quedan en un plano abstracto y carente de acción o transformación.
En ese sentido, es relevante llevar la Formación Ciudadana a la escuela, al terreno, donde está el presente y futuro de la ciudadanía en Chile. Por eso mismo, habría sido positivo abrir el espacio del Foro hacia estudiantes secundarios, con el propósito de conocer sus realidades y que ellos se apropien de los conceptos e ideas de la Formación Ciudadana. De esta forma, se abandona lo experimental o teórico de estos conocimientos y se focaliza en la praxis, en el desarrollo y en la ejecución de estas ideas, generando inevitablemente un cambio en temáticas como, por ejemplo, convivencia escolar.
El conversatorio y sus ponencias nos permiten dar una respuesta a la pregunta que da inicio a esta columna; la Formación Ciudadana hoy está ¿Más cerca de la teoría o de la praxis?. Para nosotros la respuesta es clara, tiene un enorme desarrollo teórico y conceptual, incluso institucional, pero con una puesta en práctica que no ha tenido un impacto real en la convivencia democrática dentro de nuestras aulas.
Contamos con el relato, los datos y la experiencia misma de las condiciones en las que se implementan los Planes de Formación Ciudadana en las escuelas a los largo de nuestro país. Mientras aquellas condiciones críticas que conocemos no cambien, las y los profesores de Chile no contarán con el tiempo, la energía y la voluntad para movilizar dentros de sus entornos los principios básicos de la Formación Ciudadana, lo indique la ley o no.
Mientras no hagamos partícipes a los estudiantes básicos y secundarios en los procesos de construcción e implementación de estas políticas, no cobra ningún sentido promover la participación una ciudadanía activa. Debemos promover el protagonismo infantil y juvenil, real y con impacto, donde su voz sea escuchada y tomada en cuenta, sin ser subestimad@s por la visión de mundo que posean, que a nuestro parecer, tiene mucho que decir.